Hemos afirmado que la Iglesia visible es universal, por lo cual necesitamos de un modo universal de adhesión de todos los seres racionales a tal Iglesia. Este modo es la fe pura,
“La fe religiosa pura es ciertamente la única que puede fundar una Iglesia universal…”
[Religión 1969: 103]. La fe pura se opone a una fe histórica, porque la primera está fundada en principios de razón, en esta medida necesarios y universales; mientras que la segunda se funda en hechos reales, que están condicionados a la veracidad del tiempo y lugar en el cual ocurrieron. Kant busca permanentemente elementos racionales que le permitan hablar de “La Religión”, y no de una religión entre otras. Por tanto, la fe que origina la Iglesia visible -la cual pretende ser universal- no pude ser una fe supeditada a
las contingencias de los pueblos y de la historia y, en ese sentido, se habla de una fe racional que se relaciona íntimamente con una religión fundada en la moral.
Ahora bien, una fe de ese estilo nunca se percibe en la realidad debido a una debilidad en la naturaleza humana: la incapacidad de percibir como suficiente la aplicación del ser humano a una conducta moralmente buena. Los seres humanos, aunque reconocen la importancia de la fe pura –racional-, no pueden evitar pensar que
han de servir a dios. El profesor Ureña lo define cierta pereza comodona: “Esa „debilidad de la naturaleza humana‟ es la pereza comodona que impide una verdadera
conversión moral […] es mucho más fácil hacerse agradable a Dios mediante ritos que
no exigen de nosotros un verdadero cambio de vida, que mediante el esfuerzo constante
por llevar una vida honesta…” [Ureña 1979: 74]. A causa de esta debilidad humana surge la Religión del servicio de dios, en lugar de la religión moral pura. Los seres
humanos, debido a su incapacidad para conocer cosas suprasensibles, le adjudican a la idea de dios características humanas tales como el servicio personal.
Esta debilidad consiste en la necesidad natural de todo hombre de “exigir siempre para los más altos conceptos y fundamentos de la razón algún tipo de apoyo sensible, alguna confirmación empírica o similar”(RDLR, AA VI, 109). Por eso no resulta fácil convencer a los hombres de que lo único que Dios exige de ellos, para poderlos aceptar en su reino como súbditos agradables, es el acatamiento de los deberes exclusivos para con los hombres (para con otros y para consigo mismo). [Ricken 2007: 456]
Como todo gran señor en el mundo tiene la particular necesidad de ser honrado y servido, los hombres asumen que el deber para con dios es similar y, por ende, lo tratan como si fuese un gran señor de la tierra al que deben honrar de manera especial. En consecuencia, la religión se convierte en un asunto de servicio, donde no importa tanto el valor moral de las intenciones (el valor racional) como el valor de las acciones, en la medida en que se dirigen al servicio de dios. De esta manera, por medio de la religión del servicio, los seres humanos depositan la fe en el deseo de complacer a dios por medio de actos, dejando de lado las intenciones que son lo propiamente moral. Se olvida la moral que originó la idea de dios so pretexto de servir a un dios con características humanas.
A causa de esta tendencia de la naturaleza humana, Kant propone la pertinencia de estudiar cómo el dios de la moral debe ser venerado. Obedecer la voluntad de dios se relaciona íntimamente con el modo como dicha voluntad divina gobierna; puesto que el modo como dios ordena es el modo como deseará ser obedecido. Kant distingue dos posibles modos divinos de ordenar: por medio de una ley meramente estatutaria o por
medio de una ley puramente moral. Aunque las leyes estatutarias se encuentren bajo la
leyes morales. Por consiguiente, si dios ordena por medio de leyes morales, es suficiente con la razón para conocer su voluntad, que es universal, y será también suficiente la razón para obedecerlas. Por el contrario, si dios ordena por medio de leyes estatutarias, la razón no es suficiente para conocer y fundar la universalidad de dichas leyes, sino que requerirá de la revelación para lograr tal cometido. La revelación tiene lugar en una fe histórica y, desde la costumbre de la historia, genera la confianza necesaria para constituir la universalidad de la ley; por ello, la revelación nunca se apoyará en la fe racional que es independiente de cualquier determinación externa. En consecuencia, la fe revelada no puede dar origen a la religión de razón, ya que requiere de otros elementos para fundar la universalidad que exige la moral. Por el contrario, como la fe racional es la que da lugar a la religión fundada en la moral y, la universalidad de la moral es el fin último que persigue el hombre, entonces la manera de obedecer a dios es por medio del cumplimiento de leyes morales que han sido inscritas en el corazón: “…no hay ninguna
duda de que la legislación de su voluntad [de dios] debe ser meramente moral; pues la
legislación estatutaria (que supone una revelación) sólo puede ser considerada como
contingente …” [Religión 1969: 105].
Hasta el momento hemos pensado al hombre de manera individual y, como el mal emerge cuando los sujetos se relacionan entre sí, se debe analizar la manera como este hecho influye en la constitución de una comunidad ética. No es suficiente considerar al hombre simplemente como hombre, sino que también debe ser considerado como ciudadano de un Estado. Visto el hombre desde la óptica de la ciudadanía en un Estado divino sobre la tierra, como es el caso de la comunidad ética o Iglesia visible,
parece que sí conviene pensar la obediencia a dios a partir de leyes estatutarias. Y, si se requiere de leyes estatutarias, entonces la fe histórica será justamente un requerimiento de la moral. La fe religiosa pura trata exclusivamente de la observancia individual de
todos los deberes como mandamientos divinos, cuya única y privilegiada forma es la intención. Cuando tratamos una comunidad ética entendemos que es una reunión de
muchos hombres bajo las intenciones de la fe religiosa pura en orden a una comunidad
individuos. Por lo tanto, es necesaria cierta obligación pública, que es en sí contingente
y variada, que no puede ser conocida por leyes morales (universales y necesarias) sino sólo por leyes divinas estatutarias que requieren una fe histórica. En contraste con la fe racional pura, la fe histórica requerida para justificar las leyes estatutarias es
denominada fe eclesial.
Indagando sobre aquello que el hombre debe hacer para cumplir la voluntad de dios, Kant ha percibido que si bien la fe racional pura es necesaria y suficiente para
hacer de la voluntad de dios el deber por el deber, también es cierto que esa fe es insuficiente cuando se trata de unificar las intenciones individuales en una comunidad ética con fines morales. Por ende, surge la fe eclesial como forma de la fe histórica, pero con el fin particular de cohesionar la Iglesia. “La iglesia no es más que un medio, si bien un medio necesario. La fe eclesial es vehículo, y también medio, de la pura fe religiosa.”
[Ricken 2007: 457]. Kant se esfuerza por especificar que la fe eclesial surge debido a las necesidades humanas de convivir en un estado de carácter divino, como lo es una Iglesia, y no como voluntad de dios. Es ilegítimo por tal razón considerar esta forma peculiar de fe como mandato divino; en tanto que sólo puede ser entendido como voluntad de dios el que los hombres mismos deban realizar la idea racional de una comunidad ética.
Dos elementos caracterizan primordialmente la fe eclesial comorevelada: ésta se
cuida y mantiene gracias un libro sagrado revelado, y de tal concepto de revelación
emerge la sentencia de que sólo existe una “verdadera religión” [Religión 1969]. La primera característica hace referencia a una cuestión formal, y de esta manera Kant procura revertir las consecuencias de su anterior análisis de la fe revelada, de manera preponderante el rechazo radical al que fue sometido el texto de la Sagrada Escritura.
La fe verdadera o racional no requería de ningún texto que sustentara las verdades, pues en la razón se encontraba la voluntad de dios. En el caso de la fe eclesial el libro sagrado se hace imprescindible para que el mensaje no sea adulterado en el tiempo, así como para que pueda ser comprendido por diferentes pueblos. La segunda característica hace referencia a una cuestión que en nuestro tiempo es posible denominar como ecuménica.
Kant afirma: “Sólo hay una (verdadera) Religión; pero puede haber múltiples modos de
creencia” [Religión 1969: 109]. La religión es entendida en este caso como la disposición interior de las intenciones, como la determinación fundamental del orden de las máximas a partir de la ley moral que surge de la razón. Por el contrario, la creencia es entendida como la forma externa con que la religión puede revestirse, como la fe eclesial estatutaria.
Si bien, la fe eclesial es postulada por la necesidad de establecer la unidad en una comunidad ética, también es cierto que dicha fe carece de un fundamento sólido para las verdades (el que sean universales y necesarias) que promulga. Por ello, y ante la natural necesidad humana de hallar algún apoyo sensible para los supremos conceptos y
fundamentos de la razón, la Razón misma utiliza alguna fe eclesial histórica ya existente que cumpla tal cometido. Kant reconoce que no basta con aceptar la necesidad de la fe eclesial para extraer la universalidad y necesariedad de los principios de la religión. Por ello, es necesario recurrir a una explicación de las escrituras que, según el mismo Kant, el azar ha puesto en manos de la humanidad. “…una explicación general de ella [la
escritura] que concuerde con las reglas prácticas universales de una pura religión
racional.”[Religión 1969: 111]. Muy seguramente se está aludiendo a la interpretación cristiana de las escrituras como materia revelada, interpretación que, en tanto concuerde con las reglas universales de la Razón, ha de ser aceptada como fruto del azar. “[Kant]
insiste en que sólo podemos dilucidar si una determinada doctrina se puede aceptar realmente como revelación divina o no, por la comprobación de su coincidencia o no
coincidencia con nuestra razón” [Ureña 1979: 76].
Aún así, nos encontramos ante el problema de saber cuál es el criterio más adecuado para aceptar la interpretación de una fe eclesial como la más conveniente a las reglas de una pura religión racional. Hemos reconocido que la universalidad y la necesidad son dos rasgos básicos para identificar la estructura racional, pero en lo concerniente a la religión racional existe un elemento que surge de una reflexión que la razón realiza sobre las posibilidades morales que emergen de la religión, dicho elemento es el mejoramiento del hombre, el progreso moral. Kant analiza y valora la erudición
escrituraria como otro intérprete adecuado a la religión de razón. Claro está que este
intérprete, que surge de la academia, será pertinente siempre y cuando dirija sus investigaciones de la mano con la rigurosidad de la ciencia que indaga sobre los documentos, historia y personajes, más que de forma dependiente de la mera revelación.
Así pues, no hay ninguna norma de la fe eclesial aparte de la Escritura, ni otros intérpretes de ésta que la pura Religión racional y la erudición escrituraria (que alcanza lo histórico de ella), de los cuales sólo el primero es auténtico y válido para todo el mundo, mientras que el segundo es sólo doctrinal, teniendo por fin convertir la fe eclesial para un cierto pueblo en un cierto tiempo en un sistema que se mantiene de un modo constante. [Religión 1969: 116]