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El 31 de diciembre salimos para Mollendo, una ciudad con una playa supremamente turística, el 31 había más de mil carpas en la playa y mucha pólvora; vendimos artesanías como arroz hasta el 5 de diciembre, día que salimos para Bolivia con la idea de multiplicar nuestros ahorros. Ahí encontramos una colombiana artesana que viajaba embarazada y había llegado sola a Mollendo para tener el bebé ahí, pero no pudimos grabar mucho porque los viajeros estaban todos en hoteles distintos y en el día maneaban. Una tarde salimos para Arequipa a las 11 de la noche arrancamos para Puno y de Puno a Copacabana. Copacabana estaba horrible, todo estaba caro, el hostal de los locos estaba llenísimo, pero era un lugar hermoso dentro de ese pueblo sucio de ladrillos; las paredes estaban pintadas con dibujos y graffitis, el ambiente dentro de la casa era muy diferente al que se vivía afuera. Nos teníamos que ir a otro lugar y cuadramos con unos colombianos y unas argentinas para ir a la isla del sol, al medio día arrancamos.

Grabamos bastante sobre todo los paisajes y los viajeros en su descanso, en Copacabana y en la isla si se podía trabajar al contrario de lo que nos había dicho todo el mundo, la mayoría parchaban, exponían sus artesanías en el muelle. Nos quedamos en otro hotel para tener los equipos más seguros y dormimos ahí dos noches, la tercera salimos para la Paz. La isla era un lugar hermoso. Salimos a caminar tan pronto dejó de llover. Uno de los viajeros con los que andábamos era Sami, el colombiano con el que viajamos desde Montañitas a Guayaquil, se había gastado todos sus ahorros, pero había logrado ahorrar lo suficiente para ir a Machupicchu, viajaba sin afán, estaba acampando en la playa del lago Titicaca, un lugar privilegiado. Los otros eran tres argentinos, una brasileña y un colombiano que alquilaron un hotel sin baño por un precio muy económico, pues no tenían mucha plata.

La mañana que llegamos a la isla, uno de ellos tuvo problemas digestivos, lo que le complicó bastante su estadía, tenían que ir a un baño público que costaba un boliviano cada vez, así que terminaron pagando como si tuvieran baño.

Los paisajes en la isla fueron exorbitantes, aproveché para hacer diversos time-lapse70 de los atardeceres y

me sorprendió enormemente la tranquilidad y el tiempo que se tomaban cada uno de ellos para contemplar los paisajes. El frío de la isla comenzó a enfermarnos, después de dos noches salimos para La Paz. Al llegar a La Paz tuvimos que caminar mucho para encontrar un hospedaje, pues eran muchísimo más caros que en Perú, al contrario de lo que nos habían dicho durante todo el camino, y al segundo día

encontramos el que nos habían recomendado los locos de la Isla del Sol, con habitaciones compartidas y

hasta colchones en el piso.

Domingo 4 de agosto de 2013

70time-lapse: técnica fotográfica que consiste capturar movimientos imperceptibles a simple vista, acelerando el tiempo de grabación o tomando fotografías por intervalos de tiempo.

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El hogar

La experiencia en Family House fue muy interesante, estuvimos compartiendo habitación con casi diez personas, pagábamos quince bolivianos entre los dos, en la casa se compartía todo, la comida se hacía para todos así que no había que preocuparse por ella, pues siempre había comida rotando en platos en la sala, algunos compraban los alimentos, otros los preparaban y otros lavaban los platos. En la sala se hacía música todo el tiempo y se fumaban mariguana todo el día. Los equipos los guardábamos arriba en la casa de la dueña cuando salíamos y nos cobraba un boliviano por custodiarlos todo el día. Trabajábamos en la esquina, aunque no era muy bueno el semáforo, solo íbamos una hora o dos al día y volvíamos a la casa a hacer comida, a grabar y a descansar. El semáforo solo se podía usar de cuatro a seis de la tarde, que era cuando la policía no estaba, porque no dejaban trabajar, decían que hace un tiempo habían atropellado a un argentino en el semáforo y había muerto. En la casa había un boliviano, muchos argentinos y

colombianos. La mayoría de los colombianos eran algunos estudiantes de la Universidad Nacional, no eran viajeros, estaban tomando sus vacaciones y estaban alucinados con el ambiente del lugar, viajaban con una guitarra y por primera vez en su vida se habían subido a un bus a tocar, estaban haciendo 70 bolivianos diarios y querían quedarse para siempre en aquel lugar. Había un argentino cordobés de pelo rubio largo y bigote, con la pinta clásica de un hippie de los setentas, la cara monstruosamente destrozada por el frío sol de La Paz, tenía un talento innato para la música, tocaba guitarra y cantaba como un músico famoso y salía al semáforo con su guitarra a pedir dinero, había compuesto una ridícula canción que decía: “yo necesito un boliviano para volver a la Argentina, sino me das un boliviano….”. Había algunos que hacían artesanías, otros malabares y otros comida pero la mayor parte del tiempo, la casa estaba llena de gente tocando música, entrenando, fumando mariguana y haciendo comida.

Tiempo después partimos con Hasan un colombiano hacia Argentina. Hasan viajaba desde hace cinco años por Suramérica había estado más de seis meses en Máncora, haciendo plata y comprando piedras, cada vez que se le vencía el permiso llegaba a la frontera y pagaba a un intermediario que cobraba 30 soles para que le renovaran el permiso. Quería llegar a Iguazú pues ahí era donde había aprendido

macramé y era lo único a lo que se dedicaba y lo hacía muy bien. Llevaba cinco años sin volver a Colombia y ya extrañaba su familia. En La Paz, nos encontramos con Iván, un gringo-colombiano amigo mío, que traía los discos Blu Ray con la información, había venido a conocer el salar de Uyuni, traía una

gaita colombiana para remplazar la que habíamos botado saliendo de Colombia. Iván estaba tan estresado que ni siquiera llegó a saludarme, había trabajado durante meses encerrado en una oficina editando videos, para poder salir de vacaciones y su viaje se había atrasado un día, lo llevé a un hotel que quedaba cerca, sencillo y limpio, pero se sentían molestos en aquel lugar pues no llegaba a la altura que ellos esperaban, salimos en la noche a comer y tuvimos que caminar varias cuadras para encontrar un lugar que se acomodara a su nivel. Fue contrastante encontrarme con ellos después de tanto tiempo, pues llevaba

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