3 METHOD 36
4.5 Findings 53
5.4.4 Multi-‐ethnic 69
Años después de la publicación de Bergamín de PNY en Séneca, el original, que estaría en su poder, se extravió, lo cual agravó aún más la situación textual. En una entrevista, Bergamín
80 De hecho, Lorca cambió de opinión respecto al título de algunos de los poemas de la lista (Millán, 2010b). 81 Este proyecto no poseería la entidad que reflejaba la lista, pues como hemos visto, algunos de estos poemas ya
habían pasado a formar parte de otras obras (Millán, 2010b).
¿No es una conclusión razonable pensar que […] renunció a este libro, utilizando algunos de los poemas para el Diván, publicando el poema independiente “Tierra y Luna” como un suelto e incluyendo otros en Poeta, que entonces estaba revisando? Aunque Lorca aludiera a Tierra y Luna en su última entrevista (Eisenberg, 1976, p. 133).
82 Según Anderson (2013), había una clara diferencia en cuanto a las dos obras, siendo PNY una obra que giraba en
torno a lo urbano, con temas de corte social y metafísico, mientras que TYL estaba ambientada en el mundo rural y era además de naturaleza descriptiva y abstracta.
Ordenando paisajes: Un recorrido hermenéutico y traductológico por las estaciones de “Poeta en Nueva York” | Rocío Saavedra Requena
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afirmaba que se lo había entregado a Eduardo Ugarte, su cuñado y codirector de La Barraca, amigo también de Lorca, por ser esta la voluntad del poeta (Eisenberg, 1976; García Posada, 1981). El original, de hecho, estuvo en paradero desconocido durante casi toda la segunda mitad final del siglo XX y la familia solo conservaba algunos borradores iniciales. Finalmente, apareció en 1997 en México, como relata Maurer (1998b), en manos de la actriz, Manolita Saavedra, quien quiso subastar en Christie’s (Londres) en 1999 (Anderson, 2019b).
Sin embargo, Manuel Fernández-Montesinos, sobrino de García Lorca, consiguió que se retirase el original de la subasta in extremis y el caso pasó, así, a tribunales. Finalmente, la justicia le dio la razón a Dña. Manuela Saavedra de Aldama y la familia, a través de la Fundación Federico García Lorca, logró recuperar finalmente en otra subasta en Christie’s (Londres) en 2003. Todo este proceso es descrito en Dennis (2000) Vida y milagros de un manuscrito de
Lorca: en pos de Poeta en Nueva York.
El hecho de haber estado en paradero desconocido durante tantos años, casi medio siglo, hace que, uno de los problemas más importantes de la obra haya sido «[...] la no total resolución de sus versos […]» (Millán, 2010, p. 15), algo a lo que se pondría fin hace tan solo seis años y, por ello, se ha considerado esta una de las obras de Lorca más problemáticas en este sentido. Se decía en 2002 que PNY presentaba uno «[…] de los problemas de crítica textual más espinosos en la literatura española de este siglo» (González Izquierdo, 2002, p. 131).
El juicio de los editores a favor de una u otra versión de la obra ha hecho cada edición diferente (Millán, 2010b) hasta considerar PNY como «[…] quizá el único libro de naturaleza proteiforme en la historia universal de la poesía», cuenta Martín (1974, p. 22). El hecho de poder estudiar cómo este problema se ha podido trasladar a las traducciones ha sido una de las razones que han motivado este trabajo, sobre todo ahora que contamos con el trabajo de Anderson, que ha fijado el texto en español.
Tan solo hace unos años, en 2011, la portada de la revista El Cultural del periódico El
Mundo anunciaba el hallazgo de un autógrafo de PNY descubierto por Christopher Maurer, que
habría localizado una versión distinta del poema «New York (Oficina y denuncia)» (Berasategui, 2011). Este es solo un ejemplo para demostrar que, como decíamos en la «Introducción», PNY nunca ha dejado de ser un objeto de actualidad y de estudio por parte de la crítica y, aún hoy en día, transcurridos ochenta años de su primera publicación, siguen surgiendo noticias respecto a este rompecabezas.
En este sentido, también en 2011 se anunciaba en el diario El País que, una vez recuperado el original en 2003, la Fundación Federico García Lorca estaba trabajando en la edición «definitiva» de PNY con la ayuda de expertos en la materia, y preveían que se publicaría en dos años (Ruíz Mantilla, 2007). Ciertamente, en 2013, la editorial Galaxia Gutenberg
publicaba, como hemos dicho, la considerada edición «más definitiva» de PNY editada por el prestigioso lorquista Andrew A. Anderson. En palabras de Anderson (2013, p. 89), su publicación de PNY «[…] puede ofrecernos alrededor de un 95% del libro tal y como se hubiera publicado en 1936». La publicación de este trabajo fue una más de las razones para la realización de esta investigación, pues ahora tenemos por fin la suerte de contar con un material riguroso respecto a PNY para tomarlo como punto de partida del análisis traductológico.
A su vez, en el prólogo a la edición, Anderson indica que «[…] tiene la gran ventaja de poder basarse en el original manejado por Bergamín, ateniéndose tanto al corpus de poemas allí definido como a la organización de dichos poemas y, además, a la versión textual que ofrece de los poemas individuales» (p. 46). El original constaba de 35 poemas, 27 de los cuales son primeros borradores (ibid.). Históricamente, según recoge Anderson (2013), los poemas que integran el conjunto de PNY han pasado por cinco etapas distintas dentro del ciclo de la composición, aunque algunos poemas presentan una historia textual más compleja que otros: primeros borradores, copias misceláneas de algunos poemas para revistas (mecanografiados y autógrafos), publicaciones en revistas (1931-1936), etapa intermedia lógica de los poemas (no ha sobrevivido físicamente) y original 1935-36 (mecanografiado y autógrafo).
Las fases intermedias (2 y 3) corresponden a copias hechas durante la primera mitad de la década de los 30. A no ser que falte la versión 1 y 5 de un poema en concreto, el resto de las versiones no afecta a la versión final del poema. Al entregar un poema a una revista, se entregaba en cualquiera de estas fases o se elaboraba otra copia, de manera que se multiplicaban las versiones de los poemas. En total, 20 de los 35 poemas del conjunto se entregaron a revistas de Cuba, España, Gran Bretaña y Argentina entre 1930 y 1935.
La importancia de estas publicaciones para la historia textual de los poemas de Poeta en Nueva York varía de manera considerable, puesto que la versión publicada del poema a veces es una transcripción exacta de otra “fase” conocida, pero en otros momentos puede constituir un eslabón nuevo en la transmisión y evolución de la composición (p. 80).
En su trabajo para preparar la edición de la obra de 2013, Anderson (2013) indica que, en el caso de que faltara algún poema, recurría a la fuente indicada por Lorca83. El problema es que el original de 1936 proviene de una fase anterior, la número cuatro que, como hemos explicado, no ha sobrevivido físicamente. A pesar de que el original entregado a Bergamín estaba corregido por Lorca (hasta en dos ocasiones), este fue hecho por un copista, pero el problema es que, al haber desaparecido la fase anterior de transmisión, no se puede comprobar qué estaba copiando,
83 La tradición tipográfica española seguía la norma de comenzar cada verso con mayúscula, pero Juan Ramón
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por lo que en caso de tener que consultar alguna opción anterior, Anderson recurrió a fases anteriores de la cadena de transmisión textual.
De igual forma, Anderson señala que una de las cuestiones más difíciles a la hora de establecer el texto tuvo que ver con la puntuación que, como hemos visto, era una de las principales diferencias entre las dos primeras ediciones, así como el uso interrelacionado de las mayúsculas al principio de los versos84. Suponemos que, debido a que Lorca no era muy exhaustivo a la hora de redondear sus originales, a lo mejor dejaba el tema de la puntuación, algo mecánico, para el editor, por lo que Anderson manifiesta dudas a este respecto, así como a si el copista estaba realmente copiando lo que estaba leyendo, algo que no se puede comprobar. De este modo, el profesor Anderson señala que en su edición puntúa los textos estilísticamente, siguiendo las normas ortográficas convencionales y pretende así inclinarse por una mínima intervención a nivel editorial, un factor para tener en cuenta a la hora de cotejar las traducciones. Asimismo, será importante ver la división que hace de los versos y de las estrofas, elementos en los que Lorca también vacilaba85.
84 En su exhaustiva edición, Anderson añade de cada poema el texto base que sigue, una descripción de este, un
resumen de las intervenciones editoriales en cada texto, observaciones y comentarios y una enumeración de todas las versiones publicadas hasta 1940 de cada poema.