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7.4 EXAMPLES OF APPLICATION

7.4.7 North Pole Summer over Ocean

Editorial Boletín ICCI, No. 15, junio del 2000

Las elecciones seccionales realiza-das el 21 de mayo en Ecuador, y por las cuales se renovaban los poderes locales, han transformado el escenario político del país y confirman, nuevamente, la impor-tancia estratégica del movimiento indíge-na y de los movimientos sociales en la ac-tual coyuntura política.

Estas elecciones se constituían co-mo un aspecto clave en la definición de la política nacional, por cuanto ellas venían, de una manera u otra, a confirmar o a re-chazar los eventos del 21 de enero del pre-sente año y que condujeron a la

destitu-ción del ex presidente Jamil Mahuad. Para las elites políticas, en estas elecciones se jugaba la legitimidad a largo plazo de su proyecto neoliberal y privatizador. Para el movimiento indígena y para los movi-mientos sociales, estas elecciones deberían convertirse en un aval ciudadano a su pro-puestas de cambio y de resistencia social frente al modelo vigente.

Frente a las críticas a la democracia existente surgidas desde el interior del movimiento indígena, el presidente de la República, Dr. Gustavo Noboa, había res-pondido que si los indios quieren el poder, entonces que ganen las elecciones. Esta prepotencia oficial se explicaba por cuan-to en las encuestas hechas antes de las elecciones, todas ellas realizadas en los principales centros urbanos del país, da-ban por descontado un amplio triunfo de los partidos políticos tradicionales. Den-tro de las expectativas de estos partidos políticos, sus cálculos apuntaban a un for-talecimiento político que les posibilitaría una recomposición de fuerzas frente al movimiento indígena y los movimientos sociales, y una consolidación de su pro-puesta liberalizante.

Así, para el derechista Partido So-cial Cristiano (PSC), estas elecciones, se-gún expresiones del presidente del Parti-do, Pascual Del Cioppo, confirmarían su hegemonía nacional, y de acuerdo a sus propios cálculos, disputarían entre ocho a diez prefecturas provinciales (es decir, cer-ca del 50% nacional), y entre 60 y 65 alcer-cal- alcal-días (algo más del 30% nacional). Asimis-mo, para el Partido de la Democracia

Po-pular (o Democracia Cristiana), partido político del ex presidente Mahuad, según su vocero oficial, Ramiro Rivera, sus ex-pectativas estarían en alcanzar tres prefec-turas y 30 alcaldías, aproximadamente.

Otro partido de gran importancia, de igual manera ubicado en la derecha del espectro político, es el populista Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), quienes, de acuerdo a sus cálculos, aspiraban a conse-guir seis prefecturas e incrementar sustan-cialmente el número de alcaldías que con-trolan. Ahora bien, los resultados electora-les obtenidos demuestran fehacientemen-te la crisis política de estos partidos políti-cos, a la sazón, los más importantes del Ecuador.

En efecto, de las 10 prefecturas cal-culadas por el PSC, apenas obtuvo tres. Por su parte, la Democracia Popular ganó solamente dos prefecturas, y el PRE logró cuatro prefecturas. Otro partido político importante y que se ubica dentro de la centroizquierda, es la Izquierda Democrá-tica (ID), quienes aspiraban a ganar 6 pre-fecturas y, finalmente obtuvieron solo dos. En cuanto a las alcaldías las consecuencias son aún más desalentadoras para estos partidos políticos. Los resultados electora-les muestran que sus expectativas estuvie-ron muy por encima de sus posibilidades reales.

Por su parte, los movimientos so-ciales y el movimiento indígena ecuatoria-no, agrupados políticamente bajo el Mo-vimiento de Unidad Plurinacional Pacha-kutik - Nuevo País (MUPP-NP), obtuvie-ron un triunfo que podría calificarse de

inédito. Por vez primera desde su creación en 1996, el MUPP-NP, gana cinco prefec-turas provinciales (el 22% del total nacio-nal), algo más de treinta alcaldías y la pri-mera posición en cuanto a las juntas pa-rroquiales (cerca del 60% nacional).

Asimismo, por vez primera en la historia del país, un dirigente indígena ac-cede al control de una prefectura provin-cial. De otra parte, las alcaldías logradas por los indígenas representan un gran porcentaje de las alcaldías ganadas por el MUPP-NP. En cuanto a gobiernos seccio-nales (concejalías municipales y conseje-rías provinciales), el MUPP-NP alcanza una importante representación nacional, y logra que, asimismo por vez primera, muchas dirigentes mujeres indígenas ac-cedan a los poderes locales.

Los indios, los movimientos socia-les, y otros sectores, han empezado su ca-mino hacia la construcción del poder. Sin descuidar sus propuestas de resistencia al modelo vigente, y combinando de una manera coherente los espacios políticos de organización social con los espacios insti-tucionales, el movimiento indígena y el movimiento social ecuatoriano, apuestan a la construcción de la democracia desde el interior de ésta. Su reciente participa-ción electoral confirma la adecuaparticipa-ción en-tre los espacios organizativos existentes (CONAIE, ECUARUNARI, Coordinadora de Movimientos Sociales, etc.), y los espa-cios electorales.

El hecho de haberse constituido en la primera fuerza política en la representa-ción de los gobiernos provinciales acarrea la responsabilidad de abrir un nuevo

fren-te de debafren-te nacional, y en el cual el movi-miento indígena hasta ahora ha sido ex-presamente excluido, el debate de la des-centralización y de la reforma política del Estado ecuatoriano. Igualmente, la con-ducción de más de treinta alcaldías, impli-ca un serio reto para el movimiento indí-gena y los movimientos sociales. Si bien existen experiencias exitosas de manejo de los poderes locales, como son los casos de las alcaldías indígenas de Cotacachi vincia de Imbabura), y de Guamote (pro-vincia de Chimborazo), también es cierto que el manejo de un gran número de al-caldías sin un horizonte concreto de ac-ción, podrían menoscabar las posibilida-des a futuro del MUPP-NP.

Sin embargo, a pesar del evidente logro electoral, de hecho, transforma radi-calmente el mapa político del Ecuador, Garabombo permanece invisible para las elites y para el discurso dominante. En efecto, toda la prensa del país procedió a calificar como triunfadores al derechista PSC, por haber ganado la alcaldía de Gua-yaquil, la ciudad económicamente más importante del Ecuador, y al centroiz-quierdista partido Izquierda Democrática, por haber ganado la alcaldía de la capital de la República.

Respecto a los resultados generales de los comicios, casi toda la prensa ha guardado un silencio bastante elocuente sobre la coyuntura actual. Para los grandes medios, así como para varios analistas po-líticos, los indios, simplemente no existen. Su presencia en el escenario político apa-rece como circunstancial, en el mejor de los casos, o como un fenómeno de difícil

comprensión y que dificulta la gobernabi-lidad del país, en el peor de los casos.

Pero es también sintomático el he-cho de que después de confirmarse los re-sultados electorales y de comprobarse el evidente triunfo de los indígenas y de los movimientos sociales en estas elecciones, se haya guardado un mutismo casi absolu-to sobre los resultados generales de las elecciones y las perspectivas políticas al mediano plazo. Garabombo, aquel héroe indígena de los páramos de Ayacucho que el escritor peruano Manuel Scorza narra en su célebre ciclo Redoble por Rancas, si-gue siendo invisible.

El presidente del Ecuador, Gustavo Noboa, había afirmado que si los indios quieren el poder que lo ganen en las elec-ciones. Ahora bien, los indios, los pobres y otros sectores de la sociedad, han asumido el reto. Han empezado a ganar las eleccio-nes. Son una de las fuerzas políticas más importantes del Ecuador contemporáneo. Sus posibilidades al futuro son enormes. Tienen una gran ventaja frente a las elites, y es, justamente, la de su invisibilidad. La estructura del poder está incapacitada pa-ra entenderlos, papa-ra comprenderlos, in-cluso, para verlos, para visualizarlos. Para-dójicamente, ésa es una de las principales fortalezas del movimiento indígena ecua-toriano.

Hasta ahora, gracias a esa negación por visualizarlos como alternativa históri-ca válida, por parte de la vigente estructu-ra de poder, el movimiento indígena ha podido construir sus estructuras organi-zativas, sus políticas de alianzas, sus dis-cursos y su proyecto político, sin que las

clases dominantes acierten a construir una estrategia efectiva para sujetarlos dentro de sus coordenadas de control político.

Descentralización, reforma del

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