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1.   How Much to Order 25

E l objetivo de este capítulo es ofrecer una visión general de algunos de los fascinantes fenómenos inmunológicos, abordados de una forma sencilla para facilitar su entendimiento. Se describirán unos de los eventos más importantes y esenciales para la comprensión de ciertos te­ mas microbiológicos, en los cuales se menciona terminología de uso común en la descripción de procesos inmunitarios.

Reseña histórica

Los cimientos de los fenómenos inmunológicos datan de épocas bastante remotas. Se ubican en observaciones antiguas registradas en diferentes culturas, en las cuales se mencionaba que los pacientes que sufrían una enfermedad infec­ ciosa, rara vez la contraían de nuevo. Pero la inmunología como ciencia tuvo su nacimiento hace relativamente poco tiempo. Algunos autores la remontan a Inglaterra, siglo x v i i i, en la época

en que se presentó una epidemia recurrente de viruela. En ese tiempo una forma de evitar la viruela era la utilización de la “variolización”, práctica que, aunque había tenido sus orígenes en el Medio Oriente, era conocida por muchos ingleses de la época. Consistía en la inoculación de una pequeña cantidad de exudado extraído de las lesiones de viruela de un individuo afectado, en una incisión sobre la superficie de la piel, con el fin de producir la infección, pero de una for­ ma muy limitada. De esta manera, las personas se protegían de adquirir la enfermedad severa durante el periodo en que la epidemia asolaba la región. La viruela azolaba gran parte de las poblaciones del mundo, causaba muchísimas

muertes y dejaba cicatrices deformantes a quie­ nes lograban sobrevivir.

De cualquier manera, el éxito de la “varioli­ zación” era muy limitado porque controlar en qué grado se produciría la infección era muy difícil, condición que permitía, con mucha frecuencia, que se contrajera la enfermedad severa.

Aunque en la época aún no se conocían los microbios como agentes causales de infecciones, en Inglaterra ya era conocido el médico naturalis­ ta Edward Jenner, estudioso de las enfermedades infecciosas.

A mediados del siglo xvm, se reconocía que las mujeres que ordeñaban las vacas no se contagiaban de viruela humana si ya se habían infectado con la viruela vacuna. Este tipo de viruela, propia de las vacas, causaba en las orde­ ñadoras ampollas en los brazos y manos (que no las afectaban mayormente), similares a las que desarrollaban las vacas enfermas en sus ubres. Era de conocimiento popular que cuando a una población la afectaba una epidemia de viruela, estas mujeres no sufrían la infección. Este hecho, motivó a Edward Jenner a estudiar el porqué de esa creencia y comprobar su veracidad.

Un día de 1796, muy afortunado por cierto, la campesina Sarah Nelmes, a la cual él trataba, desarrolló la viruela vacuna por causa de su ofi­ cio de ordeñadora. Jenner aprovechó al máximo la oportunidad que se le presentaba y extrajo exudado de una de las pústulas de la mano de la campesina e inoculó a un niño saludable de ocho años llamado James Phipps. El médico realizó dos cortes superficiales de, aproximadamente, media pulgada en el brazo del niño, le aplicó el exudado y esperó 6 semanas. Al cabo de este

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tiempo inoculó al niño con un exudado activo de viruela humana y el niño no desarrolló la enfermedad. Repitió el experimento con otros pacientes y también expuso a varias personas que habían tenido la viruela vacuna, al virus de la viruela humana y tampoco se produjo la infección. Estos experimentos y observaciones le permitieron, a Jenner, concluir que el virus de la viruela vacuna protegía contra la viruela humana, y publicó en 1798 Investigación sobre las causas y efectos de la vacuna de la viruela.

Aunque, de por sí, Jenner no descubrió las vacunas, sí fue el primero en utilizar el método científico de observación y experimentación en la producción de vacunas. El experimento de Jenner no se comprendió sino muchos años más tarde cuando el francés Louis Pasteur comenzó a interesarse por la prevención de enfermedades infecciosas, convirtiéndose en el primer gran inmunólogo experimental.

Uno de los experimentos más famosos de Pasteur lo realizó para descubrir la vacuna del cólera aviar, descrito con mucha claridad en el primer capítulo de esta obra. Este experimento y otros que le sucedieron, permitieron comprender el éxito original de los estudios de Jenner. Pas­ teur, en honor a Jenner, bautizó su tratamiento como vacunación,definiéndolo como un método para estimular la inmunidad a una enfermedad infecciosa mediante la inoculación de microor­ ganismos atenuados o de sus productos.

Todo este relato permite comprender por qué la inmunología surgió como una subdisciplina de la bacteriología, la cual era una ciencia esta­ blecida. La palabra inmunología tiene sus raíces en el latín immunisque significa libre de algo, seguro, a salvo.

Los animales, incluso el hombre, poseen unos mecanismos de defensa interna que los protegen contra organismos que causan enfer­ medades (los conocidos como patógenos), entre los cuales existen hongos, protozoos, bacterias, virus, entre otros.

Para que un organismo tenga éxito en su defensa interna debe tener la capacidad de distin­ guir entre lo propioy lo extraño,reconocimiento que se logra porque los organismos son bio­

químicamente únicos. Por ejemplo, las células poseen macromoléculas de las células de otra especie e incluso de las células de las de otros miembros de la misma especie. Por tanto, un or­ ganismo “conoce” sus propias macromoléculas, pero “desconoce” o “reconoce” como extrañas las de otros organismos (véase figura 5.1).

El carácter de “extraño” se alcanza en el momento del nacimiento cuando el sistema in­ mune reconoce sus propias sustancias. En el feto se inicia la formación del sistema linfoide y lo va reconociendo como propio, al nacer ya tiene la capacidad de identificar lo que no se formó con él como “extraño”. Esto pudo comprobarse científicamente cuando se realizó el siguiente experimento: se tomó una rata en gestación, marcada como cepa A,y al feto se le realizó un trasplante de tejido de cuello uterino, proveniente de otra rata marcada como cepa B y no ocurre rechazo. Al nacer el ratón de la cepa A, se le realiza un nuevo trasplante de la cepa B, el cual reconoció como propio por el sistema inmune del ratón recién nacido y, por tanto, no hubo rechazo. Posteriormente se le realizó otro trasplante, fue donadora una rata marcada como cepa C.El sis­ tema inmune del ratón recién nacido desconoce el tejido trasplantado y lo califica como extraño produciéndose el rechazo (véase figura 5.2).

Sistema inmunitario

El sistema inmunitario tiene una serie de meca­ nismos organizados de forma tan eficaz que pu­ dieran perfectamente compararse con el sistema militar más exigente. Estos mecanismos no están alertas únicamente para un aviso de alarma mo­ mentáneo, sino que “continuamente patrullan” por todo el cuerpo en busca de enemigos extraños o propios y mantienen en guardia las diferentes líneas de defensa para un posible ataque.

Al comparar el sistema inmunitario con lo que sucede en la sociedad humana se logra mejor entendimiento. Cualquier fuerza de seguridad buena, utiliza diversas estrategias para lograr una óptima vigilancia de su territorio y poder defenderlo exitosamente en caso necesario. De la misma forma, “la sociedad de células del cuerpo

1 1 8 / Microbiología básica para el área de la salud y afines

humano” utiliza muchos mecanismos o estrate­ gias de defensa para garantizar la integridad y supervivencia del individuo.

Todos los mecanismos de defensa pueden agruparse en 2 categorías: la inmunidad inespe- cífica y la inmunidad específica.

Inmunidad inespecífica

La inmunidad inespecífica incluye mecanismos que atacan a una serie de agentes o afecciones que pueden ser una amenaza para la superviven­ cia. Estos mecanismos se producen por “factores de resistencia” innatos.

La primera línea de defensa frente a los agen­ tes patógenos la componen mecanismos físicos y químicos que poseen las especies animales, in­ cluido el hombre, que actúan inespecíficamente para evitar ser invadidos por agentes patógenos y su consecuencia, es decir, la enfermedad. El término inespecífico significa que esos mecanis­ mos inmunitarios no actúan únicamente sobre uno o dos invasores determinados, sino que por el contrario ejercen un tipo de defensa más generalizado y actúan contra todo lo que no se logre reconocer como propio.

De la gran variedad de m ecanismos de defensa inespecíficos solo se relacionaran los principales, los otros pueden conocerse cuando se desee profundizar en los interesantes temas inmunológicos.

Resistencia de especie o genética

La resistencia de especie es un fenómeno en el cual las características genéticas comunes de una especie de organismo lo defienden contra ciertos agentes patógenos (causantes de enfermedad). Por ejemplo: el hombre no adquiere enfermeda­ des propias de otros organismos como las plantas y los animales, por consiguiente, el virus del moquillo canino solo produce la enfermedad en los cachorros de perro, porque el medio interno humano no es adecuado para que este virus lleve a cabo su ciclo de replicación.

Esta resistencia varía según las especies, las razas o individuos. Otro ejemplo, los indios ame­ ricanos y los negros están más predispuestos a contraer tuberculosis que los caucásicos. Cuando se da el caso en gemelos homocigóticos, si uno de ellos contrae la tuberculosis, la posibilidad de que el otro también la contraiga es mayor

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