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The Need for Teaching Writing Skill at the Tertiary Level: A Case study

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compleja, la cual no sólo se manifiesta en el seno de cada uno de estos centros educativos, o de una a otra institución, sino que también, a través de la diversidad de necesidades y motivaciones de sus estudiantes, que van desde los practicantes más recreativos a los más competitivos. El deporte universitario también ha denotado cierta complejidad debido a la falta de un marco legal que regule su práctica, quedando en la autonomía que cada una de ellas posee, para llevar a cabo su cometido. También es necesario destacar la presión que siempre ha ejercido el deporte competitivo o de representación sobre el deporte masivo o recreativo, lo cual ha llevado mucha veces a priorizar a una minoría en desmedro de una gran mayoría de potenciales practicantes. Por otro lado, al no existir una visión clara institucional que refleje la intensión de incorporar el deporte como un valor de bien común en los estudiantes, ha dejado a la voluntad de sus cuerpos académicos administrativos la potestad de decidir su inclusión en sus respectivos planes de estudio. Toda esta complejidad sumada a las transformaciones que ha experimentado el deporte en la sociedad actual, han hecho del deporte universitario una actividad para pocos, pero necesaria para muchos.

En tal sentido, compartimos plenamente la crítica que hace Guárdia en relación al escaso compromiso que muchas veces tienen las autoridades universitarias ante la práctica deportiva, manifestando que:

A la actividad deportiva le sucede lo que a la mayoría de los grandes valores que culturalmente transmitimos, es decir, que nadie discute su oportunidad como agente relevante en la educación de las personas, pero son pocos los/las docentes y las instituciones los que realmente son consecuentes con la aseveración que se promueve. Agregando además, que el grado de desarrollo y compromiso al que hemos llegado entre el mundo universitario y la actividad física es aún relativamente precario.

(Guárdia, 2004, p. 96)

Dicho autor nos invita a considerar que en la actual sociedad del ocio, las actividades físico-deportivas emergen como un valor de salud y de prevención, que sin duda mejorarán la calidad de vida de los estudiantes. Respecto a los efectos benéficos que trae consigo la práctica deportiva en la vida universitaria, el autor identifica a lo menos cuatro áreas de interés:

 Mejora las estrategias de enfrentamiento de los estudiantes. De ahí que pueda ser una opción a considerar como mejora de rendimiento académico.

 Mejora la autoestima y el patrón cognitivo de autopercepción.

 Genera más recursos motivacionales.

 Mejora las capacidades de los deportistas en el establecimiento de redes sociales estables.

Ahora bien, para hacer efectivo estos beneficios, “los servicios de deporte deben seguir un proceso de diversificación y ajuste a las necesidades y peculiaridades de cada grupo (Puig, 1993), por tanto la toma de decisiones sobre el deporte en la universidad debe sopesar, entre otras, las siguientes cuestiones” (Cecchini y González, 2008, p. 2):

 El abandono de la práctica deportiva.

 La plena integración de la mujer en el deporte.

 La integración del deporte en las estructuras universitarias.

 La relación estudio-deporte.

En consonancia con lo anterior, y considerando que el desarrollo del deporte ha sido muy dinámico y de constantes cambios (Knop, De Martelaer, Theeboom, Wittock y Wylleman, 1995), se hace imprescindible tener en cuenta

estos cambios sociales, que pueden llegar a influenciar la participación deportiva, de tal manera que las políticas universitarias se adapten a estas necesidades. Al respecto, interpretamos que surge aquí una necesidad de realizar estudios constantes de la demanda deportiva, para de esta manera, adecuar la oferta a los requerimientos reales de esta población, situación que no hace más que avalar la presente investigación.

De acuerdo a lo anterior, y como muestra de la evolución que ha tenido el deporte, se observa un movimiento significativo en la participación durante los años universitarios y post-universitarios, que se ha ido inclinando más hacia las prácticas físico-deportivas de tiempo libre con un sentido recreativo, de bienestar personal o de salud, frente a las de competición o de rendimiento deportivo (Thuot, 1995; Hernández, García y Oña, 2002).

Gallien (2010b), considera además, que en la actualidad es un gran desafío implementar en la universidad las diferentes manifestaciones que presenta el deporte, como lo son las actividades físicas de recreación, el deporte para todos y el deporte salud, todas ellas con miras a alcanzar el tan apreciado bienestar, razón por la cual, éstas sólo podrán perdurar en el tiempo si sus programas toman en cuenta un desarrollo y un seguimiento razonable.

También es importante mencionar el papel que juega en la actualidad el deporte universitario en el desarrollo de una conciencia ambiental, ante lo cual Gómez (2010), señala que el deporte se configura como un vehículo, a través del cual, la transmisión de esos valores medioambientales se pueden hacer efectivos, es por ello que el deporte debe ocupar un lugar relevante como recurso educativo ambiental en la universidad.

En relación a la oportunidad que ha tenido el deporte de ser reconocido académicamente, Dopico (2010), nos señala que las universidades españolas si bien poseen una reglamentación al respecto, su aplicación ha tenido criterios bastante heterogéneos, debido entre otras razones, a la autonomía que cada una de ellas posee. Esto ha llevado, a instancias gubernamentales de distintos países, a elaborar directrices estatales para desarrollar programas de deportes en la universidad que favorezcan a los estudiantes con un reconocimiento crediticio (ECTS), todo esto, con el convencimiento de que los valores que aporta el deporte

y la actividad física son fundamentales en la formación integral de la persona, y más aún en esta etapa, puesto que creará hábitos perdurables para el futuro.

En iguales términos se refiere Gallien (2010a), al deporte universitario, indicando que “puede representar un valioso aporte a los objetivos de un proyecto educativo moderno, es decir: una escuela de excelencia, una escuela del saber, una escuela del saber hacer, una escuela del saber ser, una escuela para la salud” (p. 219).

Finalmente, consideramos de gran importancia crear hábitos deportivos en la población universitaria, puesto que es a partir de los 17-18 años, cuando los altibajos de adherencia se hacen más evidentes (Blasco, Capdevilla, Pintanel, Valiente y Cruz, 1996; Sallis, 2000; Keating, Guan, Castro y Bridges, 2005; Pavón y Moreno, 2006b), haciendo que la experiencia deportiva en la universidad se convierta en un buen predictor del nivel de dedicación en la edad adulta. En tal sentido, se identifica el momento de comenzar los estudios en la universidad con el abandono del hábito de hacer actividad física, ya que debido al aumento en la exigencia y dedicación a este nivel educativo, hace que deban dedicar muchas horas al estudio con la consiguiente reducción del tiempo de ocio (Ruiz, García, y Hernández, 2001; Pavón y Moreno, 2006b).

4.2. La organización del deporte y la actividad física en el ámbito

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