Gustavo San Román97 estudia la alegoría en las tres primeras obras narrativas alegóricas de la autora: Los museos abandonados, El libro de mis primos e Indicios pánicos. Establece una relación intertextual entre estas producciones en virtud del tema esencial que las relaciona: la alienación del individuo en una sociedad conflictiva y represora. Además, como afirmaba Moraña (se analizará en profundidad en el apartado dedicado a la intertextualidad), se repiten ciertos motivos e imágenes entre estas narraciones que refuerzan su conexión y el desarrollo del tema señalado. De LMP San Román señala la oposición que se da entre dos personajes significativos, los padres de Oliverio, y sus correspondientes espacios descritos en la novela, el padre con la casa y la madre con el jardín, como punto de partida que establece la oposición alegórica axial de la novela entre el orden tradicional cerrado y el advenimiento de un orden nuevo y abierto. Mientras el padre representa la autoridad temible, el pragmatismo y el orden deshumanizado y en degradación que sostiene las estructuras familiares y sociales tradicionales, la madre representa el amor por la poesía, los sueños y las plantas.
A partir de este punto los acontecimientos narrados en la novela adquieren un significado aumentado. La autora defiende el advenimiento de un nuevo orden, de un “nuevo hombre” (representado en la figura de Federico) y proclama el abandono de las estructuras de poder represoras. El orden degradado se halla en proceso de descomposición, como se puede observar en el episodio que narra la muerte del padre de Oliverio y los fragmentos en los que describe la fragilidad física de sus abuelos. De todas formas existe el riesgo de la perpetuación de ese orden en la figura de Oscar,
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Gustavo San Román, “Fantastic Political Allegory in the Early Work of Cristina Peri Rossi” en Bulletin of Hispanic Studies, LXVII (1990), páginas 151-164. En este artículo insiste en la división en dos etapas de la obra rossiniana. Considera que la primera etapa corresponde a las obras señaladas arriba, las cuales desarrollan la alegoría política como tema central, la segunda etapa comprende su producción europea en la que el tema político es más sutil y acompaña otros temas distintos y otros intereses. La alegoría será una constante en el conjunto de su obra, pero la segunda etapa mostrará contenidos más sutiles y universalizados.
hermano de Oliverio, cuyo parecido con su padre resulta altamente significativo. Sin embargo, la figura de Federico es fuerte y representa al nuevo hombre, un hombre sensible, al que le gustan las plantas y la poesía, que lucha en las guerrillas por el ideal de la liberación del individuo. La revolución cultural al alcance de las masas que propone este personaje contraviene la concepción pragmática de la revolución socialista de los guerrilleros Tupamaros con los que lucha (como se aprecia en el episodio XV). Los personajes que pueblan las páginas de esta novela se sitúan a favor de uno de los dos frentes señalados. Ello no supone la presencia del maniqueísmo propio de una escritura politizada. Peri Rossi escribe una novela de gran calidad literaria y evita caer en los tópicos de los panfletos políticos. Desarrolla una obra de arte creativa en la que tienen acogida los acontecimientos político-sociales de su país en época de crisis pero también los sueños, preocupaciones, deseos o ideales de los individuos.
Los espacios, como ya se apuntaba arriba, también reproducen el esquema alegórico de las fuerzas opuestas. La casa, con su orden y su estructura verticales se contrapone al jardín, espacio abierto donde todo crece y florece ajeno a la voluntad humana. Este espacio de luz y de creación es atacado y violado por el tío Alberto, uno de los personajes que habitan la casa y defienden el orden institucionalizado. El jardín está habitado no sólo por plantas y árboles, también hay estatuas y una fuente, y hasta se menciona el sótano, cofre de sorpresas, objetos diversos y recuerdos desordenados, como los recuerdos de Oliverio. Oliverio, su madre y Federico protegen el jardín y las estatuas, mientras los tíos y algunos primos (Gastón, por ejemplo, viola una estatua) lo atacan. El tío Alejandro, nueva figura paterna de Oliverio, cuenta historias a los primos para que no se acerquen al jardín violado por el tío Alberto, fuerza masculina del orden. El jardín es peligroso a sus ojos, podría atrapar a los niños y no soltarlos jamás. Es preciso vigilar los pasos en ese lugar femenino y sensual. La tierra abierta y oscura es un
pozo de amenazas para los tíos, de hecho, el jardín ataca la casa en el capítulo IV y la niebla se traga todo en el capítulo IX. Ante el ataque del jardín, el tío Alejandro manda a los carpinteros construir muros protectores y cerrar la casa al exterior, como un arca. El exterior es amenaza del orden impuesto por la tradición. Por ejemplo, en el primer final, Oliverio juega a las guerrillas subido a un árbol desde donde puede observar toda la casa. Armado con una onda arroja una piedra contra la casa, la cual se destruye con los tíos, las tías y los abuelos en su interior. Únicamente quedan los primos en el jardín, festejando el acontecimiento subidos al árbol. En el tercer final,98 también la amenaza al orden viene de fuera, de la mano de los guerrilleros que llegan de noche a la ciudad para establecer el cambio. Federico forma parte del grupo y también festeja su llegada. El primer final representa los deseos de Oliverio, mientras el último narra el advenimiento del cambio, madurado por la revolución de los hombres nuevos y se plantea como una realidad dentro de la ficción de la novela. El segundo final, en cambio, es narrado por Oscar, el hermano de Oliverio, réplica de su padre. En este episodio, Oscar expresa su miedo al cambio que llega desde fuera de la casa; un cambio terrible e inevitable bajo su punto de vista, y se queja de la incapacidad de los adultos demasiado confiados en su poder para evitarlo. Este episodio, por tanto, representa el aviso premonitorio del tercer final: la victoria de las guerrillas.
Peri Rossi nos muestra a través de esta alegoría el ideal de un mundo nuevo, ajeno a las relaciones de poder, a la represión y la limitación del ser natural del individuo. Con una novela fragmentaria y caleidoscópica, experimental, multifuncional y plurisignificativa logra transmitir su ideal de cambio del orden tradicional por un orden abierto, humanizado y diverso. No obedece las normas de ninguna tradición literaria y
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San Román, al contrario que Carlos Raúl Narváez (Op, cit.), no señala la existencia de tres finales, los dos señalados en el título de cada capítulo (XVI, XVII) y que corresponden a Oliverio y Oscar respectivamente, y el tercero, el capítulo que propiamente cierra la novela de forma significativa y que corresponde a Federico (capítulo XVIII).
sus páginas recogen amplio muestrario de estados, sentimientos y realidades, precisamente de la misma forma que Oliverio se planteaba su obra en el capítulo IV, justo después de la muerte de su padre. En su obra, el niño desea combinar la realidad y la fantasía, el conjunto de los elementos vistos, soñados o imaginados por él. De este modo, Peri Rossi explica la poética de esta novela y las claves para su comprensión.