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4.2 Implementation Setup

4.2.2 Flow Monitoring

quedarse como escenario, sobre todo si

pensamos en la crisis ambiental global en

el marco del Antropoceno. Buena parte del

esfuerzo académico y del talento político

van a recaer en dirimir qué cuestiones

deben y pueden encararse nuevamente

dentro de la soberanía estatal y en la

protección que los Estados aún pueden

ofrecer y qué otras son para tratar en

la escala internacional y global.

Si el sorpresivo triunfo de Trump pudo traer algo de aire fresco en relación con la vuelta de lo político en abstracto, sin duda que otra es la percepción cuando pasamos a considerar las políticas concretas que pretende implementar, sumadas a las que se ejecutan desde los populis-

mos de derecha avanzando en varios países eu- ropeos. Y esto nos lleva a otra pregunta en torno a la multipolaridad. No necesariamente este es el fin de la misma, como tampoco lo es el de la globalización: ambas están ahí y para quedarse. Un Estados Unidos más preocupado de sí mis- mo y de sus ciudadanos de a pie probablemente esté menos dispuesto a aventuras misionales a lo largo y a lo ancho del globo. Sí asistiremos con probabilidad a un pasaje de una multipolaridad colaborativa en el marco de instituciones más o menos estables (aunque deslegitimadas) a una confrontativa, aunque no necesariamente abier- tamente conflictiva, pero que ciertamente pri- vilegia el interés nacional sobre el internacional o global. Tal como mostramos junto a Gastón

Fulquet en un libro colectivo1, ese fue quizás el

último intento (no desde el centro, sino desde la semiperiferia de los llamados emergentes) por reforzar la legitimidad del orden internacional existente haciéndolo más plural y representati- vo. Ahora, dentro de la retracción nacionalista parece desvanecerse la idea épica respecto al mundo y la misión salvífica del destino mani- fiesto, lo cual no creo que sea una mala noticia sobre todo para nuestro subcontinente. Cier- tamente que esto no disuelve la posibilidad de cooperación, pero la misma puede tomar otra coloración: veo más espacio para un entendi- miento informal entre grandes potencias rudas (los Estados Unidos, Rusia y China) que entre los más amigables y previsibles socios de la pos- guerra (los Estados Unidos de la Postguerra fría, la Unión Europea y Japón) y apoyado menos en la institucionalidad anónima que en la confian- za entre pares, entendidos entre sí como supues- tos “grandes hombres” (varones-machos). Una muestra de esto acaba de darse con la retirada de

1 Fulquet, G., Pelfini, A. (2015). Los BRICS en

la construcción de la multipolaridad. ¿Reforma o adaptación? Ciudad Autónoma de Buenos Ai-

res: CLACSO; Nueva Delhi: Ideas; Ciudad del Cabo: Codesria; Ciudad Autónoma de Buenos Aires: FLACSO Argentina.

los Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático.

Dentro de esta vuelta de lo político como creación de escenarios contingentes, estamos obligados a dirimir y repensar qué tipo de cues- tiones son aún tratables y negociables a nivel glo- bal e internacional, y cuáles vuelven al ámbito de lo nacional y de la protección de ese espacio. Parafraseando a Wolfgang Streeck, si al menos la promesa izquierdista y progresista de democra- tizar la globalización ya no parece realizarse sólo por apelación a la voluntad o participando en foros sociales mundiales, buena parte del esfuer- zo quizás haya que ponerlo en defender la mis- ma democracia respecto de las fuerzas del capi-

talismo global2. Cuando las recetas que parecían

asegurarnos un futuro promisorio o al menos preservarnos frente al riesgo y las catástrofes ya no seducen ni a los votantes de los países cen- trales, nunca menos oportuno que nuestro país y nuestra región pretendan revivir los años de relativa y engañosa bonanza de la globalización neoliberal en este raro revival, mezcla de trage- dia y comedia que parece ser el “Neoliberalismo tardío”. Sabemos más de populismo que los paí- ses centrales (anteriormente orgullosos de creer- se libres de esa supuesta anomalía) y contamos con experiencias valiosas y rescatables en ese sentido. Algo acorraladas eso sí, aún contamos con democracias activas y turbulentas capaces de generar innovación institucional y de ofre- cer caminos alternativos –aunque precarios– de desarrollo. No confiamos ingenuamente en un futuro promisorio y en un “sálvense quien pue-

2 "La justicia social no es algo que se deba tener en cuenta exclusivamente en contextos donde todo marcha “viento en popa”. Durante varias décadas, el crecimiento ha servido como sus- tituto de políticas sensatas de cohesión social. Lo que las sociedades avanzadas ahora necesi- tan son compactos sociales que sean resilientes a los cambios demográficos, a las alteraciones tecnológicas y a las sacudidas económicas" (Pi- sani-Ferry, 2017).

da”, sino que todavía perseveramos en enfrentar asociadamente las dificultades del presente. Y, por último y, en síntesis, lo político aún no su- cumbió totalmente ni a la corrección política ni a los mandatos del mercado.

Referencias bibliográficas

Bauman, Z. (2004). Modernidad líquida. México D. F.: Editorial Fondo de Cultura Económica. Fulquet, G., Pelfini, A. (2015). Los BRICS en la

construcción de la multipolaridad. ¿Reforma o adaptación? Ciudad Autónoma de Buenos Ai-

res: CLACSO; Nueva Delhi: Ideas; Ciudad del Cabo: Codesria; Ciudad Autónoma de Buenos Aires: FLACSO Argentina.

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Europa. (pp. 31-56). Viena: Planet Verlag.

Pisani-Ferry, J. (2017). El abandono del progreso. (30/11/2016). Project Syndicate. Disponible en: https://www.project-syndicate.org/com- mentary/populism-and-abandonment-of-pro- gress-by-jean-pisani-ferry-2017-01?version=s- panish&barrier=accessreg

Una burguesía nacional rentista y

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