nales cubanos de la ciencia, quienes se encargarían de conocer mejor al hombre de campo y de darle su al- fabetización y aprendizaje científi co a la vez que promovieran la entrega de tierras para así garantizarles su prosperidad.
Esa pretensión teórica de Pozos Dulces de no dejar cabos sueltos en la construcción de una promisoria agricultura campesina era el resul- tado de su afi liación al pensamiento científi co coherente de su cuñado, el sociólogo e historiador José An- tonio Saco, y de su amigo, el fi lósofo y pedagogo José de la Luz y Caba- llero, como herederos de las ideas del sacerdote Félix Varela desde la época en que fueron alumnos y pro- fesores del Seminario y Colegio de San Carlos y San Ambrosio de La Habana. Fue precisamente Luz el que se encargó de promover en la juventud cubana de la capital, des- de los colegios de San Cristóbal y del Salvador, la enseñanza de su fi - losofía de los nexos y de las interre- laciones para conseguir que ellos se hicieran protagonistas esenciales en la construcción del nuevo progreso
en Cuba.2 Debe destacarse que Luz
2 Sobre esas fi guras, véase: Eduardo Torres-Cuevas: Félix Varela, los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas. Editorial de Ciencias Sociales, La Haba-
na, 1995; Eduardo Torres-Cuevas: “Ensayo intro- ductorio. José Antonio Saco. La aventura intelec- tual de una época”, en: José Antonio Saco: Obras (Volumen I). Imagen Contemporánea, La Habana, 2001, pp. 1-99; Alicia Conde Rodríguez: “Ensayo introductorio. Para una teoría crítica de la eman- cipación cubana”, en: José de la Luz y Caballero:
La Polémica fi losófi ca cubana. 1838-1839 (Vol. I).
Imagen Contemporánea, La Habana, 2000, pp.1- 66; Alicia Conde Rodríguez: “Ensayo introductorio. José de la Luz y Caballero. Las raíces de una cu- banidad pensada”, en: José de la Luz y Caballero:
Obras. Aforismos (Volumen I). Imagen Contempo-
ránea, La Habana, 2001, pp. 1-64.
concebía la teoría científi ca como “la expresión general o clave que a to-
dos los hechos encadena”y que, de
no asumirse así, no habría entonces, según él, teoría o ciencia propiamen- te, pues “no se habrá pasado del em-
pirismo más superfi cial.”3
De esa manera, Pozos Dulces si- guió una orientación metodológica que ya le había permitido conseguir, en lo posible, la estructuración más completa de sus ideas en las cartas enviadas, desde París, al periódi- co habanero Correo de la Tarde en 1857, que luego fueron compiladas en 1860 en su libro Colección de es-
critos sobre agricultura.4
Entonces destacaba el prologuista de ese libro, Domingo Guillermo de Arozarena, antiguo alumno de Luz, la claridad conseguida por el conde en el uso de ese método de las co- nexiones pues consideraba que ha- bía en esas cartas “todo un plan, todo un pensamiento fi losófi co” y añadió: “Los escritos del Conde de Pozos Dulces (…) se distinguen prin- cipalmente como partes, todos, de una concepción única y superior que
los enlaza, armoniza y completa.”5
Por consiguiente, Arozarena con- sideró que la fi losofía utilizada por
3 José de la Luz y Caballero: La polémica fi losófi - ca cubana. 1838-1839, Imagen Contemporánea,
La Habana, vol. I, 2000, pp. 210, 276.
4 Francisco de Frías y Jacott: Colección de Escri- tos sobre Agricultura, Industria, Ciencias y otros ramos de interés para la Isla de Cuba, Imprenta
Tipográfi ca de Jorge Kugelmann, París, 1860; véase: Rolando E. Misas Jiménez: “El progreso pensado por el conde de Pozos Dulces: proble- mas y soluciones con el cultivo, la ciencia y la propiedad agraria e industrial”, en su Génesis
de la ciencia agrícola en Cuba, Instituto Cubano
de Investigación Cultural “Juan Marinello”, La Habana, 2012, pp. 207-230.
5 Domingo Guillermo de Arozarena: “Prólogo del Editor”, en Francisco de Frías y Jacott, Colección
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Pozos Dulces garantizaba el camino más adecuado que debían seguir las futuras generaciones de cubanos para conseguir un verdadero progre- so en la agricultura: Su concepción y su desempeño son indisputable- mente el primer esfuerzo racional y metodizado hecho entre noso- tros, para caracterizar y evidenciar la parte principal y preponderante que cabe a nuestra agricultura en la constitución y consolidación de nuestros progresos y de futura civi- lización. Ya lo hemos dicho: hay en ese propósito toda una fi losofía, todo
un porvenir para nuestra patria.6
Entonces no es casual que en el texto del mencionado proyecto insti- tucional de 1861 estuviese presente ese enfoque fi losófi co de Luz para así abrazar “el problema en toda su
magnitud”7 y completar la coheren-
cia totalizadora de su pensamiento. Este proyecto fue publicado íntegra- mente en el Boletín del Archivo Na-
cional, en el ya remoto año 1919,8
sin dudas por la importancia del tema y de su autor y por su carácter inédito, aunque se debe aclarar que no tuvo entonces una nota explica- tiva; quedando incluso inadvertido entre los historiadores hasta fecha reciente, en que fue objeto de una
investigación.9 Al menos, resulta
importante poner a la disposición de los lectores un fragmento de ese
6 Ibíd., p.V.
7 Boletín del Archivo Nacional. La Habana, 1919, Año XVIII, Nº 4-5, pp. 379-402.
8 Ibíd, p. 382.
9 Rolando E. Misas Jiménez: “El proyecto de Insti- tuto Agrónomo Cubano del conde de Pozos Dul- ces: la perspectiva científi ca de progreso (1861)”, en Consuelo Naranjo Orovio (editora): Los latidos
del progreso en Cuba y Puerto Rico, 1780-1940,
Madrid; proyecto HAR 2009-09844.
documento que sirva para demos- trar la pertenencia fi losófi ca de Po- zos Dulces en el momento de hacer efectiva la coherencia de su pensa- miento crítico:
“Una consideración mas agrega- ré aquí que no debe desatenderse en la resolución del asunto que nos ocupa. Por falta de generalización y de unidad en los planes de fomen- to y mejora, por un espíritu de mal entendida economía, por aplaza- mientos indefi nidos suelen así los particulares como los Gobiernos comprometer el éxito de sus mejores proyectos, y malgastar en tentativas parciales é infecundas los recur- sos que de otra manera enlazados y combinados habrían asombrado por lo grandioso de sus resultados. Sin apartarnos de esta tierra y del asun- to mismo que venimos examinando, ¡cuantos centenares de miles de pe- sos no lleva ya improductivamente consumidos la máxima funesta de hacer las cosas aisladamente y por partes! ¡Cuantos ensayos perdidos, cuantos proyectos abortados por que fueron concebidos y planteados sin un plan defi nido, sin el debido enlace y conexión con los demás ob- jetos que debían abrazar, por que les faltó la síntesis superior que aso- ciando y reuniendo las partes de un mismo todo, á todas las hace igual- mente solidarias y fecundas!
La Escuela de Agricultura, Exmo Sor, ensancha y modifi ca para que comprenda y centralice la totalidad de los esfuerzos que se han hecho hasta ahora ó se hagan en lo fu- turo con el objeto de fomentar ese ramo tan valioso de nuestra pros- peridad, marcará una nueva época en la historia de este país, y acaso