Chapter 5 : Impact Indicators and Assessment in ICTD Projects
5.2 Monitoring and Evaluation of ICTD projects
Si Lambert, Favre y los actuales sostenedores de esta teoría revisionista que estamos comentando quieren encontrar un punto de apoyo, muy relativo y muy difícil por otra parte, en los textos clásicos del marxismo, desde ya les ahorraremos el trabajo de buscarlo: pueden encontrarlo en los documentos y resoluciones de la III Internacional y en ciertos textos de Lenin y Trotsky de la época, referidos a los países atrasados.
A continuación, analizaremos algunos de esos textos, que en nuestra opinión -y lo decimos con toda franqueza- en relación a la revolución permanente son centristas, como eran las posiciones de Lenin antes del 17, al compartir con los mencheviques el carácter burgués de la revolución y el etapismo, discrepando con ellos sobre la dinámica de clase. Son textos que expresan la concepción no sólo de la revolución por etapas, sino también del apoyo o defensa del «campo burgués progresivo» en los países coloniales y semicoloniales, principalmente los más atrasados. Se trata, empero, de un menchevismo «sui generis», que tiene un aspecto revolucionario, ya que se integra esta revolución por etapas dentro de la revolución socialista mundial, principalmente y se insiste en la independencia política de la clase obrera europea. Entremos en tema. El IV Congreso de la Comintern aprobó unas «Tesis generales sobre la cuestión de Oriente», que incluyen una tesis sobre el «frente antiimperialista único». Allí se dice:
«En los países occidentales que atraviesan un periodo transitorio caracterizado por una acumulación organizada de las fuerzas, ha sido lanzada la consigna del frente proletario único. En las colonias orientales es indispensable, en la actualidad, lanzar la consigna del frente antiimperialista único. La oportunidad de esa consigna está condicionada por la perspectiva de una lucha a largo plazo contra el imperialismo mundial, lucha que exige la movilización de todas las fuerzas revolucionarias (...) Así como la consigna del frente proletario único ha contribuido y contribuye todavía en Occidente a desenmascarar la traición cometida por los socialdemócratas contra los intereses del proletariado, así también la consigna del frente antiimperialista único contribuirá a desenmascarar las vacilaciones y las incertidumbres de los diversos grupos del nacionalismo burgués. Por otra parte, esa consigna ayudará al desarrollo de la voluntad revolucionaria y al esclarecimiento de la conciencia de clase de los trabajadores, incitándolos a luchar en primera fi la, no sólo contra el imperialismo, sino también contra todo tipo de resabio feudal».
«El movimiento obrero de los países coloniales y semicoloniales debe, ante todo, conquistar una posición de factor revolucionario autónomo en
el frente antiimperialista común. Sólo si se le reconoce esta importancia autónoma y si conserva su plena independencia política, los acuerdos temporarios con la democracia burguesa son admisibles y hasta indispensables. (...) El frente antiimperialista único está indisolublemente vinculado a la orientación hacia la Rusia de los Soviets.»
«Explicar a las multitudes trabajadoras la necesidad de su alianza con el proletariado internacional y con las repúblicas soviéticas es uno de los principales puntos de la táctica antiimperialista única. La revolución colonial sólo puede triunfar con la revolución proletaria en los países occidentales» (Los cuatro primeros congresos... Tomo 2, pp. 231-232). Luego sintetiza el programa para los países atrasados, en relación al frente antiimperialista único:
«La reivindicación de una alianza estrecha con la República de los soviets es la bandera del frente antiimperialista único. Luego de prepararla, es preciso llevar a cabo una lucha decidida por la máxima democratización del régimen político, a fi n de privar de todo sostén a los elementos social y política- mente más reaccionarios y asegurar a los trabajadores la libertad de organización, permitiéndoles luchar por los intereses de clase (reivindicaciones de una república democrática, reforma agraria, reforma de las cargas fundiarias, organización de un aparato administrativo basado en el principio de un self-government (autogobierno), legislación obrera, protección del trabajo, protección de la maternidad, de la infancia, etc.)» (op. cit., pp. 232-233).
Como vemos, aquí no se plantea la perspectiva de la revolución obrera y la dictadura del proletariado para los países atrasados. Por el contrario, sólo se plantea la lucha contra el «imperialismo» y, dentro del país, contra los «resabios feudales», con el objetivo de llegar a una república democrática en la cual la clase obrera conquista reivindicaciones similares a las del proletariado occidental.
La tesis quinta aclara el papel del partido del proletariado en la revolución democrática y la república democrática:
«Dos tareas fundidas en una sola incumben a los partidos comunistas coloniales y semicoloniales: por una parte, lucha por una solución radical de los problemas de la revolución democrático-burguesa cuyo objeto es la conquista de la independencia política; por otra parte, organización de las masas obreras y campesinas para permitirles luchar por los intereses particulares de su clase, utilizando para ello todas las contradicciones del régimen nacionalista democrático-burgués» (op. cit., p. 230).
Nuevamente, se trata de llevar a cabo la revolución democrática burguesa y obtener un lugar específi co, independiente, para la clase obrera dentro de la misma. La tarea del partido comunista, el partido revolucionario del proletariado, no es conquistar el poder sino ganarse un lugar independiente dentro del campo burgués que realiza la revolución democrática burguesa. Tenemos un buen ejemplo de aplicación de esta política, en la «Carta
contra el mismo son los sectores del aparato de Estado como la policía, las policías paralelas ‹institucionalizadas›, la alta administración que posee todas las palancas de mando del Estado» (op. cit.). Y en base a esto afi rma que no se puede acusar a la OCI de apoyar a las fuerzas armadas imperialistas.
Expresado en términos de documento, tenemos: Visto que las masas en este momento no prestan atención al problema de las fuerzas armadas y considerando que sólo se deben agitar las consignas que sirvan para la movilización inmediata, la OCI resuelve.... ¡abandonar la lucha contra las fuerzas armadas! Y solamente un «audaz» puede pensar que esto constituye una forma de apoyo a las fuerzas armadas del imperialismo trances.
Nosotros, con la audacia que nos brinda nuestro fi rme apoyo sobre el método marxista, afi rmamos que la OCI sí está apoyando a las fuerzas armadas del imperialismo francés, pero en forma vergonzante, negativa, al negarse explícitamente a combatirlas. Consideramos que si existe un buen momento para pasar de la propaganda a la agitación por la destrucción de las fuerzas armadas, ese momento es el presente, cuando las masas están en ascenso y aspiran a liquidar ese enemigo eterno que es el ejército burgués. Si sus ilusiones las hacen creer que Mitterrand lo hará entonces debemos combatir esas ilusiones en el terreno de la denuncia del gobierno y la movilización.
La consigna «por la reducción del servicio militar a seis meses» merece párrafo aparte. ¿Qué signifi ca esta consigna aisladamente, como la expresa la OCI(u)? Aclaremos que tácticamente podemos coincidir con ella, puesto que se trata de una promesa electoral incumplida por el gobierno, y una reivindicación por la cual la juventud se está movilizando multitudinariamente. Pero en primer lugar, la OCI no centra sus ataques en el gobierno por no cumplir con sus promesas, sino en el PC por aceptar públicamente la duración actual del servicio militar (un año).
En segundo lugar, la reducción del servicio militar es una consigna mínima, reformista, que no atenta contra las fuerzas armadas burguesas si no esté unida a un programa de consignas transicionales al efecto. Veamos qué decía Trotsky:
«No podemos oponernos al entrenamiento militar obligatorio por parte del Estado burgués así como tampoco podemos oponernos a la educación obligatoria por parte de ese mismo Estado. El entrenamiento militar aparece ante nuestros ojos como parte de la educación» («Sobre la conscripción», 9-7-40; Escritos, tomo XI, vol. 2, p. 435). Y aclara:
«Estamos absolutamente a favor del adiestramiento militar obligatorio, lo mismo que de la conscripción. ¿Conscripción? Sí. ¿Por el Estado burgués? No. No podemos confi ar esta tarea, ni ninguna otra, al Estado de los explotadores».
La Traición de la OCI Nahuel Moreno
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pronunciado; la Constitución gaullista otorga al presidente unos poderes casi ilimitados; por ejemplo, es él quien determina el orden del día que debe discutir el parlamento. Esta institución, que cumple un papel casi decorativo, no tiene poderes para oponerse al presidente. La presidencia inclusive puede emitir decretos (ordenances) con fuerza de ley, que no están sujetos a aprobación por al poder legislativo.
Por todo esto, las consignas por la abolición de la presidencia y su reemplazo por un organismo obrero debe formar parte de le agitación constante del partido revolucionario contra la V República. Pero igual que en el caso anterior, la OCI se ha «olvidado» de esto desde el 10 de mayo. Aunque jamás explica el por qué de esta ausencia, nosotros creemos que el mismo se deduce fácilmente de toda su política. La OCI considera que la sola elección de Mitterrand es incompatible con la existencia de la V República, de ahí que todo su programa en este terreno se reduce e impulsar los «pasos» que él dé en este sentido. Pero para dar «pasos» de debe contar con los poderes necesarios, y no hay institución en Francia que los posea en mayor grado que la presidencia.
Nuestra conclusión no se basa en una afi rmación explícita de la OCI sino que es la consecuencia lógica de toda su política. La OCI está en contra de levantar las consignas por la abolición de la presidencia porque considera que esa institución, en manos del «burgués antiburgués» Mitterrand, es la herramienta para destruir a la V República desde adentro.
¿Es errónea esta afi rmación? En todo caso nadie puede tacharla de aventurada ni especulativa, puesto que se basa en los hechos rigurosamente comprobados que exponemos más arriba. La OCI sólo podrá convencernos que estamos equivocados si nos muestra, periódico a periódico, las consignas que ha levantado contra la presidencia a partir del 10 de mayo.