0.3 Research Methodology and Models
0.3.5 Morphing aileron shape optimization methods
Las reflexiones expuestas por las madres, aunque, permeadas por un sentir con el dolor y el sufrimiento que han interiorizado a partir de las experiencias concebidas bajo las variadas maneras en que han sido agredidas, permiten conocer de forma indirecta las prácticas vividas por los hijos e hijas, con quienes se ha presentado una situación de violencia. A partir de las palabras, hechos y expresiones que recuerdan las mujeres entrevistas, es posible identificar, algunas de las características y apartes relevantes de la vida de sus hijos e hijas190.
Cuatro de las cinco madres participantes en esta investigación, refieren violencia por parte de más de un hijo, por lo que el total de hijos e hijas que han agredido a sus madres, es de diez, de los cuales seis son hombres y el restante son mujeres. En el
Anexo B, se resumen sus principales características, así como se relaciona el tipo de
violencia ejercido sobre cada progenitora.
Aunque en el momento en que se realizó la entrevista la edad de los hijos o hijas que ejercen o ejercieron, violencia en contra de sus madres oscilaba entre los 13 y los 23 años, en todos los casos el conflicto y la confrontación que luego se torno en hechos violentos, se inició siendo los hijos o hijas menores de edad. Así, de los diez hijos o hijas, cinco tenían 17 años cuando comenzaron a agredir a sus madres, tres 14 años, uno 15 y el otro 13. La iniciación de la confrontación entre ellos y sus madres, se dio dentro de la etapa referida legalmente en términos de edad, como adolescencia191.
En referencia a la escolarización de sus hijos, según describieron las madres (durante el transcurso de la investigación), dos (menores de edad) se encontraban cursando el bachillerato, una de las hijas en último grado y uno en décimo grado. De los restantes, siete habían cursado algún grado de este mismo nivel (entre séptimo y décimo) y uno cursó hasta quinto de primaria. Según lo exponen las madres, los hijos desertaron de sus estudios bajo su propia decisión.
La deserción escolar es atribuida a factores como la pobreza, la cual lleva a que los niños y jóvenes ubicados en los sectores populares, no culminen sus estudios formales e
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Como se anuncia en la introducción de esta investigación, teniendo en cuenta el compromiso adquirido con la integridad de la progenitora, así como con la dinámica general del grupo familiar al que pertenece, la realización de una entrevista directa con los hijos e hijas que agreden a sus madres, no fue posible.
191Según la legislación colombiana la edad que corresponde a esta etapa se encuentra entre los 12 y los 18 años. Ley
1098 de 2006, por la cual se expide “El código de la infancia y la adolescencia”, cuyos sujetos titulares de derechos son todos los niños y niñas, así como los adolescentes.
ingresen rápidamente al espacio laboral, buscando generar ingresos familiares. Sin embargo, para los casos analizados y según lo refieren las madres, se podría considerar que los ingresos buscados por los jóvenes no presentan un interés hacia el aporte del grupo familiar y sus gastos, sino que tienen un propósito individual que da prioridad al consumo de objetos tecnológicos (internet, celular, computador) y al vestuario personal. A estos factores, es posible anexar la desesperanza que viven los jóvenes colombianos, quienes consideran que no tienen posibilidades de acceso a la educación superior, por lo que la permanencia y la culminación de los estudios de bachillerato no es una prioridad, ni una opción, unido a una desmotivación sobre un futuro192.
En cuanto al aspecto laboral de los hijos las mujeres entrevistadas refieren que dos trabajan en el área de construcción como albañiles, uno labora ocasionalmente según lo soliciten, ya sea como vendedor ambulante, en agricultura o ayudante de albañilería, otro se desempeña como cerrajero, oficio aprendido empíricamente y que lleva a cabo en un local ubicado en la casa de su progenitora. Uno de los hijos, en el momento en que se realizó la entrevista a la madre, se encontraba desescolarizado y desempleado, y además permanecía “aislado” en la casa de sus progenitores, por temor a ser reclutado por el Ejército Nacional de Colombia193.
Respecto a las ocupaciones de las hijas, se encuentra una dedicada al hogar y al cuidado de sus propias hijas, otra igualmente es madre y labora atendiendo un negocio de internet y la tercera no se encontraba ni laborando, ni culminando sus estudios de secundaria.
La consecución de un empleo estable, está determinado por el nivel educativo alcanzado, situación que es más crítica en los sectores pobres donde el acceso a la educación formal está limitado por factores económicos, sociales y culturales; así como por la distribución dada según el género. En cuanto a la figura masculina y su relación con las labores realizadas asignadas culturalmente, se propone la obtención de oficios que simbolizan y “demuestran” su masculinidad, siendo relacionados con rudeza y fuerza física. Mientras que para las mujeres, se presenta mayor apertura laboral en las tareas de cuidado.
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ARANGO, en su análisis reflexiona acerca de la reducción de posibilidades que se presentan en Colombia actualmente para los jóvenes que desean ingresar a la universidad, siendo aún mayor las interferencias para quienes pertenecen a los sectores sociales menos favorecidos, donde la precariedad económica de las familias restringe las posibilidades de acceso a la educación superior, dada la dependencia de los jóvenes mientras culminan sus estudios. ARANGO, Luz Gabriela. "Experiencia juvenil y condición estudiantil: desigualdades de clase, género y profesión en la educación pública en Colombia". En: SUÁREZ, María Herlinda y PÉREZ ISLAS, José Antonio (coordinadores). Jóvenes universitarios en Latinoamérica, hoy. México: UNAM, Miguel Ángel Porrúa Editores. p. 139-167. 2008. http://www.catedras- bogota.unal.edu.co (Educación Superior: Debates y Desafíos – Documentos).
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Una modalidad de prestación de servicio militar obligatorio establecida por el Artículo 13 de la Ley 48 de 1993 es como “regular” haciendo referencia a los jóvenes que no culminaron los estudios de secundaria y no se encuentran escolarizados. Para la incorporación de estos jóvenes, el ejército se moviliza hasta los barrios donde los ubican directamente para su reclutamiento.
Teniendo en cuenta lo expuesto por las madres entrevistadas, es importante resaltar que de las hijas, dos fueron madres en edad adolescente aproximadamente a los 16 años, una de ellas es jefe de hogar y vive con su hija independientemente, la otra habita en la vivienda de sus progenitores junto a sus dos hijas y su cónyuge. Tres hijos igualmente fueron padres adolescentes, dos de ellos conviven con su cónyuge bajo el mismo techo que sus progenitores y según la versión de la madre entrevistada, el otro decidió no asumir la responsabilidad paterna y no se ha independizado del hogar de crianza.
Las cifras expuestas sobre el embarazo en adolescentes muestran su incremento, convirtiéndose así en un problema significativo tanto social como de salud, más aún cuando su prevalencia esta en los sectores de mayor pobreza. Dentro de las principales preocupaciones sociales e institucionales generalizadas, se encuentra la salud tanto de la madre como de los hijos, así como el abandono de la educación por parte de las madres al quedar embarazadas, por lo que se plantean programas de prevención y de educación respecto a la salud sexual y reproductiva194.
Sin embargo como lo plantea Noemi Ehrenfeld, al tematizar sobre embarazo en adolescentes las discusiones, no sólo se deben centrar en su definición como un problema y en sus factores de riesgo, sino que se hace necesario conocer los significados que para las y los adolescentes tiene el ser madres y padres, analizando la situación dentro de un “contexto más amplio de la realidad social y de sus circunstancias”195.
Al respecto, los estudios más recientes sobre la problemática, que incluyen una mirada de género, destacan las implicaciones sociales y culturales inmersas y sus relaciones con los significados persistentes sobre la maternidad, que llevan a que las adolescentes construyan su identidad como mujeres en relación a ser madres, por lo que su proyecto de vida puede estar centrado en la maternidad y en la búsqueda de una estabilidad conyugal. Igualmente se habla sobre la necesidad de construir una maternidad y una paternidad conjuntas.
Además, se podría pensar que cuando a las y los jóvenes se les otorgue y se les presente mayores posibilidades sobre un futuro donde la educación superior esté a su alcance y ésta se presente de forma relacionada con una ubicación laboral estable y de calidad, como posibilidad de status y reconocimiento social, distinto al que puede otorgar el ser madre o ser padre, su proyecto de vida podría incluir otras opciones.
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Según lo expone la Ministra de Protección y Salud, para 1990 el 13% de las adolescentes estuvieron embarazadas, en el 2005 la cifra ascendió a un 21% y para el 2010 se identificó que un 20% de las adolescentes estaban embarazadas. Noticias: 8 de marzo de 2012 http://www.minproteccionsocial.gov.co. Y según la información estadística preliminar presentada por el DANE para el 2011 a nivel Nacional se identificaron 145.720 mujeres ejerciendo su maternidad con edades entre los 10 y 19 años (de 10 a 14 años: 5.849 y de 15 a 19 años: 139.871).
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