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A multivariate regression model explaining the generosity of the personal income package

THE OLD AGE INCOME PACKAGE

CHAPTER 8. THE OLD AGE INCOME PACKAGE UNRAFFLED

2. The old age income package of personal income sources

2.4 A multivariate regression model explaining the generosity of the personal income package

Pero la prensa en Colombia no solo ha recibido presiones y censura sino que también ha presionado y censurado prestándose a la instrumentalización de la información para la conformación de regímenes comunicativos autoritarios.

Durante varios periodos de la historia de Colombia, los medios masivos de comunicación se han alineado con los poderes políticos. Por su paralelismo político original, durante todo el siglo XIX y gran parte del siglo XX, han sido inseparables de los partidos liberal y conservador. En el Frente Nacional, en octubre de 1962, la prensa colombiana firmó un pacto (39 directores), llamado por Arturo Álape “el decreto del olvido histórico” (1976), por el cual se comprometían a no mencionar los hechos de violencia de los años cincuenta para contribuir a la campaña de pacificación del país. Adicionalmente, los medios, de la mano de sus líderes políticos, crearon un bloque que excluyó tanto política como socialmente a todos aquellos ajenos a los partidos liberal y conservador. Lo explica César Ayala:

Durante el Frente Nacional, El Tiempo fue el medio de expresión del poder político (…) Leopoldo Villar Borda, un periodista cercano a esa casa editorial, afirmaba: << El Tiempo no sólo es el órgano más autorizado del liberalismo, sino el vocero del Frente Nacional. Todo lo que se publica en sus páginas tiene un impacto en la vida colombiana. Este poder cobra mayor fuerza en las campañas electorales, cuando la bendición del periódico es tan importante como la aprobación de los jefes bipartidistas para que un aspirante ingrese a las listas de candidatos al Congreso >> (…).

Era un órgano que expelía victoria y que no economizaba nada cuando intentaba demostrar que tenía todo el derecho de trazar las pautas de la verdad y la

gobernabilidad, de señalar qué era lo bueno y qué era lo malo y, sobre todo, de indicar qué publicar, qué no publicar y a quién marginar (…).

En resumen, editores, columnistas, caricaturistas y reporteros de El Tiempo se autoadjudicaron el papel de censores de la sociedad y diseñaron las que debían ser las formas de hacer política en el país. En otras palabras, asumieron la labor de controlar, manipular y excluir sin que esto fuera materia de reflexión(Ayala Diago, 2008: 147) Y continuaron siendo instrumentos ideológicos del gobierno de turno. “Metafóricamente se puede decir que el periódico se comportaba como una maquinaria de combate destinada a excluir y discriminar al adversario político (entre ellas las minorías políticas)” (Ayala. 2008: 45). Los medios de comunicación masivos, asociados a las esferas de poder, establecen las agendas de los temas públicos “relevantes” mediante esa estrategia que describe César Ayala como de énfasis y repetición constante, los medios de comunicación masivos alineados casi todos, “presentan la misma visión de las cosas una y otra vez” (2008) hasta que logran cimentar su perspectiva de los temas públicos. Y esta visión no es otra que aquella de las élites, quienes presentan como necesidades públicas sus propias necesidades, obteniendo el respaldo de la opinión pública, para el mantenimiento del statu

quo. Episodios similares de complicidad con el gobierno se han dado en diferentes

ocasiones. Durante el paro nacional en 1977 no se hizo necesaria la censura oficial pues los medios de comunicación masivos, ya en manos de poderes económicos, estaban alineados con el gobierno para minimizar los hechos. Así mismo, en el episodio histórico de la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19, el ocultamiento oficial y el silencio de los medios consiguieron que hasta el día de hoy se continúe en la tarea de reconstruir la historia que en su momento no se contó.

En la historia reciente hemos visto cómo los medios masivos de comunicación, durante los ocho años de gobierno del expresidente Álvaro Uribe, siendo manejados ya no por los partidos políticos, sino en manos de los grandes grupos económicos del país, crean un nuevo régimen comunicativo legitimando la estrategia de la “seguridad democrática”. Esta estrategia marginó del diálogo social legítimo a los movimientos sociales de izquierda y defensores de derechos humanos, tildándolos de “terroristas” y se excluyó a muchos actores sociales, desde el menosprecio, la estigmatización, etc., restando fundamento a las reivindicaciones que hacían de sus derechos.

Siguiendo a Brunner, el Frente Nacional se podría caracterizar como un período donde la alternación en el poder y el monopolio liberal-conservador de la burocracia, tuvo su correlato en un régimen comunicativo de cuño bipartidista, muy oficialista, con los telenoticieros en manos de los hijos de los expresidentes, los así llamados “delfines presidenciales. De la época de los noticieros de los delfines (“TV Hoy” de los Pastrana, “24 Horas” de los Gómez, el “Informador Hoy” de los Turbay, etc.) pasamos con la privatización de la TV en 1998, a un régimen comunicativo duopólico, de base económica (a diferencia del anterior fundado en el criterio político-partidario), donde la TV como medio dominante, a través del cual se informa el 70 % de la población, es controlado por dos oligopolios.

En los ocho años del uribismo, entre 2002 y 2010, el gobierno inculcó y obtuvo la obediencia de los grandes medios, gracias a la carta de una eventual no renovación de las licencias a los dos canales privados de TV, pero también a la obsecuencia del grupo Planeta, propietario de El Tiempo, ávido de la concesión del Tercer Canal. Se configuró así un régimen comunicativo paternalista, mesiánico, intolerante y monológico que convirtió a la oposición y a sus críticos en enemigos e hizo de la propaganda, al estilo de los regímenes fascistas o de corte soviético, una de sus modalidades principales de comunicación (López de la Roche, 2011).

Hoy sigue siendo elitista y segregador el relato de la realidad nacional que hacen los medios masivos de comunicación, vemos el poco espacio y relevancia que se da a las problemáticas de las poblaciones rurales, las afrodescendientes, invisibilizadas ampliamente en medios de comunicación masiva así como las comunidades indígenas, el sector LGBTI y las personas con discapacidad.

En cuanto al tipo de pluralismo de los medios en Colombia, puede ser catalogado como de tipo extern24, aunque cada vez más los grandes monopolios de medios cierran las oportunidades de existencia a medios menores o pequeños o aquellos que no pueden competir con ellos. Vemos que en regiones existen monopolios de periódicos y canales de televisión, por la poca rentabilidad de un medio local. Es así como el segundo diario del país El Espectador, tuvo que salir de circulación diaria entre los años 2001 y 2008, y volverse semanario por las dificultades económicas.

24 “La pobreza generalizada del país condicionó cierto desarrollo democrático de la prensa, es decir,

determinó hasta cierto punto su existencia plural en un mercado relativamente abierto, donde no se alcanzaban a desarrollar monopolios o dominios prolongados.” (Posada Carbó, Eduardo, s.f.)

3.4.

Jaime Garzón. El periodismo a pesar del asedio de la