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OBJECTIVES OF THE PROGRAM General Objectives:
DE GLOBALIZACIÓN
A pesar de las potenciales ventajas que la globalización presenta desde le punto de vista teórico para resolver el problema del hambre en el mundo, la realidad nos ofrece un panorama lleno de incertidumbres, alguna de las cuales paso a enunciar de un modo sintético:
• Como ha explicado acertadamente Araceli Caballero, existe un verdade- ro triángulo fatídico ocasionado por la interacción entre el crecimiento
demográfi co, el deterioro medioambiental y la pobreza11. Aunque a quie-
nes vivimos en el mundo económicamente desarrollado pueda parecer- nos extraño, aún hoy en día más de la cuarta parte de la población mun- dial vive en economías agrícolas de subsistencia. Los campesinos sin tierras, las poblaciones indígenas desplazadas o los pequeños agriculto- res padecen una situación extrema de vulnerabilidad ante las catástrofes meteorológicas, militares o sanitarias. Con frecuencia, sus ingresos son insufi cientes para realizar las inversiones necesarias para mejorar sus ex- plotaciones y, ante situaciones de necesidad, sobreexplotan los recursos naturales, alimentando un círculo vicioso de empobrecimiento, endeu- damiento, hambre y crisis medioambiental. No deja de representar una cruel paradoja que buena parte de los hambrientos vivan en el campo. El mercado global hace que las mejores tierras se dediquen a producir para la exportación y que se abandone el aprovisionamiento alimenticio de la población más pobre. La lógica de la competencia favorece, poco a poco, la concentración de la tierra en pocas manos y la marginación de la mayor parte de la población campesina.
• Por otra parte, el modelo de crecimiento económico imperante, el fuerte ritmo de consumo y la urbanización descontrolada están ocasionando
una profunda degradación de los inputs agrícolas fundamentales: agua
(escasez y contaminación), tierra (desertización, salinización, erosión, edifi cación), bosques (tala indiscriminada, quema)... Como sabemos, las consecuencias a medio plazo de estas tendencias son verdaderamente preocupantes. Muchos analistas consideran que el control del agua será el mayor motivo de confl icto en el siglo XXI. Otros fenómenos, como la
11 CABALLERO, Araceli: “Un triángulo muy viciado: consumo, pobreza y deterioro ambiental”, Fo-
extensión del SIDA o los confl ictos bélicos, no sólo afectan a los recur- sos materiales, sino a los humanos, y precisamente con mayor incidencia en las regiones más pobres del mundo12. Resulta, a este respecto, incon-
cebible el hecho de que el gasto anual en armamento representa veinte veces los recursos necesarios para acabar con el hambre.
• El neoproteccionismo agrícola del Norte representa otro de los obstácu- los para una mejor gestión agroalimentaria global. Curiosamente, Esta- dos Unidos, la Unión Europea y Japón, promotores del librecambismo en el terreno del comercio de bienes y servicios, son fuertemente protec- cionistas en el ámbito de la agricultura. Los motivos son variados: fuerte peso político de los agricultores, deseo de evitar el despoblamiento de las zonas rurales, necesidad de garantizar el autoabastecimiento alimenticio por considerar este sector clave para la seguridad nacional, búsqueda de estabilidad en los precios, etc. Las formas de protección son variadas (aranceles, subvenciones, cuotas), pero las consecuencias comunes se hacen sentir con fuerza en muchos países en desarrollo, dado que no pueden vender en los mercados más ricos y, para colmo, las grandes potencias hunden los precios internacionales al vender sus excedentes subvencionados13. Se estima que por esta vía, el Sur pierde más de tres
veces lo que recibe de Ayuda Ofi cial al Desarrollo14. Al tiempo, el valor
de las subvenciones que perciben los agricultores del Norte representan 250.000 millones de $, es decir, cuatro veces la Ayuda al Desarrollo. • Con todo, la liberalización indiscriminada tampoco parece ser la solu-
ción para los hambrientos, pues la agricultura de subsistencia, que ocupa
a varios cientos de millones de personas que no tienen ninguna alterna- tiva de empleo productivo en sus países de residencia, podría hundirse defi nitivamente con semejante medida. En estos casos, la gradualidad en la modifi cación del marco regulatorio debería ser la norma, para evi- tar colapsos económicos y sociales Resulta sorprendente que desde la Organización Mundial del Comercio se inste a los países pobres a abrir sus fronteras a los productos agrícolas –algo que han hecho reduciendo sus aranceles medios un 60%–, mientras las grandes potencias dilatan continuamente la aplicación de la liberalización a la que se han com- prometido, manteniendo unos gravámenes de entre el 10% y el 20% del precio de las importaciones. La misma ayuda humanitaria, cuando no se gestiona correctamente, puede llevar a la miseria a centenares de miles
12 OLIVERES, Arcadi: Contra el hambre y la guerra, Angle, Barcelona, 2005.
13 Las consecuencias pueden ser aún más negativas cuando se unen las formas de neoproteccionismo
de los países más prósperos y la liberalización de países menos desarrollados como ha ocurrido con nume- rosos campesinos mejicanos cuando como consecuencia de la NAFTA han tenido que competir con el maíz subvencionado norteamericano.
14 INTERMON-OXFAM: Cambiar las reglas. Comercio, globalización y lucha contra la pobreza.
de campesinos que ven como los alimentos foráneos se distribuyen gra- tuitamente, reduciendo drásticamente sus ingresos15.
• El infl ujo de las Corporaciones Transnacionales en la fi jación de los pre- cios internacionales de los productos agrícolas y en la modifi cación de la normativa reguladora es conocido. La mayor parte del comercio de este tipo de bienes se concentra en muy pocas fi rmas. Con datos de fi nales del siglo XX: 77% de los cereales (5 empresas), 80% de los plátanos (3 empresas) 83% del cacao (3 empresas), 85% del te (3 empresas)...16. En
este contexto de monopsonio, los precios de muchos productos agríco- las, que constituyen exportaciones muy importantes para economías en desarrollo, han caído estrepitosamente entre el año 1980 y el 2000: ca- cao (71%), café (64%), arroz (61%), azúcar (76%), trigo (45%), etc17. La
subsistencia de millones de personas depende de manera extraordinaria de la evolución comercial de estos bienes.
• La misma desregulación de los mercados agrícolas y ganaderos en el
Tercer Mundo, con la eliminación de precios de garantía, la desaparición
de entidades estatales de compra, de bancos públicos agrícolas o de insti- tuciones de apoyo técnico al agro, fenómenos todos ellos impulsados por la ideología neoliberal que domina en la era global, ha tenido repercusio- nes muy negativas para la subsistencia de la población campesina y ga- nadera de muchos países, en particular, de África18. Tengamos en cuenta
que la productividad media de estas actividades es muy baja, debido a la utilización de técnicas tradicionales, pero su infl ujo positivo en términos de aprovechamiento de los recursos disponibles, mantenimiento de la biodiversidad y el medio ambiente o subsistencia de poblaciones con bajísimo nivel de renta, es considerable.
• Por todo lo señalado hasta ahora, la contribución del comercio interna-
cional a la erradicación del hambre presenta una ambigüedad radical. Si
bien es cierto que gracias al comercio las naciones que atraviesan crisis agrícolas pueden alcanzar la seguridad alimentaria, existen datos conclu- yentes en el sentido de que “los altos niveles de subnutrición están co- rrelacionados con una fuerte dependencia respecto de las exportaciones agrícolas. Los grupos de países con los niveles más altos de subnutrición tienden a depender de productos agrícolas para obtener una gran parte de su renta, su empleo y sus ingresos por exportaciones. Al mismo tiempo, el grupo de países con los niveles más altos de desnutrición gasta más
15 PEREZ DE ARMIÑO, Karlos: Ayuda alimentaria y desarrollo. Modalidades, criterios y tendencias.
Hegoa. 2000.
16 ICES: Claves de la economía mundial, Madrid 2006.
17 INTERMON-OXFAM: Cambiar las reglas. Comercio, globalización y lucha contra la pobreza.
Barcelona, 2002.
18 KEMPF, Isabell: Pobreza y pueblos indígenas: más allá de las necesidades. CIP, Fundación Hogar
del 14% de sus ingresos totales de exportación en fi nanciar importacio- nes de alimentos19.
• Resulta muy debatida entre los especialistas la aportación de los trans-
génicos al aumento de la producción de alimentos, a la resolución del
problema del hambre y a la mejora en el nivel de vida de los campesinos pobres. Vuelven a reeditarse las expectativas y debates ocasionados por la “revolución verde” de los años 60, aunque ahora no se trata de mejorar o seleccionar las semillas o las especies ganaderas, sino de modifi car- las genéticamente para conseguir variedades más resistentes a las pla- gas, más nutritivas, de mayor rendimiento o con características inéditas (como la ralentización se los procesos de maduración, el tamaño, etc)20.
Aunque, sin duda, el progreso tecnológico ha ocasionado y puede seguir ocasionando avances económicos y sociales extraordinarios, dos cuestio- nes siguen siendo objeto de muy amplia controversia: las amenazas a la salud que estos productos puedan ocasionar a medio plazo (pensemos en el mal de las vacas locas, en la posible aparición epidemias nuevas para las que carecemos de defensas, en las mutaciones o aparición de híbridos por polinización, etc.) y el hecho de que las empresas que controlan las patentes y que retienen fi rmemente su control, pueden concentrar aún más el poder económico en el sector. La práctica de registrar especies naturales, de crear nuevos variedades que no se reproducen indefi nida- mente o de exigir el pago por cosechas que han quedado contaminadas por los transgénicos espontáneamente parecen avalar estos temores. Curiosamente, los indudables avances experimentados en la reducción del hambre en amplias zonas del planeta, sobre todo en Asia, han tenido mucho más que ver con la capacidad de los gobiernos para llevar a cabo unas políti- cas agrícolas inteligentes (reformas en la propiedad de la tierra, ayudas a los agricultores, protección selectiva...) y en el acierto en impulsar una estrategia general de crecimiento y desarrollo que en las oportunidades abiertas por la globalización económica. Ésta no ha mejorado, hasta la fecha, la situación de los campesinos más pobres y, en todo caso, ha incrementado su grado de vulnerabilidad ocasionando en determinados periodos y zonas una grave dis- minución de su nivel de vida.
Parece que los aspectos microeconómicos tienen una importancia funda- mental en la superación tanto de la pobreza como del hambre, fenómenos, a su vez, estrechamente interrelacionados. Lo que implica que, aun reclamando un mayor esfuerzo de solidaridad internacional, haya que subrayar que la solución defi nitiva al problema reclama una adecuada política nacional que incluya la
19 FAO: El estado de la agricultura y la alimentación, op.cit., p. 10.
20 NOVÁS GARCÍA, Antón: El hambre en el mundo y los alimentos transgénicos. Los libros de la
creación de una estructura adecuada de incentivos que permita maximizar la producción agrícola21.
5. CONCLUSIÓN
A pesar del avance continuo que se ha dado en la alimentación de la pobla- ción mundial el esfuerzo internacional en materia de lucha contra el hambre resulta a todas luces insufi ciente. Habiendo recursos sufi cientes para garanti- zar una adecuada nutrición de todos los seres humanos resulta incomprensible que las previsiones indiquen que, de seguir así las cosas, no se alcanzará el primer Objetivo del Milenio por lo que al hambre se refi ere. Los datos dispo- nibles parecen sugerir que en aquellos lugares en los que la subalimentación retrocede, ello se debe mucho más al acierto general de los gobiernos particu- lares, que a la infl uencia de la globalización o de la cooperación internacional. Resulta en todo caso evidente que el marco de las relaciones alimentarias internacionales es manifi estamente mejorable y debe ser modifi cado, sobre todo, desde la perspectiva de aspirar a erradicar el hambre y a mejorar las oportunidades de los pobres.
En la medida en que el derecho a comer se encuentra íntimamente re- lacionado con el derecho a la vida y que éste es un derecho “precondición” de todos los demás derechos imaginables, parece necesario asegurar que se garantiza en cualquier parte del mundo. Como señala es aforismo popular: “Con las cosas de comer no se juega”. La comida es demasiado importante para dejarla en las manos exclusivas del mercado. Eduardo Galeano escribió en el año 2000 su utópica visión del mundo futuro: en el siglo que empieza “el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra; la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos; nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión22. Este es también nuestro sueño.
21 PEREZ DE ARMIÑO, Karlos: “Población, alimentación y pobreza en las primeras décadas del siglo
XXI, Cuadernos de HEGOA, n.º 22, agosto 1998.
22 GALEANO, Eduardo: “El derecho al delirio”, artículo publicado en periódicos de diversos países