El éxito fue algo que a esta comedia de situación le costó alcanzar. Durante su primera temporada se quedó en el puesto 71 de la lista de programas más vistos del país norteamericano. Un puesto extremadamente bajo que hizo peligrar su continuidad. La NBC la quiso conservar por necesidades de re- lleno de parrilla, lo cual acabó con la escalada a la cima del éxito. En la tem- porada 1990-1991, ocupó el número uno en audiencia, atesorando en su haber un total de 26 premios Emmy.
Es por ello por lo que es considerada por muchos como la mejor sitcom de la historia. El argumento de esta serie se caracteriza por su sencillez y efec- tividad, basando todo el peso de su estructura narrativa en una fórmula tra- dicional, conocida como UST (Unresolved Sexual Tension). Tensión Sexual no Resuelta. Esta es una de las peculiaridades que encontramos en el guion, ya que hasta ahora nunca se había conseguido ver en la televisión una serie que ignorara las barreras, autoimpuestas, en torno a un tema tabú como el sexo. Y es una tensión que se refleja, tanto desde el punto de vista del hom- bre como desde el de la mujer, siendo en el caso de esta de especial rele- vancia en sus primeras temporadas, donde el papel interpretado por Shelley Long (Diana Chambers) es el de una mujer intelectual y de gran cultura, lo que contrasta con el personaje de Sam Malone (Ted Danson), exjugador de béisbol y carente de cultura.
7.2. La tercera edad de la mujer también ha de ser representada:
The Golden Girls
La lucha por la audiencia, durante los años ochenta, se caracterizó por su dureza. La búsqueda del televidente joven fue una de las prioridades a tener en cuenta. Pero no todo el público potencial se quedaba en esa franja de edad. En la NBC se dieron cuenta de ese detalle, ya que cerca del 30% de los norteamericanos que veían la televisión tenía una media de edad superior a los cincuenta años. Y así es como afloró el germen de crear una comedia de situación dirigida a este público.
Lo que podría haber sido un drama feminista o lo que los ingleses habrían convertido en un feroz melodrama, apareció como un revulsivo para los que ya no creían en la televisión, como una “ficción con un potente protago- nismo de mujeres que además ya no eran jóvenes y que no tenían pelos en la lengua o, en la misma línea” (Menéndez, 2018).
Se trata de una sitcom genuina, que nos muestra, como apunta Castillo (2014):
Un elenco formado por mujeres mayores de cincuenta años. El supuesto atractivo sexual de Blanche, la ingenuidad de Rose, el papel moderador de Dorothy y el carácter indomable de su madre no hubieran sido suficiente reclamo si no hubiera sido por unos guionistas brillantes y una interpreta- ción soberbia.
7.3. Married with Children, ¿un paso atrás?
Los Bundy llegaron a las casas norteamericanas mostrando una realidad patente en esa época, “una clase media empobrecida para la que el sexo, dinero y supervivencia comprendían el mundo”, dejando patente que los valores de la familia tradicional biparental estaban, por lo menos, en desuso. Los estereotipos establecidos en esta serie son un claro ejemplo de la crisis que sufría este tipo de familia.
Ante la sitcom que nos encontramos no existen medias tintas. Se trata de una de las comedias más irreverentes del panorama televisivo de finales de los 80, la antítesis de la que era considerada la familia por excelencia de Estados Unidos, la de Bill Cosby. La construcción de sus personajes se cen- tra en mostrar una familia de perdedores, que avanzaban en sus vidas como buenamente podían. Pero, siguiendo lo dicho por Madinabeitia y Mejino (2013) “el estilo de humor era aparentemente zafio y de brocha gorda, con multitud de referencias sexuales, pero estaba más elaborado de lo que pa- recía, diciendo muchas cosas que mucha gente pensaba pero que no atre- vían a manifestar en alto.”
Centrándonos en las mujeres protagonistas presentes en esta sitcom, la mu- jer y la hija mayor, la imagen que se da de ellas coincide con la tónica de la serie. Desde Peggy, la esposa, que se muestra totalmente ausente de realizar ninguna tarea, ya sea trabajar fuera de casa o en el hogar, y que se dedica de manera exclusiva a cuidar su cuerpo y comprar ropa nueva, a la hija ma- yor, Kelly, la cual es el estereotipo de niña guapa y rubia que tiene gran éxito entre los chicos, y gran fracaso en su vida de estudiante.
Nos encontramos, pues, ante un retroceso en los avances que había reali- zado hasta ahora la sitcom con respecto a la imagen de la mujer. Un artículo de La Nación (2012) expone lo que supuso esta serie en su momento de emisión:
En un especial de The True Hollywood Story, de E!, dedicado a la serie, se afirma que el gusto por este show creció en forma exponencial, pero la po- lémica también, esto en vista de que el eje central del humor se basaba en el machismo y el menosprecio que Al mostraba en su relación con su mujer y sus hijos, todo hilvanado en medio de un cuasi negro humor. Hasta hubo grupos de feministas que marcharon en Washington exigiendo que Ma- rried with Children dejara de emitirse.
7.4. Murphy Brown y Roseanne. Dos mujeres punta de lanza
Murphy Brown representa a la nueva mujer del S. XX, desarrollando un trabajo como periodista estrella de un importante informativo de la televi- sión norteamericana. Gümil (2017) reflexiona sobre el personaje interpre- tado por Candice Bergen, y la influencia que supuso Mary Taylor Moore en su creación:
Murphy no era demasiado joven, ni demasiado delgada, ni demasiado ru- bia, ni siquiera era demasiado agradable. Pero era fieramente humana. Ha- bía vivido y había bebido. Y no se disculpaba por ello. La chica de la tele pasaba a ser la mujer de la tele. Como la propia Bergen reconocía en Today tras la muerte de Mary Tyler Moore , La chica de la tele había abierto la senda por la que circularían todos los grandes personajes femeninos pos- teriores. Su Brown era una heredera directa, un update. O más bien un troyano. La mujer que representa Brown ya no pide permiso, da permiso. Con un planteamiento clásico, introduce tramas que hacen referencia a as- pectos sociales y políticos de la sociedad del momento, haciendo una de- fensa de la ética en el mundo del periodismo así como una crítica directa del mundo de la televisión comercial.
Supuso una gran polémica en su época, al sacar a relucir los valores fami- liares y generó una crítica feroz en torno a los temas más importantes de la sociedad del momento, rompiendo la línea delimitante entre la realidad y la ficción, siendo esta una de sus características fundamentales a lo largo de toda su emisión en antena.
El verdadero impacto que supuso esta sitcom surgió en la temporada de 1991-1992, cuando la protagonista se convirtió en madre soltera, lo cual le hundió en el ojo del huracán, al emerger el debate político sobre los valores familiares, teniendo como oposición una figura más que importante, el vi- cepresidente Dan Quayle, el cual realizo unas declaraciones muy duras en torno a ella:
Bearing babies irresponsibly is, simply, wrong. Failing to support children one has fathered is wrong. We must be unequivocal about this. It doesn't help matters when prime time TV has Murphy Brown - a character who supposedly epitomizes today's intelligent, highly paid, professional woman - mocking the importance of fathers, by bearing a child alone, and calling it just another "lifestyle choice" (Quayle, 1992).
A toda esta controversia surgida se la conoce como el Murphygate. Murphy Brown (Jeffords, Heline y Heisler, 1988) no solo su suscribió a te- mas de índole político a lo largo de los diez años que estuvo en antena, si no que
Además de su decisión de ser madre soltera, English también introdujo temas delicados como el cáncer de mama que le fue diagnosticado en la última temporada y el uso de marihuana terapéutica para paliar los efectos de la quimioterapia. Aquel año, el número de mamografías se incrementó un 30% y Candice recibió un premio de la American Cancer Society. Aun- que también hubo quien alzó la voz para denunciar la frivolización del con- sumo de drogas. De nuevo Murphy Brown había trascendido la pantalla (Güimil, 2017).
El personaje de Roseanne, es un espejo de la situación en la que se encon- traba la clase media baja trabajadora, moviéndose entre el paro, el trabajo precario y mal pagado, una situación que agrandaba aún más las diferencias entre los ricos y pobres, entre las clases de élite y el proletariado, a la vez que daba la impresión a las clases medias de que la situación, en vez de mejorar, empeoraba.
Pero no solo eso, tanto Roseanne (Carsey, Werner, y Lowenstein, 1988) como Murphy Brown facilitaron el trabajo a muchos otros programas que aparecerían en los años siguientes. Tal y como apunta Yanke “en el caso de Roseanne, ella misma era la creadora de la serie, además de su protago- nista, pero Murphy Brown existió por obra y gracia de Diane English, una de las primeras mujeres showrunners”. Así mismo Press (2018) nos dice que se trata de
realizadoras de series que desempeñan diversas tareas de gestión empre- sarial y creativa; desarrollan la idea original, supervisan el casting, orien- tan a los guionistas, buscan financiación, negocian con los estudios... una mezcla de empresario, creador y administrador, todo en uno.
8. Feminismo y sitcom