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MORTAR COMMAND AND SUPPORT RELATIONSHIPS Mortar command and support relationships are the means by which commanders at

En el segundo punto de la primera sección de este capítulo planteamos que lo que caracteriza la experiencia emocional, y a la vez la distingue de otro tipo de experiencia, es su dinamismo valorativo. En el tercer punto de esta misma sección planteamos que la experiencia emocional dinamiza el modo de saber de un quién, es decir, dinamiza el ingenio de un modo de ser personal. Conviene, entonces, que ahora tematicemos la relación que liga el dinamismo valorativo que acontece en el mundo con el dinamismo valorativo que despliega el saber errático de una personalidad de vida buena.

Las experiencias emocionales dinamizan dos movimientos valorativos del ser personal, a saber: la vulnerabilidad céntrica y la dignidad excéntrica. Ambos movimientos constituyen el dinamismo errático global que correlaciona lo importante que sucede en la experiencia emocional y el proyecto de vida buena en cuyo despliegue ésta acontece. Entre ambos movimientos se abre un campo de juego problemático que apela por la puesta en obra de un posicionamiento comprensivo y responsivo por parte del ser personal.

La vulnerabilidad es la experiencia personal errática de la centricidad. Esta experiencia hace referencia a la valoración que es dinamizada por el movimiento carencial que caracteriza el modo de ser personal. En este sentido, las experiencias emocionales develan la fragilidad e insuficiencia de las personas frente a las demandas problemáticas que provienen del mundo (Lazarus, 2000; Nussbaum, 2001; Solomon, 2007). Las personas experimentamos problemas emocionales porque somos seres vulnerables susceptibles de ser perjudicados, amenazados, desafiados o promovidos por potencias céntricas que escapan a nuestra agencia. Al respecto, Camps (2011) plantea lo siguiente:

Las emociones muestran la vulnerabilidad esencial del hombre. No somos dioses, seres omnipotentes y omniscientes, razón por la que muchas de las cosas que nos afectan escapan a nuestro control y, por ello, suelen afectarnos negativamente, porque tememos perder lo que queríamos y hemos conseguido, porque echamos de menos lo que ha desaparecido, porque nos

asusta lo que no conocemos (…) La vulnerabilidad nos constituye de un modo esencial, es imposible que un ser vulnerable deje de sentir y temer o de compadecerse (p. 38)

Los seres personales experimentamos emociones –como la ira, la vergüenza, el miedo, el amor, etc.– porque somos seres susceptibles de ser afectados por problemáticas apremiantes; porque somos incapaces de controlar a nuestro antojo las situaciones importantes; porque en diversas circunstancias nos sentimos reconocidos, perjudicados, amenazados, agredidos, decepcionados, abandonados, acompañados o desafiados por potencias que escapan a nuestra agencia; en suma, porque somos seres vulnerables y mortales acechados por insuficiencias y carencias de diversa índole que ponen en vilo nuestro control sobre el bienestar y sobre nuestro proyecto de vida buena. De ahí que lo importante irrumpa como el acontecer de una problemática que no pasa inadvertida para las personas: lo importante rompe con la apatía y abre un mundo problemático que exige el posicionamiento resolutivo de las personas. La problematicidad develada por la vulnerabilidad céntrica nos mueve, por un lado, a valorar las situaciones como más o menos importantes a la luz de nuestras propias fragilidades y deficiencias. Por otro lado, nos mueve a intentar comprender y resolver tales situaciones inquietantes que ponen en vilo nuestro bienestar y nuestro proyecto de vida buena.

La vulnerabilidad céntrica desemboca en la dignidad excéntrica. La dignidad es la experiencia personal errática de la excentricidad. Esta experiencia hace referencia al potencial comprensivo y responsivo de las personas. La problematicidad develada en las situaciones emocionales no conduce necesariamente a la respuesta unívoca: es así y no de otro modo. Ni conduce a la respuesta circunscrita en los márgenes predictivos del cálculo técnico de estados funcionales: es así y según sus componentes fisiológicos o

cognitivos podría ser asá. Tampoco conduce a la respuesta solipsista de un sujeto universal desencarnado: es así porque así es para mí y para todas las personas. Conduce más bien a unas respuestas que son correlativas a unas preguntas dinámicas, modales y personales: ¿Por qué así y no de otro modo? ¿Por qué de este modo y no de otro? ¿Cómo podría ser de acuerdo a la problemática, al modo de ser, a la historia de vida, al bienestar, al proyecto de vida, etc.? En concordancia con Sáez (2009), si buscamos respuestas es porque somos capaces de interrogar o de dejarnos interrogar de cierto modo: “siempre que comprendemos de un determinado modo, estamos situándonos en el espacio abierto de una pregunta de fondo de la cual depende dicho modo y que permite

interpretar en una determinada dirección” (p. 53).

El carácter dinámico de las problemáticas importantes remite a seres personales dotados de dignidad excéntrica. Es decir, remite a seres dotados de un potencial valorativo y responsivo que los hace capaces de dar respuestas a tales problemáticas ya sea de un modo o de otro. La dignidad excéntrica, en tanto potencial valorativo y responsivo, pone en obra no sólo la valoración céntrica de la vulnerabilidad problemática importante, sino también la relevancia de ésta en el bienestar y la vida buena de la persona. En este sentido, la experiencia personal errática dinamiza el movimiento excéntrico de la autocomprensión valorativa y responsiva de la vocación personal. La persona se autovalora como un modo de ser digno dotado de cierto potencial dinámico que la capacita para comprender las emociones como problemáticas que devienen en el mundo y, a la vez, como horizontes de sentido y de realizaciones modales y vocacionales. La dignidad excéntrica es un movimiento valorativo que liga las experiencias personales erráticas con la tarea vocacional del bienestar y de la vida buena.

De esta manera, la dignidad excéntrica conlleva el segundo movimiento del dinamismo valorativo, esto es, la autovaloración de las personas como seres capaces de posicionarse frente a la problematicidad que surge de la relación con lo importante en el mundo. Esta autovaloración pone en obra la dignidad singular de un modo de ser personal. Las personas son dignas porque desde sus vulnerabilidades céntricas pueden

autovalorarse como seres capaces de responder activa y creativamente de este o de otro modo de acuerdo a sus expectativas excéntricas de vida. La dignidad excéntrica es un movimiento importante que enfatiza no el estado carencial de las personas en el mundo, sino su potencial responsivo, creativo y vocacional. De ahí que la dignidad excéntrica promueva a la persona a recrear el mundo y a recrear su modo de ser de tal forma que llegue a sintonizar con la vida buena en un mundo de la vida mejor.

Un ejemplo puede ayudar a comprender lo dicho. La misericordia que experimentamos por un estudiante prometedor que debe abandonar sus estudios universitarios dado que no cuenta con los recursos económicos, nos arroja a una situación problemática importante en la que valoramos la vulnerabilidad de la persona como algo que es así, pero que, en virtud del potencial dinámico de la personalidad del estudiante, podría ser de otro modo. Comprendemos que la frustración del proyecto del estudiante no está a la altura de su dignidad y eso nos produce indignación. La misericordia y la indignación dinamizan en nosotros respuestas más o menos comprometidas, planes de acción más o menos acordes con la situación del estudiante. La respuesta a la problematicidad develada por la experiencia emocional activa un dinamismo que se mueve en modos, los cuales amplían el horizonte de sentido y realización hacia acciones que pueden ir desde la simple comprensión del sentido de la situación, hasta la promoción de situaciones que sean más acordes con la dignidad del ser personal del estudiante. De esta manera, las emociones nos movilizan no sólo hacia la comprensión céntrica de la situación, sino también hacia la senda excéntrica de reinventar tal situación mediante respuestas más o menos inéditas y más o menos creativas. Si bien estas respuestas focalizan la vida buena del estudiante, no obstante, repercuten de algún modo en la vocación de la persona que experimenta la misericordia y la indignación. Estas respuestas sintonizan, más o menos, tanto con el proyecto de vida del estudiante como con el propio proyecto de vida que experimenta la misericordia y la indignación.

En consonancia con lo anterior, consideramos que la dignidad excéntrica alude no a una sustancia, un estado o una función, sino a un dinamismo problemático y

valorativo que pone en obra las potencialidades del modo de ser personal en pro del llegar a ser de una personalidad de vida buena. Las experiencias emocionales, al tiempo que nos sitúan en lugares dinamizados por las vulnerabilidades céntricas ineludibles, nos promueven al unísono hacia mundos extraños, hacia utopías en las que puede acontecer la dignidad excéntrica de las personas.

Así, la experiencia emocional se muestra como un dinamismo problemático y responsivo que pone en juego las vulnerabilidades y dignidades de las personas, las precariedades y potencialidades de los seres personales. Este dinamismo promueve aventuras exploratorias que, desde el seno mismo de la relación con lo importante en el mundo, abren sendas de recreación y reinvención tanto del mundo como de las personalidades. En este sentido, el mejoramiento del mundo y la vida bienaventurada pueden fungir como los derroteros abiertos por las experiencias personales erráticas. De esta manera, las experiencias emocionales promueven el dinamismo valorativo de las personas en un doble sentido correlativo: por un lado, ligan a las personas con lo importante en el mundo y, por el otro, ligan el mundo con la vocación personal.

Veamos un segundo ejemplo. Los planes vengativos que diseñamos como respuesta ante el desaire agenciado por otra persona, además de confrontarnos con el sentido importante de una situación en la que nos victimizaron, nos movilizan hacia la aventura de un mundo abierto a múltiples sendas de realización. Experimentar la venganza exige que las cosas no se queden así, que el mundo sea de otro modo, que el victimario comparezca y pague el precio del desaire. Así, exploramos diversos planes para resarcir nuestra dignidad vulnerada. El posicionamiento de la persona ante alguna de estas sendas dependerá no sólo de la situación misma, sino también de variables excéntricas abiertas por la biografía, la cultura, la educación y por el propio proyecto personal. Ahora bien, el posicionamiento frente a alguna de las sendas exploradas muestra el dinamismo responsivo de la venganza como un movimiento que activa la errancia aventurada y exploratoria que va desde la situación hasta la promoción de un mundo y un modo de ser distinto. No es lo mismo un plan de venganza frente un conyugue amado, cuyas problemáticas y decisiones pueden afectar significativamente el

llegar a ser del proyecto de vida de la persona, que un plan de venganza frente a alguien desconocido cuyas problemáticas y decisiones son valoradas como poco importantes.

Las experiencias personales erráticas, en tanto dinamismos valorativos que involucran la vulnerabilidad céntrica y la dignidad excéntrica, muestran la correlación de las personas con el mundo como una discordancia emocional. Es decir, como un campo vital en el que se ponen en juego potencias heterogéneas y discordantes en pro de un dinamismo global. La discordancia emocional alude a la desarmonía o alteración que introduce la situación problemática que acaece en el seno de la relación de las personas con el mundo, a la cual las personas deben responder de manera más o menos satisfactoria. En la medida en que la dignidad excéntrica responde a la vulnerabilidad céntrica problemática, la correlación persona-mundo se juega en la alianza discorde entre comprender y obrar. Esta discordancia emocional conlleva una desarmonía problemática que apela por una respuesta productiva que conjugue a la vez las potencias de comprender y de obrar. En este sentido, la respuesta productiva se muestra como un modo de comprender operativo o como un modo de operar comprensivo. Ambos aspectos se dan en la experiencia personal errática en unidad y discordancia, y sólo son distinguibles a un nivel analítico o teórico. De ahí que la respuesta emocional se caracterice por la puesta en obra de un saber comprensivo y operativo que procura resolver las problemáticas valorativas que acontecen espontáneamente en el mundo.

Veamos un tercer ejemplo. En una situación vergonzosa, en donde una persona se ve descubierta en un acto de infidelidad marital, la persona se experimenta afectada e interpelada por una discordancia problemática y embarazosa que apela por su comprensión y resolución. Si bien esta discordancia se presenta de manera espontánea, no obstante, conjuga al unísono variables céntricas de diversa índole. La experiencia vergonzosa conjuga, en primer lugar, una dimensión social que involucra aspectos culturales y morales sobre la comprensión del sentido de la infidelidad. En segundo lugar, conjuga una serie de expresiones físicas, gestuales, conductuales y lingüísticas, por medio de las cuales se comunica el sentido de la experiencia. En tercer lugar, conjuga valoraciones tanto de la situación vergonzosa como de las personas

comprometidas en ella: la propia persona, el testigo, la amante, la esposa, etc. En cuarto lugar, conjuga un horizonte de respuestas a la problematicidad planteada por la experiencia vergonzosa.

Estas variables céntricas hacen eco de la vulnerabilidad esencial de la persona infiel en la medida en que ligan el acontecimiento con las expectativas de su proyecto de vida. Dicho de otro modo, si la persona infiel no fuera vulnerable, si ser descubierto en el acto infiel no tuviera relevancia para su vida, si no le importara el reconocimiento de su esposa o de un conocido, si no se sintiera conmovido por la autovaloración o la valoración de otros, entonces no estaría dentro de un juego problemático embarazoso y vergonzante. La actitud cínica, prepotente o desvergonzada alude a una experiencia distinta a la de la vergüenza.

Ahora bien, la comprensión céntrica de la situación problemática no agota el dinamismo de la experiencia de la vergüenza. Por otra parte, el problema importante interpela a responder, a actuar, a obrar, a transformar la situación; en suma, interpela a ingeniárselas para resolver la problemática suscitada. Así, la comprensión de la situación vergonzosa promueve la emergencia de respuestas emocionales más o menos inteligentes, más o menos creativas, más o menos acordes con los proyectos personales. La respuesta ante la infidelidad vergonzosa puede ir desde la negación de la situación:

“no es lo que estás pensando, no es como el testigo afirma, fue de otro modo”; o puede ir hasta la promesa de la transformación de la personalidad de la persona involucrada en la

infidelidad: “es así, pero en el futuro va ser deotro modo”. Cualquiera sea la respuesta,

la dignidad excéntrica del dinamismo errático queda comprometida con la sintonía entre la experiencia de la vergüenza y la vocación personal. La intensidad cualitativa de la experiencia personal errática va a depender de la concordancia o discordancia entre ésta y la dignidad excéntrica del proyecto personal.

En síntesis, la conjugación de la vulnerabilidad céntrica y la dignidad excéntrica muestra la experiencia personal errática no como una actividad puntual y nítida, sino como un ejercicio que exige escucha y respuesta en medio de un campo de juego difuso y ruidoso. Es decir, un ejercicio exige que la persona sintonice y afine las problemáticas

espontáneas que provienen del mundo con su modo de ser vocacional. A este ejercicio de sintonía y afinación –que dinamiza las vulnerabilidades céntricas problemáticas y las dignidades excéntricas responsivas que conforman la discordancia emocional– lo podemos denominar ingenio emocional errático. Este ingenio puede ser comprendido como la puesta en obra de un saber valorativo, comprensivo y operativo que procura sintonizar y afinar la discordancia problemática que deviene de la relación con lo importante en el mundo, con las respuestas productivas y concordantes de un ser personal abocado a la realización de un proyecto de vida buena. Veamos las características de este ingenio emocional errático.