• No results found

Using Anglo-Saxon Paradigms to Re-read Spanish and Catalan Texts

2.4 Normalisation: Who Has the Right to Belong to a Normal Country?

CORAZÓN

Ya hemos visto la frecuencia con frecuencia relativa con la que la gente suele hoy en día decir que <<es espiritual, pero no religiosa>>.

La idea que subyace bajo esa afirmación es que la “religión” se refiere a las formas institucionalizadas, como los dogmas, mitos, mandamientos y sus viejos y marchitos rituales, mientras que la “espiritualidad”, por su parte, tiene que ver con los valores personales, la conciencia, las realidades interiores y la experiencia inmediata. Obviamente, algunos aspectos de la religión son espirituales, pero la mayor parte de la religión institucional parece, de hecho, obsoleta y pasada de moda, una reliquia de los tiempos premodernos o, al menos, de los estadios prerracionales de desarrollo.

El Espíritu puede significar la experiencia directa del Fundamento del Ser, puede significar cualquier lo que proporciona unidad y trascendencia a su vida y también puede significar, como ya hemos visto en el capítulo 5, su naturaleza y su condición más profunda. Pero el hecho es que usted puede creer o no en una dimensión espiritual del ser. Y puesto que el módulo espiritual esencial se centra en el práctica de la meditación y de la contemplación, está destinado a acomodarse al abanico más amplio posible de orientaciones, desde las más “científicas” (la meditación como respuesta de relajación) hasta las más “espirituales” (la meditación como acceso al Fundamento Último del Ser o, llamémosle como el llamemos, a Dios).

Un rasgo especial de la Práctica Vital Integral es lo que llamamos “Los tres rostros de Dios” o, en ocasiones, el “3-2-1- de Dios”. La idea es que, como cualquier otra manifestación, el Espíritu presenta cuatro cuadrantes y cuando pensamos en él podemos hacerlo, en consecuencia, empleando los cuatro cuadrantes (o simplemente las perspectivas en primera, segunda y tercera persona del Espíritu).

El Espíritu en tercera persona se nos aparece como una Gran red de la Vida, la totalidad de la existencia concebida como un gran “ello”, como un gran sistema que engloba a todos los seres, o como

la naturaleza con “N” mayúscula, una visión de Dios popularizada por Spinoza.

El Espíritu en segunda persona es el Gran Tú, una inteligencia y un amor vivos que constituyen el fundamento y razón de toda existencia, un aspecto del Espíritu en el que suelen centrarse las tradiciones teístas occidentales.

El Espíritu en primera persona es el Gran Yo o Yo-Yo, el yo que es consciente del Yo, el Yo puro e infinito, el Atman que es Brahman, la Gran Mete que es su mente o conciencia real en este y en todos los instantes. Éste es el rostro del Espíritu en el que suelen centrarse las tradiciones contemplativas orientales.

¿Cuál de todos esos rostros es correcto? Obviamente, todos ellos. Son los cuatro cuadrantes –o los tres rostros– del Espíritu manifiesto. Usted puede utilizar la perspectiva que más adecuada le parezca, pero cuando las tiene en cuenta a todas ellas –como hacemos nosotros–, aparece un tipo especial de conciencia espiritual integral.

Veamos ahora el módulo de un minuto del Espíritu centrado en esos tres rostros.

MÓDULO DE UN MINUTO

EL 1-2-3 DE DIOS

En cualquier momento, usted puede experimentar a Dios como un “ello” en tercera persona, como un “tú” en segunda persona o como un “yo” en primera persona. Tan sólo repita en silencio las siguientes frases, dejando que cada perspectiva aparezca amble y naturalmente en su conciencia.

• Veo a Dios como todo lo que emerge –como la Gran

• Contemplo y permanezco unido a Dios como tú finito

que me bendice y me perdona y ante el cual me postro agradecido y entregado.

• Descanso en Dios como mi propio Testigo y Yo

primordial, como la Gran Mente que es una con todo, y paso el día en este estado sencillo, omnipresente y natural.

El lector que así lo desee puede perfectamente reemplazar la palabra “Dios” por cualquier otra que evoque en él Ser Último, como “Espíritu”, “Yahvé”, “Alá”, “Brahman”, “el Señor” o “el Uno”.

Veamos ahora la misma meditación desde una perspectiva más centrada en la primera persona:

Advierta su conciencia presente. Dese cuenta de los objetos que aparecen en su conciencia, de las imágenes y pensamientos que aparecen en su mente, de los sentimientos y sensaciones que emergen en su cuerpo, de la miríada de objetos que lo rodean y aparecen en la habitación o el lugar en el que se encuentre. Todos esos son objetos que aparecen en su conciencia.

Piense ahora en algo que, hace cinco minutos, se hallara también en su conciencia. La mayoría de los pensamientos han cambiado, la mayoría de las sensaciones corporales han cambiado y probablemente también haya cambiado el entorno en el que está. Pero hay algo que, hace cinco minutos, se hallaba también aquí y que no ha cambiado. ¿Qué es eso que está tan presente ahora como lo estaba hace cinco minutos?

Yo soy. El sentimiento y la conciencia de que Yo soy todavía están presentes. Yo soy esa presencia ominipresente

que está tan presente ahora como lo estaba hace un instante, hace un minuto y hace cinco minutos.

¿Qué es lo que estaba presente hace cinco horas? Yo soy. La sensación de que yo soy es continua, autoconocedora, autorreconocedora y autovalidante y está tan presenta ahora como lo estaba hace cinco horas. Todos mis pensamientos han cambiado, todas mis sensaciones corporales han cambiado y también ha cambiado el entorno en el que estoy, pero ese Yo sigue igual de omnipresente, resplandeciente, abierto, vacío, claro, espacioso, transparente y libre. Los objetos han cambiado, pero es Yo sin forma sigue siendo el mismo. Ese Yo es tan evidente y se halla tan presentes en este instante como hace cinco horas.

¿Qué es lo que estaba presente hace cinco años? Yo son. Muchos los objetos que, durante, ese tiempo, han aparecido y han acabado desapareciendo; son muchos los sentimientos que, en ese tiempo han aparecido y han acabado desapareciendo; son muchos los pensamientos que, en ese tiempo, han aparecido y han acabado desapareciendo y son muchos también los dramas, los espantos, los amores y los odios que han aparecido, han perdurado durante un tiempo y han acabado desapareciendo. En todo ese tiempo sólo ha habido una cosa que no ha aparecido y tampoco ha acabado desapareciendo. ¿De qué se trata? ¿Qué es lo único que está ahora mismo tan presente en su conciencia como lo estaba hace cinco años? La sensación atemporal y omnipresente de ese Yo se halla ahora tan presente como hace cinco años.

¿Qué es lo que estaba presente hace cinco siglos?

Yo soy es lo único omnipresente. Todo el mundo

siente el mismo Yo soy, porque yo no soy un cuerpo ni un pensamiento ni un objeto ni el entorno. Ese Yo no es nada

que pueda ser visto, sino el Vidente omnipresente, el Testigo abierto y vacío de todo lo que emerge. Lo único que existe en toda persona, en todo mundo, en todo lugar, en todo tiempo y en todos los mundos hasta el final del tiempo es este Yo evidente e inmediato. ¿Qué otro podría conocer? ¿Qué otro podría nuca conocer? Lo único que existe y que siempre ha existido es este Yo resplandeciente, autoconocerlo, autoconsciente y autotrascendente que se halla tan presente ahora como hace cinco minutos, cinco hora o cinco siglos.

¿Qué es lo que estaba presente hace cinco milenios? Antes de que Abraham fuese, Yo soy. Antes de que el universo fuese, Yo soy. Éste es mi Rostro original, el rostro que tenía antes de que mis padres naciesen, el rostro que tenía antes de que naciesen, el rostro que tenía antes de que naciese el universo, el rostro que he tenido durante toda la eternidad hasta que emprendí este juego del escondite y me perdí en los objetos de mi propia creación.

Nunca más pretenderé desconocer y no sentir que Yo soy.

Y, con eso, acaba el juego. Millones de pensamientos han aparecido y han acabado desapareciendo, millones de sentimientos han aparecido y han acabado desapareciendo, pero hay una cosa que no ha aparecido y tampoco ha desaparecido, lo que nunca ha nacido y lo que nunca morirá, lo que jamás ha entrado ni abandonará la corriente del tiempo, una Presencia pura que flota en la eternidad, por encima del tiempo. Yo soy ese gran Yo evidente, autoconocedor, autovalidante y autoliberado.

Antes de que Abraham fuese, Yo soy.

Yo no soy no es más que el Espíritu en primera persona, el Yo último, sublime y resplandeciente creador de

todo el Kosmos, presente en mí, en ti, en él, en ella y en ellos –el mismo Yo que sienten todas y cada una de las criaturas.

Porque el número de Yoes de todo el universo conocido no es más que uno.

Descansa siempre como el Yo, como el Yo que sientes ahora mismo, como el Yo no nacido que resplandece en y como tú asume tu identidad personal, como este o cualquier otro objeto, como este o ese yo o como esta o esa cosa. Descansa siempre en el Fundamento de Todo, en este Yo grande y evidente y vive sumido en el universo que creé.

Capítulo 7

NO EL FINAL,

SINO EL COMIENZO

¡Mira! ¡Mira! ¿Qué es lo que ves?

¿Qué es lo que aparece

en tu conciencia cuando descansas

como el Testigo de este

y de todos los mundos?

OCON o SOI no es más que un mapa. Pero