Chapter 4: Conclusion 60
4.2 Nozzle-less Printing Using Pyroelectricity 62
Finalizando 1811, la guerra y los disturbios civiles se
extendían a ambas orillas del viejo imperio de los Borbones
españoles. Cuando las armas hablaban, un peninsular asentado en
el Río de la Plata escribía por entonces una carta de llamada a sus
hermanas de España, en nombre de los otros hermanos varones ya
emigrados y con instrucciones para su embarque. Cifraba sus
expectativas en que los “sobresaltos” vividos en las colonias, donde
se sucedían las primeras declaraciones de independencia por parte
de sus élites criollas, serían pasajeros o, en todo caso, valoraban
que estos eventos suponían un menor quebranto que el que debían
de Napoleón, en función de las noticias recibidas en cartas
anteriores:
“Mis queridas ermanas: celebraré que al recibdo
de esta que gocen de perfecta salud como yo para mi
deseo, la mia queda bueno en compañía de mis
ermanos. Noticioso yo y mis ermanos de las miserias
que se estan pasando en estos tiempos por causa de
esta guerra, pues hemos determinado ya llamaros a
esta, aunque en esta también nos hallamos algo
sobresaltados pero con todo esperamos que por aquí
pronto se compondrá la cosa mediante la misericordia
de Dios […] “116
En la década siguiente el grueso continental del imperio
español habría de certificar su defunción, para dar paso a un
escenario compuesto por repúblicas independientes y rivalidades
políticas de distinta escala, como las vividas por la nueva
Confederación Argentina en las siguientes décadas.
116 Carta de Joseph Agustín de Aristegui a sus hermanas, fechada en Montevideo el 20 de septiembre de 1811. Compilación de correspondencia privada en MÁRQUEZ MACÍAS, R.: Historias de América: La emigración española en tinta y papel, [Huelva] : Ertoil Lubricantes, D.L. 1994, p. 118.
Acalladas las armas, o más bien puestas en sordina interna,
y confirmándose hacia 1830, por elegir una fecha redonda, lo
irreversible de esta pérdida, la España isabelina pasa de ser
metrópoli a una potencia menor, involucrada a regañadientes en el
decisivo reto interno de construcción del proyecto liberal de estado.
Este paso de imperio a naciones no estuvo exento de
guerras civiles entre facciones intestinas a ambos lados del
Atlántico, a lo que hay que añadir el rosario de conflictos
fronterizos que vivirían en América las nuevas repúblicas durantes
las décadas siguientes. Este cambio de escenario, no pudo menos
que reflejarse en todos los órdenes de la vida militar, política,
económica, comercial y financiera de España y Andalucía.117
¿En qué medida afectó la escisión del viejo imperio al
ámbito de la sociedad española y andaluza, de los emigrados o con
perspectiva de saltar al otro lado del “charco”?
Desde luego, muy sensible desde finales del XVIII a los
conflictos bélicos, las comunicaciones marítimas vienen
interrumpiéndose con asiduidad, cuando franceses e ingleses
117 Junto a los aspectos políticos, también se ha hecho una síntesis del impacto de esta situación en las clases mercantiles andaluzas ligadas al comercio americano por: SÁNCHEZ MANTERO, R.: “Consecuencia políticas de la Emancipación en Andalucía”, en Andalucía y América en el siglo XIX: Actas de las V Jornadas de Andalucía y América, Huelva, Universidad de Santa María de la Rábida, 1985, pp. 19-27.
competía por el dominio del Atlántico. La época de los convoyes
regulares quedaba muy atrás en dicho siglo.
La ocupación de la península y la guerra de la independencia
agravaron las comunicaciones. De hecho, hacia la década de 1810
se había complicado este trasiego trasatlántico, afectando al día de
los puertos y las poblaciones a ambos lados del océano; esos
retrasos y dificultades estaban contribuyendo a postergar el viaje
de las “hermanas” del autor de la carta anterior, queja que se
dejaba sentir en otras misivas particulares y comerciales de la
época.
De todos es sabido que este dislocamiento en las viejas
rutas marítimas no sólo impedía las flujos migratorios, sino incluso
incidió en las revoluciones políticas de múltiples maneras
(acostumbró a los criollos a no depender de la protección del Rey
ante los asedios de la armada inglesa en el Cono sur, e incluso
complicó la llegada de diputados americanos a las Cortes
convocadas en Cádiz en 1810, generando una casuística que
reforzó el factor de los imponderables históricos en la deriva de
esta trascendental institución).118
118 Los diputados que por las dificultades de transporte trasatlántico llegaron a tiempo a las sesiones constituyentes de 1810-1812 eran “suplidos” por otros ciudadanos de Cádiz, entre los que se hallaban “algunos de los nombres más representativos del liberalismo”, en palabras de Artola. ARTOLA, M.: Los [Cont.]
A la luz de lo que vamos conociendo en otros espacios
migratorios regionales, parece cobrar fuerza la hipótesis de que la
ruptura institucional que conllevó obviamente la proclamación de
las nuevas repúblicas americanas respecto a España no tuvo
necesariamente que implicar un desmantelamiento igualmente
tajante en el entramado de pequeños intereses particulares
heredados y que comprometían a los “españoles en ambos
hemisferios”.119
¿Ruptura o continuidad respecto a la emigración del XVIII?
Los trabajos de Moya, Yáñez Gallardo y De Cristóforis
coinciden en un aspecto interesante a este respecto:
“Las guerras de independencia y civiles que se
desataron como consecuencia de la crisis del orden
colonial no produjeron la total interrupción de los flujos
de gallegos y asturianos hacia el Río de la Plata […]
orígenes de la España contemporánea, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2000, I, p. 405.
119 Así se expresaba en aquella coyuntura la Constitución de Cádiz en su art. 1, donde adquiría carta de naturaleza la fuente del nuevo poder político contemporáneo: la Nación.
[…] Se siguieron desplazando a Buenos Aires,
aunque a un ritmo más modesto que en los últimos
años de la etapa colonial”.120
M. Carmagnani defendió la existencia de un modelo
mediterráneo de emigración contemporánea a la nueva América de
estados independientes mediante un estudio comparativo de tres
corrientes nacionales: italianos, portugueses y españoles. Un
proceso de inflexión migratoria dentro del marco hispánico que
terminaría adquiriendo un patrón propio de las migraciones
masivas a finales del XIX.121 Siguiendo al investigador italiano,
dicho nuevo ciclo empezaría a dejarse sentir a partir de 1860,
aunque todo parece indicar que elementos indiciarios del periodo
anterior se resuelven pruebas ya significativas de estas nuevas
pautas generalizadas a partir de 1880, al menos en nuestra región.
122
Con este nuevo modelo de emigrar, la Europa del Sur se
sumaba a corrientes migratorias trasatlánticas ya en marcha en la
120 DE CRISTÓFORIS, N. A. (2010), pp. 52 y 53.
121 Ello supondrá un salto cuantitativo sin precedentes pero también significa la participación más intensa de la población española y andaluza en particular a los procesos de integración de los mercados laborales trasatlánticos, a la vez que en esas nuevas poblaciones de españoles al otro lado del Atlántico permitía para algunos la oportunidad de abrir nuevos mercados étnicos y para otros de soñar con un renovado panhispanismo a principios del XX.
122 CARMAGNANI, M. Emigración mediterránea y América. Formas y transformaciones, 1860-1930, Oviedo, Archivo de Indianos, 1994.
Europa noroccidental en el segundo tercio del XIX. En el caso
español, durante este período de 1830 a 1870 podemos observar el
impacto proveniente de la desaparición del orden colonial y la
posterior normalización de los flujos, a la vez que van
introduciéndose nuevas pautas migratorias regionales.
Lo que hace pensar que desde la década de 1830 se tuvo
que dar una coexistencia entre la persistencia de viejos lazos
migratorios heredadas de finales del XVIII y los nuevos elementos
que apuntaban características de la etapa posterior. En este
espacio de tiempo se liquidaron viejas formas –la institucional y
eclesiástica- pero pervivieron en algunos destinos –Cuba- a la vez
que van reforzándose las de origen comercial e irán surgiendo
otras nuevas relativas a los perfiles regionales y sociales de las
migraciones a gran escala.
Tuvo que producirse la readaptación de las pautas
migratorias previas al nuevo escenario de relaciones
internacionales y económicas en función de cómo cada país y, en
nuestro caso, cada región dentro de éstos afrontó las
transformaciones ligadas al asentamiento de la sociedad liberal, el
emergente capitalismo industrial y la desaparición de la vieja
estanqueidad de los mercados agrarios. Conforme avanza la
navegación a vela por la navegación con automoción, cascos de
hierro y dotada de hélice, que vinieron a incidir en una mayor la
integración de las economías atlánticas. Son los factores
destacados de aquellos grandes cambios que entonces
denominaron los periódicos andaluces denominaban una
“economía-mundo”, base de la globalización actual. El aspecto a
veces más olvidado correspondió a la integración de los mercados
laborales entre la región y las economías atlánticas del Cono Sur:
Argentina y Brasil concretamente.
El siglo XVIII también en lo relativo a los ritmos migratorios
había mostrado perfiles expansivos, aunque siempre dentro de
números muy modestos en comparación con lo que ocurrirá en
época contemporánea.
Martínez Shaw en su repaso las cifras conocidas sobre el
trasvase emigratorio a América de 1492 a 1824 calcula un
montante acumulado de medio millón de individuos, incluyendo
todos orígenes y a lo largo esos casi tres siglos (por hacernos una
idea de las distancias en los volúmenes: se calcula que sólo entre
los andaluces se alcanzaría esta cifra en los cincuenta años de
1880-1930)
Dicho autor define el último periodo de existencia de las
flujo emigratorio”, tras la crisis de la segunda mitad del XVII. Y ello
a pesar de que las guerras de alianzas entre Inglaterra y Francia,
con España como partner, por el control del centro del sistema
atlántico no dejaran de introducir un elemento de incertidumbre en
esta tendencia en a finales del siglo XVIII. Sería como el canto de
cisne de toda una tradición migratoria, que llevaría bruscamente a
una “sima” en las cifras. Las siguientes del citado historiador bien
podrían resumir esa tesis tradicional de corte rupturista en los
flujos migratorios que supuso la emancipación de las colonias, más
arriba comentada y que, hasta al menos las celebraciones de 1992,
ha estado vigente en la historiografía americanista y modernista
española, en virtud de la representatividad de tan significada
autoría.
“En el último tercio, la curva, sin alcanzar nunca
los valores del siglo XVI, se muestra en un nivel que
hace olvidar la crisis de las décadas centrales del
seiscientos y además animada de un movimiento
ascendente que se quiebra a penas rebasado el umbral
del siglo XIX, cuando la crisis bélica y el
desencadenamiento del proceso de emancipación
sima abierta por la independencia de las antiguas
colonias”.123
El del “Río de la Plata” fue el último de los virreinatos
creados en las Indias españolas, precisamente en aquel periodo de
reactivación migratoria que fue la segunda mitad del siglo XVIII. En
lo que quedaba de vida a la Corona española en América, no
parece que llegara a poder competir con los consolidados
virreinatos de Nueva España, Nuevo Reino de Granada o de Perú.
No obstante, parece cierto también que estaba en cierta
tendencia expansiva su atractivo para los habitantes de la
metrópolis, incluido los emigrantes andaluces, por aquellos
decenios finiseculares. A lo largo de esa centuria, se han
identificado 167 andaluces entre los que pidieron autorización para
viajar al Río de la Plata, un 7,29 % del total regional de 2.200
embarques. En todo el siglo XVII, sólo se habían solicitado con este
destino 32 licencias de las casi 5.000 expedidas a vecinos de
Andalucía.
Cabe decir que mientras los Países del Río de la Plata
recibían un creciente número de andaluces, este hecho se produce
en un contexto recesivo de esta corriente regional a América que
123 Pertenece a las conclusiones del libro: MARTÍNEZ SHAW, C.: La emigración española a América (1492-1824), Colombres, Archivo de Indianos, 1994, pp. 249 y 250.
ya venía detectándose durante el siglo XVIII con respecto a la
emergencia de más pasajeros de otros orígenes. En cualquier caso,
nos llama la atención lo realmente modesto de estas cifras,
tratándose de centurias completas, y si tenemos en cuenta los muy
superiores valores que la emigración va a registrar en algunos años
del XIX124.
Así pues, la situación en las décadas finales del Imperio
español en América está marcada por la recesión en términos
absolutos de la corriente emigratoria andaluza, si bien en lo
concerniente al Río de la Plata la tendencia es justamente la
opuesta.
Los Países del Río de la Plata incluían Montevideo, Paraguay,
Mendoza y Buenos Aires, pero de hecho la futura capital de
Argentina fue la que acaparó la mayoría de los permisos
concedidos durante el XVIII (147 de las 167 mencionadas). En la
centuria anterior ni siquiera se aparece en la relación de destinos
entre los andaluces
En el último tercio del XVIII se abre la etapa conocida como
del “comercio libre”, pero este trasiego de hombres y mercancías a
124 DÍAZ-TRECHUELO LÓPEZ –SPINOLA, L. (dir.): La emigración andaluza a América. Siglos XVII y XVIII, Sevilla, Junta de Andalucía, 1990, pp. 73-82. Aporta una valiosa base de datos nominales publicada como grueso anexo a un estudio introductorio, donde se recogen los permisos concedidos a naturales de Andalucía hasta 1790.
través del Atlántico se verá con frecuencia dislocado por el
encadenamiento de distintas fases del conflicto entre viejas y
nuevas potencias del momento: España, Gran Bretaña y Francia,
precisamente por el control de espacio comercial que constituía la
economía atlántica. Tras las decisivas pérdidas inflingidas a la
marina franco-española en Trafalgar, último nexo de unión efectiva
entre la metrópoli y sus territorios ultramarinos, vendrá la
ocupación militar por las tropas napoleónicas y la guerra en la
Península en 1808-14. Seguirán dos décadas de inestabilidad
marcadas por la bancarrota crónica y el desafío liberal al modelo de
Estado. El poder heredado por Fernando VII se resolverá incapaz
de hacer frente con éxito a la cadena de proclamaciones de
independencia de las élites criollas liberales, que estaban
experimentando en aquellos convulsos años cómo vivir de facto sin
la tutela y las servidumbres de una decadente metrópolis.
Las investigaciones de R. Márquez Macías, a partir de las
mencionadas licencias de embarque conservadas en el Archivo
General de Indias, han permitido ampliar el conocimiento de los
del siglo XIX125. La base de datos del estudio la constituyen 17.231
autorizaciones expedidas por la Casa de Contratación entre 1765 y
1824, de las cuales en 6.693 casos se hace constar la naturaleza
del titular. Entre estos últimos, la autora contabiliza 1.370
andaluces.
Ahora bien, cabe también decir que en las primeras décadas
del XIX se acentúa el declive absoluto y relativo de esta corriente
regional, justo cuando dibujan una tendencia inversa catalanes,
asturianos y vasco-navarros. La citada investigadora cuestiona que
el contexto bélico del país y el Atlántico sirva para explicar por
completo la drástica reducción de andaluces, en la medida que
otras corrientes regionales no parecen acusarlo de igual manera.
Termina por apuntar a eventuales circunstancias particulares de
Andalucía.
“Este fenómeno es contrario al catalán,
asturiano o vasco, en los que la emigración no sólo se
mantiene, sino que a veces aumenta al final del
período.
125 MÁRQUEZ MACÍAS, R.: La emigración española a América (1765-1824), Oviedo, Universidad, 1995. Publicación que nace de la tesis doctoral de la autora.
Este descenso de andaluces, puede responder a
problemas internos dentro de la región, ya que las
coyunturas bélicas a uno y otro lado del Atlántico no
afectan [de igual manera y en este sentido] a las
regiones antes citadas”.126
En cualquier caso, los 1370 emigrantes andaluces de 1765-
1824 implican una media de 23 emigrantes/año en dicho periodo,
frente a los 90 emigrantes/año para el global del XVIII (2200
andaluces en 1700-1790 según la citada investigación dirigida por
Díaz-Trechuelo). El contingente andaluz queda reducido a un
cuarto de su dimensión secular a finales del XVIII, del mismo
modo, si centramos el cálculo al tramo más próximo a nuestras
fuentes (1800-1824), los 452 visados a andaluces en esas fechas
reducen el promedio incluso a 18 por año. Lo paradójico es que,
como acabamos de apuntar, por entonces otros peninsulares como
los catalanes incrementaban su entonces insignificante emigración
anual hasta alcanzar las 61 licencias/año.
Confirmada esta retracción relativa de los andaluces en la
corriente americana, también se constata que Andalucía continúa
aportando el mayor contingente poblacional regional a este flujo
126 MÁRQUEZ MACÍAS, R.: "La emigración española a América en la época del comercio libre (1765-1824): el caso andaluz", Revista Complutense de Historia de América, n. 19, 1993, p. 240
migratorio atlántico (8,0 %), claramente por encima en valores
absolutos de otras regiones y también del epígrafe de
“extranjeros”, que suma 1157 individuos.
Junto con la residencia en dos de sus ciudades de los
centros de embarque y monopolio del comercio con América, la
propia dimensión demográfica de la región en el conjunto de la
población española ayuda a explicar parte de este protagonismo
migratorio. Pero si esto último pudiera contener alguna parte de Licencias de embarque por áreas de destino.
1765-1824 Destinos Las Antillas México y Centroamérica Países Andinos Centro- Sur Países Andinos Norte Países del Plata TOTAL
Emigrantes andaluces por destinos
Número 124 361 128 225 129 973
Emigrantes/año 2,1 6,0 2,1 3,8 2,2 16,2
Importancia de los destinos en cada corriente regional (%)
Andalucía 12,7 37,1 13,2 23,1 13,3 100,0
España.* 26,2 33,9 11,7 16,0 12,1 100,0
Frecuencia de andaluces entre los emigrantes por destinos (%)
Andaluces 6,4 8,7 8,7 11,8 9,1 --
* Global de las licencias, incluyendo las de extranjeros, tramitadas por la Casa de la Contratación.
Fuente: MÁRQUEZ MACÍAS, R. (1995), p.163, y MÁRQUEZ MACÍAS (1991), p. 246. Elaboración propia.
explicación, observamos que dicha participación quedaba muy por
detrás del peso demográfico global, pues en los reinos andaluces
residía el 18,0 % de la población española a finales del XVIII127. En
suma, qué duda cabe que el interés por la emigración entre los
andaluces no crecía en paralelo a su población a finales del
XVIII.128
En este punto se nos plantea la cuestión de observar qué
ocurre específicamente con los que se dirigían a Argentina, dentro
de los denominados Países del Río Plata129, entre los que la
posterior república Argentina uno de los destinos protagonistas de
las migraciones masivas desde finales del XIX. Entre los
embarcados según las licencias de principios de este siglo, la
mayoría de los naturales de Andalucía se dirigió a México y
127 En Andalucía fueron censado por entonces 1,8 millones de los 10,3 millones habitantes del país. Censo de Floridablanca 1787, vol. 1: Comunidades regionales, Madrid, INE, 1987.
128 A finales del XVIII la población andaluza estaba creciendo en el conjunto español, habiendo pasado de representar un 17,4 en 1752, según el Catrasto de Ensenada, al 18,0 % de 1787. Para los datos del Catastro de Ensenada, véase SANZ SAMPELAYO, J. F.: "Andalucía en el Censo de Floridablanca. Algunas consideraciones sobre su población", en La población española en 1787. II Centenario del Censo de Floridablanca, Madrid, INE, 1992, p. 376.
129 La distribución por destinos de los emigrantes andaluces la podemos obtener de las tablas de clasificación profesional de Márquez Macías, por lo que en este apartado nos basamos necesariamente en aquellas licencias individuales que ofrecen estas dos informaciones (origen y profesión); en función de ello, el universo a estos efectos lo confirman 973 de los 1370 emigrantes andaluces. Por otra parte, las cinco grandes áreas de América son las utilizadas por la autora de quien tomamos los datos. Como se explica, el grupo denominado Países del Plata (actuales Argentina, Uruguay y Paraguay) abarcaría numerosos