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In document Vision Mission Values (VMV) (Page 30-32)

(1915-1939) Repetición, amor y acting-out

Dentro de la propia serie de escritos técnicos que Freud publica entre 1911 y 1914 podemos demarcar el desarrollo de la última fase de su pensamiento en lo que atañe a la transferencia. Así en su quinto y sexto trabajo de esta colección, Recordar, repetir y elaborar y Notas sobre el amor de transferencia, ambos de 1914, aunque éste último publicado en 1915, su trabajo toma una dirección diferente.

Durante este período se centrará menos en las resistencias tratadas por separado y dirigirá sus reflexiones hacia la existencia de un mecanismo más general, la compulsión de repetición (Wiederholungzwang). Igualmente observamos cómo en la propia terapia se producían estas resistencias, Freud también generalizará sus intuiciones, apuntando la existencia de una neurosis específica, propia a la terapia, una alteración que se produce en el paciente debido al análisis, la neurosis de transferencia (Übertragungsneurose). Consigue dar, de este modo, un carácter menos casuístico a su teoría, acudiendo a formulaciones más abstractas y teóricas, en pos de un sistema más deductivo. La compulsión de repetición da una solución en clave teórica a la reproducción de patrones y conductas, pese a lo cual Freud sostendrá la pertinencia del método descrito, “el médico saca a la luz las resistencias desconocidas del enfermo; tan pronto éstas son vencidas el enfermo cuenta sin esfuerzo las situaciones y contextos olvidados. La meta de esta técnica ha quedado naturalmente inalterada, dinámica: la superación de las resistencias reprimidas.”171 Parece no producirse ningún corte

radical con sus ideas previas, preservándose el lugar privilegiado que poseía la

resistencia, no obstante con ésta de telón de fondo, se embarcará en una reelaboración de ciertos aspectos teóricos.

Otro problema que preocupará a Freud en esta fase es la relación entre el olvido y el acting out ¿hasta qué punto se recuerda, se hace consciente un incidente y hasta qué punto se actúa de conformidad con la experiencia de tal incidente? Es decir, lo que no se recuerda viene a formar parte de lo que se repite, una especie de automatismo que evade la recreación lingüística del recuerdo, “...el analizado no recuerda nada de lo olvidado y reprimido, sino actúa. Lo reproduce, no como recuerdo, sino como hecho, lo repite sin saber, naturalmente, que lo repite.”172

Repetir se convierte en una forma activa de recordar, pero de un recordar asimilado, incorporado al no ser enajenado en discurso y, por ello, no analizable, simplemente observable por el analista, como tal inútil para la superación de las resistencias. La compulsión de repetición da una explicación sistemática de la resistencia al cambio, de la persistencia de las resistencias en general y del mecanismo de defensa que las protege:

Naturalmente nos interesará, en primer lugar, la relación entre esta compulsión de repetición (Wiederholungszwang), la transferencia y la resistencia. Observamos pronto que la transferencia no es sino un trozo de repetición y que la repetición es la transferencia del pasado olvidado, no sólo hacia el médico, sino en todos los otros campos de la situación presente. Debemos estar preparados para que el analizado no sólo dé lugar a su compulsión de repetir que sustituye al impulso a recordar en su relación con el médico, sino también en todas las actividades y relaciones simultáneas de su vida... 173

172 Ibid., pp. 209-210. Posteriormente comenta, “por ejemplo: el analizado no cuenta el hecho de acordarse que

era terco e incrédulo frente a la autoridad de sus padres, sino se comporta de esa forma frente al médico,” ibid.

A renglón seguido señala la proporcionalidad directa entre resistencia y acting out (agieren), mientras más importantes son las resistencias mayor la tendencia al acting out. La resistencia como ocurrencia concreta se intenta relacionar con un mecanismo más genérico, un mecanismo que explica la inercia psíquica, la tendencia a repetir y, por ello mismo, da razón de la fundamental estabilidad de las resistencias.

Sólo el grado de vinculación propio de la transferencia, y en especial de una transferencia positiva, permite la superación de las resistencias y de su mecanismo subyacente, la compulsión de repetición. “Cuando la unión (entre analista y paciente) se haya vuelto útil a través de la transferencia, impedirá la repetición en el tratamiento de todas las acciones significativas del enfermo y servirá al propósito in statu nascendi de utilizar éstas como material para el trabajo terapéutico.”174

Mediante la transferencia se puede vencer la compulsión de repetición y dar lugar al recuerdo, deshaciendo el muro defensivo de las resistencias, resquebrajándolo a través de la articulación de lo inconsciente, de lo pulsional, en contacto con la realidad, con la figura del analista. “La parte más decisiva del análisis se lleva a cabo al crear, en relación al médico, en la ‘transferencia’, reediciones (Neuauflagen) de conflictos antiguos en los que el enfermo se debe comportar como en su momento lo hizo, mientras se le insta a una decisión ofreciéndosele todas las fuerzas psíquicas disponibles. La transferencia es, por lo tanto, el campo de batalla en el que se deben de encontrar las fuerzas que luchan entre ellas.”175

El resultado final habrá de ser la sustitución de la neurosis por la neurosis de transferencia, un concepto que Freud también desarrolla aquí. Una primera explicitación de ésta la podemos encontrar en una carta de finales de 1914 enviada 174 Ibid., p. 213.

a Ferenczi donde comenta como “todas las catexias de objetos forman el inconsciente. El sistema Bw (consciente) significa la conexión de estas ideas inconscientes con los conceptos de las palabras: es ésto lo que ofrece la posibilidad de que algo se vuelva consciente. La represión en la neurosis de transferencia consiste en la retirada de la líbido del sistema Bw, lo que quiere decir la separación de las ideas de los objetos y las palabras.”176 Va tomando cuerpo la

idea del acting out, mecanismo por el que las ideas, al no volverse conscientes en el análisis, quedan atrapadas en el inconsciente. Esta desvinculación entre ideas y palabras hace que el paciente no pueda sino repetir las relaciones afectivas aprendidas que permanecen inadvertidas, innombradas. De este modo la terapia se convierte en lugar de re-presentación.

La comunicación de las resistencias por parte del médico, pese a no producir su disolución automática, hace accesible esa “...parte de su ser...” que se encontraba oculto en su cotidianeidad, y permite el trabajo de elaboración (durcharbeiten) y así su vencimiento. Esta elaboración supone la comprensión por parte del propio paciente de sus resistencias y su superación de la repetición.

En su Bemerkungen über die Übertragungsliebe (1915), el escrito técnico de esta serie que más satisfizo a Freud, tratará un tema no ajeno a los inicios de las prácticas mesméricas y que tan de cerca tocó a compañeros suyos como Breuer o Jung: el tipo de relación personal que se forma entre analista y paciente por medio de la propia transferencia. Freud sitúa la reacción romántica observada en el paciente hacia el médico como el medio del que se aprovecha la resistencia para evitar la cura. Al respecto comenta: “ya he dejado entrever que la técnica analítica le obliga al médico a rehusar la satisfacción de la demanda de la paciente 176 E. Jones, op. cit., p. 340.

necesitada de afecto. La cura ha de ser llevada a cabo en abstinencia...”177 La

llamada a la abstinencia se refiere a la ausencia de una implicación personal del analista. El analista no debe de procurar al paciente el afecto personal que éste reclama, pues no se trata sino de una estratagema de la neurosis para evitar la emergencia de material, un modo de defensa finalmente.

Desde sus comienzos el analista vienés había experimentado el tipo de afectos que se producían en el marco psicoanalítico, lo que le lleva a sostener su Abstinenzregel. Primero habrá que entender que la reacción producida en la paciente es intrínseca a la propia situación analítica, manteniendo la impersonalidad de este comportamiento. Por otro lado critica a aquéllos que preparan al paciente para la transferencia, como medio de defensa del surgimiento de las afecciones aparejadas al fenómeno.

Según Freud, la propia relación amorosa no aportaría nada a la resolución de la neurosis pues el paciente simplemente repetiría las propias características de su neurosis, tal y como comenta en Recordar, repetir y elaborar (1914). Sólo habría acting out y no se produciría ningún trabajo con las resistencias, la implicación amorosa del analista sólo provocaría un afianzamiento de las resistencias y, a la postre, una transferencia negativa hacia el médico. En cambio, la paciente que no experimentase ese tipo de reacciones hacia el terapeuta estaría menos expuesta al acting out y podría relatar más abiertamente sus fantasías y recuerdos sin temor al rechazo, sin ningún tipo de reparo hacia aquél a quien las dirige.

Freud ofrece dos argumentos que apuntalan el carácter de resistencia de este enamoramiento: primeramente señala que si se tratase de auténtico amor, la 177 S. Freud, Bemerkugnen über die Übertragungsliebe, Sta., Ergänzungsband, p. 224. En escritos de esta misma

época tratará también el tema de la expansión de la técnica, la necesidad de homogeneización, y de practicantes que diesen visos de cientificidad a la terapia. Así en la conferencia pronunciada en el V Congreso Internacional Psicoanalítico comenta: “La cura analítica debe ser llevada a cabo en privación –abstinencia-, tanto como sea posible,” Wege der psychoanalytischen Therapie, Sta., Ergänzungsband, p. 244.

paciente optaría por seguir adelante con la cura por deseo de su amado. En segundo lugar comenta cómo no nos referimos a una reacción nueva, ocasionada por un auténtico encuentro, se trata, más bien, de una repetición de una situación infantil.

El problema es que si, como había señalado, en la vida propia del paciente se producía esa compulsión de repetición, no habría distinción alguna con la propia relación terapéutica. En ambas la paciente actúa a menos que la relación amorosa auténtica posea un carácter especial, ajeno a repetición de tipo alguno.

Freud duda acerca de si en la situación analítica lo que se da es auténtico enamoramiento: “el amor de transferencia tiene, quizás, un grado de libertad inferior al llamado normal, que acontece en la vida, y en él se deja reconocer claramente la dependencia del modelo infantil, se muestra menos dúctil y modificable pero esto es todo y siquiera lo fudamental.”178 Lo principal, habrá de

admitir, es el propio carácter de darse, de surgir, en la práctica médica, en la situación analítica. Así parece que finalmente no hay diferencia cualitativa, sino una de tipo contextual, que debe atemperarse con el profesionalismo del terapeuta, “...ceder, ha de quedar excluido. No importa cuánto valore este afecto, debe poner por delante la posibilidad que tiene de hacer superar a su paciente una etapa decisiva en su vida.”179 La sombra del informe secreto sobre el magnetismo pende

sobre cualquier disciplina que pretenda hacer de la relación el ámbito de su actuación.

Si la sustitución es el mecanismo básico en la formación de síntomas, el enfermo busca una satisfacción sustitutoria en la figura propia del médico que le es dada en la terapia. Ésta resulta ser una satisfacción más inmediata que el arduo 178 Ibid., pp. 227-8.

trabajo de las resistencias, que la labor analítica en sí, ”el enfermo debe, en lo que a su relación con el médico concierne, mantener abundantes deseos insatisfechos. Es necesario negarle la satisfacción que más intensamente desea y que más urgentemente manifiesta.”180

La misión analítica queda reformulada como obtención de un saber actualizado que evite el automatismo, la inercia propia de lo experimentado basada en la repetición de un estereotipo amoroso, “después de haber conseguido imponer el suceso reprimido de naturaleza real o psíquica frente a todas las resistencias, después de rehabilitarlo de alguna manera, dice el paciente: ‘Ahora tengo la sensación de haberlo sabido siempre.’ Con ello la tarea analítica queda resuelta.”181

En Psicología de masas y análisis del yo (1921) tocará de nuevo el tema del amor y su relación entre identificación (ser) y relación objetual (tener). Frente a los principios de placer y realidad, Freud acuñaría otro independiente, el de compulsión de repetición. Este principio rector de la actividad mental tendría como finalidad la utilización de la experiencia adquirida en los encuentros con situaciones nuevas, se consigue simplificar la experiencia mediante el recurso a modelos previos.

Previamente, en las Lecciones de Introducción al psicoanálisis (1917), serie de lecciones magistrales ofrecidas por Freud como docente universitario, comenta la necesaria ausencia de un carácter pedagógico en la terapia, su incapacidad de indicar modelos, su amoralidad, su simple valor funcional con respecto al paciente y a su vida. Mediante la terapia “el neurótico curado se ha convertido auténticamente en un nuevo hombre, en principio sigue siendo, naturalmente, el

180 S. Freud, Wege der psychoanalytischen Therapie, Sta., Ergänzungsband, p. 246.

181 S. Freud, Über fausse reconnaissance (‘déjà raconté’) während der psychoanalytischen Arbeit, Sta.,

mismo, esto es, se ha vuelto como podría haber sido en las mejores y más propicias circunstancias.”182 No se sigue ningún modelo rector de bondad o

sanidad, se impide la constitución del analista, desde su lugar privilegiado, en modelo o ejemplo. La terapia ha de restablecer al hombre en su deseo, en esa identificación en la que se interponen sus resistencias.

En esta obra que compendia sus descubrimientos repite la idea de la transferencia de sentimientos románticos y su relación con la defensa. “Nos referimos a una transferencia de sentimientos a la persona del médico, porque no creemos que la situación de la cura pueda justificar la creación de tales sentimientos. Más allá sospechamos que su disposición afectiva tiene su raíz en otro lugar, que estaba preparada en el enfermo y con ocasión del tratamiento analítico se transfiere a la persona del médico.”183 Se ponen de relieve nuevamente

el carácter regresivo de los sentimientos y su producción en la terapia bajo la forma de actuación, de re-presentación, de acting out.

La transferencia, le sirve a Freud para demostrar otros aspectos teóricos de su técnica. En concreto, de nuevo incidirá sobre el significado sexual de los síntomas, “...nuestro convencimiento acerca del significado de los síntomas como satisfacción sustitutoria libidinal se ve definitivamente fortalecido por la incorporación de la transferencia.”184

El largo camino del psicoanálisis parece conducirnos a los mismos interrogantes que se planteaban sus precursores. Lo que Freud cree haber logrado es una explicación del fenómeno, una elucidación de los mecanismos en los que se 182 S. Freud, Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse, op. cit., p. 419.

183 Ibid., p. 425. “...superamos la transferencia al mostrar al enfermo que sus sentimientos no proceden de la

situación actual y no son válidos en la persona del médico, sino que repiten lo que ya le había acontecido. De tal manera le hacemos transformar su repetición en recuerdo. Entonces parece convertirse la transferencia, cariñosa u hostil, en cualquier caso la mayor amenaza para la cura, en la mejor herramienta de la misma, con cuya ayuda se dejan abrir las puertas más reservadas de la vida psíquica,” ibid., p. 427.

encuentra envuelto, de tal manera que todo su sistema parece reducible a una reapropiación del concepto de sugestión y su reelaboración en la categoría de transferencia, “Bernheim ha justificado la enseñanza de los fenómenos hipnóticos con inequívoca agudeza en base a su decir según el cual todos los hombres, de alguna manera, son sugeribles, ‘sugestionables’. Su sugestibilidad no es, en pocas palabras, otra cosa que la tendencia hacia la transferencia, de tal forma que la transferencia negativa no encontraba lugar en su formulación. Pero Bernheim no podía decir lo que era la sugestíon propiamente y cómo se produce. Era para él una asunción básica, de cuya procedencia no podía dar prueba alguna. No había reconocido la dependencia de la ‘sugestibilité’ de la sexualidad, de la acción de la líbido. Y debemos atender al hecho de que nuestra técnica se ha desecho de la hipnosis, para descubrir de nuevo la sugestión, bajo la apariencia de la transferencia.”185 Es por ello que las elucubraciones finales de Freud han de estar

envueltas en cierto escepticismo, el escepticismo propio del que sabe no haber dado una solución definitiva al problema, sino que se encuentra con los fantasmas de los que había creído librarse, “...al llamar indistintamente a la fuerza impulsora de nuestro análisis transferencia o sugestión se mantiene el peligro de que el influjo sobre el paciente haga dudosa la certeza de nuestros resultados. Lo que favorece la terapia, no trae sino perjuicios a la investigación.”186 La investigación requiere un

sustrato empírico que no puede proceder sino de la terapia, no obstante, la propia terapia, al implicar relaciones afectivas, no puede ser objetiva. De ahí que objetividad y empirismo estén, en este caso, necesariamente enfrentados.

185 Ibid., p. 429. “La sugestión directa es la sugestión dirigida contra la expresión del síntoma, lucha entre su

autoridad y los motivos de la enfermedad. Así no se preocupa de estos motivos, se exige simplemente del enfermo que sus manifestaciones en forma de síntomas sean reprrimidas,” ibid., p. 431

He aquí una de las características centrales de la transferencia en psicoanálisis. Por un lado, punto de arranque de la práctica, alrededor de la cual se elabora toda una teoría que pretende superar a ésta en cuanto soporte deductivo y, a su vez, piedra de toque de cualquier descubrimiento, en tanto que afecta a la objetividad del campo analítico, el campo interrelacional.

De nuevo una obra de dos de sus colaboradores, Sandor Ferenczi y Otto Rank, El desarrollo del psicoanálisis (1923), indicaría la posibilidad de hacer uso de la teoría del acting out en la práctica analítica y entendería ésta, no como una forma inútil o residual en el tratamiento, sino como medio mismo de la cura. A partir de aquí se evoca la cuestión, que recorrerá toda la historia posterior del psicoanálisis, de las ‘terapias actuales’ o cortas. El tratamiento basado en el aquí y ahora que soslaya, no obstante, uno de los principios básicos del psicoanálisis primigenio, la etiología infantil y la resolución del síntoma en su recuperación, el análisis genético.

Otro de los debates más agudos de este período sería el relativo al análisis profano. Si bien Freud y buena parte de sus colaboradores eran médicos de profesión, éste no veía necesaria la posesión de título médico alguno para el ejercicio del análisis. Lo único que debía ser dejado en manos médicas era la decisión de si se trataba de un caso apto para tratamiento psicoanalítico o no, si efectivamente nos encontrábamos ante un desorden psicológico o una auténtica afección orgánica. La intención de Freud era la emancipación del psicoanálisis de la medicina, convertirla en un área propia de conocimiento.

Se instauraba entre los aspirantes a analistas la obligación de llevar a cabo un análisis didáctico, pero pronto se produce el disenso dentro de la Sociedad

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