• No results found

Tras la muerte de Honorio, Teodosio II pretendió al parecer conseguir el gobierno de todo el Imperio. Por ese motivo, cuando a comienzos del año 423 Gala Placidia y sus hijos Honoria y Valentiniano huyeron a la corte de Constantinopla, no fueron recibidos precisamente de manera amistosa. Sin embargo, cuando en diciembre el prímicerius notaríorum Juan ascendió en Roma a emperador de Occidente, Gala Placidia y su hijo recibieron la dignidad de augustos, que les había sido arrebatada, para de este modo salvar al menos la dinastía en Occidente. Pero el usur- pador Juan, un cristiano del que se decía que llevaba un gobierno indul- gente, justo y -cosa rara para su época- anticlerical (ya que recortó los privilegios de la Iglesia y al parecer concedió plena tolerancia a todas las confesiones), acabó cayendo a traición en Rávena en poder de sus enemi- gos. Gala Placidia hizo que le cortaran la mano derecha, que le llevaran por el circo de Aquileia en un asno, que le maltrataran y, en mayo-junio de 425, le decapitaran, «un agravamiento bárbaro de la pena de muerte, antaño reservado a los usurpadores, y que habla ya de una alegría total- mente medieval ante el tormento» (Stein).68 •

Tras el derrocamiento de Juan, el 23 de octubre de 425, Flavio Plá- cido Valentiniano III fue elevado al rango de augusto, de emperador romano de Occidente. Sin embargo, por espacio de los doce años si- guientes quien gobernó fue exclusivamente su madre Gala Placidia, acon-

sejada por tres personalidades determinantes de la corte, Félix, Bonifacio y Ecio.

Flavio Constancio Félix, desde 425 magister utriusque militiae, era general imperial y cristiano. Junto con su mujer, y con motivo de un voto, donó el mosaico del ábside de la basílica de Letrán, hecho que no le impidió asesinar al diácono romano Tito; al parecer, también dispuso la muerte del obispo de Arles, Patroclo. Sin embargo, el propio Félix fue muerto en mayo de 430 en Rávena, en el curso de una revuelta de solda- dos, según parece a causa de una intriga contra Ecio. En el lugar de Félix, Gala Placidia colocó al comes africae y amigo de Agustín, Boni- facio. Dos años más tarde se entabló entre éste y Ecio una guerra civil. Bonifacio consiguió la victoria en Rímini, pero murió tres meses des- pués a causa de una herida que al parecer le infligió Ecio en el curso de la lucha.

Flavio Ecio, el principal -o incluso el mejor- general romano de la primera mitad del siglo, que pasó tres años como rehén, primero de los visigodos y después de los hunos (lo mismo que más tarde su hijo), logró finalmente poner a los germanos, «mediante violentas batallas, bajo el yugo romano» (Jordanes). Después de vencer a los visigodos y a los fran- cos, con mercenarios hunos aniquiló en 436-437 el imperio burgundio en el Rin, y en 451 combatió, con la decisiva ayuda de los visigodos, a los hunos de Atila en Troyes, en los Campos Cataláunicos, con enormes pér- didas por ambos bandos; del lado de los hunos luchaban también germa- nos, sobre todo ostrogodos, y con Ecio burgundios y francos.69

Valentiniano y Gala Placidia comenzaron a temer cada vez más a los todopoderosos militares, que conducían en buena medida la política exte- rior. Se le insinuó al soberano que Ecio quería destronarle y colocarse él en su lugar. Trabajando desde hacía décadas en Rávena y contando en- tonces ya sesenta años de edad, el general había luchado a menudo con la ayuda de los hunos. Así, cuando el Imperio huno se hundió, Valentiniano cobró ánimos. El 21 de septiembre de 454, piadoso católico como su ma- dre, constructora de iglesias, con ocasión de una audiencia en el Palatino de Roma, le asestó a Ecio el primer golpe, mientras que las dagas de los eunucos de palacio hicieron el resto. El prefecto pretoriano Becio, que le acompañaba y era su amigo, también fue apuñalado; los cadáveres que- daron expuestos en el foro. El 16 de marzo del año siguiente, Valentinia- no III, el último monarca legítimo de Occidente, es asesinado en Roma cuando se encuentra pasando revista a las tropas en el campo de Marte, víctima de una conspiración urdida por los oficiales del antiguo séquito de Ecio. La dinastía teodosiana, que en Oriente se extingue en el año 450 con la muerte de Teodosio II, desaparecía así también de Occidente. El presunto instigador del atentado, el patricio Petronio Máximo, se convir- tió inmediatamente en emperador, y obligó a la viuda Eudoxia al matri- 188

monio, pero, tres meses después, murió mientras huía de los vándalos, probablemente a manos de un guardaespaldas.70

En la corte de Valentiniano III había todavía 29 funcionarios cristia- nos frente a los tres paganos: Volusiano y Teodosio en puestos elevados junto a un prefecto imperial italiano, mientras que el tercer infiel, Litorio, era general. Sin embargo, al comienzo de este gobierno aparecieron leyes que establecían sanciones muy estrictas contra todos los heterodoxos. Contra los paganos, los judíos, los pelagianos y los celestianos, contra los maniqueos e incluso contra los cismáticos, que se habían retirado de la comunidad con el «venerabilis papa», un término utilizado por vez primera en el Codex Theodosianus, donde «el aspecto del terror [...] es elevado programáticamente a la razón última de la política religiosa im- perial» (Antón). Esto habría de tener consecuencias muy amplias, y en- cuentra una analogía en una carta del papa León I, el primer obispo ro- mano realmente importante, que desde 439 cooperó estrechamente con el emperador, el cual fue magnánimo frente a la Iglesia, lo mismo que su madre, y que a menudo residió en Roma.71

Pero antes de que nos ocupemos de León I y de la interminable lucha por el poder de los prelados de Occidente y Oriente durante el período «más profano», es imprescindible echar un vistazo a la Roma eclesiásti- ca, sobre todo a su origen y a la captación del primado papal.

CAPITULO 5

LA PRIMACÍA PAPAL O LA «PETRA SCANDALI».