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Chapter 3: Review of Literature

3.3 ADHD theoretical concept

3.4.3 Multi-professional identification and assessment

En el capítulo anterior se ha examinado el proceso de ruralización de la economía urbana en Occidente, y la convulsión social originada por los asentamientos bárbaros, por los levantamientos de los bagaudas, por la alianza de la nobleza romana con los reyes germánicos. La complejidad de los hechos, la documentación insuficiente y a menudo contradictoria (y siempre limitada a fuentes romanas) justifican el confuso cuadro de conjunto. El historiador que se mueve entre aguas tan revueltas como las del siglo V busca en vano la claridad en las tinieblas. El trazado de las líneas generales de los acontecimientos se convierte en un zigzag de perplejidades.

Fin de la dinastía teodosiana

Durante veinte años Aecio había dominado con su talento y con su energía a un emperador que le detestaba. El prestigio del patricio declinó cuando no pudo evitar que Atila invadiera Italia. Se repetía entre Valentiniano III y Aecio la hostilidad que enfrentó 46 años antes a Honorio con Estilicón. También fueron olvidados entonces, al ser invadida la Galia por los vándalos y suevos, los servicios de Estilicón, sus victorias sobre Alarico y Radagaiso, Y como Estilicón, que ambicionó la diadema imperial para su hijo, Aecio pretendió casar al suyo, Gaudencio, con la primogénita de Valentiniano III. El emperador, que no tenía sucesores varones, había dado su consentimiento en uno de sus habituales momentos de debilidad, pero no se resignaba a que le sucediera en el trono el hijo del hombre que más odiaba.

Llamado por Valentiniano, Aecio acudió confiadamente a palacio y el emperador lo mató con su propia espada.

Seis meses después una coalición de los jefes militares fieles a Aecio y de la aristocracia romana puso fin a la dinastía de Teodosio. Dos oficiales de la guardia de Aecio fueron el instrumento de la conjura. Vengaron a su general, matando al emperador cuando se dirigía a las carreras, en el camino del Campo de Marte (16 de marzo de 455). Un miembro del clarisimado, el rico senador romano Petronio Máximo, fue proclamado emperador.

La muerte de Valentiniano III destruía la legitimidad dinástica y los pactos federales con los pueblos germánicos.1 Desde el Rin hasta Africa, se produjo un movimiento general de los bárbaros, una nueva expansión territorial, que la muerte de Aecio facilitaba. Los francos salios se trasladaron del valle del Escalda al del Somme. Los francos «ripuarios» avanzaron hasta Colonia y las llanuras del Mosela. Los alamanes, hasta Luxemburgo y Verdún. Los borgoñones extendieron su dominio hasta el Jura y el Bajo Ródano.

Genserico saquea Roma

La flota de los vándalos dominaba el Mediterráneo occidental. Valentiniano III había ordenado la restauración de las murallas de Roma y de Nápoles, Porque temía un desembarco de los vándalos en Italia. Llegó a prometer una de sus hijas al hijo de Genserico. Al morir Valentiniano III, Genserico se dirigió a Roma como vengador del emperador asesinado. Desembarcó su ejército en la Italia meridional, y sin encontrar resistencia, penetró en Roma el 2 de junio de 455.

Durante quince días el ejército vándalo saqueó la ciudad. El papa San León I consiguió limitar las matanzas y los incendios, salvando del pillaje las iglesias de San Juan de Letrán, de San Pedro y de San Pablo. Las riquezas de los otros templos, los tesoros de los palacios, así como numerosos rehenes (la viuda y las hijas de Valentiniano III, el hijo de Aecio, senadores romanos, artesanos especializados) fueron llevados a Cartago.

El emperador Máximo había muerto dos días antes de la entrada en Roma de los vándalos. El rey visigodo Teodorico hizo proclamar en Arles emperador al clarísimo galorromano Avito, a quien Máximo había nombrado jefe del ejército de la Galia. Avito había sido amigo del rey godo Teodorico I y maestro de retórica latina de Teodorico II. El nuevo emperador fue reconocido por el gobierno de Constantinopla, y se trasladó de Arles a Roma con un ejército reclutado en la Galia.

Ricimerio

La alianza de los jefes militares bárbaros y de la nobleza romana ya no era necesaria, extinguida la dinastía teodosiana. Los oficiales germánicos dominaban el ejército, y los reyes bárbaros eran todopoderosos en las provincias ocupadas. El emperador, acabada la dinastía legítima, no cuenta. Quien mande el ejército tendrá el poder, y podrá designar emperador a quien le plazca.

Es el momento de Ricimerio. Hijo de un príncipe suevo y de una hija del rey visigodo Valia, había servido en el ejército romano a las órdenes de Aecio. El emperador Avito lo nombró jefe del ejército de Italia. Las victorias de Ricimerio sobre los vándalos en Sicilia y en Córcega le dieron renombre en Italia y prestigio entre sus tropas. Utilizó su popularidad para destronar a Avito. Ricimerio no fue cruel. Invalidó a su rival haciéndole nombrar obispo de Piacenza.

Designado patricio por el emperador de Oriente, Ricimerio tuvo durante quince años (de 457 a 472) el poder de Estilicón y de Aecio sin el estorbo de un emperador legítimo. Era él quien nombraba emperadores, a los que tenía rigurosamente vigilados, y que eliminaba cuando, como Mayoriano, no se resignaban a ser su instrumento .

Ni en estas degradadas postrimerías del Imperio de Occidente se atrevió ningún bárbaro a coronarse emperador. El imperio era un símbolo que romanos y germanos respetaban, y que un bárbaro hubiera profanado. Pero desde la muerte de Teodosio el Grande el poder pertenecía al patricio y magister militum, y desde la muerte de Aecio el ejército ya no era dirigido por romanos. Lo que importaba al ambicioso de poder era el mando del ejército, no la púrpura imperial. Y las tropas mercenarias bárbaras que constituían el ejército romano no conocían al emperador, que desde Teodosio había dejado de dirigirlas, sino al magister militum. No obedecían al emperador, sino al generalísimo.

El emperador Mayoriano

El primer emperador escogido por Ricimerio fue su amigo Flavio Julio Mayoriano, hijo de un alto funcionario romano de la Galia. Mayoriano había hecho una brillante carrera militar al lado de Ricimerio, en el ejército de Aecio. Desde la muerte de Teodosio I, Roma no había tenido un verdadero emperador como sin Ricimerio pudo serlo Mayoriano. Condonó las contribuciones atrasadas, dictó medidas contra la corrupción de jueces y funcionarios y quiso restablecer la institución de los defensores de la plebe. Pero la situación del Imperio le exigía una entrega total a la defensa militar de las provincias. El año 458, en una campaña victoriosa, se apoderó de Lyon, concertó una alianza con los borgoñones y se atrajo a la población galorromana partidaria de Avito. Al año siguiente obligó a los visigodos a levantar el sitio de Arles, y les ofreció la paz y un tratado para combatir a los suevos en la península hispánica.

Mayoriano veía en los vándalos la amenaza más grave para Roma. En 460 preparó desde las costas españolas una expedición contra Genserico. Pero su escuadra fue sorprendida en Cartagena por un ataque de la flota vándala, y Mayoriano tuvo que resignarse a un tratado en el que el rey de los vándalos se comprometía a no hostilizar las costas italianas.

Este fracaso fue útil a Ricimerio. El patricio deseaba un emperador menos brillante, más gobernable. Mayoriano regresó a Italia para enfrentarse con Ricimerio en una batalla que perdió el emperador. Obligado a abdicar, fue asesinado a los pocos días.

La anarquía en Italia (461.476)

El emperador designado ahora por Ricimerio, Livio Severo, era tan insignificante como el generalísimo exigía. La obra de Mayoriano en la Galia y en Hispania se desmoronó. Visigodos y vándalos denunciaron los tratados firmados con Mayoriano. Generales romanos, como Egidio y Marcelino, negaron obediencia a Livio Severo.

Cuando el emperador murió en 465, se produjo un interregno de dos años Ricimerio gestionaba la ayuda del Imperio de Oriente para hacer frente al peligro vándalo. En las negociaciones entre Constantinopla y Milán2 se acordó designar emperador de Occidente a Procopio Antemio, emparentado con el emperador Marciano3 La expedición de los dos gobiernos contra Genserico fracasó. La gran flota imperial de 1.100 navíos, mal dirigida, fue incendiada por los vándalos cerca de Cartago (año 468). Este desastre naval anulaba el mayor esfuerzo realizado por el Imperio de Oriente en favor de Rorna. Desposeída del dominio del Mediterráneo central, Constantinopla no podía ayudar a Occidente.

Ricimerio quiso desembarazarse de un emperador que ya no le servía. Atacó a Antemio en Roma, asaltando la ciudad y entregándola al saqueo de sus soldados. El emperador fue asesinado y sustituido por un senador romano, Anicio Olibrio, casado con una hija de Valentiniano III, que contaba por este motivo con el valioso apoyo del rey de los vándalos, emparentado con la familia teodosiana por el matrimonio de su hijo Hunerico con la primogénita de Valentiniano III.

Mayoriano y Antemio habían publicado todavía numerosas constituciones. Los emperadores que suceden a Antemio no legislan, como ha señalado F. Lot.4 Era inútil hacerlo, si la autoridad imperial ya no era acatada en las provincias ni siquiera en la misma Italia.

Ricimerio murió a los pocos días de la proclamación de Olibrio, a causa de la peste que se propagó entre sus tropas en el largo bloqueo de Roma. Olibrio murió, víctima también de la peste, dos meses después.

Gundebaldo, un príncipe borgoñón sobrino de Ricimerio, que había sido nombrado generalísimo por Olibrio, hizo proclamar emperador a un oscuro oficial de la guardia llamado Glicerio.

El Imperio de Oriente quiso remediar la anarquía romana invistiendo la púrpura imperial a Julio Nepote, un general romano, jefe de las tropas de Dalmacia. Nepote desembarcó en Ostia con soldados bastantes para obligar a Glicerio (como Ricimerio a Avito) a la renuncia al trono a cambio del obispado dálmata de Salona. Pero el poder imperial ya no existía. Gundebaldo había abandonado el mando del ejército por la corona del reino burgundio. El nuevo -generalísimo era Orestes, un romano de Iliria que había sido secretario de Atila. Orestes dirigió un levantamiento militar contra el ,emperador, al que obligó a refugiarse en su Dalmacia natal.

Aunque romano por su nacimiento, por sus servicios a los hunos el antiguo secretario de Atila no podía ser emperador. Era más práctico ocupar el puesto de Ricimerio. Orestes hizo emperador a su hijo Rómulo, que fue apodado por irrisión «Augústulo».

El ejército romano era una mezcla heterogénea de supervivientes de los pueblos hérulos, esciros, rugios y turcilingos que habían sido aniquilados en Panonia por los ostrogodos en 469. Estos soldados mercenarios habían acudido a Italia cinco años antes con sus familias y sus ajuares, y ahora reclamaban tierras y esclavos, según el sistema romano de la hospitalitas.

Pero los repartes de tierras se habían limitado primeramente a las regiones fronterizas, y sólo el hundimiento del poder imperial había obligado a Roma a aceptar los asentamientos burgundios y godos en la Galia, los suevos en Hispania, los vándalos en Afrecha. %Ceder tierras en la misma Italia era demasiado, Orestes se negó a la demanda de los soldados.

Odoacro «rey de las naciones»

El descontento del ejército se agudizó porque era difícil abastecerlo, perdidas Africa y Sicilia, dominadores los vándalos del mar. Estalló una revuelta militar que fue acaudillada por Odoacro, un oficial de la guardia imperial, esciro de origen, hijo de un consejero y embajador de Atila llamado Edico. Odoacro condujo a los sublevados a la Italia septentrional, para hacer de ellos un ejército organizado, y lo reforzó con otros contingentes de tropas, entre las que los hérulos predominaban. Orestes, con las escasas fuerzas que pudo retener, se refugió en Pavía. Allí le atacó Odoacro, persiguiéndole luego hasta Piacenza. Orestes fue apresado y muerto cerca de esta ciudad, y su hermano Paulo en Rávena. Rómulo Augústulo era un niño inofensivo. Odoacro se contentó con destronarlo, asignándole una pensión y una hermosa finca en la costa de Nápoles, donde vivió muchos años en un discreto retiro el último emperador de Roma.

Estos sucesos, tantas veces relatados en los manuales de historia como trascendentales, debieron de pasar casi inadvertidos para la mayoría de los contemporáneos. Ni siquiera dejó de existir, durante cuatro años más, un emperador legítimo, Julio Nepote, que tenía sus partidarios y el reconocimiento de Constantinopla, que Rómulo Augústulo no había recibido. Cuando, por mediación del: Senado romano, Odoacro solicitó del emperador de Oriente Zenón el título de patricio, la respuesta de Zenón al Senado fue que, siendo Julio Nepote, el emperador de Occidente, a él debía pedir el Senado el patriciado para Odoacro.

El ejército había proclamado rey a Odoacro el 23 de agosto de 476. El nuevo monarca adoptó el extraño título de rex gentium, rey de las naciones. En verdad no era, como Eurico o como Genserico, el rey de un pueblo, sino de un ejército que amalgamaba los restos de varios pueblos destruidos por otros más fuertes, y que no llegó, nunca a constituir una nación. La ficción que había montado Ricimerio veinte años antes se había desgastado. El título de emperador de Occidente había perdido su prestigio mítico a los ojos de los bárbaros, y por eso ni Eurico ni Genserico, los reyes germánicos más poderosos en aquellos años intentaron nombrar un emperador.

Desembarazado de Julio Nepote en 480, Odoacro, que había hecho llevar por una embajada del Senado romano las insignias, imperiales al emperador Zenón manifestaba así su intención de gobernar Italia como representante del único emperador romano, que continuaba residiendo en Constantinopla. Es decir,

Odoacro devolvía al Imperio su unidad, unidad que por otra parte nunca se había roto. El "rey de los pueblos", mantuvo hasta su trágico fin su papel de patricio y regente del Imperio en la pars occidentalis., Respetó las leyes imperiales, se abstuvo de legislar, no acuñó monedas sin la efigie del emperador, sostuvo la ficción del Senado romano, y dejó en manos de funcionarios romanos la máquina administrativa. Aunque arriano, no persiguió a los católicos. Los soldados recibieron como federados el tercio de las tierras en las que estaban acantonados. Sólo desapareció el título romano de magister utriusque militiae, Odoacro fue para los romanos un patricio, y para sus soldados un rey, corno los jefes bárbaros que habían servido al Imperio y que gobernaban ahora Estados independientes. Con tacto y prudencia, el jefe esciro ensayaba un sistema viable para poner término a la anarquía militar.

2. El reino visigodo de Tolosa se independiza del Imperio (451-484)

Los visigodos eran auxiliares del Imperio instalados en territorio romano como soldados acantonados. Sus reyes eran príncipes soberanos de su pueblo, pero no de los provinciales galorromanos, sobre los que ninguna autoridad ejercían. Mas a medida que la organización administrativa romana fue desapareciendo, se creó una relación nueva entre los monarcas godos y los provinciales. Mientras en Italia se sucedían emperadores a cada paso, el rey Eurico, ensanchaba su reino en la Galia Narbonense hasta Marsella, incorporándole la mayor parte de la península hispánica, rompiendo el tratado federal de su pueblo con Roma y fundando un Estado visigodo independiente.5

Teodorico y Avito

Al morir Teodorico I en la batalla de los Campos Mauriacos, los visigodos eligieron rey allí mismo al primogénito de Teodorico I, Turismundo, que había participado activamente en la contienda.6 En su breve reinado siguió la política antirromana de su padre. Combatió a los alanos, establecidos por el Imperio en Orleans, y puso cerco a la capital de la Galia. Una conspiración de sus hermanos le obligó a levantar el sitio de Arles y regresar precipitadamente a Tolosa para morir asesinado. Su hermano Teodorico II fue elegido rey.7 Sidonio Apolinar elogia la cultura y las dotes personales de Teodorico, al que llama «honor de los godos, soporte y salvaguardia del pueblo romano». El galorromano Avito había sido su maestro, iniciándolo en la lectura de Virgilio y en el estudio del derecho romano y todo inclinaba al joven monarca a una alianza con Rama. El nuevo foedus, que renovaba el pacto de Valia con Honorio, llevó en 454 a las tropas de Teodorico II a la provincia Tarraconense, para combatir, como auxiliares del Imperio, a los bagaudas.

La amistad de Avito con Teodorico II resultó decisiva en los acontecimientos que siguieron al asesinato de Valentiniano III. Por mediación de Avito, nombrado magister militum, los visigodos reconocieron al emperador Petronio Máximo, renovando una vez más su pacto con Roma.

Muerto Máximo, Teodorico II logró que los soldados «romanos» proclamaran emperador en Arles a su amigo Avito, que fue a Italia con un ejército en el que los visigodos predominaban.

La resistencia del rey suevo Rekhiario a reconocer emperador a Avito, y los ataques de los suevos a la Tarraconense, dieron ocasión a Teodorico II para realizar su campaña en Hispania,8 "con voluntad y por orden del emperador Avito", según Hidacio.

Teodorico combate a los suevos en Lusitania

Esta empresa, que iba a realizarse en beneficio de los visigodos, fue concebida en interés de Roma, para asegurar el dominio de la amenazada Tarraconense. En el ejército mandado personalmente por Teodorico II. había contingentes borgoñones, aportados por el gobierno imperial. Hidacio9 ha relatado

detalladamente esta campaña. Se inició en 456, penetrando los federados romanos por los Pirineos occidentales. La primera batalla, librada en el páramo leonés, cerca de Astorga, forzó a Rekhiario a retirarse a GaIicia. Los visigodos saquearon Braga, y Rekhiario, derrotado nuevamente en, Oporto, murió en prisión.

Cuando Avito fue destronado por Ricimerio, Teodorico II regresó a la Galia. Desde ese momento, el reino visigodo de Tolosa actuó como Estado independiente. Contra Roma, donde Mayoriano era emperador, se unieron visigodos, burgundios y parte de la aristocracia galorromana. Una victoriosa expedición de Mayoriano deshizo esta coalición, obligando a los visigodos a levantar el sitio de Arles, tantas veces acosada. Mayoriano reconquistó Lyon, forzando a los burgundios a ratificar su pacto federal con el Imperio.

Durante este tiempo el Estado suevo renacía, desprendiéndose de la dominación de Teodorico II (que había llegado a nombrar un gobernador visigodo de la Galicia sueva), por los esfuerzos de su rey Maldras. Los objetivos militares de Teodorico II, que desde Tolosa envió refuerzos a la península hispánica, se concentraban en este momento en la Bética.

Lo mismo que los burgundios, los visigodos, acosados por el emperador Mayoriano, aceptaron su condición de auxiliares de Roma y colaboraron con el emperador en la sumisión de los rebeldes suevos. Esta vez el ejército visigodo estaba dirigido por el general godo Sunnerico, y el romano por el magister militum Nepociano. La lucha contra los suevos prosiguió con resultados insuficientes.

La expansión visigoda en la Galia

La anarquía que estaba acelerando la ruina del Imperio de Occidente era útil al reino visigodo. Si la alianza con Avito había sido mantenida con lealtad, desde que el noble galorromano fue destronado los visigodos aprovecharon el hundimiento del poder imperial para ensanchar sus dominios en la Galia. Cuando el romano Egidio se negó a reconocer al emperador Severo, y formó un pequeño Estado romano en la Galia (que sostendría su hijo Siagrio hasta después de la desaparición del Imperio de Occidente), los visigodos se apoderaron de Narbona, alcanzando la deseada costa mediterránea, de la que Constancio había expulsado a Ataúlfo, y que el Imperio había querido defender a toda costa. En cambio fracasó la expansión goda hacia el norte. Egidio derrotó a Teodorico II junto a Orleans.

En la península hispánica la restauración del reino suevo impidió a los visigodos nuevos avances. Una

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