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4. Observations and Data Reduction

4.1 Observing Program

La sexta opinión, atribuida a Buridiano, defiende que el objeto adecuado de esta ciencia es la substancia, en cuanto substancia, vale decir, en cuanto abstrae de lo material y de lo inmaterial, de lo finito y de lo infinito. Que este objeto no se pueda determinar más, lo prueban suficientemente las razones propuestas contra las tres últimas sentencias precedentes; y que tampoco pueda ser más abstracto, puede deducirse del lab. 7 de la Met. de Aristóteles, text. 5, donde éste después de dividir al ente en substancia y accidente, y de afirmar que sola la substancia es ente simplemente, concluye: «Por lo cual tenemos nosotros que especular en primer lugar y -por así decirlo- exclusivamente sobre el ente considerado en esta forma»; palabras que al parecer designan como objeto de esta ciencia a la substancia sola. Lo mismo en el lab. 12, cuando escribe: «Nuestra especulación versa sobre la substancia, ya que lo que investigamos son los principios y causas de las substancias». Ambos pasajes nos dan además base para un argumento: la substancia y el accidente de tal modo se relacionan, que la substancia existe por sí misma y el accidente como propiedad de la substancia; por consiguiente esta ciencia trata de la substancia como de su objeto, y del accidente como de una propiedad de su objeto, y así no hay ninguna necesidad de poner el objeto total de esta ciencia en algo más abstracto que la substancia como tal. La consecuencia es clara, ya que no puede darse nada más abstracto a no ser alguna cosa que fuera aplicable directamente o «in recto» a la substancia y al accidente; ahora bien, una cosa así no debe ser considerada como objeto total, porque el objeto

total de una ciencia no puede ser algo común al sujeto cuyas afecciones se demuestran y a esas mismas afecciones, sino que ha de ser solamente el sujeto cuyas afecciones se demuestran, pues de lo contrario caerían por igual dentro de una ciencia el sujeto y las propiedades que se le aplican, y de esa noción común a ambas cosas, que sería el objeto total, no se podría demostrar nada, lo cual es muy absurdo.

Por consiguiente, supuesto que la substancia y el accidente se relacionan mutuamente como sujeto y propiedades, no se ha de señalar como objeto de esta ciencia nada que sea más abstracto que estas cosas, y directamente, por sí mismo, común a ellas; será, por tanto, objeto de esta ciencia únicamente la substancia en cuanto tal, pues el accidente no puede serlo, según acabamos de evidenciar; con todo, entrará en el campo de estudio de esta ciencia como una afección exclusiva de la substancia.

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Algunos ejemplos aclararán y robustecerán estas conclusiones: la ciencia que estudia al hombre y nos muestra sus propiedades no tiene por objeto total nada que sea común al hombre y a sus propiedades, y sí únicamente al mismo hombre. Lo mismo el objeto total de la filosofía natural es la substancia natural cuyas propiedades demuestra, y no algo común a ella y a sus propiedades. Por consiguiente, el problema presente entre la substancia y el accidente ha de resolverse en el mismo sentido.

Si con todo se pusiese algún reparo en contra de tal deducción, diciendo que esta ciencia considera una noción de ente en cuanto tal que va más allá de la substancia, y que en esta misma demuestra propiedades más amplias y que le son comunes con los accidentes; se podría contestar que todo esto es análogo y que primera y simplemente esa noción de ente como tal se identifica con la substancia, y así lo mismo es demostrar todo eso a propósito del ente que demostrarlo a propósito de la substancia; porque el ente simplemente tal es exactamente lo mismo que la substancia, sobre todo si es verdad que al ente como tal le corresponden no uno sino muchos conceptos objetivos.

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Esta opinión tiene algo de verosimilitud y apariencia. Y en verdad, todos los que niegan el concepto objetivo del ente hablarían muy consecuentemente al hablar así, porque si no se da un concepto objetivo común a la substancia y al accidente, no hay nada real y más abstracto que pueda concebirse como objeto total de esta ciencia. Sin embargo, sencillamente hablando es falsa y ajena al pensamiento de Aristóteles, porque como más abajo se demostrará, es simplemente más verdadero que hay un concepto objetivo del ente, según una noción que se puede abstraer tanto de la substancia como del accidente. Por otra parte esta noción, de por sí y como tal, puede basamentar una ciencia que explique su contenido y su unidad, y demuestre algunos de sus atributos. Y esto es lo que en la Metafísica se hace, como de su desarrollo se deducirá; ni puede fuera de ella hacerse, porque ninguna ciencia hay que le sea anterior y que considere las nociones de los entes que abstraen de materia según el ser; ahora bien, la noción objetiva de ente como tal, abstrae de materia según el ser, y además es la primera y más abstracta de todas; por consiguiente debe pertenecer a la primera ciencia o filosofía.

En resumen: la noción de substancia como tal, no puede ser la noción total del objeto de esta ciencia, puesto que no contiene en sí la noción de ente en cuanto tal, sino que al contrario está contenida en ella. Y como esa noción es diversa conceptual y objetivamente de la noción de substancia y abarca más que ella, tiene principios y atributos más universales y más abstractos, y por lo tanto no puede ser legítimamente reducida a ella en cuanto objeto cognoscible, porque aunque análoga es, sin embargo, una y común, no sólo por la unidad de palabra, sino también por la del concepto objetivo y por la de su abstracción.

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De aquí se deduce además que el desarrollo y fundamento de esta teoría no es exacto. En primer lugar, porque supone que el accidente es el atributo único que esta ciencia demuestra en su sujeto -cosa falsa, ya que antes demuestra

en él otros atributos más universales que el accidente como tal, por ejemplo, la unidad, la verdad y la bondad-; y en segundo lugar, porque no se prueba que el accidente sea afección necesaria ni siquiera de la substancia en cuanto tal, ya que existe una substancia que no puede tener ningún accidente, y por tanto, si el objeto total de esta ciencia fuese aquello que es algo así como el sujeto necesario del accidente, se seguiría que habría que hacer objeto total de esta ciencia no a la substancia en cuanto tal, sino a la substancia finita, lo cual - como ya hemos probado- es erróneo. Y viceversa, si se hace a la substancia en cuanto tal objeto total de la Metafísica habría que señalar cuáles de sus propiedades pueden demostrarse adecuadamente y convenir a todas las substancias; probablemente sólo se encontrarían aquellas que son comunes al ente en cuanto ente y que por sí mismas inmediatamente le convienen, porque la substancia finita y la infinita no parecen tener una afección común y necesaria fuera de la noción de subsistencia y de la negación de inherencia que intrínsecamente entrañan.

Añádese que aunque se suele decir que todo accidente es una propiedad de la substancia en cuanto que es una afección suya, sin embargo no es tal la naturaleza de esta propiedad que por sí misma se siga de la noción de substancia; y por esto no siempre se la considera como una propiedad que se demuestre de la substancia como de objeto propio, puesto que sólo las propiedades que se siguen de la noción del sujeto, se demuestran de este modo.

Finalmente, aunque el mismo accidente sea algo propio de la substancia; con todo, considerado en su pura noción de accidente, puede a veces estudiarse en él algo como absoluto; por esto puede haber ciencia que traten de solos accidentes, como las matemáticas -por ejemplo- tratan de la cantidad.

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