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SECTIONS 704 AND SECTION 706 0F THIS ORDINANCE.
F. NUISANCE ISSUES:
El estudio de la personalidad representó, para el modelo causal, del cual forman parte el psicoanálisis y la psiquiatría, una
reducción de la criminalidad a la anormalidad mental, constitucional o adquirida.
Estas escuelas no se diferencian del positivismo clásico en su raíz ideológica, pues reiteran como objeto de estudio al delincuente (explicación de la personalidad criminal) y lo excluyen de la normalidad como consecuencia de su inadaptabilidad al modelo promedio. La diferencia está en la enfermedad y cómo ella transforma al individuo en un objeto de represión y custodia, en un peligro para la sociedad.
Son escuelas post-positivistas de origen causal.
• ESCUELAS PSIQUIÁTRICAS DE LA CRIMINALIDAD:
a) La anormalidad del delincuente: se ha entendido que la normalidad es la conformidad con el sistema normativo y
social, por ende, la criminalidad es la negación de las normas y del orden social. Se la asocia con la enfermedad, por no comprender que un ser normal puede libremente elegir violar las normas.
Es una posición que entronca con las antiguas formas de locura y posesión demoníacas de la antigüedad y en las nuevas formas de análisis de la enfermedad mental. Cabría citar como ejemplo la caza de brujas de la localidad de Salem, en los Estados Unidos, donde las acusadas de realizar hechicerías eran condenadas a muerte bajo el rótulo de anormalidad cuando, en realidad, lo que denotaban eran síntomas histéricos.
Esta estrecha relación entre delito y enfermedad puede encontrarse en el positivismo materialista, por ejemplo, en la clasificación lombrosianas que incluye al loco moral. MAUDSLEY, pionero de la teoría de la insanity, estableció una correlación directa
entre enfermedad mental y delito, afirmando el carácter hereditario de los rasgos psicológicos que determinarán la degeneración
mental causante del crimen.
El positivismo criminológico sustituirá la teoría de la locura mental por la personalidad criminal, es decir, por la hipótesis de que existe un conjunto de rasgos (una personalidad) específicamente criminal, una estructura psicológica delictiva per se. Dicha suposición destacaba la insuficiencia de las teorías biológicas y sociológicas en el momento de explicar la etiología del crimen. Pero el éxito de esta teoría reside en su plena coherencia con dos de los postulados del positivismo criminológico: el principio
de la diversidad del delincuente (desde lo cualitativo, sería distinto, diferente de los demás ciudadanos normales que cumplen con las
leyes) y la necesidad de aislar, mensurar y cuantificar aquellos factores patológicos que inciden de modo causal en el individuo y le determinan al delito.
La personalidad criminal, y por tanto anormal, se juzgará teniendo por parámetro las normas jurídicas y las instituciones
de la sociedad, incluyendo esta última a la familia. La familia como referente primero del individuo respecto de la sociedad toda, ya
que es el primer agente de socialización de un niño, por los valores, límites y normas que le son enseñados al infante por este agente.
Aunque estas teorías de la insanity con respecto a la personalidad criminal han sido desechadas por inconsistencia, dejaron como legado a las escuelas causalistas posteriores el hecho de la diversidad o anormalidad del delincuente: en este pensamiento
B) LAENFERMEDAD: no puede afirmarse que toda anormalidad sea patológica, o sea que toda personalidad anormal
pueda ser considerada una enfermedad mental o una morbosidad. Bajo esta premisa, será la psiquiatría la rama que se ocupará
del estudio de la anormalidad, dejando el campo del estudio de la conducta anormal a la psicología criminal.
Se intentó también encontrar la causa de la anormalidad del delincuente en anomalías o deficiencias de su
comportamiento individual, lo que llevó en el campo del fenómeno criminal a la revisión del concepto de “psicópata”.
En la psiquiatría moderna se reserva el término de “psicópata” para los individuos que básicamente se encuentran faltos
de sociabilización y, en consecuencia, se enfrentan completamente contra la sociedad. Su principal característica es su falta de culpabilidad frente al ilícito, lo que usualmente se acompaña con un extremado egoísmo, insensibilidad y violencia.
• ESCUELAS PSICOANALÍTICAS DE LA CRIMINALIDAD:
El psicoanálisis no pretendió nunca ser una teoría de la criminalidad, pero pese a ello y a sus limitaciones, posee un gran atractivo. Se ha pretendido encontrar, en el modelo del psicoanálisis, un puente de unión entre la psiquiatría y la psicología, pero se ha ido transformando hasta mostrarse como una verdadera teoría general del comportamiento.
Los primeros psicoanalistas intentaron demostrar el juego de la neurosis (proceso psíquico del inconciente del individuo producido por un acontecimiento, sea normal o traumático, vivido muy profundamente, de modo que le produce un choque de tal fuerza que se fija en el mundo inconciente en el momento que sucede; a partir de allí el inconciente no evoluciona, fijándose en este hecho pasado y generando una regresión al pasado) respecto del comportamiento anormal y antisocial que significaba el delito9.
En la interpretación psicoanalítica, el delito se comete para satisfacer los instintos antisociales y para justificar y libertar
el sentimiento de culpabilidad; el delincuente comete el delito para confesarlo.
El pensamiento psicoanalista sigue siendo causalista y determinista, se presenta generalmente, igual que las teorías de
orientación positivista (tanto sociológicas como biológicas) como etiología del comportamiento.
El psicoanálisis se caracteriza por brindar una desmedida importancia al instinto sexual por sobre los otros temas: entiende que el desarrollo de la personalidad normal se relaciona con la interrupción del desarrollo de la libido, situación que afectará la constitución de la personalidad psíquica del individuo. Los conflictos en tempranas edades, momentos de desarrollo de la libido, se verán reflejados en la juventud y en la edad madura en procesos de índole inconsciente que no son más que la respuesta del inconsciente a los conflictos pretéritos irresueltos.
Esta concepción (determinista materialista) entiende el crimen como resultado de un proceso neurótico con raíz
intrapsíquica: la división topográfica del psiquismo en tres partes (consciente, preconsciente e inconsciente) acentúa las trascendencia
etiológica e interpretativa de esta última. La conducta humana consciente tiene un significado simbólico y profundo, como reflejo
del inconsciente.
Los impulsos criminales, que son tendencias y complejos en el desarrollo de la libido, se reprimen en el inconsciente. Son refrenados por un sentimiento de culpa o de censura que los reprime. Cuando afloran al consciente, liberan la culpa y se expresan simbólicamente, de allí que se entienda que el criminal delinque precisamente, en parte, por la necesidad que posee de ser castigado.
9 A través del paralelismo establecido por el psicoanálisis entre el crimen y la neurosis, se pudo construir un entramado teórico capaz de explicar el
La teoría psicoanalítica parte de la conclusión de que el fenómeno primario, la fuerza que impulsa al criminal neurótico hacia el crimen, es ese sentimiento complejo de culpabilidad que nace con el complejo de Edipo. Ese sentimiento de culpabilidad no es consecuencia del delito, sino su causa.
F
REUD define el complejo de Edipo como el deseo inconsciente de mantener una relación sexual (incestuosa) con el progenitor del sexo opuesto y de eliminar al padre del mismo sexo (padricidio). Modelo de explicación del sentimiento de culpa y como detonante de la neurosis, generando una repulsión por sobre la autoridad representada en el padre y la necesidad de acceder carnalmente a la madre, generando los dos delitos penados desde los tiempos primitivos, como parricidio e incesto.El delincuente pretende liberarse de la culpa que le produce la represión de su libido, esta es la causa de la comisión
del delito, pues esa culpa se encontraba refrenada en el inconsciente. Por lo tanto, más que evitar la pena por el crimen, la desea como un modo de compensación de la culpabilidad que pasó del inconsciente al consciente.
La técnica de la terapia del psicoanálisis pretende realizar el afloramiento del inconsciente al consciente por intermedio de diversas técnicas, como la libre asociación o la interpretación de sueños y recuerdos. Trae a la consciencia del paciente emociones y motivaciones de las cuales no tenía conocimiento.
• TEORÍA DE SIGMUND FREUD (1856-1939):
El hombre. Nació en Moravia. Médico psiquiatra. Se doctoró en medicina en Viena. Creador junto a Breuer de la técnica psicoanalítica basada en un régimen terapéutico de hipnosis, que prontamente se ve complementado por la libre asociación de sueños y recuerdos.
Su pensamiento. Se ha dedicado a explicar la criminalidad, solamente haciendo referencia respecto del sentimiento de culpa alojado en el inconsciente, que tiene su causa en el complejo de Edipo.
El método utilizado es de exploración y tratamiento de la psiconeurosis, basado en el estudio de los fenómenos
subconscientes.
Para él todo acto humano (el delictivo también) tiene un sustrato y connotación sexual profunda. La libido constituye la
energía vital primaria del hombre, motor y referencia obligada de su comportamiento (pansexualismo).
Desde la obra Totem y tabú el autor intenta explicar la prohibición del parricidio y del incesto, entendiendo que aun cuando el acto está prohibido individualmente, se justifica por tomar parte todos los integrantes del clan primitivo, y de allí que tal justificación permite el surgimiento del sentimiento de culpa y el remordimiento.
Los dos fundamentos del pensamiento freudiano los encontramos en la idea de “tótem” (autoridad paterna) y “tabú” (acceso carnal incestuoso). La autoridad paterna impone reglas que no deben ser cuestionadas, que deben ser sagradas como un “tótem” en la construcción psicológica. La idea de “tabú” está relacionada con el incesto, con la imposibilidad del acceso carnal
endogámico.
Potencia significativamente el papel de los instintos. A su juicio pugnan en los individuos dos instintos contrapuestos: uno la fuerza positiva, básicamente sexual (el eros) y una fuerza negativa, de destrucción (tánatos o instinto de muerte). Dicha teoría de
la destrucción o agresividad innata del individuo (instinto primario de agresión) ofrece una sugestiva hipótesis explicativa de determinadas manifestaciones delictivas (violentas).
Se observa una incesante búsqueda de explicación de la superación del sentimiento de culpa que, alojado en el inconsciente, reprime las tendencias conflictuales creadas en etapas pretéritas por conflictos de eminente origen sexual10.
Analiza a las pulsiones al comentar que su destino es “sucumbir a la represión, otro, la moción pulsional (que la pulsión es actuada), un tercero es la sublimación de las pulsiones (que cambie el fin hacia algo socialmente aceptado). Entonces en algún momento dado, con alguna situación interna o externa importante, las pulsiones agresivas que estaban reprimidas o sublimadas, pueden actualizarse como en el caso de la guerra11”.
Su concepción sobre la criminalidad entiende que una crisis o conflicto en el normal desarrollo de la libido del individuo
conlleva a que aquel se fije en al etapa inmediatamente anterior y, en consecuencia, refleje en su vida adulta una conducta psicopatológica. Este conflicto puede darse en negación o sobreabundancia, o sea, por falta o por exceso. La aceptación de tales
afirmaciones llevará a suponer que aquellos que fijaron la etapa oral serán propensos a los delitos de calumnias, injurias o apología; los que fijaron la etapa anal serían propensos a los delitos patrimoniales, y los que tuvieron fijación en la etapa fálica, con una marcada propensión a los delitos de violación, estupro y abuso deshonesto.
Habla del delincuente de tipo neurótico, ocasionado por desajustes en la superación del conflicto edípico. La superación defectuosa del conflicto edípico ocasiona neurosis generadoras de un tipo de delincuencia de autopunición, de autocastigo, caracterizado porque en el niño y en el adolescente persisten oscuros sentimientos de culpabilidad, la que se descarga en actos delictivos con los que el menor busca inconscientemente ser punido para aliviar su tensión emocional culpable (culpa como
necesidad de castigo). La pena es una necesidad para mitigar la culpa que siente el agresor.
La constitución del sujeto está dada por el desarrollo de su psiquis. Freud desarrolla una subdivisión de la psiquis
humana, dividiéndola en consciente, preconsciente e inconsciente y le otorga al inconsciente el lugar fundamental de su teoría, y lo
transforma en el espacio psíquico donde se sedimentan los complejos y traumas que, superadas las barreras del refrenamiento de la culpabilidad, conllevan a la comisión de los delitos.
Mientras que el preconsciente es algo que puede ser traído a la conciencia, aun cuando no hay plena conciencia, el inconsciente son los complejos, impulsos y conflictos reprimidos en las etapas de la infancia. El inconsciente es la parte
trascendental del psiquismo humano: la parte sumergida, que configura el sector más vasto y en muchos sentidos poderoso de
nuestra mente. Así, el psicoanálisis pretende transformar en consciente el inconsciente a través de un proceso progresivo e
introspectivo.
El inconciente contiene pulsiones animales contenidas por una barrera intra-psíquica que es la culpa, que evita que esas pulsiones bárbaras se traspolen al consciente y se ejecuten en el acto.
Según FREUD, la represión de los instintos delictivos a través de la acción del super-yo no destruye estos instintos, sino que
deja que sedimenten en el inconsciente, siendo acompañados por un sentimiento de culpa, una tendencia a confesar. Precisamente
con el comportamiento delictivo, el individuo supera el sentimiento de culpa y realiza la tendencia a confesar.
Desde este punto de vista, la teoría psicoanalítica del comportamiento criminal representa una radical negación del tradicional concepto de culpabilidad y, por tanto, también, de todo derecho penal basado sobre el principio de culpabilidad.
El ensalzamiento de lo inconciente ha logrado presentar el crimen con una causa profunda, inaccesible y fuertemente teñida de una necesidad terapéutica para traspolarla a la conciencia, acercando la posición freudiana al materialismo antropológico
lombrossiano.
La conducta humana consciente tiene un significado simbólico y profundo, como reflejo del inconsciente. En este convencimiento, la personalidad psíquica de un individuo está estructurada de la siguiente manera:
• Un “yo”, parte de lo consciente o lo real. Se forma con el contacto con la realidad;
10 Decía: “Por paradójico que parezca, el sentimiento de culpabilidad existía antes del delito y no procedía de él (como sería el caso del
remordimiento), sino por el contrario, el delito era el que procedía del sentimiento de culpabilidad”.
11 El tema de la guerra fue largamente tratado por él, al decir que: “la guerra demuestra que las pulsiones, en este caso las destructivas, no pueden
ser anuladas, o en otras palabras la transformación de las pulsiones sobre las cuales reposa la capacidad de civilización, puede quedar anulada de un modo temporal o permanente, por lo cual no es lícito negar a todos aquellos que hoy se conducen como seres incivilizados (por la guerra) la capacidad de civilización y podemos esperar que sus pulsiones volverán a ennoblecerse en tiempos más serenos”.
• Un “super-yo”, parte del ser social, de a adaptación del individuo a la comunidad. Está representado por las normas, los límites. Se forma, en principio, en el proceso de socialización primario. Primero se lo enseña y luego es internalizado. Es la barrera que, cuando se supera, permite que la conducta se torne delictiva;
• Un “ello”, donde predomina lo primitivo, el impulso, la naturaleza personal. Son los deseos. Al nacer somos puro
“ello”, y al cometer un delito, también.
Una compensación armoniosa y correcta de los 3 estamentos nos brindaría una personalidad normal. La generalidad de los individuos se adapta a esa descripción; en cambio, la ausencia, la falta o las irregularidades de los mismos generarán una
patología, una enfermedad psíquica.
Es lógico por ello que la doctrina psicoanalítica utilice como hipótesis explicativa del delito la ausencia de superyo, o que conceda vital importancia al concepto de neurosis.
El crimen será consecuencia o bien del fracaso en la interiorización de las normas y valores convencionales (triunfo del
ello, del principio del placer), bien de una mala estructuración del yo, incapaz de controlar las fuerzas instintivas del ello y las exigencias sociales del superyo.
El pensamiento freudiano no difiere del pensamiento lombrossiano en punto al determinismo en la constitución del
sujeto. Sin embargo, LOMBROSSO determina a partir de la observación; en cambio, FREUD apoya su determinismo en la introspección,
a través de la hipnosis y la interpretación de los sueños. El intérprete de la “anormalidad constitucional” del sujeto, será el
psicólogo. Se pasa de la observación común a la observación técnica.
• OTROS PENSADORES DE LA ESCUELA:
a) ALEXANDER y STAUB : en su obra El delincuente y sus jueces desde el punto de vista psicoanalítico, han pretendido
encontrar tres de los cuestionamientos fundamentales de la criminología causalista, como han sido: 1). la predeterminación causal del delincuente, 2). la clasificación de éstos y 3). los métodos terapéuticos que se deben desarrollar de acuerdo con la disciplina psicoanalítica.
Entienden que la delincuencia no tiene raíz biológica, sino que las mismas personas en circunstancias disímiles de una vida distinta, podrían haber sido consideradas como normales, ya que los instintos negativos (muerte, destrucción) se
encuentran en todos los individuos y es el desarrollo psíquico en la familia y en la comunidad lo que conlleva a refrenarlos o no: “los delincuentes, habiendo llevado otro género de vida, hubieran podido ser hombres normales”.
Interpretan a la postura lombrosiana como el deseo narcisista de sentirse diferente de los criminales en una tesis
racista.
La pena infligida a quien delinque viene a contrabalancear la presión de los impulsos reprimidos, los cuales con el ejemplo de su liberación en el delincuente se fortalecen. La punición representa una defensa y un reforzamiento del superyó. La pena no es más que un chivo expiatorio de un sentimiento de culpa social.
b) ADLER : el comportamiento psicológico de los individuos se encuentra centrado en tres pilares fundamentales: el
sentimiento de inferioridad, la codicia por el poder para mitigar el sentimiento de inferioridad, y el sentimiento de la comunidad que tiende a moderar los dos primeros.
Estudió en especial la situación de posguerra (1914-1918). Se distingue en primer lugar un marcado abandono del
pansexualismo freudiano y la adhesión a un sistema de valores que responden al contexto social, cuya preeminencia se ratifica
en el sentimiento de inferioridad.
Utiliza a la psicología y a la biología. Formula así, el concepto de “inferioridad del órgano”: la inferioridad somática se manifiesta psíquicamente en el sentimiento de inferioridad que puede tenerse ante lo orgánico, la debilidad y ante la falta de hermosura. Esta inferioridad busca su compensación social en el sentimiento de sociabilidad. Si esta compensación se da fuera o más allá del contexto social, se llega al núcleo neurótico.
Los elementos fundamentales de su pensamiento son el modo de relacionarse de: a) medio ambiente, b) contexto
social, y c) proceso de educación aprendizaje.
Así como FREUD veía al sexo como motor del hombre, en el modelo de ADLER la inferioridad sentida por los individuos
lleva a que la búsqueda del poder para superarla sea el motor de los individuos.
Desde un punto de vista criminológico, la originalidad del pensamiento de Adler reside en el significado que atribuye el
complejo de inferioridad base de reacciones neuróticas, que, según el autor, genera conductas delictivas a través de conocidos
mecanismos compensatorios. El delincuente es un acomplejado. El crimen le permite llamar la atención de los demás, afirmar su
imagen de sí mismo ante los otros.
La consecuencia de su pensamiento sobre el crimen es propender al reemplazo de la pena por una terapia específica