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IGUELÁ
NGELM
ORATINOSLa Comunidad Iberoamericana de Naciones, integrada por los Estados sobera- nos de lenguas española y portuguesa de América Latina y la Península Ibérica, constituye una comunidad natural, una auténtica familia de pueblos hermanados por una serie de afinidades lingüísticas, culturales e históricas de gran profundi- dad. Por ello tanto la doctrina como los mandatarios iberoamericanos siempre han señalado que se trata de una comunidad «preexistente» a los esquemas de concer- tación y de cooperación que sobre ella, a partir de ella y entre todos hemos ido cons- truyendo.
Nuestra historia compartida, las lenguas española y portuguesa –único caso de dos grandes idiomas internacionales recíprocamente comprensibles-, el profundo, complejo y largo proceso de mestizaje y sincretismo, el sistema y la tradición jurí- dica, la común cultura derivada de todos los anteriores elementos incluyendo los valores compartidos: todo ello nos identifica a los iberoamericanos de uno y otro lado del Atlántico. Por eso es cierto que el sistema de las Conferencias de Jefes de Estado y de Gobierno que reúne a los Estados iberoamericanos es, en formal defi- nición, el foro para la concertación político-diplomática y la cooperación privilegia- da entre sus miembros. También y desde un punto de vista más sustantivo, nues- tro sistema de Cumbres podrá definirse como la expresión político-diplomática multilateral de base cultural e histórica que liga unitaria y solidariamente a la América de lenguas española y portuguesa y a la península Ibérica.
Los anteriores elementos constituyen un sólido cimiento desde el que proyecta- mos nuestros valores e intereses más legítimos en un mundo en creciente proceso de globalización.
Más allá de las anteriores consideraciones es preciso resaltar la utilidad concre- ta y práctica de nuestro sistema de Cumbres y del extenso entramado iberoameri- cano. La simple reunión de los máximos mandatarios de nuestra Comunidad –resaltamos, una Comunidad natural, una familia de pueblos- justificaría todos nuestros esfuerzos. Cuántas veces el diálogo sincero, directo y discreto entre nues- tros Jefes de Estado y de Gobierno ha ayudado a aclarar malentendidos y a resol- ver situaciones difíciles entre nuestros países. Sin embargo y paradójicamente, la discreción requerida y necesaria para que estos contactos sean efectivos y útiles al servicio de nuestras sociedades ha restado a veces visibilidad a las Cumbres Iberoamericanas. Nuestras ciudadanías deben saber que las Cumbres trabajan decididamente a favor de nuestra concordia e intereses comunes.
Desde las Conferencias de mandatarios se ha venido afirmando un verdadero «acervo iberoamericano» que condensa y articula prácticamente no sólo nuestros fundamentos sino nuestros principios, valores e intereses creando un código de con- ducta que refleja nuestra manera de estar en el mundo. Los pueblos iberoamerica- nos nos hemos manifestado solemnemente a favor de la legalidad internacional y del multilateralismo para la resolución de los conflictos que afligen a la Humanidad. El sostenimiento de la democracia, el respaldo a los diálogos y proce-
sos de paz, la lucha contra el narcotráfico, el apoyo a las Metas del Milenio, a la diversidad cultural, a la Alianza de Civilizaciones: todo ello ya forma parte de un acervo y un código de conducta iberoamericano que debemos hacer tenga conse- cuencias prácticas.
Las Cumbres, por otro lado, han impulsado un gran sistema de cooperación ibe- roamericana que actúa como una argamasa solidaria y como factor impulsor, equi- tativo y redistribuidor entre los pueblos iberoamericanos. Los proyectos abarcan desde la alfabetización de adultos o la formación de posgraduados a programas sobre ciencia y tecnología, o gobernabilidad y políticas públicas.
La concertación político-diplomática, junto a la cooperación, constituye otro de los objetivos generales. Allí donde los países iberoamericanos detecten posibilida- des de acción concertada deberá actuarse con diligente pragmatismo. Quiero recor- dar por ejemplo, y agradecer a este respecto, el apoyo iberoamericano en la última Cumbre a la candidatura de Zaragoza como sede de la Exposición Internacional de 2008.
En el contexto actual de reforzamiento e impulso de la Comunidad Iberoamericana de Naciones nuestro país ha asumido la organización de la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que tendrá lugar en Salamanca los días 14 y 15 del mes de octubre. Esta Cumbre de máximos manda- tarios tiene una gran significación y supondrá probablemente un momento impor- tante para la proyección del sistema iberoamericano.
Por un lado porque deberá cristalizar el proceso de reformulación iberoamerica- no iniciado en 2002 en la XII Cumbre celebrada en Bávaro, República Dominicana. Efectivamente, en aquella ocasión se propuso abrir un periodo de reflexión acerca del sistema de Cumbres Iberoamericanas buscando medidas y propuestas orienta- das al logro de una mayor cohesión interna y una mayor presencia y proyección exterior. Para este cometido fue nombrado el Presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso que un año después, en la XIII Cumbre (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia), presentó sus recomendaciones aprobándose también la creación de la Secretaría General Iberoamericana. En la Cumbre de San José, la decimocuarta, celebrada en noviembre de 2004, se aprobó el Estatuto de este nuevo organismo que tiene como objetivo general brindar el necesario apoyo institucional a la Conferencia Iberoamericana.
En el momento de la realización de la Cumbre de Salamanca la Secretaría General Iberoamericana –SEGIB- habrá comenzado ya su incipiente andadura. La SEGIB, cuyo Secretario General, Enrique Iglesias, fue designado el pasado mes de mayo, tendrá la ineludible misión de coorganizar las Cumbres, impulsar el sistema iberoamericano y garantizar su permanencia y continuidad no sólo formal e insti- tucional sino realmente operativa a través del adecuado apoyo y seguimiento al sis- tema de las Cumbres y a sus dos principales dimensiones de foro para concertación política y de espacio de cooperación.
España tiene una gran responsabilidad, compartida con sus socios, en la correc- ta materialización de las expectativas creadas como uno de los países particular- mente comprometidos en el impulso del sistema iberoamericano y en la creación de un órgano representativo y operativo permanente, sino por su interés específico en potenciar su proyección iberoamericana. España asume además el gran reto de la organización de la XV Cumbre. El momento histórico se reviste para nosotros de un simbolismo especial al coincidir con el trigésimo aniversario de la proclamación de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, uno de los máximos impulsores de las Cumbres Iberoamericanas y único Jefe de Estado que ha participado en todas ellas. Por otro lado la Cumbre de Salamanca será un cónclave enormemente sustanti- vo en cuanto a sus contenidos. Los Jefes de Estado y de Gobierno debatirán sobre temas de gran importancia para nuestra Comunidad. La realidad socioeconómica de Iberoamérica y sus retos, y la apuesta de articular una agenda iberoamericana para afrontarlos serán uno de ellos. Se tratarán con franqueza y espíritu crítico los graves problemas políticos, sociales y económicos que nos afectan, debiendo reco-
nocerse que todas estas dimensiones están íntimamente vinculadas. Además hemos de ser capaces tanto de encontrar soluciones como de ponerlas en práctica. No deberán quedar nuestras intenciones en meras declaraciones.
La migración iberoamericana es un fenómeno que los mandatarios también abordarán en sus encuentros. Los flujos migratorios afectan intensamente a nues- tras sociedades. Flujos entre América Latina y la península Ibérica, entre los paí- ses latinoamericanos y, también, hacia dentro y hacia afuera del espacio iberoame- ricano. Para encontrar soluciones debemos indagar desde el conocimiento de las causas, económicas y políticas. Podemos encontrar un modelo de gestión de las migraciones que pueda incluso llegar a servir de ejemplo en el ámbito internacio- nal.