CASh FLOW STATEMENT
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El estudio de caso comparado necesita definir un ámbito espacial-horizontal y un eje temporal-longitudinal (Morlino, 2010). En nuestra investigación, los ámbitos espaciales lo constituyen los países de Chile y México y la dimensión temporal específica del estudio se circunscribe al lapso comprendido entre la segunda mitad de la
89 década del ochenta hasta el momento de firma de los acuerdos que culmina a inicios del siglo XXI. También será necesario atender a condiciones históricas, tanto a nivel nacional como internacional propias del siglo XX, y algunas consecuencias de los fenómenos bajo estudio acaecidas con posterioridad. El estudio mantiene una lógica interna en cuanto a los casos seleccionados, tanto por el tipo de acuerdos de liberalización que han firmado sendos países como por las coaliciones intersectoriales a nivel estatal que se conformaron y serán objeto de nuestra observación.
La selección de la muestra de las coaliciones correspondientes a cada uno de los países que analizamos resulta una estrategia apropiada para realizar el estudio desde una perspectiva comparada. La comparación resulta posible porque ambos casos reúnen una serie de características comunes respecto del tema y de las ideas hegemónicas presentes en el entorno histórico reciente, como ya hemos señalado, más allá de las diferencias relativas a la estructura económica y sociodemográfica de cada país.
Uno de los rasgos compartidos por ambas economías fue su temprana aplicación del modelo neoliberal. Como hemos detallado, se llevaron adelante, con poca diferencia de tiempo, reformas de diversa índole que tendieron a privatizar y desregular el mercado de bienes y capitales. Efectivamente, estos países sentaron en la Latinoamérica el precedente de la aplicación de las directrices del Consenso de Washington. Asimismo, los asemeja la doble transición que atravesaron, política y económica. En cuanto a esta última implementaron esquemas de política comercial orientada a la liberalización de los mercados. Y en ello también fueron precursores, tanto Chile como México, dentro del contexto regional. Sin embargo, aún cuando conciden en haber sido los dos países de la región que más acuerdos comerciales preferenciales negociaron, debe mencionarse una diferencia en lo que respecta al punto de partida en la aplicación de esta estrategia comercial. Chile, ya había realizado un apertura unilateral durante la dictadura, y a partir de los noventa de lo que se trataba era de acompasarse al tiempo regional y global, insertándose en la vía de la apertura negociada. México, por su parte, realiza hacia fines de los ochenta un drástico giro, cuando ingresa al GATT hacia 1986 e inica la negoaciación del TLCAN un par de años después. En esta línea de comparación, finalmente, ambos buscaron negociar de forma pionera una tratado de libre comercio con Estados Unidos y luego uno de similar tenor con la UE (aunque para el caso de Chile los tiempos con resepcto al inicio formal de negociación del acuerdo con Estados
90 Unidos fueron muy dilatados). Sin embargo, y con todo ello, se debe registrar como efectos que informes de 2011 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre indicadores sociales de los países que integran la organización muestra algunos datos significativos que los asemejan. Chile resulta el país con mayor desigualdad en los ingresos, con un coeficiente de GINI de 0,50, y presenta la tercera tasa mayor de pobreza relativa con 18,9% (después de México e Israel). Por su parte México, presenta la primera tasa de pobreza relativa y un coeficiente de GINI de 0,4744.
Todo ello lleva a que en los dos países se registre una ciudadanía de baja intensidad y su corolario, una democracia de baja intensidad (O’Donnell, 1993a; 1993b) y un frágil desarrollo de la sociedad civil (Olvera, 2009). Esto tiene también un antecedente, con sus atenuantes, compartido. Como hemos advertido, en lo político ambos países han coincidido en otro rasgo, el tránsito a la democratización y/o liberalización de los regímenes políticos. Si bien en los dos países la crisis económica de 1982 activó una fuerte movilización social, en Chile esta resultó desencadenante de la grieta dictatorial. En México, el proceso de reformas en el sistema que regulaba el campo electoral había comenzado hacía pocos años y aún faltaban las modificaciones determinantes que se darían en la década del noventa que llevarían a la posibilidad de alternancia presidencial luego de larguísimas décadas de presencia en el Poder Ejecutivo de candidatos propios del PRI.
El éxito del modelo globalizador en América Latina dio paso a una “globalización autoritaria”, en el caso chileno, y a un “patrimonialismo neoliberal” en el caso mexicano que sólo pudo darse por situaciones coyunturales de desbordamiento social y por una convergencia de factores histórico-sociales, respectivamente (Zermeño, 1992; 2001).
Todo esto se expresa hacia fines del siglo XX en una de las características centrales de la cultura latinoamericana: los bajos niveles de confianza interpersonal que se encuentran en la base de las actitudes hacia las instituciones, la democracia, la política y la economía. Como indica el informe de Latinobarómetro 1999-2000, en
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Para ambos países este coeficiente es mucho mayor que el del promedio, de 0,31, del resto de los países
de la OCDE. Fuentes http://www.oecd.org/chile/47572883.pdf,
91 general, América Latina presenta un bajo nivel de confianza interpersonal. En particular, México registra un 34%, mientras que Chile apenas roza el 14%45. A esto hay que sumar que en ambos casos es posible identificar la presencia de prácticas y discursos heredados de sus respectivos regímenes autoritarios. Estos rasgos impactan, sin duda, en la cultura política de estos países que sin embargo mantiene ciertas particularidades que las diferencian entre sí.
Los dos países reconocen, para el período estudiado, un interés y proximidad especial hacia los Estados Unidos en comparación con muchos de sus países vecinos en la región latinoamericana. En el caso de México y sus actores esto se inscribe en una razón eminentemente territorial debido a la extensa frontera compartida que propulsa un rol geoestratégico particular y un estrecho vínculo económico y comercial. De tal forma, Latinoamérica representa una proporción reducida en su balanza comercial y los acuerdos de libre comercio no resultan sustantivos en comparación con el intercambio establecido con sus vecinos del Norte. La característica inherente de la identidad latinoamericana deviene entonces fundamentalmente de factores históricos culturales surgidos en la conquista española.