2.5 Conclusion
4.2.6 Molecular modelling
Uno de los estudios que aborda la historia del altiplano peruano y sobre cómo los diversos procesos sociales que se dieron en esta zona impactaron sobre las poblaciones de las comunidades campesinas, específicamente a aquellos que se dedican a la actividad pastoril, es el ya citado estudio Ethel Del Pozo Vergnes que es producto de más de diez años de trabajo de campo en comunidades campesina de Puno.
En De la hacienda a la mundialización. Sociedad, pastores y cambios en el altiplano peruano (2004), la autora señala la población indígena ha sufrido de la expropiación de sus
medios de producción y de la modificación de sus patrones organizativos y culturales de la vida comunal y de su economía, desde las primeras incursiones de los españoles en el altiplano. La concentración de tierras en manos ajenas y el destino de sus productos eran decididos por grupos dominantes minoritarios quienes sólo buscaban beneficiarse del plusvalor del trabajo gratuito y mano de obra barata de la población indígena.
Un punto que es importante recalcar y sobre el cual coincide Ruiz – Bravo es que la explotación de la mano de obra indígena en el altiplano peruano no desestructuró el sistema de producción andino, sino que se sirvió de él, manteniendo así, por ejemplo, formas de trabajo comunal. El interés de los sectores dominantes era la explotación de los recursos naturales y la obtención de tributos de los indígenas, más no la introducción de mejoras tecnológicas para la mejora de la producción (Del Pozo – Vergnes 2004: 28). La conquista trae consigo cambios en cuanto al sistema económico y a la distribución geográfica de la
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población del altiplano, así este paso de ser eminentemente agrícola y ganadera, a ser minera gracias al descubrimiento de las minas de Potosí.
Un rasgo propio del altiplano peruano es que ha sufrido diversos procesos violentos de revueltas, rebeliones y luchas. La conquista fue uno de ellos; sin embargo, la rebelión de Túpac Amaru, la Independencia fueron procesos verdaderamente violentos donde tanto la población indígena como la española / blanca fueron víctimas de crímenes atroces. Además, influyeron en la desarticulación del circuito comercial generado en torno a la mina (Arequipa, Puno, Abancay, La Paz y Tucumán) así como también de las haciendas, trayendo consigo una crisis económica que perjudicó sobre todo a quienes se articulaban de una u otra manera al mercado lanero. A raíz de la rebelión se da un éxodo de los españoles que habitaban en el altiplano hacia ciudades más seguras como Arequipa y Cusco, dejando el espacio político para criollos y mestizos, que más adelante se consolidarán en el poder como gamonales.
La producción de la fibra de oveja y alpaca se realizó bajo el sistema de hacienda. Como refieren los sociólogos Verona y Medina en Una mirada general a la situación de los criadores de alpacas y ovejas del Altiplano (2015) este implicó la instalación del
gamonalismo como sistema político, así “Los indígenas incorporados a las haciendas, de manera forzosa, no tenían otra opción que trabajar para estas ya que no poseían tierras suficientes para poder subsistir. A cambio de su mano de obra, empleada especialmente en el pastoreo, el patrón les otorgaba una porción de tierras que sería trabajada por el colono y su familia” (Verona y Medina 2015: 161).
Sobre el gamonalismo en Puno, Del Pozo – Vergnes señala que fue otro proceso violento de expropiación de tierras, y afectó especialmente en contra a las poblaciones indígenas. Frente a estos abusos, también se generan diversas revueltas por parte de este sector de la población. De la misma manera Ruiz – Bravo llama la atención sobre el impacto en la organización económica, social y político, y por ende en el sistema de género. La población indígena se anexa a las nuevas grandes haciendas como colonos, dependientes económicamente del patrón31; así mismo se este sistema se basó en la dominación cultural,
desvalorizando las expresiones y manifestaciones propias de las culturas indígenas. Los efectos del gamonalismo sobre las mujeres indígenas fueron nefastos; ellas debían trabajar
31 Necesitaban trabajar en la hacienda ya que sólo así podían acceder a las tierras necesarias para el cultivo y
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en la casa – hacienda y eran consideradas como parte de las propiedades del patrón, esto influyó en el sistema de género que se iba gestando, la mujer como un bien intercambiable (Ruiz - Bravo 2004: 286). La mujer y lo femenino, entonces se empieza a definir en relación con su condición de sierva, así mismo en relación con su condición de trabajadora y campesina.
Por otro lado, el patrón y el grupo dominante eran asociados a lo masculino y blanco. En este sistema de estratificación la mujer era el eslabón más vulnerable quien no podía reclamar por los abusos sufridos y debía recurrir a sus pares masculinos. Así, la violencia sexual era, por ejemplo, un mecanismo comúnmente empleado por los trabajadores de la hacienda y por el patrón, incluso muchas veces ellas eran entregadas por los hombres de sus propios grupos para evitar problemas con sus superiores ante algún error o descuido. También se empleaban formas de violencia más sutiles como las burlas por no comprender las costumbres y / o modales de la familia del patrón, se la deslegitimaba intelectualmente (Ruiz – Bravo 2004: 289).
Este sistema de hacienda se desestructuró con la reforma agraria de 1969, el Estado impulsa su política de industrialización del país, así como elimina a la oligarquía como clase dominante. Sin embargo, las tierras de las haciendas fueron concentradas en 42 empresas asociativas, siendo las más comunes las cooperativas agrarias de producción (CAP), las sociedades agrícolas de interés social (SAIS) y las empresas rurales de propiedad social (ERPS) (Yeckting 2008: 31). La actividad pecuaria se tecnifica, introduciéndose nuevas herramientas a las laborales de crianza y producción de fibras de ovinos y camélidos. Estos cambios también tuvieron repercusiones en las relaciones de género ya que quienes eran capacitados en el empleo de estas nuevas herramientas eran los hombres, las mujeres permanecían ajena a esto, por lo que sus labores ligadas a la producción se limitaban al pastoreo (Del Pozo – Vergnes 2004: 82).
Hacia fines de la década de los ochentas, estas empresas se reestructuran y además se da la incursión de Sendero Luminoso. Ya que se consideraba a la población rural como potencialmente subversiva, el estado da pie a una política de desarrollo basada en la satisfacción de necesidades básicas y de represión a cargo de las fuerzas armadas. En la década de los 1990, con el gobierno de Fujimori, los indios, ahora campesinos, pasan a ser pobres, quienes eran un elemento prescindible del nuevo modelo de desarrollo basado en el mercado. El Estado, entonces interactuará con ellos a través de programas de lucha
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contra la pobreza y ya no instituciones públicas del sector agrario (Del Pozo – Vergnes 2004: 21).