3.3 Simulating vehicles inside the test section
3.3.2 Numerical setup
a la democracia, modelo que se basa en la soberanía popular, en el sufragio uni- versal y en el respeto a la Declaración de los Derechos Humanos, se encuentran dos modelos totalitarios diametralmente opuestos en su concepción política y económica: el fascismo y el comunismo. Encontramos así tres alternativas guber- namentales que han convivido durante el siglo XX y que aún hoy día siguen laten- tes en el fuero interno de las naciones otrora afectadas. De ahí que historiadores como Keenan se interroguen sobre el futuro estructural de una nación pues, aun- que la democracia es el modelo que convence a la mayoría de los países, no está exento de riesgos, ni de necesidades de evolución. En efecto,
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dans ce monde triste et ennuyeux de l’économique d’abord, qui pourrait donc nous assurer qu’il sera préservé « des nouveaux Césars et des nou- veaux prophètes » appelant à l’héroïsme, à l’austérité, à la religion, à la conquête, au fanatisme ?
La guerre idéologique, entamée par la Révolution française, semble s’être achevée en cette fin du XXe siècle, mais l’avenir reste imprévisible. Avec
le recul, nous savons qu’après l’Iéna, il faut toujours craindre un Water- loo. (Keenan, 2009: 33).
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1.1.2 PROLEGÓMENOS DEL CONFLICTO
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Fiel testigo de la evolución de la idea de guerra, el siglo XX se enmarca entre los dos grandes conflictos modernos que más han marcado a la Humanidad, no sólo por su dimensión temporal y espacial, sino también porque, tal y como afirman especialistas como John Keenan (2009) o Pierre Miquel (1986), la segun- da guerra mundial representa en la escena contemporánea la continuación y con- secuencia de la paz impuesta en el primer conflicto. En efecto, uno de los puntos principales de la política nacionalsocialista hitleriana se basaba en la anulación del Tratado de Versalles firmado en 1919 con el objetivo de recuperar la supremacía nacional de un país arruinado tras la primera guerra mundial.
Elaborado por los representantes de los Estados democráticos y con la im- pronta innegable de Clemenceau, Wilson y Lloyd George, el Tratado de Versalles,
junto con el Tratado de Saint-Germain y el Pacto de la Sociedad de Naciones, pre- senta el marco de las consecuencias que el lanzamiento de la ofensiva debía tener para Alemania, pero también presenta la firma y el consenso para establecer y ga- rantizar la paz en el mundo. Numerosos son los puntos que se dedican a esta em- presa, de entre los que debemos destacar, por una parte, la proclamación expresa de Alemania como país responsable de los pagos por reparaciones allí estipulados y el posterior desarme del país como medida garante de paz y, por otra parte, la liberalización de los pueblos por esta nación oprimidos durante el conflicto. De tal manera que el panorama geopolítico alemán tras la firma de la conocida Paz de Versalles resultó ser el desmembramiento de una gran nación y la reestructuración territorial del este de Europa.
Caracterizado por un equilibrio inestable, este compromiso de paz se vio afectado por las circunstancias económicas, sociales y políticas del conflicto. Em- pobrecidos y destruidos, los países afectados debían reconstruir los pilares de la nación con un tejido social formado por todos aquellos civiles que se alistaron para defender su patria y que consiguieron volver a sus hogares después de la con- tienda. Una sociedad profundamente marcada por la guerra que fomentaba un de- seo incontestable de patriotismo y defensa nacional. La crisis económica agravó esta situación de crisis social y propició la simpatía y la defensa a ultranza de las nuevas ideologías y será en este contexto en el que se firme, el 23 de enero de 1923, el nacimiento del Partido Nacionalsocialista dirigido por un patriótico diri- gente militar que, para especialistas como Keenan, representa:
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l’Européen de son temps le plus profondément imprégné de l’éthique mi- litaire. En tant que sujet de l’Empire des Habsbourg, il s’était dérobé au service militaire car celui-ci l’aurait obligé à servir avec des Slaves et des Juifs qu’il méprisait. Août 1914 lui offrit l’occasion de s’engager comme volontaire dans une unité de l’armée allemande […]. Il se révéla bientôt un excellent soldat et servit avec courage pendant toute la guerre, une expérience qui lui produisit « une impression extraordinaire car la grande lutte héroïque de notre peuple démontre de façon irréfutable que l’intérêt individuel peut être subordonné à l’intérêt commun » (Keenan, 2009: 41- 42).
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La política de Adolf Hitler es, por consiguiente, el producto del descontento de un pueblo que, afectado por la crisis socioeconómica de la posguerra, necesita romper con la herencia de la primera guerra mundial tal y como se manifiesta en las primeras palabras pronunciadas –en Munich- por el dirigente del Partido Na- cionalsocialista:
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avant tout, les ennemis de la liberté de l’Allemagne, les traîtres de la pa- trie, doivent être liquidées… A bas ceux qui ont perpétré le crime de no- vembre. Voici le commencement du grand message de notre mouvement. Nous ne devons jamais oublier qu’entre nous et les traîtres du peuple [, le gouvernement républicain de Berlin,] il y a deux millions de morts (Kee- nan, 2009: 45-46).
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Con estas afirmaciones se pone de relieve el germen mismo de la guerra: recupe- rar la gloria perdida. Y será con este estandarte con el que la revolución nacional- socialista, de fuerte tendencia beligerante, gane sus primeras elecciones democrá- ticas en 1933 y, por consiguiente, será así cómo Hitler, su dirigente político, se convierta en el Jefe de Gobierno y de Estado de la nación alemana.
Una vez en el poder, el Führer se focalizó en transformar el orden estable- cido en Europa siguiendo el principio de purificación racial basado en el antisemi- tismo universal. De tal manera que propuso un programa de expansión territorial que propiciase la transformación del espacio transnacional Europeo, a la vez que la supresión del colectivo judío. Según el historiador Andreas Hillgruber, esta po- lítica expansionista de Hitler
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apuntaba a la Rusia europea como objeto de conquista (« espacio vital en el este ») –tras conseguir tener las espaldas libres en el continente me- diante la eliminación de Francia como potencia militar-; a Gran Bretaña, como « socio menor » de un imperio continental alemán en Europa (con un « espacio complementario » colonial en África), y a EEUU, como competidor principal en un futuro lejano en la lucha por el « dominio del mundo » (Hillgruber, 1995: 20).
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Para alcanzar sus objetivos expansionistas era necesario remediar la desigualdad armamentística que separaba Alemania de Francia e Inglaterra, ya que la artillería pesada alemana fue destruida de acuerdo con las premisas pactadas en el Tratado de Versalles. Por ello, con el objetivo de recuperar su estatus armamentístico, el 9 de marzo de 1935 el gobierno alemán anuncia la constitución oficial de las Fuer- zas Aéreas alemanas y el 16 del mismo mes declara el servicio militar obligatorio como base del Ejército alemán. Asimismo, llevó a cabo una política económica sustentada en un programa de déficit presupuestario basado en inversiones estata- les para obras públicas y equipamiento industrial y armamentístico. Con esta polí-
tica, el Gobierno de Berlín afronta, por una parte, el problema del desempleo y, por otra parte, la creación de una construcción amplia de carreteras que permitiese un despliegue militar por todo el territorio. Se trata de una apuesta gubernamental en la que el gobierno pone de manifiesto su posición frente a los tratados de paz sobre los que descansaba la Sociedad de Naciones y su voluntad de reconstruir un país militarizado capaz de competir en igualdad de condiciones con los demás países vencedores.
Tal y como hemos señalado más arriba y paralelamente a este deseo ex- pansionista, Hitler desarrolla un antisemitismo profeso que no se limita al ámbito religioso, sino que se remonta a las raíces biológicas. Para Pascal Ory (2003), es- pecialista en historia política y cultural de las sociedades modernas, el antisemi- tismo hitleriano es fruto de la evolución histórica y puede explicarse como el re- sultado de la exaltación de la superioridad aria, colectivo al que atribuye la casi totalidad de los acontecimientos positivos que en la Historia de la Humanidad se han dado desde sus orígenes. Esta perspectiva de superioridad implica, por una parte, la desvalorización y el consiguiente desprecio expresado hacia un pueblo y una cultura y, por otra, una voluntad de control por parte de los más fuertes. De este modo se establece una perspectiva política marcada por una relación basada en una jerarquía impuesta por la visión de un colectivo que, a su vez, estaba sien- do tratado como, inferior por otro colectivo. La evolución de esta perspectiva polí- tica en un principio alemana se fue endureciendo paulatinamente, pues si bien en un primer momento sólo se pretendía desarticular la confesión religiosa del pue- blo judío, después se propuso su aniquilación total. Ésta constituye una caracterís- tica propia del nacionalsocialismo alemán que fue adoptada con posterioridad por potencias que se aliaron a partir de 1937 con Alemania.
De ahí que desde sus comicios Hitler abriese muchos frentes en países li- mítrofes como Austria o Checoslovaquia –actualmente República Checa y Repú- blica Eslovaca-, pero numerosos serán también los conflictos internacionales que enmarcan su contexto a nivel mundial. No obstante, el elemento desencadenante del estallido de la guerra será el ataque directo de Alemania a Polonia y la resul- tante declaración de guerra contra Alemania firmada por Francia y Gran Bretaña. Con esta primera ofensiva más conocida como Blitzkrieg o guerra relámpago, se 1
daba el pistoletazo de salida a una guerra que desbordó las fronteras del viejo con- tinente.
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Término utilizado a partir de 1939 por los periodistas occidentales para representar la rapidez
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1.1.3 JIRONES DE LA OCUPACIÓN
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À la suite de cette agression, les pays suivants se sont trouvés sous l’occupation de l’ennemi: la Pologne (dès l’automne 1939), le Danemark et la Norvège (dès les mois d’avril-juin 1949), les Pays-Bas et la Belgi- que (dès les mois d’avril-juin 1940), le Luxembourg et la France (dès les mois de juin 1940), la Yougoslavie (dès le mois d’avril 1941) et la Grèce (dès le mois de mai 1941). Dans le courant de la seconde moitié de l’année 1941, le même sort a frappé l’Ukraine, la Russie blanche, les États baltes, l’ouest de la Russie centrale, et plus tard la Crimée. Indé- pendamment de la guerre en cours (et sans compter l’Autriche incorporée au Reich), la Tchécoslovaquie subissait le joug hitlérien depuis l’automne 1938.
Dans tous ces pays, l’envahisseur procéda sans tarder à des arrestations massives et à des exécutions continuelles (Borwicz, 1996: 47).
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En efecto, con el éxito de la ofensiva alemana, en un primer momento y siguiendo la política de expansión territorial abogada por el Partido, el primer país ocupado fue Polonia, la vasta estepa situada al este de Alemania. Se trata de un país cuyo destino trágico lo convirtió, además, en un laboratorio para la política antisemita alemana. Siguiendo una estrategia política y militar rigurosa, al inicio se estableció un sistema de segregación étnico-religiosa a través de la creación de lugares destinados para los judíos, también conocidos como guetos. Las conse- cuencias humanas de este desmembramiento social fueron nefastas, puesto que la única homogeneidad en ellos albergada radicaba en la confesión religiosa de sus integrantes. Se trataba de grupos heterogéneos y, tal y como señala el historiador Borwicz, « le plus souvent une chambre était partagée par plusieurs familles, au surplus par des gens auparavant inconnus les uns aux autres, par des personnes de divers niveaux intellectuels, de professions, de couches sociales et de coutumes diverses » (Borwicz, 1996: 63). Para ello, en un primer momento se desalojó a buena parte de la población, que no sólo vive la experiencia traumática del desahucio, sino que además se ve desplazada y, posteriormente, ubicada en un re- ducto social artificial. Este complejo tejido social estaba sometido, además, a un modelo de trabajo obligatorio, a menudo no remunerado, y a la utilización de una Estrella de David amarilla como signo distintivo.