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Mientras la descentralización ha tenido lugar en muchos países en desarrollo, es especialmente pronunciada en América Latina y el Caribe (Rondinelli, Nellis y Cheema 1983). Ha ocurrido en simultáneo con la “tercer ola” de democratización en el hemisferio (Huntington 1991), estimulando un ambiente tanto de gobiernos locales fortalecidos como de una extendida adopción de procedimientos democráticos para la representación a nivel local. No obstante, existe una variación significativa en el éxito y el alcance de la democratización subnacional (Benton 2012).

La investigación en torno a la política local ofrece visiones tanto entusiastas como escépticas respecto a la influencia de la descentralización en la consolidación democrática. Algunos autores argumentan que la mayor descentralización ha generado impactos positivos para la gobernanza y para la democracia. El estudio de Faguet del proceso de descentralización en Bolivia en 1994 muestra que cambió los patrones de inversión local y nacional de un modo que benefició a los municipios que tenían las mayores necesidades en educación, sanidad y agricultura (Faguet 2008). Los hallazgos de Akai y Sakata también muestran que la descentralización fiscal en Estados Unidos tuvo un impacto positivo sobre el crecimiento económico (Akai y Sakata 2002). Es más, la investigación acerca de varios países de Fisman y Gatti, y contradiciendo las conclusiones de estudios previos, encontró que la descentralización fiscal de los gastos gubernamentales lleva a bajar la corrupción, medido esto a través de distintos indicadores (Fisman y Gatti 2002).

Sin embargo, otros argumentan que la política local no siempre produce resultados eficientes y democráticos, y que puede ser problemático cuando los gobiernos locales y las comunidades no están los suficientemente preparados. Bardhan advierte que los gobiernos locales de los países en desarrollo frecuentemente son controlados por elites que sacan partido de las instituciones y frustran un alcance más amplio que los servicios y el desarrollo pueden tener (Bardhan 2002). Willis et al. muestran que en México la descentralización del poder administrativo y la expansión de la capacidad impositiva a nivel subnacional llevó a un deterioro de los servicios y a mayores desigualdades en los estados más pobres (Willis, Garman y Haggard 1999). Galiani et al. encuentran que mientras que la descentralización mejoró el desempeño general de los estudiantes de secundaria en Argentina, el desempeño decayó en las escuelas de las áreas pobres y en las provincias con pocas capacidades técnicas (Galiani, Gertler y Schargrodsky 2005). Por otra parte, como argumenta Van Cott (2008), el éxito de la democracia local frecuentemente depende de si el proceso fue liderado desde la base (y no desde la élite), de la presencia de un liderazgo efectivo de la autoridad local, de la cohesión partidaria y de una sociedad civil que apoye. En relación a este tema, Falleti (2010) argumenta de modo convincente que la naturaleza y el alcance de la descentralización en un país dado de América Latina se debe a los intereses partidarios y territoriales de las élites en el momento en el que las reformas fueron implementadas. En suma, la abundante literatura presenta posiciones que son, en el mejor caso, mixtas, con respecto a la efectividad y al alcance de la descentralización en la región.

El desempeño del gobierno local no sólo tiene que ver con la calidad de la provisión de servicios a los ciudadanos y con la participación política de los residentes; también tiene el potencial de afectar la confianza en las instituciones políticas y el apoyo a las normas democráticas. Como muchos ciudadanos sólo interactúan con el gobierno a nivel local, esas experiencias pueden ser centrales para delinear las decisiones de confianza y las actitudes democráticas. En este capítulo y en el próximo se evalúan estos vínculos porque una proporción significativa de los ciudadanos podría valerse de las experiencias con los gobiernos locales a la hora de evaluar la democracia y las

instituciones democráticas. En un estudio sobre Bolivia, Hiskey y Seligson (2003) muestran que la descentralización puede mejorar el apoyo al sistema; sin embargo, depende del desempeño del gobierno local como la base de la evaluación del sistema en general podría volverse un problema cuando las instituciones locales no tienen un buen desempeño. Weitz-Shapiro (2008) también encuentra que los ciudadanos argentinos se valen de las evaluaciones del gobierno local para evaluar la democracia en su conjunto. De acuerdo a su estudio, los ciudadanos distinguen entre distintas dimensiones del desempeño del gobierno local; mientras la percepción de corrupción a nivel local afecta la satisfacción con la democracia, la percepción de eficiencia burocrática no lo hace. Y, usando datos del Barómetro de las Américas de 2010, Jones-West encuentra que los ciudadanos que tienen más contacto y que están más satisfechos con el gobierno local son más proclives a tener valores democráticos (Jones-West 2011). De hecho, esta relación es especialmente fuerte para las minorías.

Si se argumente que el desempeño del gobierno local y la participación son centrales para la legitimidad democrática entonces la inclusión a nivel local de minorías y mujeres es crucial para la representación y para la calidad de la democracia en general. Una pregunta esencial en este ámbito es si la descentralización puede mejorar la representación de grupos que históricamente han estado marginados, como las mujeres y las minorías étnicas y raciales. Los trabajos académicos sobre este tema usualmente ven a las instituciones locales como canales a través de los cuales las minorías pueden expresar sus intereses (Hirschmann 1970). Así, los funcionarios locales pueden ser mejores que los funcionarios nacionales agregando y articulando las preferencias de las minorías, mejorando efectivamente su representación (Hayek 1945). Si la descentralización contribuye a la representación de minorías, también podría llevar a mayores niveles de apoyo al sistema y de satisfacción con la democracia, en especial entre las minorías (Jones-West 2011). Sin embargo, las investigaciones disponibles han producido resultados mixtos (Pape 2007, 2008). Patterson encuentra que la descentralización de la legislación electoral en Senegal llevó a que una mayor proporción de mujeres participara en política, pero no a políticas que fueran más favorables para las mujeres (Patterson 2002). West usa los datos de la ronda 2010 de la encuesta del Barómetro de las Américas para mostrar que la reciente descentralización en América Latina no lleva a un incremento en la inclusión de minorías o en el acceso al gobierno local. El reporte 2012 del Barómetro de las Américas no encontró relación entre género y tono de piel (tomados como proxy de ser minoría), respectivamente, y cuáles individuos elevan peticiones a los funcionarios locales. Sin embargo, el reporte 2012 sí encontró vínculos significativos entre confianza en el gobierno local (positivo) y tono de piel más oscura (negativo). En este capítulo se explora si estos patrones son estables, o si, por el contrario, se han desarrollado vínculos nuevos o modificados entre los gobiernos locales y las mujeres y las minorías.

En la siguiente sección del capítulo se examina hasta qué punto participan en la política local los ciudadanos de las Américas, cuando elevan peticiones a sus líderes, cómo evalúan las instituciones políticas locales y si participan de la construcción de la comunidad local. Se evalúan indicadores de dos tipos de participación directa: asistencia a reuniones de la autoridad local y presentación de

peticiones a las oficinas locales, y en uno indirecto: trabajar para solucionar problemas de la comunidad. Se compara hasta qué punto los ciudadanos de los distintos países participan a través de

estos canales formales, y se comparan los resultados de 2014 de los distintos países con los de años previos (2004, 2006, 2008, 2010, 2012). También se procura entender los principales determinantes de dos tipos de participación gubernamental, con énfasis en el desempeño del gobierno local y las desigualdades raciales, étnicas y de género. A esto sigue una evaluación del alcance de la satisfacción de los ciudadanos de las Américas con sus gobiernos y servicios locales, y las tendencias de esas

evaluaciones. Finalmente, se examina la confianza en el gobierno local y se busca entender por qué los ciudadanos de las Américas confían más o menos en sus gobiernos locales.

Cabe resaltar que trabajos previos que usaron las encuestas del Barómetro de las Américas, incluyendo el reporte regional de 2012, han examinado en detalle algunos de estos fenómenos, y dichas investigaciones constituyen un recurso adicional para aquellos interesados en estos temas (Montalvo 2009a; 2009b; 2010).

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