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Comentarios preliminares:

Todo el tiempo que viví en las islas hawaianas no escuché ni una sola vez que tiburones hayan atacado o devorado personas vivas; pero sí devoraban los cuerpos de personas ahogadas. Se suponía que los tiburones tenían sus Yoes superiores en cada grupo de islas del Océano Pacífico, y a esos espíritus se les atribuía la capacidad de manifestarse en forma de tiburón. Muchas historias relatan de relaciones muy estrechas entre personas y tiburones en forma individual. Muchas veces existían relaciones estrechas entre familias completas y los diversos animales. Se hacían verdaderos pactos mágicos con los Yoes superiores de los animales. Eso llevaba a una especie de totemismo, del que se observaban ciertos ritos. El animal-tótem de la familia no podía ser comido por sus miembros.

Parece existir una conexión muy fuerte entre los niños y aquellos Yoes superiores bajo cuyo cuidado están las criaturas inferiores. Los niños muestran con frecuencia una aptitud psíquica natural y pueden ver a los “pequeños seres”. En Hawai se conserva la creencia de que espíritus bebés humanos, bajo ciertas circunstancias, nacen en los cuerpos de pequeños tiburones, con lo que se mantienen las relaciones entre tiburones y familias humanas.

(La mención de la estrecha relación entre niños – y primitivos – y el Yo superior, me recuerda una historia que describe Mary Austin en su autobiografía “Earth’s Horizons”. Ya cuando era una niña pequeña ella conoció la consciencia superior y la llamó “Yo-Mary”, en contraposición con su personalidad normal, a la que simplemente llamaba “Mary”. Ella podía obtener ayuda de ese espíritu, incluso en cosas tan pequeñas como caminar sobre una viga o atravesar un techo, lo cual no podía hacer sin esa ayuda. Más adelante ella constató que los indios Piute también conocían al mismo Yo superior y que lo llamaban Wakanda o “ amigo del alma humana”. Durante toda una vida ella le rezó a “Yo-Mary”, cuando estaba en dificultades, y sólo rara vez no recibió ayuda).

En Samoa existía por lo menos hasta el año 1934 un extraño rito. Niños cantaban varias veces una melodía sencilla y por lo visto se conectaban así con los “Yoes superiores” que actuaban en esas regiones como espíritus protectores de los tiburones y las tortugas.

Circunstancias:

En el Geographic News Bulletin (de la National Geographie Society) del 10 de diciembre de 1934, Mr. George H. Hutchinson relata, como testigo ocular, acerca del ritual de la “invocación de los tiburones y de las tortugas” en el pueblo de Vai Togi en Samoa.

Primero se reunieron niños y adultos para una ceremonia en común. Después se hizo ir solos a los niños a un lugar de la isla que penetraba lejos en el mar. Allí los niños recitaron una antigua leyenda que relata cómo un príncipe y una princesa fueron transformados en un tiburón y en una tortuga respectivamente. Mientras cantaban hacían señales de atracción. Apenas cinco minutos después apareció en el agua clara, sobre las olas que rompían, un pequeño tiburón de más o menos un metro y medio de largo. Nadó durante un minuto aproximadamente de un lado para otro a la vista de todos y después desapareció. Poco después apareció de la misma manera una

tortuga. También ella permaneció poco tiempo en la superficie, antes de sumergirse nuevamente en el agua.

Comentario:

El entrenamiento de la gente joven para llegar a ser Kahuna comenzaba muy temprano. A la edad de nueve a diez años el entrenamiento se intensificaba. Probablemente ese entrenamiento contribuía a poner en contacto el Yo inferior de los niños con su Yo superior o Aumakua en forma más fácil y casi automática. También nosotros, la gente moderna, comenzaremos tal vez algún día con aquellos entrenamientos a una edad temprana.

En el cristianismo se encuentra una referencia al respecto en las palabras de Jesús: “Dejad que los niños vengan a mí y no se los prohiban”.

Es significativo el hecho que se “presentaba” a los futuros Kahunas al Yo superior encargado del tiempo atmosférico y de los sucesos naturales, para que tuvieran la oportunidad de producir un hilo conductor de substancia de cuerpo de sombra entre ellos y ese Yo superior.

Tal vez en este caso se trate de una costumbre antiquísima, que en algunas religiones resultaba de la idea de iniciar sacerdotes en su función. La iniciación se llevaba a cabo por un sacerdote que ya era titular. En cuanto se había producido la conexión entre el sacerdote y el Yo superior, el nuevo sacerdote podía el mismo comenzar su trabajo como tal.

En la India existe todavía en la actualidad un rito para ese tipo de “presentación” para la unión de un hilo conector de cuerpo de sombra. El instructor produce el contacto, aunque no conoce con exactitud el mecanismo interior del proceso. De pronto el discípulo se da cuenta entonces que él mismo está en condiciones de alcanzar el Yo superior; él se siente “iluminado”. Con ese rito se llegaba habitualmente a un contacto físico entre el instructor y el discípulo. A veces éste consistía de una palmada o incluso de un puntapié, y es posible que con eso se produjera un contacto con el Yo superior a través del cuerpo de sombra del instructor.

Aunque falta mucho para que estén aclaradas completamente esas conexiones, el hecho de que es necesario un hilo conector ha sido y ha permanecido siempre claro. Parece haber diferentes métodos para eliminar bloqueos por complejos y producir el despeje del “sendero” hacia la conexión telepática.

Cuando hayamos avanzado tanto, que hayamos aprendido a realizar nosotros mismos los grandes trabajos de los Kahunas en forma experimental sobre una amplia base, también se encontrará tal vez un modo para llegar hasta aquellos Yoes superiores que dominan las formas inferiores de vida, a las que también pertenecen los parásitos perjudiciales para el ser humano. Entonces también podremos tal vez, con ayuda de esos Yoes, hacer desaparecer el cáncer y los tumores malignos. Los microbios también podrían ser tratados de la misma manera. Hace poco leí que una mujer les hablaba en voz alta a hormigas que circulaban dentro y alrededor de su casa. Ella les prometió a los animalitos dejarlos estar en el jardín sin molestarlos si no iban a la casa. El pacto fue efectivo y hasta la escritura de estas líneas seguía estando en vigor exitosamente.

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