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Chapter 3 Experimental Methodology

4.7 Modified Lottman Test

concatenación específica de los sistemas de opresión

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En el proceso de entender los significados que las mujeres dieron a la experiencia traumática de la violación sexual, y las consecuencias que han tenido en sus vidas, fue indispensable indagar en su concepción del mundo alrededor de la sexualidad y de la conyugalidad en sus diferentes comunidades.

Las concepciones del mundo de la sujetas de investigación en torno a la sexualidad y conyugalidad son la memoria encarnada a partir de la que dan un significado a sus experiencias e interpretan la realidad. Son el reflejo del habitus y de las subjetividades en las que se sintetizó la historia y cultura previa de su grupo familiar y comunitario y la experiencia propia, vivida a partir de su cuerpo. Por ser encarnadas, y haber sido internalizadas como naturales y normales, los mecanismos de poder subyacentes son particularmente difíciles de develar. Es por lo tanto fundamental sacarlos a la luz, identificarlos, y transformarlos en este diálogo y re-significación de la vida que supone el proceso de investigación-acción para encontrar estrategias emancipadoras para todas.

El camino de la investigación nos llevó a ver que las normas sexuales que organizaban sus comunidades, y estructuraban sus creencias, valores, poderes

4 Concepto acuñado por las feministas comunitarias aymaras en Bolivia, cuya voz

pública en el feminismo es Julieta Paredes.

5 Para mayor desarrollo véase la primera parte de Tejidos que lleva el alma, sobre la caracterización de las sujetas (Fulchiron et al. 2009: 37-137).

y estatus como mujeres mayas eran los factores más significativos a la hora de desentrañar las consecuencias de la violación sexual en la guerra en sus vidas, así como la posibilidad de re-significarlas para poder pasar de víctimas a actoras de cambio.

La investigación pone de manifiesto, como otros trabajos antropológicos, que la sexualidad de las mujeres, en particular la capacidad biológica de dar a luz de las mismas, es definitorio de poderes, estatus, acceso a recursos y oportunidades desiguales para las mujeres en los diferentes grupos étnicos. Es definitoria de la organización social de parentesco, y de las relaciones de producción. Es una de las dimensiones centrales sobre la que se define la identidad cultural de cada grupo. Ahora bien, este control sobre el cuerpo de las sujetas toma matices distintos en función de la síntesis que operan los diferentes sistemas de opresión en el contexto históricamente construido de donde provienen las mujeres. Por esa razón, indagamos en torno al lugar que tiene la sexualidad en las formas de organización social de parentesco y de producción de las comunidades, así como en la identidad cultural de cada grupo étnico al que pertenecen las mujeres; y analizamos las diferencias que encontrábamos en función de la concatenación del poder.

De la comparación de las prácticas y representaciones sociales en torno a la sexualidad y conyugalidad en las diferentes comunidades se destaca que, a pesar de que las normas sexuales que organizan sus diferentes territorios son similares, un contexto donde existe menos rigidez en la división sexual del trabajo, menos servidumbre económica, menos peso de la religión en las conciencias y más brechas en los diferentes sistemas de opresión, mayor es la posibilidad de las mujeres de re-interpretar las normas sexuales en función de sus propias necesidades de bienestar.

La investigación pone de manifiesto que cuanta más autonomía han desarrollado las mujeres con respecto a las normas sexuales vigentes en su territorio, más posibilidad han tenido de re-significar el trauma de la violación sexual: sanar la culpa, dejar de nombrar lo sucedido como pecado, nombrarlo como crimen a partir de sus propias experiencias, y fuera de la voz culpabilizante de los otros, ubicar la responsabilidad sobre los agresores; y finalmente reconstruir la vida en función de procesos de autovaloración y proyectos de vida propios.

Para ejemplificar lo anterior, la norma de exclusividad sexual, o la entrega a un solo hombre para toda la vida, es una de las normas más importantes sobre las que se estructuran las relaciones de parentesco heterosexual en todas

las comunidades donde hemos trabajado. Es una norma definitoria del valor de las mujeres. Más allá de ser vivida como norma, ha sido interiorizada como un valor propio constitutivo del ideal de ser, a partir de las que todas las sobrevivientes han medido su valor como mujeres. Esta concepción del mundo ha articulado su ideal de vida, la expectativa de lo que querían ser, y su ideal de felicidad.

La violación sexual vino a romper brutalmente con este ideal. Fueron acusadas por sus comunidades y familias de haberse dejado y entregado al ejército. Por un mecanismo ideológico perverso patriarcal, se convirtieron ante los ojos de su comunidad en una mujer cualquiera, en quita-maridos. Fueron consideradas como una mancha al honor de la comunidad. Destaca la hegemonía y omnipotencia de este imaginario patriarcal y racista en las conciencias colectivas cuando las mismas mujeres lo viven como un pecado que cometieron. Según ellas, habían trasgredido la norma que habían jurado obedecer ante los ojos de su madre y de Dios. El dolor más grande que expresaban al inicio del proceso no era la tortura y el daño que representó la violación para ellas, sino sentir que habían faltado al respeto a sus esposos. Pesaba más el imaginario patriarcal local que la propia experiencia.

“Los militares me empezaron a asustar, pero yo no estaba acostumbrada porque yo tengo mi marido. Y no es bueno andar con varios hombres. De eso nos aconsejaron, que no es bueno comprometerse con varios hombres si una tiene marido. Todo eso me dolió mucho” (citado en Fulchiron et al. 2009: 235).

En el Valle del Polochic, existe una organización de producción económica racista muy cercana a un sistema de esclavitud donde finqueros ladinos, casi todos de origen alemán, han expropiado la fuerza de trabajo y las tierras de las mujeres y los hombres mayas para la acumulación de capital. Esta organización de producción en fincas ha vuelto más rígida la división sexual del trabajo: la opresión doméstica y sexual de las campesinas q’eqchies permite el mantenimiento de la fuerza de trabajo de hombres q’eqchies y su reproducción sin cuestionamiento. La síntesis de los diferentes sistemas de opresión en la vida de las mujeres q’eqchies se refleja en su forma de interpretar la vida y en su forma de relacionarse con la autoridad. Las normas sexuales para las mujeres q’eqchies del Polochic han sido incorporadas como dogmas que articulan su vida y rigen sus relaciones con los hombres, con la autoridad y con los finqueros, con escasa re-elaboración propia.

En cambio, el contexto socio-económico menos opresivo del área kaqchikel, donde las mujeres desde hace varias generaciones han tenido la posibilidad de salir de sus casas para comercializar hortalizas, les ha permitido tener más margen para re-interpretar estas normas en función de sus necesidades, no aplicarlas al pie de la letra y por ende, tener más autonomía para decidir sobre su vida. Por ejemplo, en el área kaqchikel, aunque la virginidad siga siendo la norma sacrosanta para casarse, se ha abierto un espacio para el noviazgo, una etapa importante para conocer a los hombres que serán sus futuros esposos y decidir con quién casarse. De la misma manera, las historias de separación de casi todas las mujeres del grupo y de sus madres, evidencian las brechas que se han abierto en la norma de exclusividad sexual, que obliga a las mujeres a entregarse a un solo hombre para toda la vida. La separación es vivida como una opción cuando la relación con su esposo no es satisfactoria; mientras que en el Valle del Polochic las mujeres nunca han tenido la posibilidad de tener novios y elegir con quién casarse, pues todas fueron entregadas por sus padres en un sistema comunitario organizado de intercambio de mujeres, y no visualizan la posibilidad de separación porque el mandato de Dios y su madre pesa demasiado.

Además de develar y entender las diferencias de interpretación sobre los crímenes vividos, y por lo tanto las claves de la re-significación y reconstrucción, a partir de la concatenación de los diferentes sistemas de opresión que estructuran sus vidas y subjetividades, hemos complejizado el análisis incorporando las diferencias que emergen a partir de los recursos y poderes desarrollados a lo largo de sus historias personales, es decir, a partir de la experiencia corporal de lo vivido.

3.3. Las diferencias en la significación y re-significación

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