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Los valores propios del liderazgo representativo en gobernanza son los propios de la discusión racional, es decir, de los valores y también las actitudes que favorecen, según Popper7 el desarrollo científico. Éstos son la libertad en todas sus facetas y muy en especial
la libertad de información y de circulación y debate de ideas, la tolerancia y el respeto al otro a sus opiniones y creencias, la humildad frente a las propias, es decir los valores de las sociedades abiertas.
7 Popper, K. La sociedad abierta y sus enemigos (Barcelona, ed. Paidos, 2006).
La gobernanza democrática: un nuevo enfoque para los grandes retos urbanos y regionales
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La gobernanza democrática necesita, como modelo de gobernación, de técnicas para que pueda desarrollarse como arte de gobernar, pero aún necesita más de valores y virtudes o actitudes de la clase política, para dirigir la potencialidad de su teoría sobre el arte de gobernar. En este sentido Ortega y Gasset, mostró cómo el sentido y la propia causa de la técnica se encuentra fuera de ella, a saber: en el empleo que da el hombre a sus energías vacantes y liberadas por aquella; y señaló para su época que las crisis en los deseos, las ideas y los valores, son la causa de que toda la potencialidad de la técnica no sirviera de nada.
En la actualidad hay también una crisis de valores como en las primeras décadas del pasado siglo. En especial resalta un cuestionamiento generalizado de la clase política y de los valores éticos que deben presidir la actuación de la denominada clase política democrática. Ahora bien este lamento generalizado de quiebra moral y pérdida de valores no puede ser atribuido a casos concretos de corrupción política, sino y tal cómo señala D. Innerarity estas crisis de valores, ha acompañado siempre el proceso de modernización social y política9. Hoy, cómo se ha señalado, estamos ante una necesidad de cambio
en las formas de gobernar dado el agotamiento del anterior modelo de gobernar basado en la provisión y gestión de recursos, así cómo en una forma de hacer política propia de sociedades bien delimitadas territorialmente e integradas políticamente en el marco del estado – nación.
Las metodologías y técnicas de la gestión relacional se inspiran y sólo pueden desarrollarse en un entorno de valores y virtudes propios de las sociedades abiertas. De otro modo es muy difícil identificar estrategias compartidas, establecer la negociación relacional, o desarrollar el enfoque comprensivo en ciencias sociales, etc.
La gobernanza requiere dos condiciones para ser considerada como un nuevo enfoque en las ciencias sociales y políticas; y como un modelo apropiado de gobernación en la sociedad red: Que la verdad o falsedad de sus tesis principales, de las bases comprensivas y explicativas sean demostrables por lógica, y sus explicaciones se adapten a los hechos y sean, por lo tanto, susceptibles de prueba. Pero que un nuevo enfoque del arte de gobernar sea considerado objetivo o racional - científico no significa que este libre de valores; como ha recordado C. G. Hempel0. Todo lo contrario, tal como hemos señalado, existen unos
valores y unas condiciones sociales y económicas que permitan un mayor/menor desarrollo de esta teoría, tanto a nivel conceptual como práctico.
En este sentido, debe entenderse que las políticas están condicionadas por el entorno económico, social, tecnológico e institucional en el que se inscriben, pero condicionadas Ver Ortega i Gasset, J. Meditación sobre la técnica y otros ensayos. (Madrid, Revista de Occidente/
Alianza ed., 2002), Pág. 53-55.
9 Innerarity,D. El Nuevo Espacio Público. (Madrid, ed. Espas Calpe, 2006) pag 188
0 “La adecuada solución a un problema no sólo exige el conocimiento de medios técnicos, sino también de patrones para evaluar los medios alternativos a nuestra disposición; y este segundo requisito plantea problemas reales.” En La explicación científica. (Barcelona, Paidós ed., 2005), Pág. 118.
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no quiere decir determinadas, puesto que las decisiones políticas son también fruto de la libertad y responsabilidad de los decidores políticos1.
La gobernanza democrática, como su nombre indica, necesita de las reglas y procedimientos democráticos, y se afianzará en la medida en que los valores y actitudes propias de la sociedad abierta y democrática sean interiorizados por la sociedad y sus líderes políticos sean su expresión práctica, y no sólo por el respeto de las reglas de juego democráticas. La organización actual de la sociedad red, basada en las interdependencias, requiere un marco democrático de responsabilidad que no puede ser asegurado de manera centralizada ni jerárquica por los gobiernos, sino que precisa de una responsabilidad cooperativa entre los actores y sectores ciudadanos, definida y organizada de forma plural2.
El razonamiento anterior también nos sirve para descartar que la gobernanza democrática sea una forma de gobernar propia de unas determinadas ideologías políticas o partidos políticos. En efecto, a partir de la aceptación de las reglas del juego democrático cualquier opción política puede desarrollar las metodologías de la gestión relacional o de las interdependencias puesto que, éstas, son objetivas. Las opciones políticas, por tanto, no se distinguen por el uso de las técnicas de gestión, ni por tanto por el modo de gobernar adoptado, sino por los valores que se persiguen con dicho modo de gobernar, y que se expresan por parte de los electos, y representantes políticos.
En el paradigma del gobierno como gestor del gasto público la distinción no se debía al tipo de gestión sino, sobre todo, a la finalidad del gasto; si era prioritariamente militar o social, y si la decisión del gasto respondía a mayor o menor proximidad con el ciudadano. En gobernanza la distinción se hará en función de la prioridad acerca de las finalidades del progreso humano ya sea ésta el desarrollo económico, la equidad o la cohesión social, la sostenibilidad o el desarrollo de la ética democrática o republicana. Todos ellos son valores compatibles e interdependientes pero también sujetos a orden de prelación, en especial si consideramos coyunturas concretas en las que es preciso optar por el que tiene un valor predominante. Dicho con toda rotundidad la construcción colectiva y consciente del progreso humano en los territorios se hará en función de unos valores u otros en función de las personas y grupos políticos que hayan resultado electos democráticamente.
1 Ver Prats, J. “Ética del oficio político” en Instituciones y desarrollo. Nº 14 y 15 Nov. 2003. Pág. 205 a 209.
2 Innerarity, D. ob.cit. Pág.199
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2.2. Habilidades o capacidades del perfil político necesarias para la práctica de la