Es importante destacar, que el nivel de cohesión en una sociedad, incide en la capacidad de identificar realidades sociales y la generación de consenso entre sus partes, así mismo, determina el grado de percepción de pertenecía al segmento social, lo que afecta la capacidad
de interacción social del grupo. De acuerdo a informes de la CEPAL (2012) América Latina presenta bajos niveles de cohesión social, generando un escenario con grandes debilidades en la materia, fenómeno que afecta la generación de capital social, y el fomento del desarrollo humano desigual, propiciando un desequilibrio en las posibilidades de desarrollo económico, incrementado la inequidad y pobreza. La CEPAL define cohesión social así:
Desde el punto de vista sociológico, actualmente puede definirse a la cohesión social como el grado de consenso de los miembros de un grupo social sobre la percepción de pertenencia a un proyecto o situación común; en esta definición el énfasis se ubica en las percepciones y no en los mecanismos. Pero en esta disciplina, la contribución clásica más conocida y fecunda es la de Emile Durkheim. Según Durkheim, cuanto menor es la división del trabajo en las sociedades, mayor es la vinculación de los individuos con el grupo social mediante una solidaridad mecánica, es decir, asentada en la conformidad que nace de similitudes segmentadas, relacionadas con el territorio, las tradiciones y los usos grupales (CEPAL, 2007, pág. 14).
Por otra parte, Schewinn, Kroneberg, & Greve (2013) quienes resaltan que la desigualdad es un fenómeno que no se ha abordado con la suficiente atención en las estructuras sociales, la definen como la distribución desigual de bienes y recursos en un conglomerado social. En este sentido, la permanencia de desigualdades sociales es el mayor problema de nuestra sociedad, afectando el desarrollo y la calidad de vida de las personas, generando realidades como; acceso no igualitario para todos a servicios vitales y al sistema educativo, bajo nivel de generación de conocimiento, baja remuneración y desapego por lo público entre otros elementos que se ven reflejados en la calidad de vida de las familias.
Bajo este panorama, se identifica en nuestra sociedad que éste es un fenómeno recurrente que parte de una injusticia social en términos de Sen (2000) la cual se genera por incapacidad de los gobiernos locales en garantizar el objetivo de las políticas sociales, afectando la cooperación para el bienestar, que se basa en justicia y libertad de la sociedad.
La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales… de igual modo, no importa que las leyes e instituciones estén ordenadas y sean eficientes: si son injustas han de ser reformadas o abolidas. Cada persona posee una inviolabilidad fundada en la justicia que ni siquiera el bienestar de la sociedad en conjunto puede atropellar… no permite que los sacrificios impuestos a unos sean compensados por la mayor cantidad de ventajas disfrutadas por muchos. Por tanto, en una sociedad justa, las libertades de la igualdad de ciudadanía se dan por establecidas
definitivamente; los derechos asegurados por la justicia no están sujetos a regateos políticos ni al cálculo de intereses sociales (Rawls, 2006, pág. 17).
Toda sociedad, debe partir del reconocimiento de un principio de justicia social, que examine las diferencias entre individuos, pero a su vez, potencialice sus capacidades para equiparar a los ciudadanos ante la ley, de esta forma las inequidades disminuyen reconociendo los derechos y deberes fundamentales de los ciudadanos, así como asignando diferentes posibilidades económicas en la población, acciones que repercuten en las condiciones sociales de la misma.
Con relación al capital social, se han planteado varias nociones, las cuales permiten identifican características propias del concepto, sin embargo, aún no se logra un conceso sobre una definición única, el estudio del capital social involucra tres elementos los cuales están presente en la gran mayoría de nociones teóricas propuestas sobre el tema, estos son: sus fuentes es decir cómo y en que lógica social se crea a partir de las relaciones entre normatividad, redes y organizaciones.
En segundo lugar, el tipo de relaciones y acciones particulares y colectivas que se genera entre los diferentes agentes sociales que posibilita la estructura social, y, en tercer lugar, que implicaciones generan estas interacciones a nivel colectivo generando asociatividad para el desarrollo colectivo, o el fortalecimiento de la participación cívica, permitiendo estrategias sociales, que minimicen impactos negativos como la desigualdad y la exclusión en la sociedad. La noción de capital social, comenzó a utilizarse en 1916, por parte de Lyda Judson Hanifan, educador y reformador social, perteneciente al partido progresista de Estados Unidos, quien al reflexionar sobre las dificultades económicas y políticas de las comunidades rurales en Virginia Occidental, región empobrecida en aquel entonces, identificó componentes del capital en las escuelas comunitarias rurales norteamericanas, y los relacionó como factor incidente con los niveles de pobreza y baja participación cívica en esta región. La comunidad estudiada era un distrito escolar rural de 33 millas cuadradas que abarcaba quince comunidades escolares y un buen número de barrios (Hanifan, 1916, p. 131).
Hanifan escribió en 1916, un ensayo acerca de la importancia de fortalecer el compromiso comunitario y cívico en una sociedad (Woolcock & Narayan, 1998) en el cual se destacó que
cada vez las personas participaban menos en las fiestas de la vecindad, comportamiento que generaba desaceleración en el trabajo comunitario. En dicho escrito, el autor resaltaba la importancia de la vida comunitaria y la vida familiar, sobre todo de las condiciones recreativas, intelectuales, morales y económicas de éstas. Para él, tales relaciones eran la base de un atributo intangible pero real de las comunidades, que variaba de una a otra, y cuyo valor merecía ser reconocido por su potencialidad en relación con el cambio social; a este atributo variado y variable lo denominó capital social.
Con base en esta primera aproximación, se comienza a configurar un discurso sobre el capital social, y se identifican elementos relevantes en la comprensión del mismo, como un intangible de las sociedades con capacidad de incidir en la vida comunitaria. Esta incidencia, se expresa con frecuencia en trabajo colaborativo, y la relación de este en la búsqueda del bien común en función de objetivos colectivos, basado en principios compartidos.
Sin embargo, estos referentes conceptuales y teóricos permanecen invisibles hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando el sociólogo canadiense John Seeley los retoma, para contextualizar y robustecer su explicación sobre el ascenso social por intermedio de la adscripción a clubes por parte de ciudadanos, que buscaban reconocimiento y pertenencia en esferas de alta sociedad.
En la década de los sesenta, la activista política canadiense Jane Jacobs (1961) utilizó el concepto de capital social para acentuar el valor colectivo que tienen los vínculos informales sociales. En su obra The Death and Life of Great American Cities, la autora hace alusión directa al capital social y plantea una crítica al urbanismo acelerado en las grandes ciudades de Estados Unidos en los años cincuenta, cuestionando la pérdida del espacio público y cómo esto afecta el bienestar de los ciudadanos, incrementando los niveles de mendicidad violencia e inseguridad. En este trabajo, se resaltó la construcción de redes urbanas vecinales, como una forma de capital social.
El planteamiento de Jacobs, está enfocado a reflexionar sobre la evolución urbanística en las principales ciudades norteamericanas en este periodo del siglo XX, cuando varias de ellas se convirtieron en centros económicos y financieros importantes. La politóloga, planteó una crítica a este fenómeno y argumentó que la reconstrucción de estos grandes centros urbanos, no
se sustentaría en el uso apropiado de los recursos, basado en los subsidios fiscales, sino en el crecimiento económico.
…en parte al incremento en los impuestos que pagan los ciudadanos, ya que gran parte de los recursos deben ir orientados a la inversión social y mejorar la vida de los ciudadanos en ciudades donde las condiciones cada vez son más deplorables frente a la transformación social (Jacobs, 1962, p. 5).
Los elementos identificados hasta la década de los años setenta, se convirtieron en materia de estudio de teóricos e investigadores contemporáneos que partieron de comprender el capital social en su dimensión básica, aquella que gira en torno a la cotidianidad de las relaciones vecinales, la cual se va ampliando a otras esferas de la interacción social, de manera formal e informal.
…esas sustancias tangibles (que) cuentan para la mayoría en las vidas diarias de la gente: buena voluntad, compañerismo, simpatía y relaciones sociales entre los individuos y las familias que integran una unidad social... Si (un individuo entra) en contacto con su vecino y ellos con otros vecinos, habrá una acumulación de capital social, que puede contribuir a satisfacer inmediatamente sus necesidades sociales y puede tener potencialidad suficiente para la mejora sustancial de las condiciones de vida en toda la comunidad (Woolcock & Narayan, 2000, p. 255).
Bajo esta perspectiva, aparece la interacción en la cotidianidad de las personas, como un rasgo fundamental para la construcción de una noción de capital social, en tanto, esta interacción coadyuva a consolidar redes familiares y vecinales, que potencialicen relaciones colaborativas. La significación de las redes, se mide en tanto son un activo necesario para la trasformación de un grupo o una comunidad.
…la idea básica del capital social es que la familia, los amigos y los compañeros de una persona, constituyen un valor importante al que recurrir en una crisis, del que disfrutar por sí mismo y del que servirse para conseguir ventajas materiales. Además, esto, que es cierto para los individuos, vale también para los grupos. Las comunidades con recursos variados de redes sociales y asociaciones cívicas se encuentran en posición más sólida para hacer frente a la pobreza y la vulnerabilidad, resolver disputas y sacar partido a oportunidades nuevas (Putnam, 2003, p. 12).
Desde los años setenta y ochenta, varios autores abordaron el estudio del capital social, compartiendo elementos mencionados por Hanifan y Jacobs. Entre los más destacados están Bourdieu (1988) quien planteó su concepto de capital social, apoyándose en el estudio de las redes y la interacción social a partir de la acumulación de recursos reales y potenciales. Coleman (1991) explora el capital social desde la perspectiva del estructuralismo y el sentido social de la educación, Putnam indaga por la confianza, la consolidación de redes y la administración pública, Woolcock (2001) quien explora la normatividad como fuente del capital social y Fukuyama (1999) quien lo hace a partir de la cultura y la confianza.
El concepto de capital, social cobra un sentido más visible en las ciencias económicas, durante las década de los años noventa e inicios del siglo XXI, al ser abordado por diferentes economistas entre ellos Ostrom (2003) quien junto con Coase (1998) y North (1992) abordan el estudio de costos de transacción y exploran la importancia de las instituciones, sus reglas y mediaciones, proponiendo un nuevo institucionalismo que permite acercarse a los fenómenos económicos, articulados con sus efectos en la sociedad, y no aislado de ellos, en este sentido el capital social recobra una significación en la sociedad actual.
Siguiendo a Ostrom (1995), toda sociedad debe manifestar su interés en la administración y gestión de los bienes comunes, situación que involucra reconocer el interés de los comprometidos, e identificar los incentivos, valores y principios de equidad socialmente aceptados por la comunidad, basado en la generación vínculos sociales.
El concepto de capital social pone el acento sobre varios factores que no son nuevos, pero que generalmente fueron pasados por alto durante el auge de la economía neoclásica y las teorías de la elección racional: confianza y normas de reciprocidad, redes y formas de participación civil y reglas o instituciones tanto formales como informales. La contribución de la perspectiva del capital social consiste en que incorpora estos factores aparentemente diversos al marco de la acción colectiva (Ostrom, 2003, pág. 156).