Las frondosas y, en particular, las quercíneas, constituyen en una parte absolutamente mayoritaria de la provincia la especie climácica de los bosques. Su crecimiento es lento como consecuencia de sus propias características, ya que son plantas que brotan de raíz y que precisan sombra en las primeras etapas de crecimiento, es decir, que se respete la estructura vertical de las formaciones forestales. Sus exigencias ecológicas son considerablemente mayores en comparación con las pináceas, ya que requieren suelos con suficiente materia orgánica.
En la provincia los árboles más abundantes son las carrascas y los alcornoques, que presentan un biotipo planoesclerófilo que les permite una perfecta adaptación a las condiciones del clima mediterráneo. De hecho, cuando los carrascales y los alcornocales se encuentran bien conservados «constituyen uno de los ecosistemas naturales más complejos y maduros del territorio»
(GÓMEZ, 1998, 267).
CUADRO IX: Caracterización de los pies de Quercus
Especies Frecuencia Protección Localización bioclimática
Quercus rotundifolia Muy abundante — Meso y supramediterráneo
Quercus faginea Frecuente — Meso y supramediterráneo
Quercus pyrenaica Muy rara Lista roja/Conservacionista Meso y supramediterráneo
Quercus suber Algo frecuente — Termo y mesomediterráneo Elaboración propia.
Por otra parte, aunque con una presencia mucho menor, los diferentes ejemplares de robles suponen un incremento espectacular de la diversidad por sus especiales características. Tanto los quejigos como los rebollos o melojos aportan contrastes cromáticos en lo paisajístico y denotan, como útiles bioindicadores, la continentalización del clima en sus lugares de asentamiento, en los que se aprecia una evidente transición hacia valores atlánticos.
— Quercus rotundifolia (Quercus ilex ssp. rotundifolia), carrasca (VI).
«Los carrascales constituyen los bosques de mayor área potencial en la
Península Ibérica» (ORTEGA, 1989, 58) y presentan como especie dominante la
carrasca, la variedad de encina continental, de hoja estrecha y pequeña, en contraste con el Quercus ilex (encina o alzina), característica de las zonas más templadas, del piso mesomediterráneo, cuyas dimensiones foliares son mayores31. En cualquier caso, les alzines —también denominadas carrascas termófilas— encuentran una pobre representación en la provincia como consecuencia de la paulatina desaparición motivada por la intensa explotación antrópica de la que han sido objeto con carácter secular.
Las carrascas son un árbol de área mediterráneo continental y se caracterizan por su ubicuidad y por su enorme versatilidad ecológica, ya que como describen los cronistas dieciochescos «tienen la buena calidad de criarse
en suelos cálidos y secos, en terrenos guijosos y pedregosos» (PONZ, III, 1788,
758). Su progresión en altitud está claramente limitada por el frío, aunque alcanza con notable éxito el piso supramediterráneo, donde suele refugiarse preferentemente en las solanas. Su desarrollo resulta óptimo por encima de umbrales de 500 mm de precipitación anual.
31 Las diferencias cromáticas entre ambas encinas también son destacadas, ya que mientras los
carrascales aportan tonos mates y austeros con sus verdes grisáceos, els alzinars se caracterizan por sus tonalidades verdes oscuras y brillantes.
2. Las carrascas pueden alcanzar dimensiones considerables, aunque los intensos aprovechamientos a los que han sido sometidas de forma secular han provocado que en la actualidad los pies más jóvenes sean los dominantes. El Molinell (Culla).
Su sistema radical es uno de los más potentes entre los árboles mediterráneos, ya que las difíciles condiciones a las que se adapta la especie exigen optimizar al máximo las fuentes captadoras de nutrientes y recursos hídricos en el sustrato. Las carrascas prefieren suelos profundos, aunque se adaptan con notable éxito a las fuertes pendientes e incluso a suelos esqueléticos, como muestra de su elevado valor protector.
Las transformaciones históricas que han experimentado los terrenos ocupados por carrascales han sido tan continuas como intensas: obtención de leña y frutos, carboneo, roturaciones... «Baste indicar que los inmensos olivares, los viñedos y los campos cerealistas que caracterizan el paisaje de grandes comarcas mediterráneas se asientan sobre la misma tierra que antaño sustentara
magníficos encinares» (ORTEGA, 1989, 94).
— Quercus faginea, quejigo, roure, roure de gal.ler (IV). También es conocido como el roble enciniego o roble carrasqueño, por su parecido con las encinas. Se trata de un árbol de área submediterránea occidental y que
consecuentemente presenta unas exigencias climáticas y edáficas intermedias entre el ambiente mediterráneo y el eurosiberiano, entre las plantas esclerófilas y las caducifolias. De hecho, es una especie con hojas marcescentes, semicaducifolias o subpersistentes (CEBALLOS, 1979, 241 y ss.), es decir, no las pierde por completo hasta que no son empujadas por las yemas foliares y sustituidas, por lo que presenta una marchitez tardía.
Junto a esta estrategia, las hojas se adaptan a la sequedad estival adquiriendo parte de los caracteres esclerófilos que impiden excesos de transpiración en verano, por lo que este tipo de vegetación —al quejigo cabe añadir también el roble melojo— muestra una especial adaptación al medio:
«Esta situación transicional, que permite jugar a dos barajas, brinda una oportunidad de colonizar la banda donde se dan condiciones climáticas intermedias entre las templado-húmedas y las mediterráneas, llamada
comúnmente submediterránea» (GÓMEZ, 1998, 214).
Su óptimo lo encuentra en el piso supramediterráneo, con ombroclimas subhúmedos, aunque puede extenderse en zonas con cierto estrés hídrico. Pese a esto, suele ubicarse por encima de los 1.000 metros, con una evidente preferencia por umbrías y vaguadas donde se beneficia de la humedad edáfica. A esta tipología obedecen los quejigos del barranc dels Horts, en Ares. «Más exigente en humedad que la carrasca, el quejigo coloniza los suelos más
profundos y frescos, así como las situaciones más ómbricas» (QUEROL, 1995,
71). Su natural es calcícola, dado que sobre terrenos silíceos se desarrolla mejor el roble melojo. Ambas especies comparten la cualidad de ser buenos creadores y fijadores de suelo.
— Quercus pyrenaica, roble melojo, rebollo, reboll (I) (R y LR por vulnerable). Se trata de un árbol de área eurosiberiana atlántica, aunque de similares características al quejigo, del cual le separan principalmente sus apetencias silíceas y la forma de sus hojas. Si las que presenta el quejigo son bastante similares a las de la carrasca por su estrechez y dimensiones, en el rebollo adquieren mayor tamaño (entre siete y quince centímetros de longitud) y adoptan las formas lobuladas tan características de los robles. También
constituye un rasgo identificativo peculiar las agallas que los insectos generan en las ramas del árbol, con unas formas redondeadas de extraña apariencia.
3. Los alcornoques aportan una personalidad única a la serra d’Espadà. El aprovechamiento del corcho ha permitido mantener una explotación sostenible en el tiempo y, por lo tanto, que el porte de algunos ejemplares sea ciertamente majestuoso. Alrededores de Eslida (Foto: F. Catalán).
Algunos autores catalogan las masas presentes en la provincia de Castelló como relícticas tanto por su «estado fisionómico, empobrecido y reducido en
extensión» como por considerar los lugares en los que se asientan como
«testimonios aislados de antiguas vías migratorias de especies silicícolas»
(GÓMEZ, 1998, 241).
Su óptimo hídrico se encuentra en los climas subhúmedos y húmedos, por lo que requiere más de 600 mm de precipitación anuales, mientras que en el aspecto térmico soporta los rigores de la continentalidad sin excesivos problemas. En la provincia llega a formar pequeños rodales aislados, aunque los reductos más amplios se encuentran en Penyagolosa, donde la toponimia lo refleja con claridad (El Rebollar, en Vistabella). En el área supramediterránea de la cuenca del río Montlleó, sobre sustrato calcáreo, constituyen la vegetación potencial (FABREGAT y otros, 1987, 160). Las sierras de Espadán y Pina también albergan algunos pies aislados. Se trata de una especie eminentemente creadora
de suelos gracias a su peculiar sistema radical —numerosas ramificaciones laterales próximas a la superficie— y a los elevados aportes potencialmente humíferos que realizan los árboles con sus hojas caedizas.
— Quercus suber, alcornoque, surera (III). Este árbol es, sin duda, uno de los más peculiares en el espectro provincial como consecuencia de las elevadas exigencias que plantea para desarrollarse con normalidad:
«Sólo puede considerarse que forma bosques propios en los territorios que satisfacen sus acentuadas preferencias ecológicas por suelos profundos y frescos, desprovistos de cal, climas cálidos —pisos termo y mesomediterráneo— o atemperados con pocas heladas e inviernos suaves,
y lluvias abundantes —ombroclimas al menos subhúmedos—» (ORTEGA,
1989, 60).
El alcornoque es un árbol endémico de la región mediterránea occidental (ALBUIXECH, 1994, 111) que requiere un clima templado y suave, sin excesivos contrastes térmicos, por lo que la altitud y las heladas actúan como factor limitante. La cercanía de la serra d’Espadà con la costa, en este sentido, facilita la llegada de la influencia atemperadora del mediterráneo. Este mismo factor resulta clave para facilitar una elevada humedad relativa —son especialmente importantes las nieblas, neblinas, rocíos32—, así como para garantizar un mínimo de precipitaciones que se encuentra fijado en unos 600 mm. anuales.
Las masas de alcornoques castellonenses constituyen un núcleo aislado en toda la orla mediterránea española entre las andaluzas y las gerundenses. Por otra parte, hay que destacar que la naturaleza silicícola del Quercus suber, junto al secular aprovechamiento del corcho, le ha permitido a la especie perseverar pese a la masiva conquista de tierras para la agricultura.
El sistema radical de les sureres adquiere gran desarrollo y profundidad incluso en los primeros años de crecimiento del árbol, lo cual facilita la asimilación de nutrientes y recursos hídricos, así como la fijación de suelo, condición esta última de notable importancia en Espadà, donde las pendientes suelen ser acusadas.
El alcornoque es, entre las quercíneas, la más resistente al fuego, ya que la corteza actúa como coraza protectora. Esta cualidad, sin embargo, no ha impedido que los voraces incendios del verano de 1994 arrasaran amplias extensiones de alcornocal castellonense.
Esta especie suele presentar un denso y exuberante sotobosque en el que domina el brezo blanco o bruc y los brotes de los mismos alcornoques.
4. Los rebollos evidencian la transición más clara hacia las formaciones vegetales eurosiberianas. Aunque su presencia en la provincia es reducida, la impronta paisajística es evidente por tratarse de una especie caducifolia. La Cañada (Villahermosa del Río).