Application to the Transportation Problem
4.5 Multiobjective Optimization for Interwoven Systems (WG5)
Miguel Ángel es un profesor de cuarenta años, contratado doctor en una facultad de Ciencias, acreditado para Profesor Titular de Universidad recientemente, con el que hablamos en enero de 2016.
Trayectoria y situación actual
Al presentarnos su trayectoria en la universidad destaca que él ha ido cumpliendo todos los pasos, como lo que llama una “vía normal”. En el sentido de que, “empecé como ayudante no doctor, tres años, luego cinco años como ayudante doctor, y luego pasé a contratado doctor”. Normal, dice, porque no ha sufrido los aspectos tan negativos que han concurrido para otras personas, porque “yo he ido pasando cuando se cerraban las puertas, el tema de la crisis y los contratados interinos que hay ahora”.
Suele aludir, a lo largo de la entrevista, a su buena suerte, pero también se deduce de su relato que ha sabido cumplir con las expectativas y trabajo de investigación que se esperaba de él, desde que terminó su carrera, pasando por la presentación de su tesis en 2005. Su inclusión en un grupo de investigación, las publicaciones de referencia en su campo, y la concesión ya lograda de dos sexenios de investigación, y uno más pendiente de aprobación. Al igual que tuvo una estancia de investigación en el extranjero, cuando estaba haciendo la tesis, de un año de duración.
Al terminarla, tenía ante sí tres ofertas distintas, y eligió la universidad, y –dice– “he tenido suerte”, he ido enlazando, y solo le falta un último paso, “en lo que han cor- tado la trayectoria” por los recortes en plazas de funcionarios: el acceso a Profesor Titular, “el que menos agravio lleva, porque –ahora de contratado doctor– no tengo la inestabilidad, y con el sueldo creo que hay una diferencia de treinta euros…”. Lo único que podía afectarle en este sentido es que la elección de asignaturas y horarios se hace en su departamento, como en tantos otros, por categoría y antigüe- dad. Pero aquí, destaca Miguel Ángel, también “yo tengo suerte, te estoy diciendo que he tenido suerte, y, en general, aunque creo que somos veintiún miembros del departamento, y por detrás de mí eligen cuatro, y yo estoy el dieciséis, siempre he podido elegir lo que quería [las asignaturas que quería, aunque] a lo mejor no es el horario que habría preferido, pero…”. Tiene suerte, desde luego, porque la expe- riencia más frecuente que se encuentra en la práctica es bastante distinta y perjudi- cial para quienes tienen menos categoría, y contrato más precario.
El trabajo, las tareas, y la vida
Su carga docente, ahora, es de 240 horas, “y pico”. Fueron 180 cuando era ayudante doctor. Pero hace dos años, por los cambios de planes de estudio, llegaron a ser unas 270. Concentra la mayoría en el primer semestre y deja así tiempo para dedicarlo a la investigación. Y, como veremos, también a la gestión.
El trabajo de preparación de clases generalmente lo hace ahora en la facultad. Pero hay que señalar que hubo un cambio notable con la llegada de sus hijas, que tienen ahora 5 y 6 años. Era entonces ayudante doctor. “Antes de tener hijos trabajaba bas- tante más en casa. Ahora se complica. Llevo unos años que se está complicando. Se va suavizando [con la edad de las niñas] y va mejorando, pero ha habido unos años que era muy difícil abrir un ordenador en casa sin que ellas tocaran”. Y “obligatoria- mente bajó el ritmo”, “venía agotado”.
“Era una época, era, bueno, venir a trabajar porque era paz y descanso, pero bajé un poco, sobre todo el trabajo en casa, ese sí que se vio mermado. Lo que pasa es que, claro, me llegó en un momento, no sé si programado o no, que ya había acumulado experiencia suficiente como para poder ir saliendo del paso. Los primeros años de docencia son duros y vas con nervios, vas con las cosas, algunas justas, y bueno, ya con los años vas cogiendo la tranquilidad de que, ‘ya me lo sé, ya sé cuáles son las dudas, ya puedo prever los problemas que me surgen’. En investigación bajé un pelín, claro”. Antes de tener a las niñas la jornada en la facultad era de “muchas horas, muchas horas aquí”, de nueve de la mañana a ocho de la tarde. Ahora el horario es “de nueve
a seis aproximadamente, en una horquilla siempre variable […] pero ya no hago esa barbaridad, yo no estoy aquí once o doce horas. Procuro que mi horario sea cohe- rente y es más efectivo el tiempo. Se aprende a gestionarlo”, dice.
Los arreglos con su mujer en los primeros años de las niñas, en que ella tenía por entonces un trabajo de secretaria de dirección, fue recurrir a una persona que venía por la mañana, hasta que las niñas tuvieron dos y tres años. Luego ella, su mujer, pidió la jornada reducida.
“Yo [llegaba] tarde. Llegaba mi mujer, tenía media jornada en ese momento, yo esperaba a que llegara la chica, ella se venía a trabajar antes, y yo esperaba a hasta las nueve, nueve y algo que llegaba la chica, y luego cuando llegaba yo me venía a trabajar. Y luego yo salía cuando podía más o menos, también tarde. Y mi mujer llegaba a las dos y media, le daba de comer a las niñas, esta chica y ya se iba”. Más tarde su mujer estuvo 4 años en el paro. Y se acababa de incorporar de nuevo a un trabajo poco tiempo antes de enero de 2016. Esos años fueron de “liberación” – dice–, pero ahora la pareja ha tenido que reorganizarse, comprarse otro coche, por la distancia de su domicilio a los trabajos de ambos. Él aprende a gestionar extraes- colares, buscar a las niñas a las cuatro y media, llevarlas a las nueve, “menos el viernes que tengo libre, y aprovecho para trabajar un poco más”. Así que su jornada, en la facultad, suele ser de nueve y media a cuatro y media.
Pero en casa vuelve a trabajar más que antes. Por las tardes: “Ya estoy instalándome el ordenador, que el que tenía era antiguo y estoy preparándome... Ayer ya estuve, por la tarde. Fue dejar a las niñas, preparar la merienda y en lo que ellas estaban, yo estuve preparando unas correcciones de un examen que tenemos ahora que poner. Así que ahora ya sí, no me queda más remedio”.
Trabajando, también, en la gestión
Miguel Ángel se “ha metido en temas un poco de gestión, en sindicatos, estoy en el comité de empresa –nos dice– , estuve también en la junta de facultad, estuve en el claustro, pero de esas me he ido saliendo”.
Y es desde esta posición desde la que sus consideraciones sobre la situación actual en la UCM nos dan una perspectiva y visión particular que es del máximo interés describir en detalle.
“En el sindicato me presenté al comité de empresa y, bueno, poco a poco he ido adquiriendo..., llevo ahí ya seis, siete años. He ido adquiriendo más responsabili- dad dentro del sindicato. Y, bueno, he estado siempre en el comité y estaba en la comisión de calidad en la docencia, como representante del comité invitado. Y ahí aprendí mucho (…) hemos trabajado duro y he aguantado mucho”.
Le preguntamos por los principales frentes en los que ha estado el comité: “Sobre todo que no se fuera nadie a la calle, y mirar para otro lado, cuando había que mirar. Por ejemplo, la figura del profesor visitante no nos gustaba y no era justa. Entendíamos que antes que estuviera gente en la calle, preferíamos que pasaran por profesores visitantes tres o cuatro meses y luego ya dieran el paso a la siguiente
plaza, profesor ayudante doctor o contratado doctor. El profesor contratado doctor interino, ahora..., yo, vamos, personalmente y todos los sindicatos creemos que es una figura ilegal, no está reconocida en la LOU, no está reconocida en el convenio colectivo, no está en estatuto de los trabajadores, no está en ningún lado recogida, está desamparada, pero bueno. Pero es el mal menor, con lo cual, pues miras para otro lado y lo que intentas es pelear y equiparar los derechos. Por ejemplo, que hayan podido pedir quinquenios, el contratado doctor interino pese a no ser indefi- nido. Y para el año que viene pedirán sexenios, y eso, bueno, pues ha sido una pelea siempre con el vicerrector de turno. Pero bueno, es bonito”.
“Lo primero, que [la gente] se quedara, y luego cuando sujetabas a la gente... La gente que tenía que quedarse, (…) los que ya habían iniciado una trayectoria y esta- ban jugando un partido, que no se les cambiaran las reglas del juego, o se le cam- biaran lo menos posible durante ese partido. Porque es lo que no es justo. Si a ti te dicen, ‘tú..., ayudante doctor, acredítate, haces esto’, yo tengo que ver lo que tengo que hacer para acreditarme, ‘acredítate y te voy a sacar una plaza de contratado doctor o de titular. Y ahora te digo que no’. No, no me cambies las reglas, porque estamos todos en una edad..., el problema de la universidad es que tardas mucho en coger estabilidad, y estás con una edad donde te estás planteando si comprar piso, vas a pedir una hipoteca y te dicen, ‘¿Trabajo, eres indefinido?, no, no me vale, te la doy, no te doy’. [Te planteas] si tener hijos, si formar una familia. Y vas muchas veces pendiente de tu trabajo, no puede condicionarte tu trabajo tu vida”.
“Nos ha pasado a todos, pero yo he ido entendiendo que esto es un trabajo, sobre todo desde sindicatos, porque yo creo que mucha gente malentiende la universidad, que eso lleva a que la gente trabaje doce horas o a que trabaje tres horas. Porque lo entienden que esto es como un hobby, que eres un privilegiado, que es... No, no señor, usted aquí es un trabajador y aquí estamos todos con una nómina, y estamos porque nos pagan, si no, nos iríamos. Bueno, hay una minoría que aunque no les pagaran estarían. Pero estamos porque me pagan, y usted lo que tiene que hacer es cumplir con su trabajo lo primero. El que hace tres horas..., no puedes estar tres horas, tienes que cumplir con tu trabajo, y el que hace doce horas tampoco puedes estar doce horas, váyase a casa, tenga sus hobbies, su familia y tal. Pero hay veces que no te dejan. Pero bueno, esa es mi opinión”.
“Esto es un trabajo, tenemos la suerte de que es un trabajo que en general es voca- cional y nos gusta, y por eso muchas veces dedicas más, porque a veces se convierte también en una pasión. Pero es un trabajo, y en los trabajos tienes que tener unos derechos y unas obligaciones, y eso es lo que he aprendido sobre todo en sindicatos. Y yo era de los que, bah, sindicatos, esto es un mamoneo, no valen para nada, no son necesarios”.
En opinión de Miguel Ángel los sindicatos son y han sido necesarios para conse- guir que las cosas no fueran peor. Al igual que la Plataforma de Profesorado no Permanente, y pese a que hayan podido tener discusiones y distancias, que se han ido acercando con el tiempo y la costumbre de tratarse, nos dice que “nuestra labor desde el comité tiene que ser más silenciosa. La plataforma puede permitirse el dar voces, el armar jaleo, nosotros había veces que estabas negociando cosas pero no
puedes hacer ruido, porque se te rompen las negociaciones. También nos venía bien la plataforma a veces haciendo ruido, para presionar, pero nuestra labor tiene que ser de pelea y de llegar a acuerdos y de mínimos”.
La figura contractual del Profesor Asociado está prevista en la ley para contratar a un profesional cualificado, que aporta (más bien hay que decir ya, que debe- ría aportar) sus conocimientos profesionales, manteniendo su trabajo principal. Y, por ello, la retribución es muy exigua, como vamos viendo a lo largo de esta investigación19.
Ahora bien todas las Universidades, incluida la UCM, han utilizado esta contra- tación –a nuestro juicio de manera abusiva, y, sobre todo realmente ilegal–, para suplir bajas por enfermedad, sustitución de profesorado, etc., creando así un colec- tivo de trabajadores de la enseñanza con características muy distintas: por un lado los asociados “de verdad”, así se los denomina en la Universidad, que tienen otro trabajo y dan clases en la universidad. Y los “falsos asociados”: personas que para poder tener este contrato deben darse de alta de autónomos, la mayoría de las veces con el solo propósito de “cumplir la ley”. De emprender una carrera académica. Y valga decir también ahora que el hecho de que haya “asociados a tiempo completo” es en sí misma una situación contradictoria y contraria al espíritu y letra de la ley. Y así se pronuncia Miguel Ángel sobre la situación de esos “falsos asociados”. Quie- nes para tratar de desarrollar una carrera académica, se dan de alta en autónomos: “Pues es una vergüenza... Los de verdad, claro, pues están como están. Pues es una vergüenza lo de los falsos asociados y los titulares interinos, es vergonzoso. No debían estar, no debía existir. (…) El asociado es para lo que es, o sea, es un tío que viene a hacer un trabajo que los de dentro no sabemos hacer porque no estamos en contacto con la empresa privada o con algo muy concreto: un tío experto en robó- tica, experto en robots que juegan al ajedrez, pues es para eso. Y lo que tenían que haber sido todos esos asociados son ayudantes, ayudantes doctores o ayudantes no doctores. No sé…, hay una bolsa que ahora hay que irle dando salida, pero, claro, de golpe es difícil”.
“Están cometiendo un fraude, porque hay gente que está dada de alta como autóno- mos sin ninguna otra actividad para poder estar en una plaza solo”.
“Ha habido otros que se han convertido en falsos con la crisis. [Asociados de verdad que] con la crisis se vieron fuera de sus trabajos, o mermados en sus trabajos o les dijeron que se hicieran autónomos, o redujeron jornadas, etc. Y ahora dicen, ‘oye, que yo ahora me quiero quedar en la universidad’”.