Appendix C Supplemental Questions, Valid Percents Reported
3. Within the last 12 months, while walking at USC,
Vamos a repasar la vieja cita nuevamente: “Todo es justo en amor y guerra.” Cierto. Nunca hubiese pensado en discutirlo.
Todo es justo, no importa cual de las partes tenga las municiones o a quién deciden agujerear con las mismas. Estas simplemente son las realidades de la guerra – cualquier guerra, incluyendo la guerra de los sexos – triste tanto como pueda serlo. Uso la palabra “triste” porque, así como me gustaría decirte lo contrario, existe un campo de batalla donde las minas van a ganar en cada momento que les dejen ponerse los guantes y que se te acerquen dentro del ring. Y ese campo de batalla, querido amigo, es el debate. O como lo llaman las minas: la discusión.
Todo lo que la flaca quiere es una simple charla, ¿no? Una charla amistosa. Tratá de huir de la charla. Hacela corta. Invitala a cenar antes que eso, llevala a bailar, acumulá el poder masivo de tu cerebro que falta destapar y usalo hasta que te agarre una hernia en el apéndice. Creeme que viajar al hospital en la parte de atrás de una ambulancia, con tus tripas ardiendo y todo tu mundo dolorido, es una experiencia ciento veinte veces mejor que tener que soportar las exquisitas torturas de los patrones de pensamiento de una mina, o a lo que se refieren cómicamente como lógica.
Dejame darte un ejemplo.
Le prometés a tu pretendiente sacrificial virgen un paseo por la playa. Tenés los manteles y una enorme sombrilla en el auto, la helatodo está llena de birras, la lonchera está repleta de sándwiches, huevos rellenos y papas fritas. Todo está perfecto. Tenés puesta tu malla abajo del jean y te vas a buscar las llaves del auto cuando de repente el televisor anuncia que hay un huracán acercándose desde el sur que se estima que va a pegar alrededor de unos diez minutos después de que lleguen a la playa. ¿Vos qué hacés?
Por supuesto que, sabiamente (siendo un hombre), decidís que probablemente no sea el mejor día para ir a la playa y cancelás el paseo. Le explicás a tu dulzura que con un huracán acercándose vos pensaste que mejor deberían hacer el picnic adentro, porque la querés demasiado como para que se ahogue, y ella te dice que qué tan sabio e inteligente sos y todo es maravilloso.
Hasta que, por supuesto, se le atraviese algo y le agarre un ataque en contra tuyo. En contra tuyo o de lo que sea.
Entonces, todo lo que escuches va a ser acerca de lo idiota que sos. ¿Y qué prueba va a tener? Cada estupidez que pueda imaginarse, sin importar que tan irrelevante
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sea a la situación, especialmente el día que le prometiste que la ibas a llevar a la playa – ¡y no lo hiciste!
No, de repente no importa el hecho de que no la hayas llevado a la playa porque le estabas salvando su re putísima vida. ¿Y qué?
Se lo pintaste de una manera totalmente romántica que la ilusionó en el momento. ¡Perfecto! Ahora no cuenta. ¿Por qué no?
Porque rompiste tu promesa pedazo de chamuyero hijo de puta, y ahora te odio. Todo lo malo en el reputísimo mundo es tu culpa.
Dejá que la menor estupidez haga enojar a una mina – cualquier cosa – su trabajo, sus amigas, el gato de mierda que tiene, si ella arruina una comida, se rompe una uña, pierde una de sus joyas, traspapela su agenda – lo que sea – bueno, esto es exactamente lo que va a pasar.
La mina inmediatamente va a tener que buscar a alguien para culpar por su mala suerte (¿y adiviná quién casi siempre va a ser su primera opción? Si, exacto – vos). No importa cual sea la realidad del problema, las mujeres son totalmente incapaces de aceptar responsabilidad frente a sus decisiones. No importa qué tan obviamente esté equivocada, y no importa qué tan poco (incluso nada) tengas que ver con el problema, esto que la tiene tan histérica va a seguir siendo tu culpa. ¿Por? ¿Ah no sabías?, porque como hombre, sos su jodido tacho de basura emocional. Eso es para lo que fue entrenada a creer desde su nacimiento, y si no le aclarás o le decís algo diferente, ¿por qué no debería creerte?
Toda su vida, vieron a sus madres hacérselo a sus padres. Sus hermanas mayores y amigas todas lo hacen. Cada miserable puta de las comedias y películas se lo hacen a los hombres en sus vidas. Hollywood es uno de nuestros grandes enemigos en la interminable guerra de los sexos. Desde que saben que las mujeres controlan
aproximadamente el 80% de lo que es visto en la televisión y de las entradas que se compran en el cine, la Costa Izquierda está siempre lista para sermonear desde sus apestosas biblias femeninas que todos los hombres son mugre y que todo siempre, es su culpa. Las mujeres, siendo naturalmente ilógicas para empezar, creen esta mierda por completo.
Entonces, ¿qué hacemos? Lo que haría el General Custer. Cuando te enfrentes con una mentalidad salvaje, no asumas que la lógica te va a vencer al final. No lo hagas. Ni si quiera lo intentes.
Como siempre, primero deciles la verdad. Dale una de estas frases fáciles de recordar:
“No se puede hablar con vos cuando te ponés así.” “No hay razonamiento en lo que estás diciendo.”
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“Con lo inteligente que sos, te empezás a comportar como una idiota por un problemita.”
“¿Te das una idea de lo estúpida que parecés en este momento? Y pensar que me fijé en vos porque pensé que eras más viva.”
Y después, continuás todo agarrando tu abrigo y tus cigarros y mandándote directo hacia la puerta, lanzando algo como:
“Voy a volver cuando decidas usar la cabeza de nuevo.” “Cuando te calmes, llamame.”
“Me voy de acá.” “¡Adiós!”
Por ahí pensás que no hay nada inteligente en hacer esto, que de alguna manera no es de hombre irse en medio de una pelea, o que estás posponiendo lo inevitable, pero este no es el caso.
Las minas son como los nenes en este asunto. Después de que se calme, sí, le vas a tener que dar una explicación de por qué te fuiste, pero lo que lográs yéndote es
realmente darle algo con que enojarse.
Si, te escucho. ¿Cómo puede esto ser inteligente? Dejame educarte.
Antes de que tu bombón empezara a gritar y a putear porque necesita alguien a quien culpar por lo que sea que la tiene enojada e histérica. Vos te negás a aceptar esa culpa (y hay una tremendamente importante razón para negarse, la cual vamos a ver más adelante) te vas a la mierda y la dejás que se preocupe sola con sus pelotudeces. Creas o no, en el fondo de su subconsciente, ella sabe que está equivocada.
Pero por el hecho de ser mujer, y ser incapaz de admitirlo, te atacó a vos. ¡Ahí está haciendo un intento de dominarte! Si te hubieses quedado a intentar discutir, la mina se iba a poner más y más loca porque le hubieses dado un objetivo contra el cual tirar sus estupideces.
Yéndote, le sacás ese objetivo. Ahora tiene que encontrar a alguien que no seas vos para atacar, o se tiene que enfrentar al espejo y darse cuenta realmente dónde está el problema. De cualquiera de estas maneras, la discusión estúpida, esa que puede que
nunca más se resuelva, desaparece lejos de vos.
Después, cuando estén juntos de nuevo, al teléfono, en persona o como sea, para lo único que tenés que inventar algo es para por qué te fuiste. Ya que esto es algo que vos realmente hiciste, es más fácil para ella perdonarte. Que te quede claro, que no te puede perdonar por lo que originalmente la enojó porque internamente ella sabe que vos no hiciste nada. Así que, su mente consciente sigue atacándote para enmascarar su propio miedo de ser una boluda.
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Con irte a la mierda y dándole tiempo para enfriarse, mantenés tu indiferencia de macho, tu dominio de la situación. De esta manera te mantenés por encima de su enorme estupidez.
Lo más importante de esto es que si empezás a discutir con una mina sobre sus quejas fantasiosas, tratando de racionalizar con ella, caés en la trampa que creó para los dos. Las minas están en constante búsqueda del hombre que las va a agarrar de la mano y las calle. Cuando empieces a discutir con una mina sobre algo que en primer lugar no tiene sentido, para la mina, empezás a sonar como otra mina.
¿Captás? De ninguna manera podés discutir con una mina porque hacerlo es perder todo tu poder masculino sobre ella. A las minas no les gustan otras minas. Dejando de lado a las lesbianas (que la mayoría de en realidad están esperando la pija indicada de todas formas), las minas no quieren otra mina más en sus camas. Empezá a actuar como una, y no te van a querer tampoco.
Pero, actuá como un hombre, sé un hombre, y te lo van a reconocer al toque y de repente vas a empezar a disfrutar de la recompensa de un hombre.