Chapter 3: The industry submission
3.2 Cost Effectiveness
3.2.1 Modelling inputs
Si todo acto de conducta significa algo, es decir, se constituye como signo, todo acto de conducta es, en un sentido lato de «lenguaje», un acto de habla. Se «habla» con la palabra y con el gesto. Todo es un acto de habla, merced al principio de «no hay no conducta». Además, cualquiera que sea la forma de lenguaje que se adopte, y en general se adopta más de una, los actos de conducta cumplen los principios gramaticales de cosin-
tacticidad y cosemanticidad a que he hecho alusión anteriormente. Se trata,
como haré ver, de diversas diferenciaciones de lenguaje y de lenguajes de
funcionalidades y posibilidades distintas.
En general se consideran dos formas de lenguaje: el extraverbal y el
verbal. Por razones que se deducirán a continuación, prefiero distinguir
entre el extraverbal propiamente dicho y el extraverbal sexual. O sea,
trataré de tres formas de lenguaje:
el
verbal,el
analógico (gestual) yel
sexual.
En las páginas que siguen, hasta alcanzar el modelo comunicacional
(2.3.1), usaremos para la conducta el modelo semiótico y, por extensión,
el
modelo lingüístico (como una forma del primero). Conviene que el lec-tor tenga en cuenta siempre los cuatro significados del vocablo «signifi-
cado» de que hemos hecho mención. 2.1.6.1. El lenguaje verbal
El lenguaje verbal es
el
más diferenciado de cuantos poseemos. Prác-ticamente, es un lenguaje simbólico, merced a lo cual
el
lenguaje verbal1 Para este tipo de proposiciones ver CASTILLA DEL Prxo, C., Introducción a la
Hermenéutica del Lenguaje, Barcelona, 3.ª edición, 1975. Ver también en este volu-
2. Psico(pato )logía 105 puede hacer alusión a su referente sin que esté presente dicho referente, sino su símbolo verbal. Por esta razón, el lenguaje verbal es de uso prefe- rente para la información. En la teoría de la comunicación se hablará de que el lenguaje verbal transmite el aspecto relativo a la información o con- tenido del mensaje, mientras que sirve escasamente para transmitir la relación entre los que hablan.
Sin embargo, esto es exacto si denominamos habla exclusivamente al lenguaje simbólico. Está claro que la frase «tu madre ha muerto» simple- mente informa que la madre de mi interlocutor ha fallecido. Pero resulta
extremadamente dudoso que pueda transmitir este mensaje, es decir,
realizar este tipo de acto de conducta, sin que al mismo tiempo posea los caracteres de síntoma y de señal, esto es, de expresión de mi estado de ánimo al remitirlo y de procura de un determinado efecto en mi interlocu-
tor. Una reflexión acerca de estos aspectos nos revela que los aspectos sin-
tomáticos y signalépticos se logran las más de las veces por los componen-
tes
* prosodémicos del acto de habla y no por el acto de habla en sí mismo.
Una perturbación prosodémica es la que tiene lugar en la enfermedad de Parkinson,
en donde con suma frecuencia los mensajes son transmitidos verbalmente en su calidad exclusiva de mera información. La arnimia, que tales pacientes muestran en el rostro, es también uno de los síntomas que aparecen en la conducta verbal, y así el habla resulta inexpresiva, monocorde, átona. No se sabe lo que sienten cuando dicen, porque no pueden expresar.
En todo caso, gracias al carácter simbólico el lenguaje verbal permite la información de lo que pensamos, y sólo en los componentes paraverbales a que hemos aludido se contiene también la expresión de lo que sentimos. Nosotros no expresamos lo que sentimos con el lenguaje verbal, sino que
decimos que sentimos. Por tanto, aun a riesgo de pecar de redundante,
diré que el lenguaje verbal sirve para hablar de lo que se quiera y, por tanto, es el instrumento ideal para la transmisión de la información recodi- ficada de nuestro pensamiento acerca de lo que sea. La posibilidad de una
sintaxis altamente sofisticada permite, además, adecuar al máximo pensa-
miento y lenguaje. Pero conviene que se advierta que -salvo en las ono-
matopeyas- el lenguaje verbal se adecua al pensamiento y no a ninguna
otra esfera o área del sujeto. Así, si digo «estoy muy alegre» o «qué ale-
gría tengo», no estoy «expresando mi alegría» sino «hablando» de mi ale-
gria, o, más precisamente, hablando acerca de la alegría que he pensado que tengo.
Esta propiedad del lenguaje verbal de hablar acerca de lo que se piensa
es lo que hace posible la mentira fácil con dicho lenguaje. Puedo, en
efecto, decir que estoy alegre sin estarlo, mientras que resulta sumamente difícil expresar una alegría que no siento.
No obstante, aun con el lenguaje verbal al usuario del mismo no le
106 Introducción a la psiquiatría, 1 que se pueda afirmar que se dice más de lo que se habla. Probablemente esto es debido a dos circunstancias cuando menos: a) al hecho de que se aprende a hablar sin necesidad de que. tengamos que hacer una reflexión expresa acerca del hablar; b) que cuando hablamos hemos de pensar más en lo que hemos de decir que en el decir mismo como síntoma o como señal. La consecuencia de ello es que un análisis del lenguaje permite descubrir las significaciones ocultas en actos de habla que, a primera vista, parecen relativamente unívocos. Veámoslo esto con detalle.
La función del lenguaje es, como se ha dicho, informativa. Sustituya-
mos esta palabra por «denotativa», y entonces se puede afirmar que me-
diante el lenguaje se denota sobre cualquiera sea el referente: la realidad externa y/o la realidad interna, es decir, del propio hablante. La cuestión ahora es la siguiente: ¿se sabe, siempre que se habla, qué se denota? Es claro que cuando digo: «esta mesa es amplia» sé que hablo de la mesa. Pero ¿hasta qué punto sé que he denotado respecto de mí algo como que «desde mi punto de vista es amplia»? Nótese ahora que estos dos denotados, «la mesa» y «amplia» connotan cada uno, lo cual es, de nuevo, una forma de hablar de mí. Por ejemplo, al destacar la mesa entre los demás objetos que existen en esta habitación he dejado entrever mi prefe- rencia por la mesa, cualquiera que sea el sentido que dé a esta palabra
-preferencia- en este momento; y al calificarla de amplia he dado no
una idea de la mesa sino de mi concepto de amplitud referido al objeto mesa. De esta forma, cualquiera que sea la frase que emita se constituye en predicado mío, o, dicho en términos generales, todo acto de habla es
un predicado del hablante (como, por lo demás, lo es todo acto de con-
ducta, pero ahora nos importan los actos de conducta verbales).
Es claro que la función informativa del lenguaje puede llevarse a cabo de modo exacto o inexacto; por tanto, de que acontezca de una o de otra manera tenemos una preliminar connotación acerca del hablante. Si digo a
alguien que 9
+
8=
27, suministro una información falsa (no importaahora si a sabiendas o no de la falsedad, en cuyo primer caso se trataría de una mentira que habría que descubrir), que connota respecto de mí que o no sé sumar o pretendo hacerme pasar por que no sé sumar. La falsedad o no de las denotaciones que hago respecto de mí aluden a que predique,
con los actos verbales al respecto, si sé que soy yo el referente de los mis·
mos o no; de otra forma: si al decir que «Franco es el más nefasto gober-
nante de la historia de España» no me percato de que «nefasto» no tiene como referente a Franco sino a mí, que soy el hablante, la inexactitud o falsedad del juicio es completa.
En resumen, hay predicados verbales -actos de habla, proposiciones- que funcionan como indicadores de referentes que se sitúan, mediante la expresión verbal, real o irrealmente, externos al hablante. A estos indica- dores los denomino proposiciones indicativas o simplemente Indicativas
2 .. Psico(pato )logía 107 Cuando una indicación es falsa el indicado no existe, y por tanto, se puede decir también que no pertenece al mundo de la realidad externa; pero como ha de pertene- ser a algún «mundo», por decirlo así, necesariamente ha de ser al mundo interno, al del hablante. Así, por ejemplo, si digo «trae ese libro azul» y existen libros pero no azules, he situado lo azul fuera de mí de manera irreal, porque en verdad «lo azul» está sólo en mí. Otro tanto ocurre con la alucinación: no están las voces o los muñecos donde el alucinado los coloca, pero están en algún sitio, dicho sea coloquialmente: en él. mismo. De igual modo en los que creen en Dios, en los fantasmas, espíritus, etc. No cabe duda de que se trata de objetos mentales, puesto que son creencias y no tienen que ser, ni pueden ser, verificables. No obstante, el creyente en cualquiera de estos objetos los sitúa, además, fuera de sí.
Las
I
se dividen, por una parte, en verdaderas ( v) y falsas (/); y por otra, en totales (t) y parciales (p), según se tome como referencia la tota- lidad o una parte de una gestalt. En ocasiones se dan I inexistentes, es decir, neoformadas Ut+), o se dejan de ver J(-1) 1• Por último, a vecesno se hacen
1,
en cuyo caso hablamos de bloqueo deI(BI),
con lo cualel
silencio adquiere carácter significativo.Con una proposición indicativa (I) hacemos un juicio de hecho y, en consecuencia, el análisis del lenguaje a este respecto connota acerca del sentido de realidad del hablante 2• Ha de tenerse en cuenta que puesto que no puede hablarse de un acto de habla, sino de serie consintáctica y co- semántica de actos de habla, la consecuencia del proceso, una vez forma- lizado, nos da una idea acerca de la secuencia del proceso de aprehensión de la realidad o de lo que se toma por realidad externa
al
hablante.Una serie de proposiciones tal como «este niño está sentado en el jardín, tiene un
libro sobre las piernas, la mirada hacia arriba, las manos con un cuaderno y un lápiz», se formalizaría de la forma siguiente:
niño-jardín
.
,~
piernas mirada manos
1
r-..,
libro hacia arriba
cuaderno l.ipiz
1 En este caso, se trata de -Ip. (Ver Alucinación negativa, en 2.5.3.2.1.1, a.) 2 Mediante la aplicación del modelo judicativo (ver 2.5 ..3) cada proposición es un juicio de realidad, en este caso de que tratamos un
Jr
denotativo. Toda I, pues, es, además, un acto de juicio sobre un denotatum, el cual da nota de su juicio de realidad, es decir, de su capacidad para denotarlo.108 Introducción a la psiquiatría, 1
Hay además, como dije antes, proposiciones en las que el hablante, por una reflexividad sobre sí mismo, tras hablar del objeto habla de sí mismo. «Este libro es (o me parece) bonito» es un ejemplo elemental de este tipo de proposiciones en las que el hablante emite un juicio de valor acerca del objeto, valoración que, por su subjetividad, es un predica- do respecto del propio hablante. A este tipo de proposiciones las deno- mino Estimativas (E).
Las E se dividen en verdaderas (v) y falsas (/),totales (t) y parciales (p).
Verdadera-falsa hacen referencia a la conciencia o no 1, inferible por la
proposición misma, acerca del carácter de subjetividad del juicio de valor; total (t) o parcial (p) concierne a la extensión del objeto sobre el que se ejerce la estimación. Hay también bloqueos de estimativas (BE), que tienen su concreción bajo la forma de descripciones (J) netas, sin estimación al-
guna. (Ver cuadro adjunto.)
La estimación que efectuamos con este tipo de proposiciones describe nuestra relación con el objeto que estimamos, así como nuestra conciencia
o no de esta relación. Un libro «bonito» no describe nada del libro sino
de mi relación con el libro. Decir «relación» es decir «proyección» del ha- blante en el objeto, de las actitudes del hablante -precisamente la rela- ción acontece mediante las actitudes- con respecto al objeto de que habla.
CLASIFICACION DE LOS ACTOS VERBALES (PROPOSICIONES VERBALES) Indicativas: It total Ip parcial I v verdadera If falsa -I no vista If
+
falsa neoformada BI bloqueo de I I? indefinidaI vt
=
Indicativa verdadera total Ift = Indicativa falsa total Ivp= Indicativa verdadera parcial Ifp = Indicativa falsa parcial-Ip = Indicativa parcial no percibida
Estima ti vas: Et total Ep parcial Ev verdadera Ef falsa BE bloqueo de E
Evt
=
Estimativa verdadera total Eft = Estimativa falsa total Evp=
Estimativa verdadera parcial Efp = Estimativa falsa parcial.Naturalmente, sólo una larga práctica del análisis interpretativo del lenguaje -aná-
lisis hermenéutico- puede ayudar a resolver las muchas dificultades que presenta el 1 Los [r que implican las estimativas son connotativos, y, por tanto, dan cuenta del sentido de realidad del juicio de valor, la estimación, que verifica el sujeto.
2. Psico(pato)logía 109 lenguaje ordinario, la lengua natural, para su formalización. Precisamente, el lenguaje natural es ambiguo, como todo acto de conducta, y tanto más cuanto más diferenciado,
ambigüedad que tiene sus ventajas frente a la rigidez de la formalización. Por tanto,
recomiendo al lector la lectura de textos de hermenéutica (CASTILLA DEL PIN o) 1, así
como de comentarios de textos, y, por otra parte, algunos otros capítulos de este libro
en donde el análisis hermenéutico se aplica en toda su extensión. (Ver 2.5.3 y 2.6.1.)
La categorización de una proposición como I apenas plantea dificultades ni tam-
poco como E. La subcategorización en vjf deberá hacerse ateniéndose al principio
de contextualidad (ver 2.1.4.2): una I o E es v o f dependiendo de la función (uso)
que desempeña en el conjunto proposicional (conjunto de actos de conducta verbal).
En un sentido estricto, no existen puras I y puras E. Si digo «ahí está el piano»,
no trato tan sólo de indicar el objeto, sino también de mostrar mí sorpresa, mí alegría
o cualquiera otra actitud por mínima que ésta fuera. Luego también se trata de una E.
A la inversa, si exclamo «¡horrible!», aparece como una E pura, cuando en verdad he
de hacer referencia a algo, lo que quiera que sea, que también queda mínimamente
indicado. Por tanto, en la pragmática del lenguaje hablamos de I y/o E, pero en puri-
dad debería enunciarse como relevante 1 o relevante E, según funcionen una u otra
preferentemente como tales en determinado contexto.
La consideración de los dos tipos de proposiciones,
I
yE,
respectiva-mente, es de importancia y merece que le dediquemos algún tratamiento desde distintos puntos de vista. El primero de ellos concierne a los niveles
de lenguaje, de interés para aspectos como los de la teoría de la comunica-
ción interpersonal, que hemos de considerar después (2.3.1.1). En este sen-
tido, la proposición indicativa, la J, se sitúa en el nivel del lenguaje-deno-
tación o lenguaje objeto (La); mientras la E se sitúa en el lenguaje de l ." nivel (L1) o "metalenguaje del primero, del Lo. La relación de la
I con la E(I/E) es, pues, de miembro a clase. (Ver 2.5.2.) Así, por ejem-
plo, cuando digo «este perro es temible», sitúo al «perro» dentro de la
clase de las cosas «temibles». Este es el motivo por el que el número de
sustantivos 2 (1) es infinito, mientras el de adjetivos es relativamente es-
caso: el número de clases es siempre inferior al número de miembros. Aho- ra bien, además del L1 pueden exisitir muchos otros niveles de lenguaje,
que son, cada uno, metalenguajes del anterior (así, el
Lz
es metalenguajede
L1
y metametalenguaje de Lo). El esquema adjunto representa el modocómo se superponen los niveles de lenguaje en una serie de actos de habla, que, aunque por razones espaciotemporales han de darse en una cadena unilineal, en realidad, componen una banda multilineal.
Lenguaje-denotación
Metalenguaje Metametalenguaje Metametametalenguaje
1 CASTILLA DEL PINO, Hermenéutica, ob. cit.
2 En términos generales, las I son proposiciones de sustantivos; las E proposiciones
110 Introducción a la psiquiatría, 1 Un ejemplo tomado de un texto:
«Este niño está triste aquí con el violín. Está desesperado porque no sabe cómo tocarlo. Seguramente, se escapará.»
Podría decirse de esta forma: Este niño con el violín
(pertenece a la clase de los) tristes
(y de entre los tristes a la de los) desesperados
(y de entre los desesperados a la de los que) se escaparán
Lo
niño con el violín LoLo
L1
triste ..__,..._,, _lL¡
L2
Li
desesperado f_:;¡
L2
L3 se escapará
t.,
También conviene contar con la posibilidad de intersección de clases, o sea de que un miembro pertenezca a dos clases distintas.
«éste es un niño triste y antipático» es un ejemplo de intersección.
La posibilidad de construir n-metalenguajes va inherente al carácter de
signo «perfecto» que caracteriza los actos de conducta (2.1.2), y explica el
que de un contexto restringido (C), en el que aparece el acto como cons-
tituyente de la serie, por ejemplo, el acto
b
en la serie siguiente:cr {
ab.r.d ...n}'
se pueda ampliar indefinidamente el contexto, como ocurre cuando se pasa de una frase a un período, de éste a un párrafo, del párrafo a un
capítulo, etc., en
el caso del análisis de un texto escrito. Los contextos am-
pliados se representarían así: