"Los hechos y la labor creadora son las mejores medidas para apreciar nuestro poder". Joseph Goebbels
XI
La Economía en la Nueva Alemania
Según las ideas predominantes se entiende por política económica a la reglamentación de todas las medidas relativas a la producción, distribución y consumo de aquellos productos capaces de satisfacer las necesidades vitales del hombre.
Estas cuestiones han permanecido esencialmente iguales a través de los tiempos y no se modifican, cualquiera que sea el carácter cultural, social y político del país en que se desarrollan. Sin embargo, el camino de su realización ha sufrido grandes variaciones en los diversos períodos históricos y en los distintos países; e igualmente, las clases sociales que han sacado beneficio del desarrollo económico no han sido siempre las mismas. En la economía capitalista predominaba el principio del beneficio egoísta de la explotación de la fuerza productiva humana para asegurar al patrono el máximo de
ganancia. Como reacción lógica contra este sistema, que en la Alemania de hoy está eliminado para siempre, surgió la teoría económica marxista-socialista, que tiene como fundamento la lucha de clases, la quimera de la separación completa entre el obrero y el patrono, la victoria absoluta del proletariado sobre el capitalista- aún a riesgo de que al desaparecer este se puede llevar a la Economía a su completa ruina.
Las Ideas Económicas NacionalsocialistasEl principio fundamental de la Economía en la nueva Alemania, que como todas las otras exteriorizaciones de la ideología
nacionalsocialista está inspirada en la noción de la comunidad, es completamente distinto al de la doctrina marxista.
Según la concepción nacionalsocialista, las fuerzas que un pueblo puede desarrollar por si mismo psicológica y físicamente, así como aquellas que encierra el país por él
habitado y que hace aprovechables, representan la totalidad de las posibilidades
nacionales y constituyen el patrimonio efectivo de la nación. La Economía de un pueblo, el desarrollo y el progreso de estas fuerzas son a la vez el custodio y el símbolo del patrimonio nacional. Por esta razón toso el que intervenga en la Economía, sin distinción del lugar que le esté designado, ni el grado de su actividad, deberá sentirse responsable frente a la comunidad de ese pueblo.
En el Estado nacionalsocialista, la calidad de colaborador en la obra económica crea una obligación, tanto mayor cuanto más importante sea la parte que toma el individuo en la administración del patrimonio colectivo. En realidad, todo alemán tiene una parte, mayor o menor, en la administración de este patrimonio, aún cuando no tenga más que
administrar las horas de trabajo que realizan sus manos o las fuerzas naturales de su cuerpo, de las cuales dispone.
Así, el obrero cumple con su deber hacia la colectividad cuando, imbuido del
sentimiento de camaradería y con una conducta digna como miembro del personal de una empresa cualquiera, ejecuta con el máximo esmero el trabajo que se haya impuesto, haciendo uso cuidadoso de los materiales o herramientas que se le hayan confiado. Así también, el campesino cumple con su deber como miembro de la comunidad entera cuidando con el mayor afán el suelo que le ha sido entregado por el pueblo para trabajar lo y obtener de él el mayor rendimiento posible. El campesino, en su calidad de
encargado de suministrar la alimentación del país, debe hacer llegar al pueblo los frutos de su campo en condiciones tales que estén al alcance de todos sus compatriotas trabajadores. Del mismo modo, el jefe de una empresa cumple con su deber cuando en su calidad de fabricante, industrial, artesano o comerciante se siente como investido de una cargo oficial; esta convicción interior influye en el éxito de su obra, es decir, en la rentabilidad del trabajo a que se dedica su empresa.
Decía hace dos años el Dr. Hjalmar Schacht, presidente del Erichsbank y ministro de Economía, en su conocido discurso de Königsberg: "Todos estamos metidos en un barco; no nos queda más que un camino: confiar en su navegabilidad y en capitán que lo gobierna: El Reich y su Führer".
En la nueva Alemania esta subordinación de la economía a la comunidad nacional está claramente expresada en el programa del Gobierno, expuesto por el Führer en su primer discurso ante el Reichtag. En aquella ocasión decía Adolfo Hitler: "El Pueblo no vive para la Economía, y la Economía no existe para el Capital, sino que el Capital sirve a la Economía y la Economía al Pueblo".
La Economía nacionalsocialista se caracteriza, además, por los postulados del "derecho al trabajo" y el "deber de trabajar bien". La economía política de Adolfo Hitler es la suma de todas las medidas de carácter económico que tienden a facilitar la conservación del pueblo en su totalidad y la existencia de cada uno de los compatriotas dedicados al trabajo y es considerada por él como el cumplimiento general del deber para la conservación de la comunidad y del poder del Estado.
La misma ideología se aplica también a las relaciones comerciales. "Oferta y demanda" permanecen los factores que regulan los precios en este terreno. Sin embargo, de acuerdo con la doctrina nacionalsocialista, deberá ser desarrollado un orden económico que incorpore el deber moral de la Economía -basado en la comunidad de todos los elementos productores que pertenecen a un pueblo- a todas sus manifestaciones, lo mismo en la producción que en el mercado. Por esta razón, el Estado nacionalsocialista se ha hecho cargo de la organización de la producción y del mercado. El egoísmo, desde luego comprensible, del empresario particular no puede dañar más a la colectividad, cual era el caso en la Alemania anterior a Hitler; la utilidad obtenida por el particular resulta en provecho de la comunidad entera.
Otro postulado de la Economía política nacionalsocialista dice que la Economía es también una "cuestión de capacidad". Hitler lo ha expresado ya claramente en una ocasión, en que uno de sus más fanáticos partidarios insistía en la "unificación" en el sentido de que empresarios inteligentes, que no fueran del Partido debían ser lanzados fuera de sus puestos y sustituidos por camaradas, que, si bien eran buenos
combatientes políticos, carecían del necesario talento comercial y técnico. La
experiencia adquirida en los primeros meses de la toma del poder obró en esta cuestión de una manera convincente; y puso de manifiesto los peligros de tal acción para la estabilidad de la Economía. La Economía es un organismo de una sensibilidad excepcional "y todo trastorno, cualquiera que sea el sitio de donde provenga, es de acción tan perturbadora como la de la arena echada en una máquina".
La Economía IndustrialUn extranjero imparcial, que vuelva por primera vez a Alemania después de cuatro años, por ejemplo, a la región renano-westfálica, a la zona industrial de Sajonia, a las fábricas de las afueras de Berlín, es decir, a aquellas zonas en que la industria impone su sello particular, seguramente que recibiría la impresión de una nueva vida. Observaría que gran número de fábricas han vuelto a abrir sus puertas, que las chimeneas vuelven a lanzar el humo a los cielos, que cientos de miles de puestos antes vacantes están de nuevo ocupados y numerosos muelles y cargaderos están otra vez animados de movimiento, que las fachadas de fábricas y casas antes desconchadas relucen en su pintura fresca. Se apercibiría de que al entorpecimiento que hace cuatro años aún se podía observar, se ha sucedido un intenso desarrollo, un cuadro que alegra y en el que se refleja el espíritu emprendedor nuevamente despertado. Si tuviera interés en conocer el resultado
económico de este desarrollo podría deducir de las estadísticas oficiales los importantes datos siguientes:
El paro forzoso ha desaparecido y más de tres millones de obreros se han incorporado al mecanismo de la producción; la jornada de trabajo se ha aumentado de 7,26 a 7,86 horas; el socorro a los sin trabajo ha decrecido de 3.200 millones a 300 millones; las contribuciones del Estado han subido a 7.300 millones (véase el capítulo "La batalla del trabajo"). Sin contar con todo esto, la producción industrial se ha incrementado a tal grado que de 39.900 millones en 1933 pasó a más de 75.000 millones de marcos en 1937. En los cinco años, en que el nacionalsocialismo dirige la economía nacional, se ha aumentado la proporción en la fabricación y producción de diversos artículos como sigue: papel, 50 %; aceites pesados para motores Diesel, 66%; carbón piedra, 68%; combustibles líquidos para calefacción, 80%; petróleo, 90%; seda artificial, 100%; aceites combustibles para alumbrado, 110%; acero, 167%; lubrificantes, 190%; gasolina y
similares, 470%; aluminio, 570%; lana celulósica, 2.500%, etc.
La confianza depositada por el pueblo alemán en su política económica se muestra claramente en el aumento de las imposiciones en las Cajas de Ahorro. Los depósitos en las Cajas de Ahorro públicas han aumentado de 11.400 millones de marcos en el año de 1932 a 12.100 millones en año de 1933, a 14.600 millones en año de 1936 y a 16.100 millones en el año de 1937. La extracción de carbón de piedra da las cifras siguientes: año 1932 104,7 millones de toneladas; 1933, 109,7; 1934 , 124,9 ; 1935, 143; 1936, 158; 1937, 184,5. La extracción de lignito ofrece un progreso idéntico; 1932, 122,65; 1933, 126,79; 1934, 137,2; 1935, 147; 1936, 161,37; 1937, 184,7.
Un cuadro no menos imponente nos lo da el estudio de la producción de acero y hierro fundido y de las industrias siderúrgicas en general. La producción de acero ofrece, en toneladas las cifras siguientes: 1933, 9.660; 1934, 13.555; 1935, 16.010; 1936, 18.614; 1937, 19.202. En el año de 1938 la producción se calcula que ascenderá a unos 21 millones de toneladas. La producción de acero fundido ha ascendido de 1,4 a 3,7 millones de toneladas. La extracción de mineral de hierro alemán a rroja las cifras siguientes: 1932, 1,3 millones de toneladas; 1933, 2,6; 1934, 4,32; 1935, 6; 1936, 7,5 y 1937, 9,6.
Sin embargo, el éxito material inmediato no es lo decisivo. Hasta ahora, el jefe de empresa estaba acostumbrado y obligado por las circunstancias a seguir el desarrollo económico casi exclusivamente por los cálculos hechos con su lápiz y a deducir el resultado financiero del año de las lecturas tomadas de su balance propio o de las estadísticas oficiales. Ahora recibe una enseñanza objetiva clara, que le instruye sobre la importancia relativa de la pura observación de los números, la cual aún hecha con toda la precisión sufre la considerable influencia de otros factores, que están fuera de los cálculos numéricos referentes a la marcha y rendimiento de su empresa.
Los años transcurridos desde la revolución nacional han reforzado en todos los industriales alemanes la convicción de que precisamente tales factores relativos al desarrollo de la política y del Estado ejercen una enorme influencia sobre la esfera económica, aunque a primera vista parece que estuviesen fuera de ella.
La confianza en el Gobierno y en el porvenir influyen actualmente en su grado máximo en lo que hace o deja de hacer el industrial, y le protege contra los obstáculos y dificultades que acaso tenga que vencer en su obra. La eliminación de la dualidad del Estado y de la Economía, la eliminación de la lucha de clases, los nuevos caminos emprendidos para el restablecimiento de una verdadera comunidad del pueblo, la colaboración sincera y fraternal entre el patrono y el personal, son conquistas sociales que han aumentado la alegría del trabajo y desplegado la capacidad del espíritu creador. El concepto de ""trabajo productivo" ha podido elevarse sobre lo puramente material hasta llegar a adquirir la conciencia del cumplimiento del deber nacional y de la responsabilidad propia en el destino colectivo de la Nación.
¿Mediante qué líneas directrices y de organización se han podido obtener estos resultados tan favorables?
En la declaración programática, ya citada al principio de nuestra obra, Adolfo Hitler anunció que el nuevo gobierno se proponía "velar por los intereses económicos del pueblo alemán no por el camino tortuoso de una economía burocráti ca organizada por el Estado sino por el impulso más fuerte dado a la iniciativa particular sobre la base del reconocimiento de la propiedad privada".
El reconocimiento del principio de que, en contraste con lo que ocurre en la Rusia soviética, el estado tiene por misión dirigir la Economía pero no administrarla por sí mismo (función que corresponde exclusivamente a la Economía misma) no puede ser más explícitamente expresado. También así ha sido establecido solemnemente el principio de la propiedad privada con lo que se estimula al patrono a ensanchar más su empresa para alcanzar los mayores resultados posibles.
Estos dos principios determinan las normas directivas para la reorganización nacionalsocialista de la economía industrial; aquellas exigen una administración
autónoma cuya misión consiste en asesorar y tutelar a las asociaciones industriales o a los socios que forman parte de ella. Esta administración tiene el deber de transmitir al gobierno los deseos de los patronos que toman parte en la obra de reconstrucción económica.
A raíz de la toma del poder, en 1933, los nacionalsocialistas emprendieron el primer ensayo de agrupar a las grandes asociaciones industriales, según su género, en clases diferentes. Esta obra ya estaba tan avanzada en la primavera de 1934 que el ministro de Economía, Dr. Schmidt, pudo decretar el 27 de febrero del mismo año la ley sobre "la preparación de la reconstrucción orgánica de la Economía alemana". Esta ley organizaba la economía industrial alemana en trece grupos principales, al cuyo frente se puso al jefe de la economía industrial y a su representante. El 27 de noviembre, el Dr. Schacht, como Ministro de Economía del Reich, transformó la organización económica dictada por la ley antes citada en un sistema corporativo según profesiones y regiones. El cargo del jefe de la Economía industrial fue suprimido y se creó la Cámara Económica Nacional que es una especie de cámara de compensación de los grupos recién creados. La organización de la economía industrial quedaba constituida como sigue:
La Cámara económica nacional, como órgano superior, se compone de los grupos siguientes: Industria (con sus siete grupos principales), Artes y Oficios, Comercio, Banca, Seguros, y Energía (gas, agua, electricidad). La organización total está bajo la dirección del ministro nacional de Economía, el cual puede nombrar y destituir al director de la Cámara económica, a su representante, y también a los directores de los distintos grupos.
Por el primer reglamento se han creado las corporaciones regionales. La Cámara económica nacional se divide en otras 18 regionales; los grupos centrales en grupos regionales; en el comercio al por menor se subdividen en grupos distritales y locales. Las Cámaras de Industria y Comercio se hallan al frente de toda la organización de la Cámara económica nacional.
El grupo del artesanado ocupa una posición especial. Conforme a una antigua costumbre está dividido por gremios. Lo dirige el jefe nacional de los maestros del artesanado que al mismo tiempo ejerce las funciones de jefe de este y es presidente de la Cámara del Artesanado del Reich. el grupo nacional está compuesto de 50
asociaciones gremiales; al Congreso del artesanado alemán están adheridas 61 cámaras de artesanos: un enlace entre las corporaciones puramente profesionales y
semiprofesionales.
La diferencia más marcada entre la organización gremial y la de los restantes grupos reside en la rigurosa disciplina de la primera. En los demás grupos de la economía industrial también se observa un propósito de centralización, sobre todo en los primeros momentos, pero pronto surgen otras tendencias en particular de carácter regional. En el segundo decreto del 25 de septiembre de 1935 se nota que el dominio central
intensamente riguroso en lo que concierne a la profesión, tiende a disminuir y se le da mayor campo de acción a la organización regional. La orden del ministro nacional de Economía, del 7 de julio de 1936, destaca la idea de la descentralización y la especial atención que se pone en los intereses regionales .
La nueva ordenación de la economía industrial parte del hecho -como ya hemos indicado- de que en el Estado nacionalsocialista no se puede prescindir de la
administración autónoma de la Economía. Se trata de crear una organización que de toda clase de posibilidades de intervención al Estado autoritario y que ofrezca a los patronos colaboradores del frente económico la garantía de que sus deseos y
experiencias lleguen con eficacia a conocimiento de los organismos superiores, a través de los grupos profesionales más inmediatos a la empresa y de las cámaras económicas regionales. Como se ve, en la Economía no se excluyen la dirección autoritaria y la administración autónoma, sino que se completan entre sí indispensablemente. En convenio de Leipzig de marzo de 1935 (véase el capítulo "Política social") ha establecido las bases sobre las cuales ha de efectuarse la colaboración entre la
organización económica de la industria y el Frente Alemán del Trabajo, inspirándose en el principio nacionalsocialista de la comunidad del pueblo.tomando como modelo el Frente Alemán del trabajo, se ha organizado un Tribunal de honor de la Economía
alemana; asimismo, otros en las Cámaras económicas regionales. La organización económica se ha convertido por esta nueva ordenación e n una organización unificada y clara al servicio de la jefatura económica del Estado y de sus finalidades con asociación obligatoria, en contraste con los tiempos anteriores en que solo existían asociaciones de intereses no sujetas a la asociación obligatoria. El principio de la Economía nacional ha superado así en este aspecto de la organización a los intereses particulares de la economía privada. El bienestar de la totalidad está por encima de la utilidad del particular.
En esta organización está el secreto de la coordinación de todas las fuerzas y de la acción uniforme en la Economía industrial alemana. Tanto ella como el Gobierno del Estado, capaz y de amplias miras, constituyen el fundamento esencial en que se apoyen todos los éxitos económicos.
El artesanado
Para darse una idea de la importancia del artesanado en la Economía alemana es suficiente recordar que en la época de la reorganización había en el país 1.542.000 talleres independientes con unos 1.050.000 oficiales y ayudantes, 300.000 obreros no cualificados, 500.000 aprendices, 100.000 empleados técnicos y comerciales y 250.000 miembros de familia auxiliares: en total unos 4 millones de personas empleadas en el artesanado. Unos 8 millones de personas, es decir, 1/8 de la población alemana vivían y viven todavía hoy del artesanado.
El artesanado formaba una parte muy importante de los seis millones de obreros alemanes parados. El volumen total e ventas en el artesanado descendió de 22.000 millones de marcos a unos 10.000 millones.
&127;Cuales son los progresos que se alcanzaron en los últimos cinco años?En primer lugar, como ya se dijo, por la ley del 29 de noviembre de 1933, se logró poner la
organización del artesanado (Unión nacional de los artesanos alemanes) bajo la dirección única del Jefe del artesanado alemán y disminuir el número de gremios de 19.000, con carácter libre, a 16.000 con carácter obligatorio que comprenden unos 130 oficios de artesanos puros. Las asociaciones de oficios de artesanos, uniones de artesanos, gremiales y libres, de toda clase, cuyo total ascendía a 3.200, se han convertido en 750 asociaciones de distrito; de 390 agrupaciones profesionales regionales y 90 nacionales, se crearon 51 uniones gremiales nacionales y 5 grupos profesionales que están directamente unidos al grupo nacional Artesanado (Asociación nacional del artesanado). La organización total se ha simplificado mucho bajo la
inspección y tutela de 59 Cámaras del artesanado; los gastos de organización han disminuido de 60 millones a 40 millones al año.
Otro importante progreso significa la institución del examen de los maestros, como