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Chapter 3 The development of a high density SNP-based genetic linkage map of

3.3.2 Novel SSR mapping and loci distribution

Y así desde el versículo 37 hasta el final del capítulo 11 del evangelio de Lucas, siguiendo con estos “improperios” en el capítulo 12; hay que decir también que todo esto se da en el entorno de una comida a la que Jesús ha sido invitado precisamente por un fariseo. No es de extrañar que le dijeran “maestro, así nos estás ofendiendo también a nosotros”; no era para menos, que falta de consideración, diríamos ahora nosotros, porque seguramente seríamos mucho más “correctos y educados” a la hora de que algún banquero, político o importante dirigente religioso, nos invitara a comer; jamás se nos ocurriría comportarnos de esa forma aun sabiendo que todos fueran unos auténticos sinvergüenzas; al contrario, diríamos aquello de que hay que amar a nuestros enemigos y respetar a todos. De todos es conocido también el episodio protagonizado por Jesús de la expulsión de los mercaderes del Templo.

¿Cómo armonizar estas palabras con aquellas otras que piden no tratar con ira o insultar al hermano? ¿No es un insulto decirle a alguien que es un hipócrita, o sepulcro blanqueado o que sus entrañas rezuman maldad? ¿Se lo llamaríamos nosotros hoy a alguno de estos dirigentes que tenemos, políticos o religiosos, aun sabiendo como sabemos de sus malas artes, y menos en el entorno de una invitación? Sinceramente creo que no, es más, probablemente estaríamos dispuestos a justificar sus actuaciones de una u otra forma, incluso le admitiríamos a la Mesa del Señor alegando que no somos quienes para negarle la comunión a nadie, aunque ellos si sean quienes para arruinar la vida a los ciudadanos. En definitiva ¿Cómo conciliar todo esto con aquello de no resistir al mal? No es fácil la respuesta, quizás, como argumentan algunos teólogos, Jesús es violento cuando la injusticia afecta a los demás, sobre todo a aquellos que ya no tienen practicamente nada y viven en la exclusión y la miseria; sin embargo, cuando es él el agredido no hace resistencia. ¿Se puede seguir manteniendo, visto lo expuesto hasta aquí, el amor y el perdón al enemigo y al mismo tiempo denunciar, aun con violencia, la injusticia practicada por las estructuras de poder?, mi respuesta es “Sí”. ¿Implica lo primero que debamos optar por una actitud pasiva y resignada ante las acciones injustas y opresoras del poder?, mi respuesta es “No”. Es más, ya he dicho anteriormente que, desde mi punto de vista, no es posible ser un auténtico cristiano diciendo “Sí” a lo segundo. En palabras de Jose M. Diez Alegría:

“El amor al prójimo a nivel evangélico impulsa al perdón, a la mansedumbre, al amor del mismo enemigo y opresor. Pero, a la vez, impulsa inexorablemente a oponerse a la injusticia, a luchar con todas las fuerzas contra la opresión de los inocentes y los débiles”3.

Tal fue la actuación de Jesús que sus oponentes no tardaron en acusarle y acabar con su vida. En definitiva, Jesús usó de la violencia contra la violencia de las estructuras injustas y opresoras. La actitud de “no–violencia–armada” no impide la “violencia denunciante” de injusticias. Y, dicho sea de paso, ya no hablemos de la violencia actitudinal y verbal de los profetas, especialmente los del siglo VIII a. C. Por tanto creo, sinceramente, que no es legítimo ni cristiano apelar a la no resistencia al mal, ni al amor a los enemigos, para tratar de que se tomen actitudes pasivas e indolentes ante unos poderes políticos, económicos o religiosos que fomenten el control y la opresión, pues estas actitudes son contrarias a la voluntad de Dios y seguirán favoreciendo y perpetuando tales estados de injusticia. No estoy defendiendo, en absoluto, la violencia física y mucho menos la violencia armada (aunque también es verdad que hay veces en que tanto la una como la otra son comprensibles) sino que la violencia actitudinal que denuncia, rechaza y lucha con vehemencia y entusiasmo por la dignidad y los derechos de las personas, es evangélica y, por tanto, legítima; más aun, necesaria. Y para terminar, y dicho sea de paso, no todo ni todos merece y merecen respeto y ser respetados, por muy importantes que digan ser. R __________

Notas:

(1) Jesús de Nazaret, el Cristo liberador.

(2) Podemos consultar las obras de autores como J. Jeremías, G. Theissen y otros con respecto a la situación de la Palestina del siglo I, así como la posible relación de Jesús con este tipo de movimientos.

La vida del gusano protagonista de esta historia transcurría al unísono de la de sus compañeros, pero ocurrió algo.

El gusano salió del huevo diminuto y se acostumbró y comenzó su andadura arrastrándose por la tierra, por las cortezas de los árboles, por las hojas, por los pétalos de las flores. Se sentía hermoso, pero su caminar era tosco y lento.

Se conformó a vivir así, sin otras aspiraciones. Miraba al cielo y veía volar las mariposas y los pájaros y no se atrevía a soñar con tener alas algún día y poder alzarse, aletear y dejarse conducir por la brisa del viento. No soñaba con alas multicolores y con movimientos distinguidos de los que se desplazan en el aire.

Como él, otros gusanos habían salido el mismo día del huevo y vivían en grupo. Comían el mismo tipo de alimento, dormían a la misma hora y despertaban a la vez. Todos ellos eran ajenos a la transformación que les esperaba en un tiempo cercano. La metamorfosis tendría lugar. Su forma sería

alterada y no habría vuelta atrás.

Llegó el momento de la preparación del cambio. Se despidieron unos de otros y por instinto comenzaron la fabricación de la

envoltura que los separaría algún tiempo.

Construyeron un lugar igual al tamaño de su cuerpo para enclaustrarse. Era de suponer que este encierro en la penumbra les serviría para meditar, hacer planes para el futuro: dónde irían, qué harían, con quien se emparejarían.

La vida del gusano protagonista de esta historia transcurría al unísono de la de sus compañeros, pero ocurrió algo. Mientras en su enclaustramiento todos hacían planes de transformación para disfrutar de su nueva condición de mariposa, él y otros como él se durmieron.

Se durmieron o se despistaron, o quizás nunca tuvieron aspiraciones, no se sabe.

El resultado fue que cuando la mayoría salió al exterior y como un abanico de colores echó a volar luciendo sus maravillosas alas, él y algunos más con él, ni siquiera se dieron cuenta de su nuevo aspecto.

Mientras los demás se elevaban, ellos, como siempre, miraron hacia abajo y sólo advirtieron que tenían patas y de que ya no les era necesario arrastrarse. Se pusieron muy contentos, a algunos se les subió la autoestima de manera exagerada y continuaron desplazándose hasta el polen de las flores, paso a paso, caminando.

En su corta vida nunca se dieron cuenta de que poseían la capacidad de volar, pensaban que sus alas no eran más que parasoles que les daban sombra. Y a la sombra iban y de la sombra venían y en la sombra permanecían sus días.

Estos son, en consonancia, los que recibiendo las bendiciones del Señor, son tan pobres espiritualmente que no las disfrutan porque ni siquiera saben que las tienen. O sea, los que teniendo alas, no vuelan.R

Isabel Pavón* PROTESTANTE DIGITAL