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NAVAL LOGISTICS INTEGRATION (NLI) SUPPORT

In document MARINE FORCES LOGISTICS PLAYBOOK (Page 97-158)

"Cualquier mal que afecte al cuerpo del hombre, es un obstáculo que impide la manifestación del poder y fuerza inherentes al alma".1

"Que estudien también todo lo que nutra la salud del cuerpo y su vigor [físico, y cómo evitar la enfermedad de sus hijos ". 2

Todos han escuchado el dicho "mente sana en cuerpo sano"; ya en tiempos antiguos la relación entre una mente y un cuerpo saludable era claramente reconocida. No obstante, en nuestra época, que es considerada una era de conocimiento e invenciones, una era única en la extensión por doquier de la luz de la educación y del descubrimiento de lo desconocido, las madres y los padres prestan escasa atención a este aspecto, y es algo raro encontrar a un padre que sea consciente de la relación existente entre el crecimiento de los niños y su formación y educación. No cabe duda que la falta de atención a este asunto puede causar irreparables daños a los niños pequeños y destruir los cimientos de su futura felicidad.

El jardinero espera el día en que sus tiernas plantitas hayan llegado a ser grandes y robustas, y produzcan frutos escogidos por muchos años. Desde luego, cuidará de su crecimiento y desarrollo y las protegerá del daño. Del mismo modo, si los padres y madres esperan que sus hijos crezcan y lleguen a ser ingeniosos y hábiles, posean pensamiento penetrante y sano juicio y no queden a la zaga de sus amigos y compañeros, entonces deberían usar todos los medios que estén a su disposición para resguardar la salud de sus hijos y asegurar su crecimiento y desarrollo natural. No es lógico esperar logros notables de quienes poseen un cuerpo débil y cansado; un padre que actúa así puede compararse a una persona que echa una pesada carga en un caballo débil y famélico y lo fustiga para que galope.

Innegablemente debemos conceder a la salud e higiene física la máxima importancia. Pues el cuerpo es un instrumento del alma; el alma misma, es a su vez un depósito divino cuyo poder y perfecciones se manifiestan en este mundo a través de los miembros y órganos del cuerpo. Cuando un cuerpo débil es el portador del alma es como si una persona deseara viajar libre y rápidamente y competir con otros en llegar a su destino, pero estuviera limitada por montar un caballo débil y enclenque. Los padres deberían esforzarse al máximo por resguardar la salud y el bienestar de sus hijos. Pasar por alto esta materia es abrir las puertas a una variedad de consecuencias dañinas que han de causar dolor y pesar.

Imagínese la siguiente situación: Un niño despierta a las siete en punto. Lo único que piensa es en vestirse rápidamente para estar en el colegio antes de que la campana toque una hora más tarde. Como demora varios minutos en ir al colegio, dispone de apenas cuarenta minutos entre el momento en que se levanta y el momento en que debe salir de su casa. El niño no está acostumbrado a la disciplina y al orden, y como los padres generalmente no lo vigilan a esa hora del día, él no puede aprovechar bien ese breve intervalo y se mueve lentamente. Ocupa parte del tiempo en buscar la ropa: el uniforme, los zoquetes, zapatos, etc., porque en la noche anterior no ha guardado esos elementos sino que éstos han quedado dispersos en todas partes. Cuando se pone un zapato, siente dolor y recuerda que ha entrado un clavito por la suela el día anterior y le ha herido el pie. Arma un tremendo alboroto por toda la casa, busca un martillo y diferentes piedras para aplanar al fastidioso clavo. Justo oye por la radio un anuncio y ve que ya no le queda tiempo. Va rápido al baño, se moja las manos, se salpica agua en la cara y sin cepillarse los dientes, vuelve corriendo a la cocina donde le pide a su madre que rápidamente le dé algo de comer. "Mamá", le dice, "en un cuarto de hora tocará la campana. Tendré que irme sin haber tomado el desayuno". Diciendo así va a buscar su bolsón.

La madre le responde rápida y severamente: "Ven y come algo; por lo menos siéntate y sírvete una tostada".

El niño lucha por no estallar en lágrimas y dice: "¿No ves que estoy atrasado? Va a llegar el mediodía si me pongo a comer". Después de su ulterior intercambio de palabras, el niño se echa un pedazo de pan a la boca, lo mastica a medias y se lo traga, ya sea con o sin leche o té; coge otro pedazo de pan y lo aprieta con la mano, y se lanza camino a la escuela.

Al cabo de poco tiempo, el hambre comienza a molestar al niño. Durante la mañana ruega a sus amigos que le conviden parte de su merienda. Un alumno le ofrece maní, otro le da pasas; de otros dos amigos compasivos recibe un confite y algunas papas fritas. Tal combinación de alimentos trastorna su estómago y cuando vuelve a casa, por sus pálidas mejillas y su posición inclinada la madre deduce que tiene un severo dolor de estómago. Se discute largamente sobre los remedios y el tratamiento y se olvida completamente el almuerzo. Aún si el niño hubiese vuelto a la casa "feliz y saludable", la mezcla de alimentos pegada a las paredes de su estómago difícilmente le permitiría tener apetito.

O bien supongamos que el niño ha desarrollado apetito antes de volver a casa. Como hay poca disciplina durante la hora del almuerzo, también se descuida la higiene. Desde el momento en que el niño vuelve a casa, le queda poco más de una hora para comer, descansar y volver a la escuela.

Tan pronto como abre la puerta, lo primero que dice es: "¿Está listo el almuerzo, mamá?". La madre, que está ocupada preparando frijoles, o cortando cebollas para la carne, o pelando zanahorias para la sopa, o poniendo arroz a cocer, responde que no, y agrega: "¿Por qué llegaste a casa tan pronto? ¿Saliste de la escuela más temprano que ayer? Espera un momento, ya va a estar listo el almuerzo". Por mucho que el niño trate de convencer a la madre de que ha llegado la hora, ella se mantiene firme y dice: "De todos modos el almuerzo no está listo".

El niño ve que no tiene sentido continuar discutiendo, y busca un remedio más sencillo; se come un pan con mantequilla y mermelada junto con un poco de leche, lo que le ayuda a aguantar hasta el almuerzo. Pero cuando está puesta la mesa y llaman al niño a comer, él ya no tiene el mismo apetito que tenía al volver a casa. Se sienta a la mesa y juega con su comida picando por aquí y por allá. Pronto vuelve a la escuela sin haber disfrutado del descanso. Ya la hora de la cena más momentos malos esperan al niño. Y así sigue.

Por supuesto, muchas personas son cuidadosas y se preocupan de la salud de sus hijos, y la atención que les prestan impide muchos incidentes desafortunados. Si por ejemplo, la madre se levanta lo suficientemente temprano, puede preparar el desayuno y llamar a los niños a la hora adecuada. Puede vigilar todos sus asuntos dándoles

indicaciones como: "Lávate bien las manos y la cara, querido; péinate bien y cepíllate los dientes. Mastica bien la comida y no pierdas el tiempo, tienes que irte pronto...".

Todas las noches la madre debe preocuparse de que cada niño coloque sus libros y ropa donde corresponda, para que no haya que buscar en la mañana. Debería también asegurarse de que no se quede hasta tarde en pie sin razón, de que tenga suficiente tiempo para desayunar, de que el almuerzo esté listo a tiempo para que no pierda el apetito comiendo bocadillos.

Tal cuidado y atención no requiere un conocimiento especial, no implican gastos extraordinarios y resultan sumamente efectivos en la mantención de la salud y bienestar del niño, en tanto que elimina muchos peligros potenciales.

In document MARINE FORCES LOGISTICS PLAYBOOK (Page 97-158)

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