2 SOCIAL CONTEXT OF RESEARCH
5.5 A note on problem gambling
del rey de Portugal. — E nferm a Bobadilla. :— E s designado Javier para la India.
E
N efecto, el 3 de Setiembre de 1539 recibieron los maestros de P arís la alegre nueva de que el Papa había aprobado verbalmente en Tívoli los cinco ca pítulos y, en consecuencia, podrían ellos en adelante oponer a todas las dificultades que se les presentasen el documento pontificio de su confirmación despachado por Paulo I I I. Pero exigió de ellos, entretanto, que se aplicasen al desem peño de diversos cargos de importancia en su servicio. R o dríguez y Broet trabajaban en Sena desde principios de M ayo; a fines de Julio partieron Fabro y Laínez con el C ar denal legado hacia Parm a, para ocuparse de la reform a de la Iglesia en Lom bardía y hacer allí frente a las ocultas intri gas de los luteranos. A últimos de Setiembre envió el Papa a Bobadilla a Nápoles con un difícil encargo, y por la pri mavera de 1540 fueron destinados Salmerón y Coduri para una misión de importancia en Irlanda y E scocia: la de fo r talecer en la fe a los católicos perseguidos.Javier permanecía, entretando, al lado de Ignacio en R o ma y m'antenía viva correspondencia con sus Herm anos au sentes. De repente llegó también para él la orden de Cristo.
L. SCHURH AM M B R 56
Gouvea, el principal del Colegio de Santa Bárbara, había trasmitido al rey de Portugal, a fines de 1538, la respuesta de F abro en cuanto a las Misiones de Oriente, y por Agosto del siguiente año recibía D. Pedro Mascarenhas, Em bajador portugués en la Corte pontificia, un escrito de su Rey que le encargaba hacer nuevas indagaciones sobre aquellos clé rigos parisienses de que le escribía Gouvea, y en caso de ser éllos como a él se los habían descrito, procurar conse guirlos del Papa para sus posesiones de la India.
El Em bajador D. Pedro, estaba sumamente edificado de la vida y labor apostólica de los maestros de París. H abía escogido por confesor suyo a Ignacio, y oyó asimismo a Bobadilla, antes de su partida para Nápoles, las explica ciones de la Epístola de San Pablo a los romanos. También el Papa, a quien el Em bajador trasm itía la súplica de su Rey, se expresó en los términos más laudatorios sobre la ciencia, virtud y celo apostólico de los Padres. Creía con todo en definitiva que, pues, se trataba de un viaje tan lejano y peligroso, era conveniente dejar la elección en manos de ellos m ism os; cuando ellos estuviesen de acuerdo ordenaría él con gusto lo que se 3e encargaba, Fué, pues, don Pedro en busca de los Padres. Recibieron éstos alegres el encargo; pero Ignacio y el E m bajador no se avinieron tan fácilmente sobre el núm ero de los que habían de partir. H ubiera deseado el Em bajador llevarse consigo a seis de los Padres, pero Ignacio no quería concederle más que d o s ; y como D. P edro insistiese y no le dejase en paz, hubo de term inar Ignacio por decirle: «¡Jesús, señor Em bajador!, ¿qué es lo que, por tanto, quiere dejar su merced para el resto del mundo?»
A la verdad, de los diez compañeros quedaban sólo seis en Roma, y esto contando a los dos Padres destinados ya para Escocia e Irlanda. No tuvo, pues, M ascarenhas otro remedio que contentarse con dos. L a elección la dejaba Paulo I I I a disposición del mismo Ignacio, y como el Emba
57 * S A N F R A N C I S C O J A V I E R
jad or deseaba llevarse al único portugués Simón Rodríguez y a Bobadilla, a quien conocía más de cerca, llamó Ignacio a los dos a Roma a comienzos de 1540.
Llegó Rodríguez de Sena, debilitado por unas cuartanas, pero pronto y alegre para seguir el mandato del Rey. Don Pedro, que pensaba volverse ya, también él, a Portugal, ha bida sin embargo cuenta de las débiles fuerzas del Padre, le envió por delante, el 5 de Marzo, catriino de Civitavec- chia, juntam ente con su bagaje y servidumbre para que hiciese por m ar el viaje hasta Lisboa, juzgando, natural mente, le resultaría esto menos pesado.
E n compañía de Rodríguez salió también un sacerdote secular italiano, llamado Micer Paulo, hombre piadoso y humilde que había entrado hacía poco en la Compañía, de clarando al mismo tiempo sus deseos de seguir al Padre para la India dispuesto a ayudarle.
La víspera de partir firm aron los seis compañeros pre sentes en Roma un escrito en que declaraban: que, pues, habían de separarse para ir por m andato-del P apa a las más diversas y apartadas regiones del mundo, y quedaban aún por resolver cuestiones de capital importancia, como la de las Constituciones de la Compañía, por ejemplo, deter minaban que en adelante se decidiesen siempre los asuntos conforme al voto de la mayoría de los compañeros residen tes en Italia.
***
La fiebre rom ana atacó también a D. Pedro. Sentía nos talgias de su esposa y de su patria y le daba ya en rostro el ambiente de aquella Corte. Contaba los días que le fal taban para salir de allí. Debía acompañarle Bobadilla, pero ya que éste se hacía esperar, hizo por fin su visita de des pedida al Santo Padre y fijó su partida para el 15 de Marzo.
L. S C H U R H A M M B R 58
P o r fin el 14 de M arzo llegaba el ansiado P&dre de N á- poles; pero venía con la fiebre a cuestas, debilitado por larga y penosa enfermedad, y tanto el médico como sus compañeros eran de opinión que no podía en tales circuns tancias ponerse en camino de Lisboa. P or consiguiente, ten dría que llenar su puesto algún otro, ya que el Em bajador estaba resuelto a no aguardar más ni marcharse sin los dos Padres. Com'o todos los demás se hallaban ausentes, la cues tión no podía por entonces versar sino entre otros dos: Jayo, a punto de partir a los pocos días para una Misión en Bagnorea, y Francisco Javier.
***
Ignacio, que se hallaba entonces enfermo en su cama, mandó llamar a Javier y le habló de esta m anera: «— Bien sabéis, H erm ano m aestro Francisco, que dos de nosotros han de pasar a la India, por orden de su Santidad, y que Bobadilla, que para esta empresa estaba señalado, no puede partirse por su enfermedad, ni tampoco el Em bajador, por la priesa que a él le dan, le puede esperar. Dios se quiere servir en esto de v o s; esta es vuestra empresa, a vos toca esta Misión». —:«Heme aquí, P ad re; aparejado estoy»,-—■ tal fué la alegre respuesta del m aestro Francisco. Se cumplía,
por fin, un deseo que desde mucho ha venía ansiando su co razón.
***
U rgía el tiempo. Acudió el P adre a pedir la bendición al Papa. Reuniendo luego a toda prisa sus vestidos, escribió de su pluma tres papeles. E n el pr infero prometía obedien cia a todas las Constituciones y Reglas que hubiesen de re dactar los compañeros residentes en Roma, después de obte nida la confirmación de la Compañía. Se adelantaba a pro meter, en el segundo, pobreza, castidad y obediencia en manos del General que hubiesen de escoger después de esa
.— D e ro dilla s, a n te el V i c a r i o de J e s u c r i s t o , S a n F r a n c i s c o J a v i e r le pi d e s u b e n d i c i ó n (1540).
L. S C H U R H A M M E R 60
misma confirm ación; y en el tercero, daba su voto para la elección del futuro General. Decía así este último :
«Asimismo yo, Francisco, digo y afirm o que nullo modo suasus ab homine, juzgo que el que ha de ser elegido por Prelado en nuestra Compañía, al cual todos habernos de obedecer, me parece, hablando. conform e según mi con ciencia, que sea el Prelado nuestro antiguo y verdadero P a dre D. Ignacio, el cual, pues, nos juntó a todos no con po cos trabajos, no sin ellos nos sabrá m ejor conservar, go bernar y aum entar de bien en mejor, por estar más él al cabo de cada uno de nosotros; et post m ortem illius, ha blando según lo que mi ánima siente como si hubiese so bre esto de m orir, digo que sea el Padre Micer Pedro Fabro».
Enseguida se despidió Javier rápidamente de sus H erm a nos (una serie de jóvenes y viejos pretendientes se habían alistado últimamente en la Compañía) ; Ignacio le prometió una carta de recomendación para su hermano Beltrán, señ o r1 del castillo de Loyola, y poco después podía verse salir cabalgando por la puerta N orte de la ciudad, a una pe queña expedición que se dirigía a través de la Campania .floreciente, por entonces, en plena primavera. E ran don Pedro Mascarenhas, aompañado de su séquito, y F ra n cisco Javier. El pobre vestido que sobre sí traía y el B re viario eran los únicos haberes del P adre m'aestro F ra n cisco. Marchaba, no obstante, con ánimo esforzado a con quistar un nuevo mundo.
C A P IT U L O V III