• No results found

3. Methodology and Data

3.6 The Regression Model

3.6.2 Multivariate Regression Model

La teoría categorial de las emociones propone que las emociones básicas son identificables objetivamente en todos los sujetos humanos debido a su función adaptativa, además de compartirlas con animales no humanos. Para argumentar sobre ello, la primera ejemplificación a la que acuden es al miedo. Sin embargo, no hace falta llegar a la ciencia actual para lograr hacer una descripción ―objetiva‖ de este tipo de emociones básicas especialmente de valencia negativa, como el miedo, ya que suelen ser descripciones fácilmente observables, como vemos en la Ilíada: ―Un hombre que tropieza con una víbora saltará hacia un lado, así como también le temblarán las

rodillas, palidecerá su rostro, y se alejará cada vez más…‖ (Homero, cit. Izard 2009, pág. 8). No obstante, el tipo de clasificación que ofrece la ciencia –emociones primarias o básicas y emociones secundarias o complejas –es una clasificación que suele generar malentendidos tanto en la teoría como en la práctica porque la experiencia humana no se deja etiquetar tan fácilmente. Para completar las faltas que tiene la teoría categorial en su aspecto científico usaremos, entre otros autores, la propuesta más completa de Izard –partidario de la teoría dimensional (DET, dimensional emotional theory) –que en sí misma ya es una crítica a la teoría de Damasio. Izard matiza la clasificación que hemos usado de la siguiente manera:

Las emociones pueden dividirse provechosamente en dos grandes tipos o clases – episodios emocionales básicos e interacciones dinámicas de la emoción-cognición o esquemas emocionales. Un fallo al hacer o mantener la distinción entre estos tipos de experiencias emocionales quizá sea la fuente más grande de equivocaciones y malentendidos en la ciencia común de la emoción. He incluido una actualización sobre la distinción entre tipos de emoción por dos razones. Primero, veo la naturaleza fundamental de las emociones y su proceso emoción- cognición-acción estrechamente conectado como una cuestión central en la ciencia de la emoción, ahora y en un futuro previsible. Segundo, creo que los

investigadores a menudo buscan los correlatos y los efectos de las emociones básicas cuando las variables de sus experimentos son realmente las interacciones emoción-cognición o los esquemas emocionales. (Izard, 2009, pág. 7). (Cursiva

mía).

Para Izard, pues, muchos errores de las premisas científicas propuestas en lo que él denomina ‗ciencia común de la emoción‘ provienen de no hacer la distinción que se propone en la anterior cita. No es lo mismo, cuando tratamos cuestiones relativas a la motivación y al cambio en el comportamiento, tener un simple episodio emocional que una emoción enriquecida con creencias elaboradas, con experiencias de la más tierna infancia o estímulos condicionados con rasgos culturales o creencias metafísicas. Una emoción considerada comúnmente básica puede llegar a convertirse, pues, en un ‗esquema emocional‘ complejo, esto es:

Una interacción dinámica de la emoción con procesos cognitivos y perceptivos que influyen en la mente y en la acción. Los esquemas emocionales son suscitados por procesos valorativos pero también por imágenes, memorias y pensamientos, y

varios procesos no cognitivos como los cambios en neurotransmisores y cambios periódicos de niveles hormonales. (Ibídem., pág. 8).

Los esquemas emocionales según Izard, comparten con la emoción básica sólo la experiencia fenomenológica o, en otras palabras, la misma sensación de la experiencia fenomenológica, por ejemplo, de tristeza o alegría. Pero los efectos colaterales de lo que diferencia la emoción básica de los esquemas emocionales es lo que se resume a continuación: en los esquemas emocionales el componente motivacional es el sentimiento; sus aspectos cognitivos están influenciados por las diferencias individuales de aprendizaje y de contextos culturales diferentes; pueden durar poco o tener una duración indefinida.36 Su duración más larga tiene que ver con rasgos de la emoción en concreto o rasgos de la personalidad y temperamento. Además, se configuran finalmente con el aprendizaje del lenguaje. Este último elemento lingüístico no es menos importante que cualquier otro porque puede modificar, atenuar o incluso anular ciertas sensaciones o sentimientos en tanto que, por ejemplo, pueden obstaculizar o mejorar el esquema eudaimonista de cada persona –compuesto mayormente por creencias evaluativas –pudiendo, asimismo, modificar la motivación a la acción cuya base principal es la creencia (sección 6.1.). La relación entre el factor cognitivo y el lenguaje no es novedosa. Una de las mayores conclusiones de la obra espinoziana es, por ejemplo, que la comprensión –se supone que verbalizada o pensada –de la pasión genera una liberación de la misma.

A modo de ejemplo, una emoción básica, como el asco, puede convertirse en un esquema emocional. Una emoción concreta, como sentir asco/rechazo37 en un momento puntual como ver/pisar un excremento de perro en una ciudad puede considerarse algo

36

Según este autor, la evidencia científica de la formación de los esquemas emocionales apunta a que estos esquemas tienen ventajas adaptativas. Ízard mismo señala que hay muy pocos datos, pero, en efecto, incluso los partidarios de la teoría categorial de las emociones, como Damasio, afirman también que la experiencia de sentir las emociones tiene que ver, asimismo, con la supervivencia. Muchas veces se percibe en artículos científicos que, cuando no se sabe por qué ocurren ciertas asociaciones en la mente, o ciertas conductas manifiestamente significativas, enseguida atribuyen la hipótesis explicativa de las ―ventajas adaptativas‖, ya se trate de algo simple o de algo extremadamente complejo (como la emoción de la vergüenza). No obstante, como veremos, ocurre que ciertos esquemas emocionales o sentimientos –

quizá asociados, aunque no necesariamente, a ciertos genes –provocan comportamientos psicopatológicos como la ansiedad o la depresión, en los que obviamente no se generan “ventajas adaptativas” ni tampoco provienen de ellas.

37 La emoción básica es denominada ―rechazo‖, pero como apunta Nussbaum, no es lo mismo el rechazo a un objeto considerado peligroso, como las setas venenosas, que el rechazo que provoca una sustancia asquerosa.

básico. Es fácil suponer el rechazo a cualquier cosa que provenga del organismo de una persona o animal –no de una planta. Las causas son varias y, siguiendo a Nussbaum:

Su expresión específica es el vómito; sus estímulos clásicos son los malos olores y otros objetos cuya mera apariencia resulta repugnante. Sin embargo, una importante investigación del psicólogo Paul Rozin ha puesto de manifiesto que el asco tiene un contenido cognitivo complejo, que tiene que ver sobre todo con la idea del contacto de un contaminante. (Nussbaum M. , 2008, págs. 234-5).

Las causas del asco, además de cuestiones puntuales con características corpóreas repugnantes están motivadas por varias cuestiones: factores vinculados a la naturaleza/origen del elemento y a su historia social (quién lo ha tocado), productos del propio cuerpo pero ya fuera de él (no cuando están dentro), productos que provienen de animales –incluido, por supuesto, nosotros –y sus secreciones. Todas estas causas están relacionadas a una idea central: la contaminación.38 Como dice Nussbaum:

Efectivamente, algunos productos de nuestra animalidad no nos resultan repulsivos. Los productos que sí dan asco son aquellos que vinculamos con nuestra vulnerabilidad a la descomposición, con la idea de que nosotros mismos también seremos producto de desecho. Así, en todas las culturas, la capacidad de lavar y de deshacerse de los desperdicios es una marca especial de la dignidad humana. (Ibídem., pág. 237).

Así pues, hay cosas generales que producen asco en todas las culturas que están mayormente ligadas a aquello que contamina. Por eso, esta emoción sirve de gran ayuda a la hora de enseñar actitudes correctas hacia la animalidad, la mortalidad y, también, la sexualidad. Estas cuestiones ya mencionadas provocan en ciertos momentos emociones situacionales, pero como también son mediadas por la educación y los parámetros sociales, somos susceptibles de sentir asco por cualquier objeto –siempre y cuando se le

38 Aunque Nussbaum, siguiendo a Rozin dice que la idea principal es sobre todo que no queremos convertirnos en aquello que comemos –uno es lo que come. No obstante, quizá esta idea esté motivada por cuestiones de tipo religioso provenientes del judaísmo o del islam, de hecho tienen prohibido ingerir ciertos alimentos. No obstante, creemos que se la da más importancia en la mayoría de las culturas a la idea de no querer contaminarse con una secreción externa de origen animal que a la idea de no querer convertirnos en lo que comemos. De hecho, en lo que se refiere al contacto con sustancias repugnantes o ya el máximo nivel que es llegar a ingerir desechos animales, la cantidad de violencia que se tendría que infligir a un sujeto es enorme. Por eso el asco es un fuerte condicionante en un proceso de tortura; así como cuando se quiere rebajar y ofender a otra persona y se le obliga a comer cualquier desecho humano, producido incluso por el mismo agresor o verdugo, cosa que contribuye a lo que el verdugo quiere percibir: que la víctima no comparte características humanas en tanto que come cosas que no debería comer, su dignidad es nula.

añada el atributo de ―contaminante‖, poco higiénico, generador de enfermedad, etc.; y si no es un objeto que sea propiamente antihigiénico, se hará uso de medios propagandísticos durante un período considerable de tiempo para adaptar la creencia de contaminante a aquello que, naturalmente, no lo era. De tal forma que vemos aquí la formación de un esquema emocional nacido a partir de algo tan básico como la emoción del asco. La historia da cuenta de esto, como señala Nussbaum, con varios ejemplos como la misoginia, el antisemitismo o la repulsión a las personas de tendencia homosexual:

La imagen que la propaganda antisemita reservaba a los judíos era la de seres asquerosamente blandos y porosos, receptáculos de fluidos, pegajosos, como mujeres por su humedad tumefacta, un sucio parásito dentro del cuerpo limpio del yo masculino alemán. Cuando se representaba a los judíos en cuentos de hadas para niños, aparecían de forma estereotipada como animales asquerosos con estas mismas propiedades. (Nussbaum M. , 2008, pág. 388).

Aunque, por supuesto, se trate de una ―forma hipertrófica de asco‖ (Ibídem., pág. 391), es también de un esquema emocional, desgraciadamente, repetido a lo largo de la historia. Además, a través del lenguaje, ciertos regímenes políticos han forzado creencias sobre la repugnancia de ciertos seres que, en principio no deben ser objeto del asco, sino que más bien deben ser incorporados en un juicio ético que conlleva la compasión y el respeto.

Por tanto, según lo explicado en la propuesta de Izard, un esquema emocional apenas se diferenciaría de lo que Nussbaum proponía que es la emoción desde el punto de vista de la filosofía –al menos lo visto hasta el momento de ella: lo que no cambia en una emoción es el patrón de pensamiento que posee.39 No obstante, lo que Izard añade es la base científica que esto tiene según estudios psicológicos de varios sujetos a lo

39 Incluso Nussbaum llega a hacer una diferencia entre las emociones de fondo y las emociones de situación, cosa que podríamos equiparar relativamente a los esquemas emocionales y los episodios emocionales de Izard. Por ejemplo, según Nussbaum, cuando se enteró de la noticia del fallecimiento de su madre le embargó la tristeza. Un suceso puntual de esta naturaleza nos lleva a ver una emoción de situación, pero a medida que pasan los años y el pensamiento adquiere profundidad sobre lo que pasó, sobre quién fue su madre, sobre cómo se portó su hija con ella, si estuvo a su lado, qué hueco dejó etc., se enriquece la emoción y el patrón de pensamiento de tal forma que, ahora, el recuerdo de su madre evoca no una simple emoción puntual sino un esquema emocional. Este esquema emocional puede variar mínimamente al paso de los años pero el recuerdo de su madre suscita la emoción de la tristeza de una forma esquemática y propia de la autora –en tanto que tiene experiencias subjetivas y recuerdos que otras personas no tienen.

largo de sus años de investigación –además de dar peso al factor fenomenológico de los qualia que Nussbaum no ve como necesario. Pero también permite entender que entre una emoción básica y una emoción compleja hay muchos niveles y desniveles. La transición de una emoción simple a un esquema complejo existe y se lleva a cabo a medida que vamos viviendo nuevas experiencias y donde hay cierta apertura al mundo.

De tal forma que si volvemos al análisis del primer presupuesto, sí que podríamos hablar de un mínimo universal como es quizá, la experiencia emocional o fenomenología constante de la emoción –los qualia, aunque a veces se puede llegar incluso a modificar la valencia del estímulo, de negativo a positivo, o al revés. Además, se puede incluir en lo que consideramos universal la necesidad de un sistema de creencias sobre lo que tiene importancia en el mundo y lo que vale la pena preservar de cara a la vida buena o felicidad –en la que perfectamente se puede incluir o desestimar la felicidad de los demás. No obstante podemos aventurarnos a lanzar nuestra intuición sobre este tema que poco a poco irá clarificándose: podemos adelantar que hay sistemas de creencias que se adaptan y se adecúan mejor al bienestar humano, siendo que todo ello se ve reflejado en las emociones positivas, por eso las culturas cambian adaptándose o mimetizando comportamientos que ven en otras sociedades a las que han conquistado –excluimos aquí el ―mimetismo‖ inducido por razones de propaganda, de obligación de imposiciones políticas que también hacen que una cultura cambie con respecto a un ideal o creencia por miedo a una mayoría conquistadora.40 Cuando nos referimos a sistemas de creencias evaluativas que subyacen a las emociones, como conceptos sobre dignidad humana, la ciencia nos ayuda a ver que en efecto existen partes biológicas que contribuyen a que se genere, por ejemplo, la compasión –las neuronas espejo, siendo que este sistema de neuronas parece necesario, pero no suficiente, para la compasión. Tampoco parece que se necesite educar el resentimiento,

40 Un caso llamativo es la mimetización de Grecia por Roma: cuando se suponía que Roma, imperio conquistador, podía implantar su sistema de creencias, resulta que absorbieron mucho más de Grecia en lo que a cultura (arte) y filosofía se refiere que lo que ellos pudieron transmitir. Otro caso de mimetización contraria a la posibilidad de imposición sucede cuando los bárbaros colonizan el Imperio Romano: ―Cuando Odoacro se apodera de Roma y depone al emperador, no introdujo cambio alguno, ni en el Senado ni entre los funcionarios (prefecturas, Consulado), y lo mismo sucedió en todas partes. Después, en Italia Teodorico pretendió gobernar ―en romano‖. (…) La romanización de estos pueblos es tanto más profunda cuanto más cerca están de Italia. Aportaron, ciertamente, pocas cosas nuevas pero –de modo recíproco a como fueron romanizados –barbarizaron el imperio.‖ (Jacques Ellul (1970) Historia de las

instituciones de la Antigüedad. Madrid: Aguilar. Págs. 507-509). Respecto a barbarizar el imperio, por

supuesto, es improbable la existencia de una mimetización pura, pero sí se acogen formas de vida que resultan más agradables al bienestar humano.

aunque sí se pueda suavizar, ya que es, más bien, una experiencia universal: el menosprecio que algún semejante hace respecto a la propia persona es sentido como ofensivo debido a cierto orgullo propio que señala de uno que es algo/alguien valioso y que no es, por ejemplo, una pieza sustituible por otra o algo que se puede infravalorar gratuitamente. Aunque a modo de contraejemplo podríamos comentar el caso de una mujer educada en una sociedad islamista que quizá no sienta resentimiento ante un menosprecio hecho por parte de un hombre, pero sí lo puede sentir cuando lo hace otra mujer, a la que considera una igual; no obstante, le resultaría al menos llamativo que un hombre la tratara en términos de igualdad o semejanza –sinceramente cuesta creer que esta experiencia no le llamara la atención o no se considerara afortunada porque, por ejemplo, su cónyuge la tratara con cierta dignidad: le permita estudiar o dedicar el tiempo a lo que le gusta, la trate con respeto en el consentimiento sexual, la escuche o interactúe en las decisiones básicas de economía familiar, etc.41

Así pues, sobre ciertos sentimientos que naturalmente apuntan al bienestar humano o a la vida buena, o a una vida mejor, quizá pueda venir en nuestra ayuda, de nuevo, la intuición espinociana sobre los sentimientos tal y como la matiza el filósofo Robert Kane:

Las experiencias básicas de valor o disvalor, como la alegría o la tristeza, son

prima facie buenas o malas porque es a través de estas experiencias que

aprendemos primero lo que significa bueno y malo; es a través de ellas que las nociones de bueno y malo entran por primera vez en nuestro mundo humano. (Kane, 2010, pág. 69).

Kane se refiere a las experiencias básicas a las que se pueda enfrentar, por ejemplo, un niño: el descubrimiento de la naturaleza, de los animales no humanos, de los juegos, de la sonrisa, de la ayuda prestada, etc., que fomentan el bienestar del niño contrariamente a las experiencias de abuso, violencia, hacer que pase desapercibido o no incidir en su educación, por ejemplo, corrigiéndolo. Estas experiencias son datos fiables para intuir qué puede potenciar el reconocimiento de acciones valiosas incluso a nivel

41 A modo de paréntesis, es interesante el fenómeno contrario: algunas mujeres en el Occidente avanzado consideran algunas conductas, supuestamente respetuosas por parte de un hombre, como ofensivas. La hiper-susceptibilidad respecto a la igualdad de la mujer por las propias mujeres puede llegar a puntos insospechados en los que la dignidad puede perder su legitimidad de acción. Si un hombre que escucha a una mujer, o a una compañera de trabajo puede resultar algo ofensivo para ella, al final ¿qué hay que hacer? ¿No escucharla?

biológico. Ahora bien, en la línea de Izard, lo básico puede tornarse complejo, incluso puede cambiar de valencia negativa a positiva –o positivamente ―disfrazada‖ –a través de los contextos más amplios como el contexto social. Como Kane arguye, esas experiencias son, al fin y al cabo, subjetivas o relativas al yo que las vive, pero luego se extienden a contextos más amplios, y es aquí donde nacen los problemas para la filosofía moral y la neurociencia:

Cada vez que tú o alguien siente dolor, se ha llenado potencialmente el vacío entre el hecho y el valor –aunque inicialmente se haya llenado solo para ti. Lo bueno o malo de la experiencia es todavía algo relativo para ti y es prima facie, o potencialmente, ignorado cuando se sitúa en un contexto más amplio. El dolor, por ejemplo, puede ser necesario para obtener un bien superior. Pero cuando el dolor no es ignorado (de acuerdo a un contexto superior), puede ser objetivamente malo para la criatura que lo experimenta. (Ibídem. Pág. 67).

La propuesta de Kane está lejos del pragmatismo moral puesto que no se queda en la experiencias placenteras o dolorosas equiparándolas a bueno y malo respectivamente; pero sí que cabe tener en cuenta la crítica que se suele hacer a estos casos: el torturador que siente placer ante el dolor de su víctima. No obstante, este placer es visto como ―malo‖, incluso para Spinoza, tal y como advierte Kane, porque ―es visto desde una dimensión superior del valor‖ (Ibídem. Pág. 62).

Teniendo en cuenta lo dicho previamente, es importante saber, no obstante, que cuando entra en juego el contexto social amplio en el que los seres humanos se desarrollan se incorporan factores añadidos que normalmente modifican o incluso enturbian una experiencia previamente placentera o dolorosa. El contexto social permite modificar hasta cierto límite creencias básicas relativas a las experiencias de placer y

Related documents