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Introducción:

Este mercado fue descubierto en el verano del año 1998, durante la reexcavación en el foro de la ciudad romana, en cuyo costado suroeste apareció este sencillo edificio del s. I, destinado quizás a la preparación y venta de carne. Durante el Bajo Imperio continuó la actividad comercial en el mismo solar, aunque con estructuras endebles y perecederas.

Topografía de la ciudad:

Se sitúa en las coordenadas 40º 28’N – 3º 20’W, y, según Ptolomeo, en 41º 5’N 10º 50’W. Pertenece a la cuenca del río Henares, concretamente a su tramo bajo. El río se encajona en su margen izquierda, dando lugar a un área de taludes, y de llanura alta o páramo, que se alterna con cerros testigo como el Ecce Homo (830 m.) y el cerro de San Juan del Viso (750-780 m.), ocupados por diversas poblaciones. La margen derecha se distingue, por el contrario, por terrazas más o menos horizontales (Rascón 1995, 27-29).

Los suelos que caracterizan el área de Complutum son de varios tipos. En las terrazas más bajas (sexta y quinta) son poco evolucionados de fuerte carbonatación, muy aptos para la agricultura y la ganadería, por lo que han sido los preferidos por los diferentes asentamientos, entre ellos la ciudad romana. Las terrazas más altas se distinguen por los suelos rojos mediterráneos (Rascón 1995, 27).

Se ha delimitado la ciudad romana, en parte bajo la expansión moderna del casco antiguo de Alcalá de Henares. Por el sur se extiende hasta el río Henares y el camino histórico de la Dehesa, por el oeste hasta el arroyo Camarmilla, por el este llega hasta una línea artificial separada 1 km. del citado arroyo, pero paralela a éste. La ciudad no ocupa íntegramente este espacio, a la par que algunas necrópolis exceden estos límites (Rascón 1995, 25).

Se halla muy bien comunicada, pues por la ciudad pasan cuatro vías, siendo mansio de las vías XXIV, XXV, XXVI y XXIX del Itinerario de Antonino (Vallejo 1992, 65-66):

-Vía XXIV: Item ab Emerita Caesaraugusta, hasta Tarraco, que discurriría por el decumanus maximus de Complutum. Esta vía fue reparada por el Emperador Domiciano en el s. I, así como por Trajano (Magallón 1987, 19);

-Vía XXV: Alio itinere ab Emerita Caesarea Augusta40;

-Vía XXVI: Item ab Asturica Caesaraugustam, a través de Titulcia;

-Vía XXIX: Per Lusitaniam ab Emerita Caesarea Augusta, también pasando por Titulcia.

Debemos citar otras vías mencionadas por el Anónimo de Rávena para completar el cuadro (Vallejo 1992, 67-68):

-Vía Complutum-Asturica Augusta, que parte del norte de la ciudad, remonta el río Jarama, atraviesa la sierra y se dirige hacia Cauca, pasando por Segovia41;

-Vía que parte de Complutum, atraviesa Daganzo y Valdetorres, y se une a la vía anterior (Méndez y Velasco 1998, 48-49)42;

-Complutum-Castulum, a través de Segobriga y Saltigi, que continuaría hasta

Cartago Nova, partiendo del sur de la ciudad43.

A éstas habría que añadir otras vías que Sebastián Rascón refleja en su Tesis Doctoral (2004, vol. 1, 176ss) y que numera correlativamente: el recorrido 7 parte del Área de Mantua para dirigirse a Segovia a través de Navacerrada; el 8 se sitúa en torno a Arganda del Rey y se dirige hacia el este; y el 9 se dirige a Cartagena atravesando Titulcia.

40 Sebastián Rascón (2004, vol. 1, 176ss) considera en su Tesis Doctoral que existían dos variantes: el

recorrido 1 o variante A/clásica y recorrido 2 o variante B/sur, que evita Titulcia y es más recta, que podrían corresponder a las dos citadas, la XXIV y la XXV.

41 Rascón (2004, vol. 1, 176ss) señala la existencia de una vía hasta Segovia, a través de Navacerrada

(recorrido 5), así como otra vía que desde Complutum se dirige hacia Coca a través del puerto de Somosierra (recorrido 3).

42 Equivaldría al recorrido 4 de Rascón (2004, vol. 1, 176ss): Complutum-Pasos Orientales del Sistema

Central, pasando por Valdetorres del Jarama y Talamanca del Jarama.

Historia de la ciudad:

Lo primero que hemos de destacar es que existieron numerosos asentamientos de época prehistórica y protohistórica en el área de la ciudad, dadas las bondades del lugar, y que la ciudad de Alcalá de Henares ha tenido un desarrollo ininterrumpido de, al menos, dos mil años, desde la romana

Complutum hasta la ciudad actual.

El periodo paleolítico es, desafortunadamente, poco conocido debido a la explotación de graveras y areneros en el valle del río Henares. De este modo, se han hallado en el curso del Henares útiles del Achelense Medio o Superior, así como otros útiles del Paleolítico Inferior, esta vez en los terrenos de la universidad de Alcalá y del aluvión del Arroyo Camarmilla. Son también escasos los restos neolíticos, reduciéndose a algunos materiales en la falda norte de los cerros de San Juan del Viso y del Ecce Homo. En época calcolítica las poblaciones parecen haberse situado en la zona de vega, que contaba con fértiles tierras para la agricultura, agua y buenas comunicaciones. De esos momentos se conocen restos en el entorno de Complutum, siendo los más destacables, los de Torote, La Esgaravita y Fuente del Juncal, éste último excavado en 1992, con cabañas y estructuras de tapial pertenecientes a un gran poblado, los tres con una fase precampaniforme (Rascón 1995, 32-33). El poblado de El Juncal, calcolítico- precampaniforme, conserva estructuras de tapial, tabiques delimitadores y suelos de arcilla endurecida (Méndez Madariaga 1999-2000, 376), siendo el primer asentamiento con hábitat conocidos.

Los asentamientos con hábitat son más frecuentes en la Edad del Bronce, situados en el Cerro de San Juan del Viso, según se sabe por prospecciones, y en el cerro del Ecce Homo, documentado por medio de excavaciones. Posteriormente continúa habitado incluso en época celtibérica, dada las ventajas defensivas que ofrecía el lugar. En este último lugar, ya desde el Bronce Final, se ha detectado la construcción de cabañas alargadas de forma trapezoidal, que perduran hasta la Edad del Hierro.

De época prerromana destacan, así mismo, la Vereda del Naipe (Alcalá de Henares), con materiales del Hierro y de Cogotas; y el Anchuelo, que también perdura hasta época romana. De la Edad del Hierro, en la que esta zona quedó englobada dentro de la Carpetania, se conocen además de los citados yacimientos de Anchuelo y el cerro de San Juan del Viso, los de Santorcaz, sobre una suave elevación en el páramo, en el que las excavaciones han permitido conocer la existencia de muralla y de estructuras de habitación; el del Salto del Cura, en la

Cuesta de Zulema; y el de las termas de Hyppolytus, del Hierro II; amén de otros esparcidos por la zona de vega en torno a la actual Alcalá de Henares, debido a la fertilidad agrícola del suelo (Rascón 1995, 34-38).

Complutum vivió en una relativa tranquilidad durante la conquista romana,

alejada de los escenarios bélicos de la Meseta. Es, no obstante, posible que Catón, tras su ataque a Segontia, llegara también hasta la ciudad, según narración de Livio (XXXIV, 19, 10), aunque este autor no la cita en el transcurso de estos acontecimientos (Vallejo 1992, 45-56).

Sin embargo, previamente a la fundación de la ciudad romana en el llano, en una fecha aún algo incierta, existía un asentamiento romano en el cerro del Viso, aprovechando las ventajas estratégicas y visuales sobre el territorio circundante y las vías de comunicación que ofrecía el lugar, al menos desde la Edad del Bronce. Se han localizado estructuras romanas de época augustea e inicios del periodo julioclaudio, que suponen un indicio de romanización antes de la fundación de la ciudad romana en el llano, con perduración hasta época de Vespasiano, hacia los años 60 del s. I d.C., e incluso hasta época bajoimperial. Apenas se tienen datos que permitan conocer la importancia real del asentamiento del cerro, en donde se hallaron una calzada, basureros, una cisterna y unas termas, cuyo carácter público se ha puesto en duda. Por tanto, se puede afirmar que el asentamiento prerromano sufre un proceso de romanización a lo largo del s. I, que afecta a su vida socioeconómica. Por ello, surgen nuevas necesidades ciudadanas, que desembocan en el traslado del primitivo asentamiento de San Juan del Viso a la última terraza del río Henares y en la fundación de una ciudad de nueva planta en el llano, de trama ortogonal, aprovechando la fertilidad del suelo de vega, la presencia de cursos de agua próximos y de niveles freáticos y la facilidad de comunicación, dada la existencia de la vía Caesaraugusta-Emerita Augusta, lugar donde continuará hasta nuestros días. Aunque se aprovecharon altozanos para situar las construcciones en torno a la Fuente del Juncal (581 m.) y el foro (582 m.). Así pues, los dos asentamientos parecen convivir durante un tiempo, pues el traslado de la población es paulatino durante la primera mitad del s. I d.C., anterior incluso al periodo de Claudio- Nerón, fechas en las que se han fechado niveles en la Fuente del Juncal y en la Carretera de Circunvalación. Hasta que se funda definitivamente una nueva ciudad, dotada de las infraestructuras y edificios públicos necesarios, posiblemente en la década de los 60 del s. I d.C. (Rascón 1995, 29, 36-38, 161- 164). Esta primera ciudad augustea tenía un tamaño de sólo 14 Has., su planta era hipodámica con manzanas rectangulares de 32 x 45 m. (norte-sur y este- oeste, respectivamente) (Rascón y Sánchez Montes 2006b, 61).

Con la división provincial y conventual llevada a cabo por Augusto,

Complutum se incorporó al convento caesaraugustano, cuya capital era Caesaraugusta. Su estatus era de ciudad estipendiaria. No alcanzó, sin embargo, la

categoría de municipium hasta la expansión de la ciudadanía en época de Vespasiano, posiblemente en los años 73 ó 74 de la era, según las pruebas epigráficas. Plinio (nat. 3.24) la cita como ciudad peregrina, entre otras, aunque la obra de este autor es posterior al Edicto de Latinidad y, por tanto, las ciudades que cita como peregrinas habrían alcanzado ya su rango de municipio. Pero la inscripción de Cneo Nonius Crescens (CIL II, 3033) deja entreveer la existencia de un ordo decurionum local, un flaminado44 y de la adscripción de los ciudadanos a la

tribu Quirina, como la mayoría de las ciudades hispanas promocionadas por los flavios (Rascón 1995, 165-169; González-Conde 1985, 141-142).

Durante los Judio-claudios, quizás bajo Nerón, la ciudad del llano se refunda debido al desarrollo alcanzado. La planta de la ciudad es regular, organizándose en torno al decumanus maximus, atravesado por la vía XXVII del

Itinerario de Antonino. Su superficie era de unas 58 Has. intramuros, ampliando

considerablemente la ciudad augustea hacia el este, desde el kardo VII, y alterando el trazado hipodámico anterior en casi 2º. Las manzanas son cuadradas (32 x 32 m.). En estos momentos se acomete la construcción de los edificios públicos. Los restos conocidos de la ciudad romana son el foro, delimitado al norte por dicho

decumanus, de 13 m. de anchura en este punto, que se encuentra con el kardo maximus en este lugar, al este del foro. De este modo, el foro queda ubicado en el

centro de la ciudad, como solía ser habitual, originando una plaza rectangular, de 18 x 26 m. El lado oriental de la plaza queda bajo un barrio residencial erigido a principios de los años 70. Se halla integrado por una basílica, que cierra la plaza por el oeste, y una hilera de tabernae al sur, recorridas en su lado norte, entre éstas y la plaza del foro, por un decumanus porticado, al que se abren. La basílica, construída en opus camenticium, tiene una superficie de 29,30 x 16,60 m. y

presenta 6 columnas en cada uno de los lados largos y 4 en los cortos, así como restos del pavimento original de mosaico, que posteriormente se cubrió de opus

signinum. Existe un primer conjunto termal en el lado occidental de la basílica, de

29 x 14 m., y un ninfeo. Al oeste de las tabernae, alineado con las termas, se sitúa el macellum, delimitado por la llamada “Casa de los Estucos” por el oeste. La plaza del ninfeo, de 17,50 x 32 m., queda delimitada por las termas al este, el

decumanus maximus al norte y otro decumanus al sur, donde está también el macellum (Rascón 1995, 149-152; Rascón y Sánchez Montes 2006b, 61-62) (Fig.

47). El foro fue erigido en la Fase IA (época neroniana) con la basílica y el primer

44 Una segunda inscripción, dedicada por L. Iulius Secundus, testimonia, además del flaminado, la

existencia de un colegio de sevires augustales en Complutum, que organizaba también el culto imperial (González-Conde 1985, 142-143).

conjunto de termas. En la Fase IB, se restaura el pavimento de la basílica. (Fig. 48).

Fig. 47: reconstrucción del foro de Complutum, en primer término, la plaza, la basílica y, detrás de ésta, las termas, a su izquierda, el macellum (Rascón 1999, 67).

Fig. 48: vista aérea del foro de Complutum: en primer término, la “casa de los Estucos” o “ de los Grifos”; en el centro de la imagen, el macellum; a la izquierda, las termas, reconvertidas posteriormente en completo administrativo, y la basílica; al fondo, el pórtico sur (Rascón y

Sánchez Montes 2006b, 60).

Se conoce un arco romano de medio punto en Barranco Salogre. La casa del Camarmilla es también un establecimiento termal ya existente en el s. I. Igualmente se conserva un puente romano sobre el río Henares, en la Gábrica de Armas, así como un segundo puente en la Cuesta Zulema. Las vías de comunicación se hallan jalonadas por fuentes, como la del Juncal y la de la Salud, aún existentes. A la salida de la ciudad y en torno a todas las vías que de ella parten hacia todos los puntos cardinales se ubican cuatro necrópolis romanas.

Finalmente, en la Fase II (fines del s. III-inicios s. IV) tiene lugar de nuevo una refundación, produciéndose un depósito conmemorativo frente a la puerta norte de la basílica, en el decumanus III, y la instalación de un carmen epigraphicum en la nueva fachada monumental del foro que alude a la restauración. La ciudad ocupa una superficie de 42,67 Has., en la que destaca el decumanus maximus, pues la ciudad presenta una longitud este-oeste que casi dobla la del eje norte-sur (Rascón y Sánchez Montes 2006b, 62-64). Se remodelan el conjunto foral; la basílica, que se marmoriza y se extiende ocupando las termas; las tabernae y el muro oeste, perteneciente al tabularium, erigiéndose en este lugar una fuente y manteniéndose los ejes viarios, al menos los principales, reformas que el carmen

epigraphicum inscrito en la fachada del ninfeo prueba, testimoniando la

reconstrucción para la eternidad de los edificios altoimperiales ya en ruinas45. La

mayor transformación consiste en la construcción de un magno edificio de 29 x 33 m. destinado a la administración, que, a su vez, transforma el complejo termal, cuyas salas cambian de función: el caldarium, aún calefactado, hace las veces posiblemente de curia. De este modo es necesario erigir un nuevo edificio de baños (termas sur) más pequeñas que las anteriores, a las que imita, en el lado opuesto a la basílica, de la que queda separado por el decumanus, y próximo al

macellum. Estas termas del sur del foro se abandonarían a principios del s. V. El

edificio de la curia presentaba una fachada al norte con tres vanos, a los que se accedía desde el decumanus maximus; y otra segunda al oeste, carente de vanos, donde se situaba un posible tabularium, formado por un sótano abovedado, que sustentaba un piso superior, decorado exteriormente, a modo de frons scaenae con ventanas, por ocho columnas exentas, que le daban un aspecto teatral, entre las que se situó la inscripción; mientras que el sector este quedaba delimitado por la basílica. Las tabernae meridionales reciben una nueva pavimentación de guijarros y un pórtico de acceso y en ellas se asientan la officina de un pintor y de un mosaicista. Estas reformas constituyen un dato fundamental sobre el dinamismo adquirido por la ciudad en época tardía, mayor si cabe que en época altoimperial, pues la ciudad, en pleno desarrollo y efervescencia en estos momentos, requiere, por consiguiente, edificios que garanticen y permitan la satisfacción de las necesidades políticas, administrativas, económicas, religiosas y recreativas que toda ciudad en pleno funcionamiento necesitaba (Rascón 1995, 174; id. 1999, 53-57; Rascón y Sánchez Montes 2006b, 68-69) (Fig. 49). Este programa edilicio se engloba, a su vez, en palabras de Rascón (1999, 55), en “el afán de la Tetrarquía y de la Casa de Constantino por la recuperación de las glorias previas a la crisis del siglo III”, aunque hemos de puntualizar que se tiende a evitar en la investigación actual la alusión a una “crisis”, siendo más correcto hablar de un

45 Rascón (1997, 651) defiende que la ruina de los edificios se debería atribuir al propio desgaste de los

mismos a través del tiempo, más que a alguna catástrofe, a pesar de la alusión a este hecho por parte del

periodo de cambios. Esta efusión ciudadana queda demostrada también por la construcción de numerosas viviendas o domus en torno al foro a fines del s. III e inicios del s. IV: casa de Aquiles (s. III), de Leda, de Baco, de los Peces y de Cupidos (Fernández-Galiano 1984, passim; Rascón 1995, 160-161, 175), habiéndose conservado espléndidos mosaicos en todas ellas, que les dan nombre. Estas viviendas continúan habitadas hasta el s. V. Se conocen algunas villae suburbanas, como El Val (ss. I-V d.C.), en la fértil vega del Bajo Henares, una villa de corte palaciego destinada a la cría de caballos para los espectáculos circenses, también con lujosos mosaicos, reaprovechada como necrópolis en las dos siguientes centurias. La llamada “Casa de Hyppolitus” es, en realidad, la sede del collegium iuvenum, que contaba con un conjunto termal integrado y unos jardines de inspiración oriental, que cuenta con niveles de la segunda mitad del s. I, aunque surge como tal a fines del s. III ó inicios del s. IV (Rascón 1995, 175). En el s. V fue reconvertido el lugar en necrópolis paleocristiana, posiblemente hasta la centuria siguiente.

Fig. 49: reconstrucción virtual de la ciudad romana de Complutum en la segunda mitad del s. III, vista desde el sudoeste (Rascón y Sánchez 2004, 116; id. 2006, 73).

Esta vitalidad de la ciudad y desarrollo constructivo se explica principalmente por la ubicación de Complutum en el centro de la Península Ibérica y en un cruce de caminos, según expusimos más arriba, especialmente sobre la vía Emerita Augusta-Tarraco, a través de Toletum y Caesaraugusta (Rascón 1995, 177-178; Rascón 1999, 63), vía que se ve potenciada en época tardía ante la imposibilidad de transitar por la vía Emerita Augusta-Astorga, ocupada por los suevos. Esta fiebre constructiva se debe en parte al mecenazgo de las élites locales, fenómeno que se centra fundamentalmente en todas las ciudades hispanas

del s. I d.C. (Torrecilla 1998, 74, 81, 513-515), pero que en Complutum se potencia sobre todo desde fines del s. III, precisamente por el aumento de poder por parte de esas élites locales, el grupo de los decuriones, cuyas manifestaciones se materializan en sus propias viviendas suntuosas, que se ubican en torno al foro o próximas a la ciudad, como la villa del Val, y en centros privados para su uso restringido, como las Termas de Hyppolitus, un collegium iuuenum con influencias norteafricanas y del Próximo Oriente (Rascón 1995, 177; id. 1999, 53). Otro dato que nos remite a la prosperidad de la ciudad es el dinamismo comercial, que se rastrea por la abundancia de libertos, la mayoría de los cuales se dedicaría a las actividades comerciales, y de artesanos productores de cerámica común y de imitación (Vallejo 1992, 138).

En época tardía Complutum quedó englobado en la Prouincia Carthaginensis de la Dioecesis Hispaniarum. Al menos desde fines del s. IV la ciudad constituiría un centro vital en relación con el comercio, la administración y la religión, entre otras ciudades como Barcino, Tarraco y Caesaraugusta, según la alusión que Paulino de Nola hace a éstas mismas y a Complutum, a la que califica como Vrbs en la “Epístola XXXI, a Ausonio” (Rascón 1995, 41-42), dato que nos sirve también para apoyar el esplendor del que la ciudad goza en este periodo.

En época tardía la ciudad se cristianiza, como sabemos por el culto que se rinde a los llamados Santos Niños, Justo y Pastor, que fueron torturados supuestamente junto al Paredón del Milagro, en realidad el muro norte de la basílica del foro romano. El culto se centraría posteriormente en el Campo Laudable, a 2 km. a las afueras de la ciudad, donde se suponen que se hallaban las

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