Después de caminar por varios días decidieron descansar a orillas de un pequeño nacimiento de agua. El más anciano fatigado, se dejó seducir por su color y sin demora bebió de su esencia, pero el sabor no cumplió con el objetivo, era tan salado que quedo grabado en su garganta.
Al caer al suelo, la sombra de unas alas cubrió su rostro, más el canto de esta ave se escuchó por todo el sitio, luego se posó en las ramas de una flor cuya belleza se reflejaba en el iris de cada uno del grupo, los más fuertes intentaron reanimar al anciano, pero sus esfuerzos fueron en vano puesto que, había quedado sometido a un trance de una noche.
Consientes de este acontecimiento, decidieron quedarse a esperar el nuevo mensaje que traería el anciano. Pues, esto significaba algo muy especial, tal vez, el fin de tantos infortunios como el hambre, el calor, la lluvia y el frio.
La luz del día, empezaba a besar la piel de cada uno, su resplandor hacia que los ojos se abrieran lentamente para así ver al anciano de pie. Todos ansiosos se le acercaron para escucharlo, pero él les pedio un poco más de tiempo hasta llegar la noche y así, ponerla como testigo.
Fueron muchas horas de ansiedad, de incertidumbre en el grupo, hasta que llegó la anhelada noche, el fuego, ya empezaba alumbrar sus cuerpos reunidos alrededor del
anciano, entre miradas y sonrisas, aquellas palabras ya empezaban hacer eco por todo el sitio.
__ En un pequeño lugar, cuyos habitantes viven en chozas con horma de triangulo. Cada una, hecha con finos polvos de tierra de un exquisito olor, donde sus calles, son cubiertas por granos color dorado. Estos nacen a horillas de un cristal transparente que brilla y se mueve, gracias a las luciérnagas paradas en cada esquina. Vi, como en la parte más alta de la montaña, existe una cueva con horma de huevo hecha de muchos agujeros, donde salen las hormigas todas las mañanas para construir sus chozas.
Una de ellas, le pidió a un ave guardián, que llamara con su hermoso canto a la bella hija de la mañana, y así, ambos conquistaran el delicado oído del elegido. Que estaba deseoso de entregársele a la muerte. El guardián al escuchar esta súplica, empezó a cortejar a su amada. Ella, no pudo resistirse a su canto y acudió de inmediato. Ambos se pararon en lo alto de la cueva, al oír esas dulces voces, se levantó y se dirigió a ellas para escucharlas más de cerca, poco a poco, esas melodías lo fueron convirtiendo en una pequeña y frágil hoja verde haciéndolo caer. Antes de tocar la afilada punta del pasto comentaba. __ “si este suave canto que hoy danza conmigo y me envuelve con su armónico balseo supiera el tormento que agobia mi corazón, dejaría que una de esas afiladas puntas lo atravesara por completo”
Después, una pequeña lágrima brotó por el delgado tallo de la hoja, en ese momento el color verde, se puso de un café oscuro y seco. Su peso, ya era más liviano y sus giros más rápido. Antes de tocar el pasto, el viento llamó a su divina madre para que le regalara un poco de su aliento.
Ella, apareció de la nada, primero acarició toda mi piel y luego le dio un beso. De una forma mística, esta hoja después de haber tocado el pasto por completo, se convirtió en el espíritu de un hermoso árbol. Cuyos guardianes son, las hormigas adornando en forma de espiral su enorme tallo. Más arriba, en sus finas ramas, se posa el ave todas las mañanas donde resalta el color azul de su cola y el verde de su cuerpo. Este, hace que su pecho despida el mágico aire hacia su brillante pico para entonar las más bellas melodías y así, despertar al elegido.
Al terminar la narración, todos quedaron atónitos, excepto el chamán del grupo. Alzando sus manos, y mirando hacia arriba invocó a los dioses de la noche, de inmediato el fuego empezó a iluminar el rostro de cada uno, los ojos del chamán quedaron de un blanco sin manchas, su cuerpo comenzó a temblar y con aterradora voz, interpretó aquel mensaje.
__ En pleno corazón de esta tierra, vamos a fundar nuestra historia, los sitios de descanso serán elaborados con la esencia de esta misma tierra para no dejar entrar el ladrón de la fría noche, y al querer pasar los brazos del ardiente sol o las lágrimas de las nubes, la sombra de las hojas secas en lo alto de las paredes, señalarán hacia arriba entrando así en continua lucha con el día y con la noche. Sembraremos los alimentos ofrecidos por nuestra madre naturaleza y lo que emana de ella, en especial cada grano de maíz.
Ahora en cada luna, crearemos con nuestras manos un ardiente fuego para la gran danza y, con nuestros movimientos, brillaremos a la orilla de estas aguas, como hijos de un dios, donde recibiremos de él sus lágrimas para la purificación de nuestro grupo convirtiéndonos
De lo que Vio nuestro anciano, en la parte más alta de la montaña, se va a construir el sitio más grande y apetecido de todos, allí, vivirá el guerrero más fuerte junto con su mujer, de esta unión, nacerá el protector y guía de nuestra tribu. Llevará como nombre “Chanama”. Cuyo espirito será como el de un árbol. Él será, quien se enfrente por muchos años a los hombres barbados, se enamorará, pero no dejara descendientes, un día, se sentirá tan agobiado que deseará su propia muerte. Cerrará los ojos bajo la sombra de un árbol y entrará en un profundo sueño; en este viaje aparecerá un barranquero con su hermoso canto, le enseñará con esta melodía una nueva forma de tributo y a la vez de libertad.
Sale caminando nuestro guerrero con su traje dorado en delicada marcha, acompañado de
muchas sombras con las manos apuntando hacia abajo y, la cabeza mirando hacia el frente como señal de valentía, ubicará sus dos rodillas en el suelo, su lanza y su corona en ambos lados, más, sus lágrimas mojaran el polvo, de esta forma tendrá más amor por esta tierra. Extiende los brazos señalando hacia la luna, la lanza y la corona regresan a su sitio. Sentirá, como el frio acaricia su espíritu, la melodía será más fuerte y rápida a la vez, se para, empieza a saltar, una rodilla después de la otra, las manos se mueven con más libertad, hace algunos giros creando así un círculo. Ahora, la punta de su lanza junto con la de las sombras, hacen la figura de un techo de choza en el centro, después de varios giros quedan en forma recta mirándose frente a frente para así, cambiar de lugares. Posteriormente esperan que la melodía se abrase con el viento y todo vuelve a empezar.
Al despertar, va a sentir Chanama la punta de su propia lanza acariciar su pecho, de esta forma se dará cuenta, porque su espíritu de guerrero fue elegido.
__ El siguiente presagio tiene que ver con el futuro de nuestra tribu, y esto sucederá cuando el cacique Chanama haya grabado con su muerte el nombre de los Burilas en esta tierra fértil, forjada por nuestro sudor y el calor de nuestras lágrimas.
A orillas de estas aguas, se escuchara la risa y el nombre de Bocanegra más, el canto de las negras aves paradas en cada rama de los árboles observando el color rojo mesclado con el frio del agua. Bajarán los cuerpos de los caídos por las lanzas, los relámpagos de armas y el llanto de los niños. Hombres barbados estarán a la voluntad de este hombre con el espíritu de aquellas negras aves.
El chamán y el anciano se pusieron de pie y ambos se retiraron del sitio, el resto no pudo dormir esa noche. Sin embargo al día siguiente, todos empezaron a cumplir las cosas de acuerdo a la interpretación del chaman, o mejor dicho, el mensaje enviado por sus dioses. Un día, los más hábiles salieron de casería y sin querer, se toparon con un nuevo nacimiento de agua. Con mucha desconfianza, el explorador de los cazadores extendió sus manos y, en forma de canoa, sacó un poco de agua. Al absorberla, su lengua no había quedado salada sino más bien de un sabor exquisito.
Al llegar de nuevo al sitio donde empezó todo, los cazadores manifestaron el nuevo hallazgo, el anciano se puso de pie, pues sabía que esto les traería un nuevo comienzo de vida, de esperanza, de supervivencia. Por lo tanto, manifestó que era necesario salir a dominar nuevas tierras, de esta forma, el nombre de la tribu (Burila) nunca moriría en la memoria de las nuevas generaciones.
Solo duraron unas cuantas horas para dar inicio a la marcha. Pero, no todos salieron, las mujeres, los niños y los más jóvenes se quedaron al cuidado del puñado de tierra que la madre naturaleza les había otorgado.
El anciano al mirar atrás, lo cubrió el manto de los recuerdos, se devolvió, poso ambas manos por encima de la cabeza del más fuerte de los jóvenes diciéndole.
__ No olvides el mensaje que les he traído, se debe de cumplir de acuerdo al mandato y, de hoy en adelante, esta tierra que es acompañada por este nacimiento de agua, donde estarán enterrados nuestros huesos, le pondrás como nombre. “El salado” como tributo a todos sus favores.
Unas gotas de cristal hacían ver la marcha del anciano que se desvanecía, mientras el joven las retiraba lentamente de su rostro.
El libro fue cerrado junto con los ojos de Rubiel pero, los de Matías aún seguían abiertos y así, quedaron hasta el nuevo día.
Décima noche, Rubiel sacó de nuevo el libro, su segundo cuento era infantil, al leer el primer párrafo su aroma era muy distinto, ya no era a papel nuevo con humedad sino a perfume fresco impregnado en la ropa de su amada madre, cuando en vida lo cargaba en sus brazos antes de llevarlo a dormir. Al leer otros párrafos, su olfato se mezclaba cada vez más con los recuerdos al escuchar, aquella voz de ángel donde convertía su miedo en tranquilidad al terminar una historia.
__ (…y vivieron felices para siempre). Te amo hijo, que tengas dulces sueños. Después sus manos cubrían todo su cuerpo bajo el calor de la cobija. Y así, le ganaba al frio de la noche.
Ahora, lo más bello que llegó a su olfato, fue un beso dibujado en sonrisa quedando grabado en su frente. Estas eran las mejores noches de su vida. El libro fue cerrado, Rubiel, lo llevó a la habitación donde su hijo lo estaba esperando, tenía la ilusión de regalarle también la mejor noche. Pero Matías lo recibió, con una gran sorpresa.
__ Papá, hoy quiero escuchar cuentos de terror la verdad, los infantiles me dan pereza. Sin que Matías se diera cuenta escondió el libro en el tercer cajón del armario pues, no quería dañar la imagen bella de su niñez con la decisión de su hijo.
Más bien se sentó a su lado, solo quería verlo dormir, pero con esa insistencia de un cuento nuevo y más de terror, no le dejó otra alternativa sino el tercer cuento.
__ Espera hijo ya vengo. En la trayectoria se preguntaba si su contenido iba a vencer la falta de sueño de Matías o peor, lo mantendría bien despierto. No tenía otra opción si no cumplirle su deseo. A demás, esa tortura solo iba a durar esa noche. Al sacar el libro del armario y al abrirlo, se llevó otra sorpresa, sus hojas, ya emanaba un olor a tierra mojada, aun guardaban las palabras frescas de Sonia (la madrasta). Esto sucedió, un martes trece de abril del año setenta y nueve, en aquella ocasión no había energía eléctrica en Caicedonia por las fuertes lluvias.
En esa noche estaba reunido él con sus hermanos alrededor de Sonia; ella, les conto esta historia bajo la luz de la vela.
Cerró el libro junto con el cajón, se acordó de un candelabro que estaba guardado en la cocina, fue por él, al tenerlo en sus manos puso tres velas y marchó de regreso a la habitación, apagó el bombillo y le dijo a su hijo. __ ¿Estás listo? __ Si papá. Se a costo.
Tenía los ojos bien abiertos, solo esperaba la lectura. Ubicó el candelabro arriba del armario, sacó el libro, prendió cada vela, y se dispuso a leer el tercer cuento.