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SECTION IV DISCUSSION O j? RESULTS.

1 hour, during which time nitrogen was evolved, and the yellow solid which formed initially changed to a thick

La estructuración urbana de la Corona de Aragón, a partir de los tres principales núcleos de población y capitalidad, dos de ellos en el Mediterráneo, Valencia y Barcelona, y uno en el interior la ciudad de Zaragoza, está dotada con una curiosa equidistancia las ciudades y va a jugar un papel importante en el desarrollo de las comunicaciones y el crecimiento de estas ciudades, lo que va a

fomentar la planificación, desarrollo y consolidación de las correspondientes redes urbanas. (Ver anexo 7).

Zaragoza, además de ser equidistante con las ciudades citadas de Valencia y Barcelona, dispone de una ubicación estratégica, ocupa un lugar geográfico bien comunicado, con caminos accesibles hacia las ciudades del Valle del Duero (Burgos, Valladolid), con los puertos del Cantábrico (Bilbao) y con ciudades del norte de los Pirineos (Tolouse, Pau, Burdeos). Este esquema radial, propiciaba una ordenación interior intermedia; por un lado, la ciudad de Lleida en el centro del eje Barcelona y Zaragoza y, por otro, Teruel entre Valencia y Zaragoza. En un nivel secundario, se encuentra la importante población de Calatayud, segunda en importancia en Aragón en la Edad Media, en el Camino hacia el Centro, Tarazona en la vía del Duero y Huesca en la de Francia, en los tres casos a menos de tres jornadas a pie.

La red se completa con otro nivel de establecimientos poblacionales que identifican y relacionan los centros secundarios: Segorbe entre Valencia y Teruel; Daroca, entre Teruel y Zaragoza; Calatayud, entre Daroca y Tarazona; Monzón y Barbastro, entre Lleida y Huesca; la población de Alcañiz, situada entre Lleida y Teruel, y al mismo tiempo ocupando posición intermedia entre Zaragoza y los puertos mediterráneos de Tortosa y Peñíscola; Fraga, entre Lleida y Zaragoza; Ejea, entre Huesca y Tarazona. Con estas referencias de poblaciones intermedias, no debía ser complicado elegir una ruta para dirigirse a cualquier ciudad, ya fuera con intención de peregrinar a santos lugares, establecer relaciones comerciales, asistir a ferias, fiestas y mercados, resolver cuestiones administrativas, o por cualquier otro tipo de motivo.

En estrecha conexión con la geografía y, por ende, con el sistema de comunicaciones, la densidad de población constituye el criterio que regula y, de alguna manera, impone un sistema de comunicación. Si observamos el itinerario

que discurre entre Valencia a Zaragoza, podemos corroborar que el camino está unido por las poblaciones con más densidad y crecimiento. Incluso con el tiempo, las variación en los trazados tradicionales e históricos, en favor del paso por otras poblaciones, se han producido en función del aumento de la importancia del núcleo de población o contrariamente a costa del descenso e incluso por la desaparición de poblaciones. Creemos que un ejemplo lo constituye el paso del Camino Real de Valencia a Zaragoza por la población de Daroca y de Burbáguena, al constituirse estas dos poblaciones en lugares de peregrinación y estar dotados de hospitales, fue probablemente el motivo de la variación en el trayecto entre Calamocha y Cariñena.

Iranzo y Laliena (1984), en un detallado trabajo acerca de las comunicaciones en el Bajo Aragón durante la Edad Media y desde una perspectiva globalizadora, consideran que el análisis de la red viaria, en relación con el proceso de urbanización de una zona, puede contemplarse desde tres niveles diferentes:

a) En el ámbito local se observa un efecto de centralización de los caminos rurales circundantes, que garantizan el aprovisionamiento.

b) Aparición de una estructura jerárquica a partir del potencial demográfico y otros factores económicos, administrativos e incluso eclesiásticos.

c) La densidad de población influye en la red de caminos y el hábitat se estructura en razón de las condiciones del terreno, tendiéndose a dibujar un mapa de jornadas de viaje, en las que en cada una de las etapas hay un núcleo inicial de población.

Desde nuestra perspectiva, pensamos que la utilización de este camino como vía peregrinación vino a consolidar este itinerario de comunicación, ya que de alguna manera los peregrinos participaron posiblemente de manera inconsciente en la estructuración en base a la orografía del terreno, el abastecimiento y además el factor religioso.

Alfonso X el Sabio determinó la obligación real de construir y reparar caminos y puentes, distribuyendo las cargas y las tasas sobre los servicios de transportes que estas obras pudieran suponer entre los pueblos y particulares beneficiados con ellas. A mediados del siglo XIII, en la compilación de normativas conocida como Las Siete Partidas, encontramos una referencia explícita a la figura del peregrino:

“pelegrino tanto quiere decir como extraño que va a visitar el Sepulcro de Ierusalen et losotros santos lugares en que nuestro señor Iesu Cristo nació, et visquió et prisó muerte en es te mundo, ó que anda en pelegrinaie á Santiago… Et por ende tenemos por bien et mandamos que los peregrinos que vienen á Santiago, que ellos et sus compañas et las sus cosas vayan et vengan salvos et seguros por todos nuestro regnos” Partida I, Titulo XXIV, Ley I y II.

De acuerdo con Sarasa (1999), no sólo el rey Sabio se preocupó del mantenimiento y mejora de las vías de comunicación de sus reinos extendidos desde el Cantábrico hasta las serranías del reino Nazarí de Granada, sino que otros monarcas hispanos secundaron en sus leyes, la política protectora que Alfonso X inició dentro del ámbito castellano. Fueros, ordenanzas municipales y disposiciones concejiles, que abundaron al respecto tanto en Navarra como en los territorios peninsulares de la Corona de Aragón; normativas que a la par incluían la reparación de calzadas, puentes y albergues, cuando no su nueva construcción.

En la primera parte del reinado de Jaime I de Aragón fueron promulgados algunos acuerdos conocidos como “constituciones de paz y tregua”, en estos textos legales se menciona expresamente que:

“los caminos, calzadas públicas, peregrinos, mercaderes y caminantes” quedan salvaguardados por la paz real, a la vez que se reclama la ayuda de nobles, caballeros, ciudadanos, burgueses y todo el pueblo para su defensa (Citado en Iranzo Muñio y otros, 2005: 90).

Romeu de Armas (1974) procedió al análisis de los viajes realizados por los Reyes Católicos, así como al estudio de los itinerarios seguidos durante décadas, definiendo y destacando la “pasión itinerante” de los monarcas al objeto de conocer las necesidades del pueblo y cumplimentar su programa político. Las

crónicas y descripciones que se realizaron de estos recorridos nos ofrecen una abundante información sobre los caminos peninsulares de la época. Son de destacar, por ejemplo, los viajes que realizó el rey Fernando a la muerte de Juan II de Aragón en 1479, desplazándose desde Zaragoza, a Valencia y Barcelona para tomar posesión de sus estados. En 1481 los Reyes Católicos, reunidos en Calatayud, se dirigieron a Zaragoza con el príncipe Juan para que tomase juramento como heredero de la Corona ante las Cortes de Aragón, más tarde desde Valencia, volvieron por Sagunto y Teruel hasta Medina del Campo. En 1488, viajaron a Murcia, por Teruel y Valencia, para organizar el asalto al bastión granadino. La utilización de las rutas de comunicación por parte de la realeza, propició la conservación y mejora de los caminos y contribuyó al progreso de nuevos tipos de vehículos para transporte de viajeros e incrementó la seguridad de los caminos. En 1476, en las Cortes de Madrigal, se fundó la Santa Hermandad, cuyo cometido principal fue la seguridad en los caminos y en los campos, además de garantizar con su presencia la seguridad en los caminos, demandada por viajeros y peregrinos.