4. Analysis and results
4.3 Multivariate analysis of problems with non-restorative outcomes
Como ya se ha visto, la primera clase social que logró organizarse como partido, fue el patriciado panameño en la década de 1840. Sus intereses, vinculados y dependientes de la actividad transitista, habían entrado desde muy pronto en contradicción con el centralismo bogotano. Y son los liberales los que llevan adelante el proyecto de emancipación de 1903. En palabras de Figueroa Navarro, esta sería una independencia “urbana y oligárquica”. Y la capacidad de organizarse en estructura partidistas la tiene la oligarquía local en la medida en que, aunque menos numerosa, tiene bajo su control y propiedad los medios de producción y la infraestructura que le había dado servicio a la ruta en los últimos 100 años, como ya lo ha delineado Alvaro Uribe. También les acompaña un proyecto: hacer de Panamá un emporio al
servicio del comercio marítimo internacional. Es el objetivo que, en la larga duración, se ha mantenido en la historia panameña.
En cuanto a las propuestas políticas, Jilma Noriega de Jurado sostiene que las primeras expresiones políticas expresaban a la oligarquía nacional y a las clases que, de alguna manera, mantenía cierta capacidad de generar poder y ejercerlo sobre las clases sociales subalternas. “Los poseedores de fortuna, los terratenientes y comerciante que mayoritariamente conformaron la estructura del primer gobierno republicano, pretendían mantener la hegemonía política capaz de garantizarles el usufructo del poder y todas sus ventajas económicas”. En ese mismo período, “quedó así configurada la tradicional división entre liberales y conservadores, esta vez con una clara connotación de clases, porque al Partido Liberal se adhirieron las masa y los dirigentes de raigambre popular”. Pero Noriega de Jurado aclara más adelante que
“al pasar de los años fueron surgiendo nuevos intereses que conllevaron la necesidad de manejar el gobierno como medio indispensable para acrecentar y consolidar el poder económico y aumentar el prestigio social, creándose en consecuencia nuevos partidos con la misma facilidad con que se constituían sociedades anónimas (…). Las doctrinas conservadoras no merecían el respaldo ni contaban con la simpatía de las masas populares panameña, por lo que el Partido Conservador fue languideciendo hasta desaparecer”31.
Aunque la posición de Noriega es acertada, no debate ni profundiza sobre los orígenes de ese poder ni aclara cuál era la base económica sobre la cual descansaba el ideario de las clases sociales representadas por los partidos políticos en las primeras décadas del siglo XX. Constata, eso sí, que eran de cuño oligárquico y que a sus filas “se adherían las masas populares”. Seguido a esto, elabora una larga lista de partidos políticos de tendencia conservadora que permanecían por cortísimo tiempo en el escenario político con un discurso tomado de los liberales. Señala que “estos minipartidos tenían plataformas tan similares que bien se hubiera podido mimiografiar los postulados y programas de gobierno y, cambiando sólo el nombre de la entidad y el orden de los acápites, servían igualmente para cualquiera de los partidos que proliferaban, como una táctica eficiente para dominar las Asambleas [Legislativas]”32. Se puede sostener, según Noriega de Jurado, que la mayoría de los partidos existentes en el período 1903-1960, carecieron de plataformas ideológicas o programáticas de
largo alcance. Con excepción de los partidos Socialista, del Pueblo (comunista), Demócrata Cristiano
“y de dos grupos, Acción Comunal y Frente Patriótico de la Juventud –este último convertido en partido político– los demás partidos fueron meros instrumentos para la conquista del poder y la perpetuación en el mismo como medio de dominación económica, antes divorciados y sin el menor propósito serio de propugnar por el interés o mejoramiento de las mayorías nacionales”33.
Noriega de Jurado tampoco hace un análisis de las variables exógenas que pesan sobre la estructura política panameña. En ningún momento considera la presencia de los Estados Unidos como uno de los principales factores condicionantes de la vida nacional y de cómo esto se expresa a lo interno de cada uno de los partidos. En este sentido, aunque el Dr. Morales denunció desde muy temprano el tratado de 1903 como oprobioso para Panamá, la oligarquía panameña, como clase, prefirió una pacífica convivencia con la potencia norteña y, además, optó por obtener una renta diferencial extraída a los trabajadores del Canal vía el alquiler de inmuebles en los predios de la ciudad de Panamá34. En 1904, por ejemplo, Tomás Arias consideraba que la Enmienda Platt era conveniente incluirla en la Constitución Política de Panamá “toda vez que ella concede un derecho a su gobierno (EE.UU) pero, a la vez, le apareja la obligación de intervenir con fuerza armadapara la conservación del orden público en caso de que sea alterado en cualquier parte de la República”35. Por su parte, Rolando Hernández hace un acercamiento al problema de la interacción entre las clases sociales hegemónicas locales con el poder monopólico de los Estados Unidos, expresado en la presencia norteamericana en la Zona del Canal.
Tanto Noriega de Jurado como Hernández coinciden en calificar la estructura política panameña de la primera mitad del siglo XX como oligárquica, al servicio de los intereses de las clases dominantes y como instrumentos para la perpetuación del poder y hegemonía de estas mismas clases. En apariencia, entonces, surge una contradicción: ¿cómo y en qué momento entra la oligarquía local en conflicto con los intereses de los Estados Unidos en Panamá?.
La posible respuesta se delinea a partir del agotamiento del proyecto liberal que gobernó el país en los primeros 25 años de la República. Es necesario recordar que los Estados
Unidos había expropiado el control de la ruta de tránsito al patriciado local y que éste tuvo transformarse en una burguesía casateniente, comercial y financiera. Además, hubo de preocuparse por la construcción y consolidación de la nación en la medida en que ya no contaba con el instrumento cuyo discurso había servido en su búsqueda de apoyo y legitimidad: la actividad transitista. En efecto, muy pronto la oligarquía panameña descubrió una seria contradicción entre su clase y el surgimiento de dos nuevos actores sociales, que no aún clases sociales en el sentido clásico del concepto: por un lado la clase obrera y, por el otro, la de una clase media, numerosa e “ilustrada”. La capacidad de movilización de la primera se pone en evidencia en 1925, con el conocido Movimiento Inquilinario. “En esta ocasión, relata Uribe, el gobierno, intransigente e incapaz de sofocar por la fuerza la organizada agitación inquilinaria, requirió la intervención de los vecinos de la Zona que ocuparon la ciudad [de Panamá] durante once días (…). Con ello, el problema se difirió y volvió a presentarse siete años más tarde al llegar al país los estremecimientos de la crisis capitalista de 1930”36. La capacidad de movilización de la segunda, se vio a partir de la fundación de la Universidad de Panamá, en 1935. Esta se vio expresada, además, en 1947 y 1948 con la fundación del Frente Patriótico de la Juventud, que devino en partido político a inicios de la década de 1950.
Por otra parte, la estrategia de las clases sociales dominantes ante estos conflictos se definió desde muy temprano: Guillermo Castro la define como un ‘huir hacia delante’. En efecto, al agotarse el proyecto liberal del período 1903-1930, la oligarquía inició un proceso de denuncia del tratado de 1903. En esa dirección, J. Conte Porras constata que en 1924 el Dr. Harmodio Arias Madrid (hermano mayor de Arnulfo Arias), al finalizar el mandato presidencial de Belisario Porras, es elegido como diputado a la Asamblea Nacional con el apoyo de Acción Comunal que es la organización desde la cual se lanzó a la arena política el Dr. Arnulfo Arias Madrid, en 1931. Por su parte, el Dr. Harmodio Arias, desde la Asamblea Nacional se convirtió en el adalid de la causa nacionalista que repudió el Convenio Kellog- Alfaro, que aspiraba a reformar el Tratado Hay-Vuneau Varilla de 1903 a favor de los Estados Unidos.
Empero, al analizar los planteamientos de la oligarquía, se descubre que no existe un temprano rechazo a la presencia y usurpación de la ruta transístmica. Existe, eso sí, una
demanda por obtener mayores beneficios económicos y mayor participación en el comercio interoceánico. Es decir, la participación de las clases sociales hegemónicas en la actividad transitista se limitó, en primer lugar, a una simple extracción de renta diferencial. Luego, en los primeros lustros del siglo XX, se preocuparon por denunciar el Tratado de 1903 y exigieron una mayor participación en el mercado de la Zona del Canal, es decir, que sus productos tuvieran entrada al interior de ésta y, además, unas justas compensaciones o beneficios compartidos, que se traducirían en una mayor anualidad a Panamá por parte de los Estados Unidos.
En este sentido, se puede sostener que la oligarquía hizo coincidir sus intereses de clase con los intereses nacionales y, a partir de una visión patrimonialista del Estado, organizaron las relaciones de poder a lo interno de la naciente República. Es de destacar que la economía terciaria, (banca, comercio, servicios) ha ejercido, durante el siglo XX, una hegemonía indiscutible sobre cualesquiera otro sector económico en Panamá. Por ejemplo, el proyecto de desarrollar un mercado interno, de las décadas de 1950 y 1960, fue dependiente de la mayor participación de Panamá en las utilidades generadas por la actividad canalera. Igual, la fundación de la Zona Libre de Colón, en la década de 1940, responde al objetivo de hacer de Panamá el tan ambicionado emporio comercial al servicio de la economía mundial. Estos datos ayudan a confirmar que las formas de organización de las clases sociales hegemónicas en Panamá, giraron en torno a la necesidad de hacerse con una creciente participación en la dinámica transitista. En este aspecto, hay que recordar lo planteado en el marco teórico sobre el tránsito del patriciado urbano, en el siglo XIX, de una clase en sí a una clase para sí. En efecto, aunque lograron al constituirse en una clase para sí, con conciencia propia y, además, con un proyecto socioeconómico que les representaba, carecían del poder y hegemonía necesarias para imponerlo frente a poderes exógenos: Inglaterra, Estados Unidos, España o Bogotá. Sin embargo, no cabe dudas que sí tienen o logran construir una hegemonía sólida con respecto a las clases sociales subalternas locales.