4. TECHNICAL CONCEPTS
4.4.1. Network Mobility (NEMO)
Va a ser la tesis fundacional propuesta por Lévi-Strauss, en Las estructuras
elementales del parentesco, lo que Deleuze y Guattari pondrán en entredicho. La
tesis de Lévi-Strauss consistía, como es sabido, en afirmar el carácter universalmente válido para todas las sociedades humanas de una regla contingente que marcaría el paso de la Naturaleza a la Cultura. La prohibición del incesto, que determina la interdicción de ciertas mujeres para los hombres de un grupo, supone la afirmación de lo social sobre lo natural, de la organización sobre lo arbitrario. Es el hecho mismo de la regla, con independencia de sus modalidades, que pueden ser extremadamente variadas, lo que constituye la esencia de la prohibición. Sin embargo, como apunta Lévi-Strauss, el sesgo negativo que muestra el análisis de dicha prohibición encuentra inmediatamente su opuesto positivo, en la medida en que transporta una prescripción. Si ciertas mujeres se encuentran vedadas no es sino en la medida misma en que la prohibición funda un intercambio. Si el acceso se da interdicto no es para que las mujeres queden a mejor resguardo, sino bajo la obligación de su circulación: «El contenido de la prohibición ‒escribe Lévi-Strauss‒ no se agota en el hecho de la prohibición; esta se instaura solo para garantizar y fundar, en forma directa o indirecta, inmediata o mediata, un intercambio» (Lévi-Strauss, 1998: 90). El paso de la Naturaleza a la Cultura se produciría a partir de este cambalache de mujeres, de estos intercambios matrimoniales, que, a diferencia de otros intercambios, ya fueran de joyas o de animales, tienen la virtud de fundar relaciones de parentesco.
El hombre que, teniendo prohibido el acceso a su hermana, la dona a un tercero, y ese tercero que la recoge, instituyen entre sí, a raíz del intercambio, una relación de parentesco no derivada de régimen biológico o natural alguno, sino, al contrario, construida en base a un régimen puramente social: en definitiva, fundan, frente a las relaciones de sangre, una relación de alianza. Las particulares relaciones de alianza que suponen las relaciones de parentesco se asientan así sobre la prohibición del incesto y la prescripción del intercambio, pues «el intercambio no solo vale lo que valen las cosas que se intercambian: el intercambio [...] tiene en sí mismo un valor social: proporciona el medio para relacionar a los hombres entre sí y para superponer a los vínculos naturales del parentesco, los vínculos [...] de la alianza regida por la regla» (Lévi-Strauss, 1998: 557). Teniendo, por tanto, en cuenta que el matrimonio no instituye una relación entre un hombre y una mujer, sino una relación entre hombres, las mujeres aparecen, a ojos de Lévis-Strauss, como signos (Lévi-Strauss, 1998: 575)192 en la comunicación entre varones, signos intercambiados que permiten la
integración del grupo de hombres, y la existencia de la sociedad misma como ese medio en el que las mujeres-signo circulan, como un espacio definido, en palabras de G. Rubin, por el «tráfico de mujeres» (Rubin, 1986).
Si para la antropología estructural los procesos inconscientes que caracterizan el sistema de una cultura dada poseen una cierta estructura formal que se articula como un lenguaje, este lenguaje funciona según una economía que rige el intercambio de signos o, para ser más precisos, de mujeres-signo y, por tanto, la alianza entre hombres. Esta economía del parentesco Lévi-Strauss la extrae del
Ensayo sobre el don de Marcel Mauss, al que muchos consideran el fundador de
la etnología moderna, al menos en su versión francesa. El intercambio se presenta bajo la forma de la donación recíproca, del regalo que ha de ser devuelto. «Ahora bien ‒arguye Lévi-Strauss‒, el intercambio, fenómeno total, es en primer lugar un intercambio integral que incluye el alimento, objetos fabricados, y esa categoría de los bienes más preciosos: las mujeres» (Lévi-Strauss, 1998: 101). Una donación, un regalo, instituye una deuda que exigirá un contra-don, ya sea de modo directo o indirecto, pues es el principio de reciprocidad el que guía la economía de conjunto. El conjunto de los intercambios y las deudas constituyen la argamasa que mantiene unido y conforma el cuerpo social. Y, en este conjunto, los matrimonios, los intercambios de mujeres, ocupan un lugar central, por cuanto que sobre ellos se fundan las relaciones de parentesco en función no de la biología, sino, al contrario, de una instancia puramente cultural.
192 Cierto es que C. Lévi-Strauss limita esta afirmación cuando al final de su obra apuntaba aquello de que «la mujer nunca es puramente aquello de lo que se habla» (Lévi-Straus, 1998: 575).
Es en este preciso punto donde se va a efectuar la crítica de Deleuze y Guattari: en la consideración de lo social como un campo regido por el principio de reciprocidad o, lo que es lo mismo, como un espacio de intercambios. La crítica desplegada en El anti-Edipo va a ser, en ese sentido, una crítica de la economía política del don tal y como Lévi-Strauss la asume. Sin duda, esta crítica se desdoblará en una segunda dimensión, la del lenguaje, y hasta en una tercera, en la medida misma en que pondrá en entredicho la noción misma de estructura, permitiendo con ello la construcción de una nueva antropología, la emergencia de