Chapter 6 Results and Validations of Flows with Small Viscosity and Zero
6.2 Numerical simulation of two-phase sloshing with small amplitudes
intereses de pensamiento
único que vienen del
denominado imperialismo
económico en las ciencias
sociales, pero que no
beneficia los intereses
de los pobres a quienes
supuestamente se
quiere ayudar.
10 Así, por ejemplo, en 1999 se produjo un conflicto cuando los padres de algunas comunidades cercanas a la ciudad de Cañar decidieron enviar a sus hijos a es- cuelas citadinas, argumentando la baja calidad de la educación bilingüe. Frente a esto, la directiva preten- dió suspender el riego a estas familias y obligarlas a en- viar a sus hijos a las escuelas bilingües. Esta actitud fue duramente criticada por las familias que buscaban una “buena educación para sus hijos” (Martínez 2001).
va, el que dio inicio a la construcción del ca- nal de riego Patococha11. Habría sido muy di-
fícil para la embrionaria organización campe- sina emprender sola esta tarea hacia fines de los años setenta. Pero incluso posteriormente varios organismos del Estado estuvieron apo- yando el proyecto directa o indirectamente, especialmente en el período entre 1984 y 1990.12Una vez que el Estado -bajo el dicta-
do de las políticas neoliberales- empezó a re- tirarse del medio rural, todavía permanecie- ron durante algún tiempo varias instituciones privadas y públicas13. Este tinglado institucio-
nal fue un soporte indispensable sobre el que la TUCAYTA pudo realizar un aprendizaje del “qué hacer” en torno al riego, lo que le permitió más tarde consolidarse y posibilitar el proceso de transferencia. Así pues, el capi- tal social es más bien el resultado de un con- junto de acciones institucionales en un entor- no favorable que inciden en la potenciación de la energía social, por lo mismo se trata de un capital social “inducido” y no tanto el re- sultado de la sola dinámica organizativa cam- pesina.
Por último la presencia de CESA en esta zona muestra los límites y potencialidades de la acción de las ONG en los proyectos de re- gadío. Por un lado, implementó una impor- tante iniciativa de “abrir las puertas” a la or- ganización campesina (Martínez 1998 p.7), lo que facilitó enormemente un mayor invo- lucramiento de los promotores campesinos,
pero también el aprovechamiento de las ini- ciativas técnicas y productivas de los mismos usuarios. Así por ejemplo, las iniciativas se cristalizaron en el rediseño de la red terciaria, la utilización de aspersores y el paso de un sis- tema de regadío por gravedad a uno por as- persión y la implementación de los inverna- deros de tomate14. A pesar de que estas inicia-
tivas provinieron de los campesinos y rom- pían en cierta forma el diseño técnico del pro- yecto, el éxito está en haber internalizado es- tas propuestas15. No obstante, CESA no ma-
nejaba en su horizonte el problema de la transferencia del proyecto, asunto que en cambio fue impulsado directamente por CO- SUDE en la última fase de financiamiento (1996-98). De esta manera, al momento de la transferencia la TUCAYTA no poseía un equipo técnico altamente calificado para el manejo del riego, pues ni por el lado de la ONG ni de la OSG existió claridad respecto a lo que significaba el traspaso del proyecto16.
El capital social en los niveles de base Si bien hacia 2000 la OSG manejaba el pro- yecto de riego, esto no significaba automáti- camente que era la condensación del capital social presente en el ámbito de las familias y de las comunidades. En efecto, como se ha mencionado, existían muchos factores que habían ayudado a la consolidación de la orga- nización de segundo grado y que no depen- dían del capital social tal como éste se mani- festaba en las otras instancias de base.
Un estudio realizado sobre la TUCAYTA
debate
11 La presencia del hoy desaparecido Instituto Nacional Ecuatoriano de Recursos Hídricos (INERHI) fue im- portante.
12 Entre ellos: BNF (Banco Nacional de Fomento), BE- DE (Banco Ecuatoriano de Desarrollo), MAG (Minis- terio de Agricultura y Ganadería), SEDRI (Secretaría de Desarrollo Rural Integral), FODERUMA (Fondo de Desarrollo Rural Marginal del Banco Central), Centro de Reconversión Económica del Azuay (CREA). El importante papel del Estado en la consoli- dación del capital social ha sido también resaltado pa- ra el caso mexicano, como parte del capital “exógeno” de las organizaciones rurales (Flores y Rello 2001). 13 Principalmente la Central Ecuatoriana de Servicios
Agrícolas (CESA), la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) y el Centro de Recon- versión Económica del Azuay (CREA).
14 La iniciativa de los aspersores provino de campesinos migrantes a la costa que trabajaban en plantaciones bananeras y trajeron la técnica para probarla en la zo- na. La iniciativa de los invernaderos provino de una visita de campo de los campesinos a la provincia de Tungurahua (Martínez 2001:18).
15 Hay que reconocer, como lo señala Ostrom (2000: 181), que la construcción del capital social es más di- fícil que la construcción del capital físico a través de intervenciones externas.
16 La misma TUCAYTA mantenía una actitud de descon- fianza frente a la ONG hasta 1996 y se centraba más en sus actividades socio-organizativas (Martínez 2001).
en 1999 permite indagar lo que pasaba tanto en las familias como en las comunidades (Martínez 2001). De partida, es importante mencionar que el proyecto de riego Patococha estuvo direccionalizado para implementar im- portantes cambios en el patrón de cultivos a través de la utilización del riego en las econo- mías familiares. Así, por ejemplo, la rotación papas-arveja substituyó tanto al cultivo asocia- do del maíz–fréjol en la parte baja como a la cebada en las partes altas. De esta forma, se privilegiaba un cultivo de renta que reempla- zaba un portafolio más variado de cultivos tra- dicionales campesinos (tubérculos andinos, maíz, fréjol, etc). Más tarde, por iniciativa de los mismos campesinos se implementó el cul- tivo del tomate bajo invernadero. Ahora bien, estos dos tipos de cultivos orientados al mer- cado podían realizarse fácilmente dentro del marco de la economía familiar. No hay que ol- vidar que la propuesta técnica de CESA era la implementación de la “chacra familiar”17, no
de la “chacra comunal” o cosa parecida. Así pues, tanto la propuesta técnica como la orientación de la producción hacia cultivos de renta, permitió a los campesinos desarrollar un tipo de agricultura que no demandaba de- masiada mano de obra. Esto seguramente era importante en esta zona, afectada tradicional- mente por un flujo migratorio estacional ha- cia la costa, que captaba la mano de obra de la población más joven, pero que al mismo tiem- po no generaba las condiciones para imple- mentar las relaciones de reciprocidad entre las familias o entre las comunidades.
Del total de las familias investigadas, un 76% contestó que habían disminuido los ni- veles de cooperación dentro de la comunidad y un 45 % contestó que también habían dis- minuido entre las comunidades18. La tenden-
cia a la disminución de la cooperación entre
las familias se expresaba ante todo en las rela- ciones de reciprocidad que se daban en torno al trabajo en la agricultura19. Bajo las nuevas
condiciones de una agricultura de invernade- ro, no se necesitaba mucha mano de obra e incluso su mantenimiento se podía realizar con la mano de obra marginal (ancianos, mu- jeres y niños) que no había migrado; en este contexto, las relaciones de reciprocidad no son necesarias. Estas relaciones habían dismi- nuido a pesar de que las actividades de riego implican acuerdos tácitos entre los usuarios. Es probable que fuera de las actividades del riego, la cooperación haya disminuido en la medida en que no todas las familias son usua- rias del riego.
Al investigar las causas de esta situación, las respuestas más significativas se concentra- ron en torno a dos variables: la migración y el individualismo. En efecto, dentro de las fami- lias que contestaron que la cooperación había disminuido, el 50% atribuyó como causa principal a la migración. Como lo he señala- do en otro trabajo, en un entorno de insegu- ridad dado por la migración, es muy difícil que las familias puedan cumplir con las reglas básicas de la reciprocidad (Martínez 2001). La actitud individualista tampoco puede ser satanizada como correspondiente a la cultura occidental, simplemente se trata de estrate- gias familiares y del cálculo de la inversión- riesgo en una agricultura de renta.
En una encuesta realizada en septiembre de 2002, esta vez a 251 familias pertenecientes a 13 comunidades de la TUCAYTA, nuevamen- te se confirma la crisis de las relaciones de so- lidaridad al interior de las comunidades20. En
efecto, a excepción de las mingas que todavía tenían vigencia en el ámbito comunal, el “prestamanos”, en cambio, se practicaba muy rara vez en el 63.3% de las familias y el inter-
17 La “chacra familiar”, supone el manejo integrado de la agricultura-ganadería y forestería dentro de la parcela familiar utilizando eficientemente el riego y con un uso importante de fertilizantes orgánicos (gallinaza). Ver Padilla y Quinde (1999).
18 Investigación realizada en la TUCAYTA en agosto de 1999.
19 Las relaciones de reciprocidad en las comunidades se practicaban “rara vez en un 63.3 % de las familias”. Ver encuesta a comunidades realizada en agosto del 2002.
20 Estos datos pertenecen al estudio “Efectos e impactos de la intervención del Proyecto Patococha”, COSU- DE, mimeo, septiembre, 2002.
cambio de productos no existía para el 83.7% de las familias. En el momento de la investiga- ción, además, un importante porcentaje de miembros de las comunidades había migrado hacia el exterior (España y USA), lo que difi- cultaba enormemente la práctica de relaciones de reciprocidad.
En el ámbito de la comunidad tam- bién se estaban ge- nerando al menos dos procesos im- portantes: a) el sur- gimiento de nuevos patrones de organi- zación alternos al de comunidad y b) el debilitamiento de los cabildos co- mo instancias de dirección de las co- munidades. El pri- mero obedece a un proceso de creci- miento poblacional que se ha dado en las comunidades, lo que ha llevado a la formación de ba- rrios o sectores y dentro de ellos de grupos o asociacio- nes que desarrollan actividades sin mayor coordinación con los cabildos. De esta mane- ra, al menos 4 comunas se encontraban en un proceso de fraccionamiento interno21. El se-
gundo proceso es el resultado de dos dinámi- cas que se entrecruzan: por un lado, la estruc- tura anticuada de la ley de comunas que no ha cambiado desde 1937 y que por lo mismo no se ajusta más a las nuevas condiciones eco- nómicas, sociales y políticas de las comunida-
des actuales y, por otro lado, la presencia de la OSG que centraliza muchas de las actividades que anteriormente se encontraban en manos de los cabildos. Los cabildos en esas condicio- nes desempeñan un papel secundario de in- termediarios entre OSG y las familias, pero han perdido su autonomía en la gestión de los recursos comunales.
Tanto la debilidad de los niveles de coope- ración como los cambios que se registran en el espacio comunal, apuntan hacia una debi- lidad de la comunidad como instancia que gestione acciones colectivas como las mingas, ayuda mutua, intercambio de productos, etc. En realidad, la comunidad no tiene respuesta a las iniciativas familiares de tipo productivo de los comuneros, tampoco para el fenómeno de la “sectorialización” del espacio comunita- rio y la formación de otro tipo de organiza- ciones (barrios, sectores, etc). Las comunida- des incluso tienen una crisis de dirigentes, pues no hay muchas personas interesadas en ser Presidentes del Cabildo, un cargo honora- rio que no tiene el reconocimiento social de antaño y en realidad significa pérdidas econó- micas sobre todo en las áreas dinámicas de agricultura de invernadero.
Indudablemente esta situación genera ten- siones y conflictos con la OSG, sobre todo en torno al riego. Una primera fuente de conflic- tos es la inequidad en la distribución del agua, pues no todas las familias comuneras tienen acceso a este recurso, lo cual incide por ejem- plo en la toma de decisiones comunales con- sensuadas. Pero, incluso, hay conflictos con las familias que son beneficiarias del agua, quie- nes se quejan del incremento de las tarifas, de la falta de manejo técnico y mala distribución del recurso. Una segunda fuente de conflictos es el tipo de relación que privilegia la OSG con las bases y que se puede caracterizar como de “semiclientelismo campesino”22sobre la ba-