2.2 Institutions 15
2.2.5 The Options Market Maker Exception 22
Los tratamientos parciales en las masas de pino piñonero son importantes para aumentar la producción de piñón, facilitar la recogida y garantizar la estabilidad de la masa. Se trata de aplicar las siguientes operaciones:
1.- Desbroces.- Ya se han comentado de forma genérica los desbroces en XII.3. Concretamos para el tratamiento del pinar de piñonero que el desbroce tiene importancia para localizar fácilmente las piñas derribadas y reducir el riesgo de incendios. Se harán por roza, selectivos y con la periodicidad que aconseje la probable invasión del matorral en masas tan claras. En masas muy claras puede rozarse únicamente debajo de los pies productores de piña y dejar zonas de matorral para facilitar la vida a las especies cinegéticas, lo que constituye un importante aprovechamiento secundario de estos montes.
2.- Claras.- Sobre las claras a aplicar en montes regulares correctamente tratados ya se ha expuesto la rotación y peso adecuados. Queda indicar que el tipo será por lo bajo y la naturaleza, para conseguir un espaciamiento lo más regular posible en los fustales de baja densidad, pueden o deben ser sistemáticas, especialmente en masas artificiales.
Caso especial resulta ser el de algunas masas artificiales, muchas de ellas logradas por siembra, en las que la alta densidad inicial no ha sido reducida y que cuentan, a la edad de 20 a 35 años, con más de 2.000 pies/ha. Están compuestas por pies con exceso de esbeltez y una copa reducida en espesor y en desarrollo lateral. Las claras en este caso deben ser fuertes dentro de la moderación, selectivas, por lo bajo, con peso del orden del 50% de N para extraer un 33% del área basimétrica y con una rotación entre 7 y 12 años, para llegar a una espesura normal cuando alcance la edad de 50 a 60 años. Los efectos comprobados de estas fuertes intervenciones ha sido una buena respuesta de las copas de los pies seleccionados, y una mejora en los aprovechamientos de piña y pastorales o cinegéticos.
3.- Podas.- Las podas del pino piñonero en relación con la producción de fruto se han comentado en XII.6.5.4. Los objetivos que cubren las podas en este caso son: mejorar la calidad de la madera en el fuste, a través de la escamonda y la subida de copa que produce, todo ello ligado al alto turno en relación con la edad de ejecución; facilitar el trabajo del piñero, aumentando su rendimiento, eliminando ramas dominadas dentro de la copa; aumentar la producción de piña al favorecer las ramas superiores que son las que tienen las flores femeninas. Se ejecutarán las podas u olivaciones quitando ramas bajeras y aclarando la copa, podando a savia parada, evitando cortar ramas de más de 8 cm de diámetro (MONTOYA, 1990) y cuando el árbol tiene de 12 a 15 cm de diámetro (unos 20 años de edad). En este momento no es lógico podar todos los pies de la masa, que estarán en densidad de 600 a 400 pies/ha, sino únicamente los pies del porvenir, del orden de 200 pies/ha. Sin grandes inconvenientes, la olivación puede retrasarse hasta una edad de 30 a 40 años, cuando el árbol ya ha entrado en producción. En algunos casos de alta calidad de masa y estación, puede reiterarse la poda cada 15 años, acompañando o anticipando la posible poda natural.
4.- Tratamientos sanitarios.- Las plagas más habituales en las masas de piñonero son: Thaumetopoea pityocampa , Rhyacionia buoliana, Pissodes validirostris y Dioryctria mendacella.
En relación con la procesionaria, las defoliaciones que provoca esta especie no son importantes para la producción de piña. El problema reside en las alergias que puede producir sobre los piñeros, lo que se evita con un tratamiento químico o combinado adecuado.
La evetria puede reducir la cosecha de piña al perforar y abortar los brotes tiernos, pero los efectos no suelen ser muy notables. Mayor importancia tienen las otras dos especies, perforadores de piñas en fase de larva, que pueden afectar a casi toda la cosecha. Independientemente de los posibles y difíciles tratamientos químicos, es una correcta práctica selvícola derribar, recoger y destruir mediante quema todas las piñas afectadas para evitar la eclosión de imagos que aumenten la plaga, todo ello a la vez que se realiza la cosecha ordinaria.
El control de Fomes pini, endémico en estas masas, debe realizarse mediante corta y extracción de los pies que se observen afectados y con la desinfección de herramientas de poda. 5.- Injertos.- En esta especie se está empleando el injerto como instrumento para el aumento de la producción de piña. Se procede escogiendo púas de pies de edad superior a la del inicio de la fructificación y de características genéticas superiores en lo referente a la abundancia de sus cosechas de fruto. Estas púas, recogidas sin actividad vegetativa y conservadas a 4 0C, se colocan mediante injerto de hendidura terminal sobre un patrón, normalmente un pie de pino piñonero (se han realizado injertos sobre pies de pino carrasco), de 2 a 3 años de edad que acabe de entrar en actividad vegetativa. La densidad de pies a injertar no será, lógicamente, toda la de la masa artificial instalada, sino que se reducirá a unos 200 pies/ha, que se verán favorecidos posteriormente por los tratamientos parciales.
De esta forma se consigue hacer entrar a la masa en producción con mucha anticipación y, por otra parte, formar pies productores con la copa baja facilitando la recogida.
Producción.- Terminamos las explicaciones sobre el tratamiento de las masas de pino piñonero
para producción de piña dando algunos datos relativos a la producción de estas masas:
- producción por árbol, la relación diámetro normal (cm)/nº de piñas producido es: 20/10; 25/18; 30/35; 35/50; 40/80; 45/95; 50/115 (MONTOYA, 1990).
- rendimientos y unidades de medida: 1 hl de piña = 180 - 200 piñas = 60 - 70 kg de piña = 11 - 13 kg de piñón con cáscara = 2 - 2,5 kg de piñón blanco.
- producción por ha, ordinarias de 2 a 6 hl/ha (120 a 420 kg/ha), buenas de 15 hl/ha (900 kg/ha), y máximas de 30 hl/ha (1950 kg/ha).
- precio de la piña en pie: de 3 a 7 pts/kg (0,02 €/kg a 0,05 €/kg) en años de crisis; 10 a 25 pts/kg (0,06 €/kg a 0,15 €/kg) en años normales (JOVELLAR y ORTUÑO, 1997).