Alrededor de 2,800.00 millones de personas, esto es, el 46% de la humanidad, viven por debajo de la línea de pobreza que el Banco Mundial fija en menos de 2 dólares diarios:
La renta media de las personas que viven por debajo de esta línea es un 44,4% inferior. Cerca de 1,200 millones viven con menos de la mitad, lo que significa que viven por debajo de 1 dólar/ día, la línea de pobreza más conocida del Banco Mundial. Una pobreza tan inconcebible vuelve a estas personas especialmente vulnerables ante cambios insignificantes de las condiciones naturales y sociales, y también las expone a muchas formas de explotación y abuso. Cada año, unos 18 millones mueren prematuramente por causas relacionadas con la pobreza. Esto constituye un tercio de todas las muertes humanas _ 50 000 diarias, que incluyen las de 34 000 niños menores de cinco años. (Pogge 2005: 14)
Esta pobreza masiva y extrema coexiste con una prosperidad extraordinaria creciente en otras partes:
La renta media de los ciudadanos de los países ricos tiene casi 50 veces más poder adquisitivo y es casi 200 veces mayor en términos de tasa de intercambio mercantil que la de los pobres globales. El déficit agregado de todas las personas que distan de la línea de pobreza situada en 2 dólares PPA al día alcanza los 300 000 millones de dólares anuales, que equivalen al 1,2 % de las rentas nacionales anuales brutas agregadas de las economías con rentas más altas. (Pogge 2005: 21)
Al respecto Thomas POGGE señala:
Los 2,800 millones de personas más pobres tienen juntas cerca del 1,2 % de la renta global agregada, mientras que los 908 millones de personas de las “economías de renta alta” acaparan el 79,7%. Con sólo transferir un 1% de la renta global agregada _312 000 millones de dólares anuales_ del primer grupo al segundo, se erradicaría la pobreza mundial extrema [Las cursivas son nuestras]. (Pogge 2005: 15)
Advertimos aquí como el problema de la pobreza pasa principalmente por un problema de redistribución de riqueza y empoderamiento de personas pobres6
Por ello, ante este ritmo tan cambiante y antojadizo de la economía en el mundo, siendo que la erradicación de la pobreza mundial extrema, como lo señala Pogge, se lograría con tan sólo la decisión de las personas de las “economías de
, más que uno de sobrepoblación. “[…] Sin embargo la transferencia de la renta global se está haciendo, en realidad, en el sentido contrario. La desigualdad continúa creciendo década tras década. Los prósperos son cada vez más ricos, mientras los pobres permanecen aún en el nivel de subsistencia, o incluso por debajo” (Pogge 2005: 15).
Evidentemente el desarrollo económico no alcanza a los pobres:
En un lustro reciente que ha sido estudiado con minuciosidad, la renta media per cápita de la población mundial creció en un respetable 5,7%. La quinta parte más rica de la población mundial acaparó todas las ganancias _y un poco más: los ingresos reales disminuyeron en todos los demás niveles de renta_. “El 5% más pobre del mundo se empobreció aún más puesto que sus ingresos reales disminuyeron, entre 1988 y 1993, en 1/4, mientras que la quinta parte más rica continuó enriqueciéndose. Dicho estrato de ingresos ganó un 12% en términos reales, esto es, su renta aumentó en más del doble de lo que aumentó la renta mundial (5,7%). (Pogge 2005: 14)
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Al respecto señala la Comisión para el Empoderamiento Legal de los Pobres y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en su informe titulado La ley: clave para el desarrollo sin exclusiones: “Si las leyes son una barrera para las personas pobres que desean mejorar su condición, si se consideran como un obstáculo para la dignidad y la seguridad, entonces se renunciara muy pronto a la idea de la ley como una institución legitima. Si se acepta y entiende que la ley ofrece protección e igualdad de oportunidades, y asegura el acceso a un proceso justo y neutral, entonces será venerada como la base de la justicia” (2008).
renta alta” de transferir un 1%, esto es, 312 000 millones de dólares anuales, de la renta global agregada de un total 79,7% que acaparan, a las personas más pobres (Pogge 2005: 14). Se coincide con este autor al afirmar que los cambios de nuestra moralidad simplemente responden a los intereses cambiantes de quienes poseen el capital, las tecnologías, las tierras y los recursos naturales. Fundadamente señala que si las normas morales proporcionan a los débiles y a los pobres alguna protección, es sólo por casualidad (Pogge 2005: 16).
Entonces, tratar de justificar la implementación de Métodos Anticonceptivos de Emergencia como la solución para erradicar la pobreza extrema, parece sólo responder a otro interés cambiante de la clase económica con renta más alta para justificar la venta de dichos medicamentos enriqueciéndose aún más, por medio de la adquisición de las mismas, como un plus a la venta de medicamentos anticonceptivos regulares, ocultando en su haber intenciones egoístas que podrían tornarse todavía más funestas en contra de los pobres, como lo es su eliminación, regresando a períodos en los que la humanidad creía falsamente que las personas valían por lo que tenían y no por lo que eran.
Por otra parte, las discrepancias en la necesidad de configurar políticas públicas “[…] pueden ser todavía mayores si los grupos viven aislados los unos de los otros, y si carecen de una conciencia vivida de las circunstancias, las experiencias y las perspectivas sobre el mundo que tienen los demás [La cursiva es nuestra]” (Pogge 2005: 16).
Vivimos aislados totalmente de la pobreza extrema, sin embargo pretendemos solucionarla desde nuestra perspectiva externa (Pogge 2005: 16), sin realizar una análisis pormenorizado de sus consecuencias no sólo físicas sino psíquicas en las personas más pobres, a quienes se les pretende distribuir un medicamento gratuito para no tener hijos, sin advertir su condición abortiva, aprovechando su desventaja en el nivel educativo, que limita sus posibilidades de investigar en qué consisten los mecanismos de acción del medicamento y mucho menos rechazarlo.
Por otro lado, cierto es que las transferencias económicas directas a las familias más pobres no es un problema sencillo, sino por el contrario muy complejo, ya que si las familias pobres reciben directamente el dinero sin saberlo administrar mucho menos invertir, en poco tiempo volverán a su condición de pobreza extrema; sin embargo aquel gobierno que verdaderamente desee erradicar la pobreza buscará soluciones alternativas a los problemas que paulatinamente se vayan presentando.
Así por ejemplo:
Donde las transferencias directas a las familias pobres creen dependencia, podemos dirigirnos directamente a los niños y financiar programas de vacunación, escolarización básica, comedores escolares, agua potable y sistemas de aguas residuales, viviendas, centrales y redes eléctricas, bancos y microcréditos, carreteras, ferrocarriles y redes de comunicación. Estos proyectos aumentan la capacidad de las poblaciones pobres de valerse por sí mismas y mejoran su acceso a los mercados al mismo tiempo que estimulan también la producción local. Tales proyectos, financiados con fondos públicos, desempeñan un importante papel en la erradicación de la pobreza en el mundo desarrollado. Y también los han realizado con éxito en el mundo en vías de desarrollo organismos de la ONU, ONG y algunos países donantes individuales. (Pogge 2005: 22)
En la cumbre Mundial sobre la Alimentación celebrada en Roma, organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en noviembre de 1996, los gobiernos de los 186 países participantes acordaron comprometer su voluntad política y su esfuerzo común y nacional en el logro de la seguridad alimentaria para todos y en el mantenimiento del empeño encaminado a la erradicación del hambre en todos los países, con el objetivo inmediato de reducir a la mitad el número actual de personas desnutridas no más tarde de 2015.
Sin embargo, esta premura en el tiempo y la lucha competitiva por conseguir metas en el crecimiento económico, no han permitido caer en cuenta debidamente, en los medios con los que las mismas se pretenden conseguir, es
decir que éstos respeten los derechos humanos de los involucrados; recordemos que tanto los derechos humanos como la justicia entrañan deberes negativos, esto es, restricciones específicas mínimas sobre los daños que las personas pueden infligir a los demás.
Sobre esta complicidad implícita en la muerte de tantos pobres existente en el tan desigual crecimiento económico Tomas Pogge señala: “[…] nuestros gobiernos no pueden utilizar esta ganancia para justificar los daños que ha causado, ya que, sin reducir la ganancia, podrían haber evitado la mayoría de esos perjuicios con sólo confeccionar un Tratado de la OMC menos oneroso para los países en desarrollo” (Pogge 2005:34).
En este sentido, cómo podemos justificar una política anticonceptiva que podría ser abortiva, para reducir la pobreza, cuando uno de los principales factores que la genera se encuentra en las decisiones equivocadas y egoístas respecto a cuestiones vitales por parte de los acaparadores de la mayor cantidad de recursos económicos.
Finalmente, es evidente que la implementación de la Píldora del Día Siguiente como una política de salud pública no contribuirá a la reducción de la pobreza. La solución al problema de la pobreza puede ser obtenida por otros medios mucho más eficaces e idóneos, como la concesión económica de los países ricos centrada en el mejoramiento de las condiciones de salud, educación y potenciación de las capacidades de las personas pobres, sin que tal ayude económico le implique perder su condición de riqueza.
Lamentablemente la voluntad de querer eliminar realmente la pobreza extrema al parecer no existe, por lo menos no en todas las personas ricas o empoderadas que dicen tenerla. Siendo la anticoncepción de emergencia otro medio más para incrementar su riqueza, maquillada como ayuda humanitaria, para promover su compra por parte de Estados pobres o con una economía media como la peruana.