2.3 Statistical Properties of Molecular Collisions
2.3.2 Numerical Simulation of the Reactant–Reactant and Reactant–Wall Collision
Si bien existen otras líneas personalistas que abordan los temas bioéticos, estas no han alcanzado la notoriedad ni consolidado una fundamentación como lo ha hecho “la bioética personalista ontológicamente fundada de ELIO SGRECCIA”. Por este
398Un amplio y original enfoque sobre los conflictos de la integridad del cuerpo muerto son estudiados en: PEROSINO, Ma. Cesleste, Umbral. Praxis…op. cit., pg. 191 y sgts.
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motivo, y a criterio propicio, de aquí en adelante la mención de bioética personalista se referirá exclusivamente a esta línea. Sobre la bioética personalista, BURGOS VELASCO señala:
ELIO SGRECCIA se identifica con un personalismo ontológico de raíz realista y tomista que incorpora elementos modernos y, a partir de aquí, comienza su propuesta constructiva en el ámbito de la bioética que contiene dos elementos: el primero es un desarrollo, desde estos presupuestos antropológicos, de conceptos clave en bioética como los de vida y corporalidad. El segundo es la propuesta de cuatro principios de bioética personalista relativos a la intervención del hombre sobre la vida humana en el terreno biomédico.399
Los principios orientadores que sigue son: El principio de defensa de la vida física; El principio de libertad y responsabilidad; El principio de totalidad o principio terapéutico; El principio de socialidad y subsidiaridad.400 Organizados, respetan una jerarquía en la cual los demás principios están alineados al principio de defensa de la vida física. Su funcionamiento como sistema bioético no se agota en los principios, se apoya, entre otros, en las virtudes, las fuentes de la moralidad, principio del mal menor, principio del voluntario indirecto o del doble efecto, en los fundamentos de la ética médica y en la moral cristiana, además, de los fundamentos científicos concretos de las ciencias conexas.401
Entre las principales críticas se destaca la poca inmersión en el panorama bioético global y el no reconocimiento de la moral cristiana como fundamento científico.
Con respecto a la muerte y el cadáver
La antropología personalista ha tomado especial dedicación al tratamiento ontológico del proceso muerte –particularmente pre-mortem. Tópicos como la corporeidad, intersubjetividad, análisis antropológico de la muerte y el carácter temporal de la persona 402 han sido explorados con agudeza.
Ejemplo de gran vigencia es el estudio del concepto muerte digna, que hasta hace poco se usaba para reivindicar el proceso muerte como evento personalísimo, reflexivo, trascendente y respetuoso de los procesos naturales. Los cambios hacia paradigmas materialistas, hedonistas y seculares derivaron en que el concepto sea tergiversado tornándose un mero instrumento que fija las condiciones de vida “no
399 BURGOS VELASCO, Juan Pablo, What is personalistic bioethics? An analysis of its specificity and its theoretical foundations, Cuadernos de Bioética, XXIV. 1, 2013, pg. 25.
400 SGRECCIA, Elio, Manual de Bio…op. cit., pg. 154.
401 Basado en: Manual de Bioética de Sgreccia, Manual de Bioética de Fuentes, Principios de Bioética de U.C.A. (Simposio) Fundación Alberto J. Roemmers y artículo electrónico de Constantino Quintana en Bioética desde Asturias titulado E. Sgreccia: Una bioética católica.
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dignas”, en razón de una negación absoluta del dolor, del sufrimiento, la inconsciencia o la inacción. Sobre ello MIGUEL A. FUENTES hace notar:
En las últimas décadas se ha vuelto a hablar de la muerte y del morir con dignidad, pero no siempre para humanizar la muerte sino para reivindicar puntos claves de la misma filosofía hedonista: la eutanasia, el suicidio, la claudicación de las responsabilidades que nos caben ante nuestros moribundos.403
Para TABOADA la expresión muerte digna no debe referirse estrictamente al morir, sino a la forma de morir. La autora señala que, la expresión “derecho a morir con dignidad” no se entienda solo desde el orden jurídico, sino más bien desde el orden ético como una “exigencia ética”404. El personalismo, sobre temas premortales, ha rechazado
expresamente todo acto atentatorio contra la vida y la dignidad del hombre, que en esta etapa se presentan como: eutanasia, suicidio asistido, ensañamiento terapéutico, abandono de la nutrición e hidratación parenteral, entre otros. La corriente personalista, a su vez, ha sido gran impulsora del cientificismo en los cuidados paliativos como medida ética de respeto a la persona moribunda.405 Todo acto deliberado y despótico que produce muerte es repudiado por ser atentatorio al principio fundamental del respeto a la vida.
Con relación al cadáver propiamente el análisis desde la bioética personalista ha sido modesto (al igual que las demás corrientes bioéticas). Son menos los trabajos que ahondan los conflictos éticos del manejo de cadáveres; pero, como se dijo antes, carencia no significa de ninguna manera ausencia. SGRECCIA en el segundo tomo de su magnífico Manual de Bioética dedica un acápite sucinto pero valiosísimo el cual titula: “Sobre el deber de respeto por el cadáver”. El autor usa la voz “deber” en clara alusión deontologista, similar a la que inspira gran parte de su obra. Por su importancia cito ad integrum:
El respeto al cadáver se manifiesta por la conservación y protección de los restos humanos en su integridad, o también por las honras fúnebres. Complementario a este aspecto activo hay otro, pasivo, que consiste en que los vivos eviten causar daños u ofensa al cadáver antes y después de la sepultura, o las cenizas, después de la incineración.
A partir del momento de la muerte, el cuerpo humano deja de ser un componente de la persona humana. Se torna cadáver, una res sacra, sucede la perdida de la personalidad ontológica y jurídica, y de sus atributos. El respeto entonces deriva de la dignidad que se reconoce a la persona humana en vida. Aquel cadáver, inanimado y rígido, que para todos se reviste de un carácter religioso, y para los cristianos más todavía, pues creen en la resurrección, no
403 FUENTES, Miguel Angel, Principios fundament…op. cit., pg. 237.
404 TABOADA, Paulina, El derecho a morir con dignidad, Acta Bioethica, V.6, N.1, 2000, pg. 95. 405 Al respecto el Papa Juan Pablo II en base a su filosofía personalista: “En la medicina moderna va teniendo auge los llamados cuidados paliativos, destinados a hacer más soportable el sufrimiento en la fase final de la enfermedad y, al mismo tiempo, asegurar al paciente un acompañamiento humano adecuado”. JUAN PABLO II, Encíclica Evangelium Vitae, Ciudad del Vaticano, 1995, n. 65.
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podrá, por tanto ser utilizado para fines económicos o patrimoniales. Es, si, una cosa, pero extra commercium, impropia para tornarse objeto de negocio- económico.
La utilización de cadáveres para eventuales trasplantes deberá, todavía, seguir las normas éticas propias del trasplante de órganos o tejidos en un hospital, la catástrofe eventual o el anonimato del cadáver no autoriza un comportamiento diferente. Para evitar, todavía infecciones es posible el recurso de la cremación. 406
Sgreccia concluye que el origen del respeto por el cadáver es precisamente la dignidad de la persona. Argumenta en otro texto que la razón –del respeto– es una realidad que simplemente llama a la comunión vital con la persona.407 En similar tono, FUENTES, cuando habla de Bioética de la muerte, señala que una de las razones que singularizan al cadáver humano es “haber participado de la dignidad de la personalidad humana y conservar algo de esa dignidad”.408 En definitiva, el deber de respeto por los difuntos y el sentido de “valor” o “sacralidad” del cadáver humano son nociones de fuerte impronta en la bioética personalista.