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En dos trabajos recientes Penner, Dovidio, Pilliavin y Schroeder (2005, 2006) han propuesto que en el análisis de los procesos que determinan la conducta de ayuda se pueden distinguir tres niveles: Micro, Meso y Macro. El nivel Micro se centra en el individuo que ayuda, analizando sus características personales, particularmente sus valores, motivos y rasgos de personalidad (Penner, 2002; Penner, Fritzsche, Craiger y Freifeld, 1995; Caspi, Harrington, Milne, Amell, Theodore y Moffitt, 2003; Eisenberg, Guthrie, Cumberland, Murphy y Shepard, 2002). El nivel Meso incorpora en el análisis a la víctima o beneficiario de la ayuda, analizando los procesos emocionales y

motivacionales que se producen al encontrarse con la necesidad ajena,

fundamentalmente de una persona (Batson, 1991, 2011; Dovidio, Piliavin, Gaertner y Schroeder, 1991; Pilliavin et al. 1981, Schroeder, Penner, Dovidio y Piliavin, 1995) o de un grupo (Omoto y Snyder, 2002; Stürmer, Snyder y Omoto, 2004). El nivel Macro conecta con el análisis sociológico, que tradicionalmente ha distinguido entre tipos de agrupamientos sociales tales como grupo, colectivo o sociedad (Tarde, 1898), y se orienta hacia los factores que explican la ayuda y cooperación entre estos agrupamientos (Jonas, 2012; Levine y Cassidy, 2010).

En este sentido, la presente tesis se sitúa a un nivel Meso y se propone que en el continuo que va desde el individuo hacia el grupo en necesidad existe un espacio conceptual intermedio que apenas ha sido abordado en la Psicología Social. Nos referimos a los otros como un conjunto de individuos. La demarcación de este espacio se puede establecer acudiendo a un término con larga tradición en las ciencias sociales: el agregado (Tarde, 1898; Johnson, Crawford, Sherman, Rutchick, Hamilton, Ferreira, Petrocelli, 2006).

Entendiendo que agregar hace referencia al hecho de unir o juntar personas o cosas sin necesidad de que estén relacionadas, proponemos que los otros son individuos independientes, no necesariamente relacionados entre sí, cuya única característica en común es su estado de potencial necesidad. Por lo tanto, este espacio conceptual se sitúa entre la presencia de una sola víctima y la de un grupo, equipo, colectivo o sociedad que en menor o mayor medida implican una pluralidad de individuos con un cierto grado de interdependencia en la consecución de objetivos comunes (ver nivel Macro, Penner, Dovidio, Pilliavin y Schroeder, 2005).

La consideración del espacio los otros nos ha permitido plantear, analizar y comprobar la existencia de tres nuevos procesos psicosociales que pueden influir poderosamente en la conducta de ayuda: la conciencia de otros en necesidad, la

generalización del vínculo empatía-altruismo, y la orientación perceptiva analítica- sintética.

Con respecto a la conciencia de otros, definida como la percepción de que existen otros individuos en potencial necesidad, los resultados de nuestros estudios muestran que presentar a una víctima como una entre otras genera tanto empatía hacia la víctima (Estudios 1, 2, 3, 4, 5, 7 y 9) como conciencia de otros (Estudios 1, 4, y 9). De acuerdo con el modelo propuesto, la combinación de estos dos procesos tendrá como efecto inmediato la generalización del vínculo empatía-altruismo. Esta generalización no hace referencia al surgimiento de una nueva emoción o motivo, sino a la extensión de la empatía sentida por la víctima principal hacia cada uno de los otros individuos en necesidad (Estudios 2 y 3), lo que consecuentemente aumenta la motivación de mejorar el bienestar de cada una de estas personas. La propuesta y el análisis de este nuevo patrón motivacional, que hemos denominado altruismo generalizado, exige al menos dos requisitos. En primer lugar, comprobar si en determinadas circunstancias puede entrar en conflicto con el altruismo orientado hacia la víctima principal. Los resultados de nuestros estudios han mostrado que dicho conflicto puede producirse cuando la situación establece el dilema entre ayudar bien a la víctima bien a los otros individuos (Estudios 4 y 5), reduciendo de hecho la ayuda ofrecida (Estudios 6 y 7). En segundo lugar, comprobar si el altruismo generalizado es diferente a otro tipo de motivos afines tales como el colectivismo, cuyo fin último es mejorar el bienestar de un grupo, y el

principalismo, cuyo fin último es respetar principios (justicia). Los resultados de los

Estudios 8 y 9 sugieren que el altruismo generalizado, por una parte, no está

relacionado con el respeto a determinados principios y, por otra, se refiere a la mejora del bienestar de los otros considerados como individuos independientes, no como un grupo.

De hecho, la orientación perceptiva analítica- sintética puede moderar la presencia de un determinado patrón motivacional y, consecuentemente, influir en la materialización de la ayuda. Concretamente, partiendo de una situación en la que se provoca empatía hacia una víctima presentada como una entre otros, el modelo propone que una orientación analítica (i.e., centrada en las partes) favorecerá que se produzca la

conciencia de otros y, por tanto, el surgimiento del altruismo generalizado; en cambio,

una orientación sintética (i.e., centrada en el todo) favorecerá que a los otros se les perciba como un grupo y, consecuentemente, la aparición del colectivismo. Los

resultados de los Estudios 8 y 9 mostraron que la orientación perceptiva activada en la situación (analítica vs. sintética) moderó que la presentación de una víctima como una

entre otras produjera altruismo generalizado o colectivismo.

En definitiva, el análisis de estos nuevos procesos implica una serie de

consideraciones teóricas que, como se comenta a continuación, pueden también revelar implicaciones prácticas que hasta la fecha han pasado desapercibidas, así como

propiciar el planteamiento de futuros estudios con el objetivo de profundizar en el análisis de los efectos propuestos por el modelo e iniciar el estudio de otros nuevos.

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